Se me hizo larguísimo el viaje, pero como siempre mereció la pena. Había menos euforía en el ambiente, pero se agradeció la paz. Y yo, como imagino todos los demás, eché de menos a la gente que faltó. Encantada y agradecida a mis amigos Mabel y Jose Angel por compartir su mundo con nosotros, enseñándonos a disfrutar de nuevo del mundo del caballo, que cuanto más conozco más me fascina. Que razón lleva Felipe cuando dice que el caballo te enseña, y no solo te enseña en cuanto a él, sino en cuanto al mundo, a dejar fluir cada instante para que la vida pase.

Gracias a mama Carmi por llevarme de vuelta y a Concha por ofrecerse tambien, no hay nada mejor que estar en casa, y así me siento yo con todos.
Me llevo todas vuestras sonrisas! Un abrazo enorme a todos!

Mamen