Me
embriaga un sentimiento de ternura, un sentimiento de veneración y
agradecimiento, por tanto momentos que hacía mucho tiempo que no
repetían al lado de este gran animal, de este gran caballo, al que
Felipe Lleras convirtió en caballo, mejor dicho, le devolió su esencia
perdida en unas cuadras en donde se le calificaba de peligroso y cojo.
Y ni peligroso ni cojo. Peligrosos somos los humanitos, no los
caballos, los caballos son su instinto: déjame estar libre y con mis
amigos y seré caballo. Y así fué, Felipe le dejó libre , con sus nuevos
amigos, y volvió a su esencia convirtiéndose en un auténtico maestro
que apoyó, ayudó y enseñó a muchas personas en el arte de vivir en PAZ.
Apoyada
en su cabeza sentí el silencio, el silencio emocional de un ser vivo
que pedía a su vez silencio emocional, que pedía equilibrio, que pedía
confianza, y que pedía humildad para comunicarse con uno. Salao, como
lo llamaba Felipe pedía amor por la vida, tranquilidad de espiritu y
así vibraba y así vivía.
No puedo comunicar la profundidad de dicho
silencio lleno de comunicación, Saladete se comunicaba con nosotros, y
con muchas personas que finalmente comprendieron la esencia de un
animal como él..
Se fué Salao dejando este mundo, sin ningún motivo
aparente y después de despedirse de su cuidador Jaime, al que fué a
visitar la noche de su partida, llamo a su puerta y cuando Jaime salio
se tumbó despacito y dejó de respirar. Una muerte digna, una muerte en
PAZ tal y como él vivió, murió.
"Cabalgando en el Viento" deja para la posteridad en su portada esta imagen en blanco y negro.
Esta imagen para mí vale mucho más que mil palabras.

Con
su compañera y amiga Lola, a quien acogio siendo ella todavía una
potrita huérfana de madre Amanda, que también partió dejando un legado
importante a nuestro lado, que es ella Lola, su hija.


Deja fuera el miedo, la prevención, lleva serenidad y y receptividad y ponte en canal con el otro.

Juega sonríe y disfruta. Estáte ahí con tu cuerpo con tu mente y con tu alma.
Besa, ama, vibra, toca y sueña...

Adiós Saladete, con todo mi agradecimiento
Isa