Sobre el RHETI y los tests de Eneagrama
Fernando Uribe, en el foro de Eneagrama 2001
 
 
Dice el famoso Nudo de R.D. Laing:
 
«El espectro de lo que pensamos y hacemos
está limitado por lo que no percibimos.
Y, dado que no percibimos lo que no percibimos,
poco podemos hacer para cambiar
hasta tanto percibamos como el no percibir
modela nuestros pensamientos
y nuestros comportamientos.»
 

 
 
PREFACIO (fragmento) de DESCUBRE TU PERFIL DE PERSONALIDAD EN EL ENEAGRAMA. Desclée De Brouwer, Bilbao, 1997. Colección Serendipity. (Libro en que se publicó en castellano el RHETI: Riso-Hudson Enneagramm Type Indicator. Por Don Richard Riso.
 
Yo solía pensar que nos resultaba difícil vemos porque nos hallábamos demasiado cerca de nosotros mismos. Ahora veo que la dificultad estriba en que estamos demasiado lejos, demasiado enmarañados en nuestras ilusiones y sueños, como para ver quiénes somos realmente.

Ya estemos demasiado cerca o demasiado lejos, ya estén nuestras fantasías centradas en el pasado o en el futuro, el resultado es el mismo: no nos podemos ver a nosotros mis­mos porque no podemos vivir en el presente. No podemos percibir, y mucho menos relacionamos, con las realidades de nuestras vidas en el aquí y el ahora porque dirigimos auto­máticamente nuestra atención a las fantasías del pasado y del futuro mediante los mecanismos de nuestra personalidad.

Comprender nuestra personalidad nos permite romper con los patrones repetitivos de nuestro pasado. Sin embargo, nos resulta extremadamente difícil romper con nuestros patro­nes de siempre porque prácticamente no nos damos cuenta de su existencia. Los mecanismos de nuestra personalidad pasan desa­percibidos. Necesitamos encontrar, por tanto, una forma de des­pertar a nuestra condición verdadera, y de permanecer despiertos, para no sucumbir ante el canto de sirenas de nues­tra personalidad, siempre dispuesta a hacemos caer en los viejos hábitos y a alejamos del potencial que vemos abrirse ante nosotros cuando vivimos en el momento presente.

En la propia naturaleza de la personalidad reside una ten­dencia a ocultar muchas verdades sobre nosotros mismos. La personalidad a menudo esconde más de lo que revela. El hecho de descubrir el propio tipo de personalidad no es en sí mismo un gran logro. El logro realmente importante consiste en aprender a distinguir entre nuestro yo interior (la esencia) y nuestra personalidad. Para conseguirlo debemos cultivar una espiritualidad que nos permita observamos a nosotros mismos en la vida diaria.

Descubrir estro tipo de personalidad es importante, pero lo es mucho más observarlo en acción. De hecho, al des­cubrir nuestro tipo personalidad nos enfrentamos ante el gran reto de observarnos a nosotros mismos tal y como somos, a pesar de lo que descubramos. No se puede conse­guir ninguna transformación real si no tenemos la voluntad para ver las maniobras de nuestra personalidad momento a momento. Si no aprendemos a observarnos a nosotros mis­mos, el hecho de saber cuál es nuestro tipo (con el Eneagrama o con cualquier otro sistema)  no nos aportará más que otra etiqueta tras la que esconderos. Irónicamente, si nos limita­mos a buscar nuestro tipo, el propio Eneagrama puede con­vertirse en un obstáculo para nuestro crecimiento.

Sin embargo, en el propio acto de vemos de forma objeti­va, algo se libera en nosotros: de pronto nos sorprendemos a nosotros mismos en un estado creciente de libertad y claridad en la que descubrimos que en lo más profundo de nuestro ser no somos nuestra personalidad. Cuando experimentamos esta verdad la transformación se convierte en algo factible. Si no hacemos nada para «curarnos» a nosotros mismos, el acto de prestar atención al momento presente hace que la esencia del yo resurja y que nuestra personalidad afloje las ataduras que nos retienen. A medida que nos vamos liberando de nuestra personalidad, nuestra esencia empieza a revelar sus múltiples facetas -aceptación, amor, autenticidad, perdón, compasión, coraje, alegría, fortaleza y presencia- así como muchas otras manifestaciones del espíritu humano. Al pasar del mero conocimiento de nuestro tipo a la habilidad de vemos tal y como somos, se produce el paso de la personalidad a la esen­cia y descubrimos que podemos vivir de un modo diferente. Nos damos cuenta de que podemos ser libres.

Por tanto, el autoconocimiento real es una ventaja de extraordinario valor. Un cuestionario del Eneagrama -de hecho, cualquier cuestionario que pretenda ayudamos a des­cubrir nuestro tipo de personalidad- no puede proporcionár­noslo por sí mismo. En el mejor de los casos, todo lo que un test puede hacer es señalar el tipo al que pertenecemos. Aun­que la primera versión del cuestionario RHETI era un instru­mento útil que permitía a la gente descubrir su tipo de personalidad, tenía ciertas limitaciones.
Algunas de ellas son inherentes a la propia naturaleza de cualquier cuestionario de preguntas y respuestas. Ningún test tiene una precisión del cien por cien. Tras varios años de estu­dio y experiencias en la construcción de pruebas, he llegado a la conclusión de que es virtualmente imposible desarrollar un cuestionario que posea una precisión superior al noventa por ciento y que cualquier afirmación que mantenga que se ha conseguido superar ese porcentaje hay que sopesarla con escepticismo. Con esta nueva versión del RHETI creo que nos encontramos en ese noventa por ciento, pero es posible que no se pueda ir más lejos por algunas de las siguientes razones.

Una de las principales limitaciones de la primera versión del RHETI (y una vez más, de cualquier test de personalidad) tiene que ver con la contradicción de base subyacente a todas las pruebas que se basan en el auto-informe: se requiere cier­to grado de autoconocimiento para realizar un test sobre tipos de personalidad, justo aquello de lo que a menudo se carece.

Debido a que mucha gente carece de este autoconocimien­to, no tienen muchas pistas para saber qué es cierto cuando un cuestionario les pide que den información sobre sus actitudes y comportamientos. El meollo del problema radica en el hecho de que cada uno de nosotros poseemos una imagen de nosotros mismos que no abarca todo lo que somos. Por ejemplo, podemos ser mucho más agresivos de lo que creemos, o puede que no seamos tan sensibles, cariñosos, dependientes o extro­vertidos como hemos llegado a pensar. Una de las funciones del Eneagrama es la de ayudamos a corregir las ideas distor­sionadas que tenemos sobre nosotros mismos, pero hasta que no somos capaces de reconocer nuestros «puntos negros» no podemos verlos en nosotros mismos ni en ningún test.

Además, hay que tener en cuenta que esta dificultad para identificamos a nosotros mismos se encuentra en la propia naturaleza de ciertos tipos de personalidad. Los tres tipos pri­marios -los Treses, Seises y Nueves- son probablemente los que más dificultades tienen, ya que su identidad se funda­menta en sus identificaciones con los demás. Viven a través de los demás, o si no, a través de las reacciones reales o ima­ginadas que los demás muestran ante ellos. En ninguno de los casos se miran directamente a sí mismos, por lo que evaluar estos tipos resulta bastante difícil. En cualquier caso, todos los tipos presentan ciertos problemas debido al autoengaño, la autojustificación y el deseo de «dar una buena impresión».

La primera versión del RHETI adolecía también de los problemas propios de las pruebas basadas en el autoinforme: con frecuencia se saltaban preguntas y páginas enteras o se cometían errores aritméticos en las sumas de las puntuacio­nes. Algunas personas no entendían el vocabulario, otras no seguían las instrucciones o se impacientaban y respondían arbitrariamente. También se daban otros errores más sutiles: desde la falta del autoconocimiento necesario para poder res­ponder apropiadamente a las preguntas, hasta un conoci­miento demasiado bueno de los tipos del Eneagrama que les llevaba a responder de tal forma que el test confirmara el tipo que querían ser. Hubo quien leía los ítems de un modo un tanto inusual haciendo interpretaciones y asociaciones que cambiaban completamente el significado pretendido. Tam­bién, en algunos casos, se analizaban excesivamente las pre­guntas y se pensaban situaciones fantásticas en las que ambas afirmaciones pudieran ser ciertas para ellos*. Cuando se consideran todas las posibles fuentes de error que pueden pro­ducirse en la realización de un test, resulta sorprendente que algún tipo de test de personalidad sea realmente satisfactorio.

A pesar de estos impedimentos, la primera versión del RHETI parece haber obtenido una fiabilidad del 75 al 80% en la determinación del tipo básico de personalidad. La forma más común de identificar o confirmar el tipo de personalidad es mediante la lectura de libros sobre el Eneagrama y la par­ticipación en talleres. Sin embargo, mucha gente podrá servirse de esta prueba de fácil adquisición para identificar su tipo. (También es importante apreciar que existen diferencias sig­nificativas entre los diversos autores y formadores de Enea­grama; sus descripciones de los tipos varían y la gente pude confundirse con las diferentes interpretaciones. Por tanto, el hecho de asistir a talleres y de leer libros sobre el tema no revelará de forma infalible el propio tipo de personalidad).

La información que se obtiene de un test, taller o profesor de Eneagrama debería considerarse simplemente como eviden­cias corroborativas del proceso de auto descubrimiento. No es muy sensato pretender que existe un me do exclusivo para descubrir nuestro tipo. La responsabilidad de cubrir quiénes somos recae siempre sobre nosotros mismos. La inacción de cualquier método debería considerarse a la luz del resto de evidencias antes de llegar a cualquier conclusión. Las mejores formas de descubrir con seguridad nuestro tipo son: hablar con amigos, leer las descripciones de Tipos de Personalidad, Compren­diendo el Eneagrama, y en este libro, reflexionando sobre las Afir­maciones de Enneagram Transformations, asistiendo a talleres, y sobre todo, fiándonos de nuestra propia introspección**.

Aun así, la intención que subyace a la elaboración del RHETI no es proporcionar una forma rápida de determinar el tipo de personalidad de la gente. Si queremos que el Enea­grama siga ganando importancia y aceptación académica, su validación empírica y la elaboración de una prueba fiable se convierten en puntos fundamentales. Ese proceso se inició con la primera versión de este test, que a pesar de sus limita­ciones, se ha convertido en uno de los elementos distintivos de este campo. Aspecto éste que se acelerará con la publica­ción de esta versión revisada.
 
Siguen las Diferencias entre el RETI (versión original) y el RHETI (versión 2.0) y unas explicaciones técnicas sobre este último.
 
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Instrucciones y sugerencias nuevas

El RHETI se puede realizar de varias formas diferentes, aunque la experiencia nos dice que la forma más precisa de hacerlo es contestarlo desde el punto de vista del pasado, «como aquello que más ha tenido que ver con uno mismo hasta ahora.» Esto no quiere decir que se haga como lo harí­amos en la infancia, sino más bien como un adulto joven).

Esto es especial te importante si se ha pasado por un período de desarrollo psicológico o espiritual y se siente que se ha cambiado con el paso del tiempo. Si se ha cambiado de forma significativa, es importante identificar cómo se era antes de que se produjeran esos  cambios en la personalidad. (Nosotros creemos que se descubrirá que el tipo básico sigue siendo el mismo, aunque el patrón global de las puntuaciones puede haber variado significativamente).

Si se desea realizar la prueba varias veces, es recomenda­ble que primero se haga en clave de cómo se era en el pasado, luego, respondiendo con un marcador de otro color, se puede volver a realizar en clave de lo que uno es ahora. Como se acaba de decir, el RHETI debería indicar que el tipo básico es el mismo, aunque el perfil resultante del equilibrio entre las otras Funciones sea algo diferente.

Con el RHETI es posible descubrir el ala dominante (o tipo auxiliar), aunque este resultado será menos fiable que el resto, particularmente para los tipos primarios, Tres, Seis y Nueve. Hay que recordar que el propósito del RHETI es ayu­dar a la gente a descubrir su tipo básico de personalidad; cualquier otra información que se obtenga se puede conside­rar como un «dividendo extra.»

Creemos que es mejor responder a los 144 pares, pero se pueden saltar aquellos que sinceramente se sientan que no tienen nada que ver con uno mismo. Sin embargo, hay que tener cuidado para no saltarse ninguno que simplemente resulte difícil de responder. Es importante «pelearse» con las afirmaciones más difíciles, aunque se pueden dejar aquellas que realmente son irrelevantes para uno mismo.
 
Tal y como ya se ha sugerido, se puede realizar el RHETI junto a alguien que nos conoce bien, como nuestro cónyuge, un buen amigo o el terapeuta. Si se hace así se pueden obte­ner resultados más precisos porque muchas veces otras per­sonas pueden vemos con más claridad. Además, también podemos hacer que nuestro cónyuge, amigo o terapeuta rea­lice la prueba en nuestro lugar, como si fueran nosotros. Este método también arrojará resultados valiosos y probablemen­te servirá para originar una conversación estimulante.
 
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Don Richard Riso
Ciudad de Nueva York
Marzo de 1994


*Esto se refiere a que el RHETI está conformado por 144 pares de afirmaciones y hay que escoger cuál de las dos se adecua más a mí, o descartar la más alejada de mi realidad personal o, en último caso (pero no de buenas a primera), no marcar ninguna y dejar la pregunta en blanco. Lo que no puede darse en ningún caso es que las dos afirmaciones sean ciertas para mí, por contrastantes.
 
A mí me encantaría tener el texto en inglés (idioma que no entiendo ni hablo, pero sí lo leo con un bueno y gordo diccionario bilingüe a la mano, y solo sobre temas que más o menos comprendo y que me gustan mucho, como El Eneagrama), porque  en este texto encuentro demasiados pares donde con ninguna de las dos alternativas siendo contrastantes -repito-, encuentro nada que ver con quién era yo cuando adulto joven, ni cuando conocí el Eneagrama, hace apenas 6 años, y bien podría haber sopita del traductor, don Jesús Rodríguez O.   
 
**Cuando escribió esto, aún no existía Riso y Hudson, La Sabiduría del Eneagrama. Urano 2000, que recoge más que bien los libros suyos que enlistó ahí.