Jorge Iván Carvajal Posada.

FRAGMENTO DEL SEMINARIO EL SENDERO. México. Septiembre/ 2000.

De la Relación Terapéutica

Bueno, entonces el problema de la relación terapéutica es el problema de la transmisión de información. Somos canales que transmiten un mensaje. Pero una cosa es el mensaje, otra es la señal, otra el ruido y otra es la recepción. Nosotros transmitimos información, siendo esa información nada menos que nuestra vida misma. Nosotros no podemos dar ni más ni menos que la vida. Cuando damos nos damos enteros, detrás de tu palabra, detrás de tu terapéutica estas tú enterito con tu dolor, con tu alegría, con tu ignorancia, con tu miseria, con tu historia, con tu cultura, realmente ahí estás en cada segundo contenido.


Pero si tú ya lo sabes, si tú ya lo sientes o lo intuyes y puedes mejorar la forma como transfieres esa información, porque el problema es de transferencia, no es cierto que haya que eliminar el asunto de las transferencias, es todo lo contrario nos tenemos que entregar enteros. La relación terapéutica no puede ser una relación aséptica. Yo te tengo que tocar, me tienes que tocar y no desde afuera, desde la piel sino desde la piel del corazón, desde adentro y para eso tenemos que ser canales.


Un sanador siempre es un canal, es un canal del espiritu, es un río del amor, es un canal de la materia, es un canal molecular, es un canal de la energía electromagnética, es un canal pulsado desde el instrumento del corazón, es un canal que representa para el paciente una sinfonía total, es un universo. Es la sinfonía del universo pasando a través de mi corazón lo que puede sanar.


Hablábamos de la atención, en la atención yo renuncio al mundo, yo renuncio al universo, para que el mío, esa interpretación del universo que vive en mí sea el tuyo, yo me consagro a ti. La terapéutica es una consagración; la consulta es un sagrario, no son las paredes. El cuerpo es un sagrario, no solo es el cuerpo físico. De la misma manera como estamos en este auditorio y no vivimos dentro de los muros sino en el pasillo. En el pasillo interior, en el vórtice de la conciencia de ese cuerpo que habitamos, se crea el sagrario y me consagro a integrar la vida dándose esta integración cuando yo empiezo a prestar atención.


La primera clave del sanador quien es un servidor, es atender, es "to care", es cuidar. Atender y cuidar es exactamente igual. Cuando yo te atiendo, te cuido, te abrazo, te restauro el ritual de desarrollo; soy el padre y la madre, el confesor, el amigo que tú me estás pidiendo. Yo te completo y tú me completas en ese instante...


Pero en ese instante mágico en el que arde el fuego del amor al interior del templo del cuerpo, en el que se inicia la relación porque yo te presto atención, porque te presto el instrumento de mi cuerpo para que tú lo toques con tu voz y entre los dos produzcamos la música de la relación. En ese momento surge algo muy bello y es un movimiento, una tensión interior que se llama intención.

Intención es fuerza magnética, es motivo, es móvil, es amor en movimiento interior. Intención es la fuerza de la relación terapéutica. Primero es atención, elimino mis tensiones -(a-tensión)-, elimino mis expectativas, mis programaciones; estoy sin ninguna división. La atención en el otro me lleva "por el olvido de mí mismo"... a entrar en la ausencia total de tensión, en ausencia total de turbulencia...

Cuando yo te escucho, lo hago desde mi silencio y en ese silencio tu imagen me puede impresionar. Así puedo yo tener una imagen terapéutica, así te conozco. No te conozco por la voz ni por la mirada, ni por las palabras, sino que estamos en lectura espiritual en ese momento. Yo te conozco "desde adentro", en pasado, en presente, en futuro, total, sincrónico, como eres, mas allá de las máscaras, más allá del dolor, "en toda la luz y el amor que se revela detrás del símbolo de tu cuerpo" y ahí empiezo a conocerte.

Y cuando empiezo a conocerte nace en mí un motivo, el cual es chispa... Es lo que enciende el leño en mi corazón, es lo que enciende la hoguera de la relación. Y ese motivo es tensión interior. Yo salgo de la atención que es eliminar el ruido del universo insustancial externo, del cerebro externo, de la mente concreta, de la memoria y empiezo a introducirme en ese universo interior, en ese universo sagrado de la intención. En el universo sagrado del motivo y en ese universo nace mi poder terapéutico.


El poder del terapeuta es fuerza magnética atractiva, así podemos definir la condición del amor. El segundo rayo es atracción magnética, es inclusividad, es participatividad, es responsabilidad. Yo me siento responsable de ti, de lo que hago contigo. Yo me siento contigo, te incluyo en mi corazón, ya no estás allá... En ese momento que es un momento mágico, mi corazón entra en un patrón de coherencia y ese patrón produce un campo magnético cinco mil veces mas poderoso que el del cerebro. Literalmente "te abrasa", literalmente te incendia, te transmuta y te organiza. Ya no estás allá y yo aquí, ya somos uno envueltos por el campo magnético del corazón y yo no estoy hablando de filosofía o de mística o de poesía, estoy hablando de física, es pura física.


Si ustedes cogieran un electrocardiograma y le quitaran los filtros que se tienen para eliminar el ruido, tomándolo burdamente, encontrarían que no hay electroencefalograma, que todo el cuerpo es un electrocardiograma. Que lo pueden tomar en los pies, en la cabeza y que cuando lo toman aquí lo que aparece es que el primero es una cosa pequeñita que va a caballo del segundo. Pues bien, todos los ritmos del cuerpo viajan a caballo de nuestro corazón, esa es la onda portadora universal y este es el oscilador eléctrico maestro. Cuando yo logro que tu no estés frente a mí, que allí y acá se vuelvan siempre interiores; cuando yo logro que tu imagen total, no solo la imagen de tu cara o de tu sonrisa sino la imagen de tu SER esté en mi corazón y cuando yo te pueda sentir totalmente en mi corazón, nace la pureza magnética.
La pureza magnética ES LA CONDICIÓN ESENCIAL DEL SANADOR, ahí comienza la sanación espiritual y no es producto de un segundo de inspiración, es producto de toda tu vida, de tu pureza de vida, es tu visión del mundo; como ves el mundo, como sientes el mundo, qué imagen tienes de él, cuál tienes de ti. Pues bien todo eso esta ahí empaquetado en la terapéutica como un medicamento.
JCP

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SINTERGÉTICA

Apenas naciendo a nuestra propia humanidad hoy, hijos de las artes, las ciencias y las filosofías, absortos en una conciencia que por primera vez en la historia intenta como humanidad mirarse a si misma, henos aquí, frente a la ética y la bioquímica. Frente a nuestra más densa materialidad y nuestra más absoluta incertidumbre. Y nos llamamos médicos. ¿Médicos o terapeutas quiénes? ¿ Y de quiénes? ¿Dónde está nuestra humanidad? ¿Dónde los sujetos de todo este movimiento y todos estos predicados que llamamos terapéuticas?¿Es acaso la nuestra la misma humanidad de los ratones de los que hemos derivado la mayoría de nuestras "investigaciones del comportamiento"? ¿No existe ya acaso un abismo impredecible entre nosotros y el Hombre de "Neardenthal"?


La emergente ciencia, la relatividad, la cuántica, sinfonías completas en el cerebro de Mozart, milagros repetidos, las experiencias próximas a la muerte, interacciones a distancia, la no localidad de la conciencia, son demasiados fenómenos emergentes para quedarnos anclados en la biología molecular. O asumimos el riesgo de mirar nuestra propia integridad o permanecemos congelados en la paleomedicina de un cuerpo sin sujeto. ¿Quien habita en nuestro cuerpo?¿Quiénes éramos al fin de cuentas detrás de los mil yoes que luchan en el escenario de nuestro cuerpo?¿Cuántos libretos, cuántos dramas y comedias tratando de decirnos que detrás de cada rol se escondía un significado? Y en el trasfondo significativo de todos los pequeños yoes un Yo mayor, el aprendiz. El sujeto. No una mera consecuencia del cuerpo y las moléculas. No un patrón de organización repetitivo. Un sujeto único. Vivo. Predecible en su cuerpo y en su fisiología. Impredecible en el poema irrepetible de la vida.


En el territorio de una permanente síntesis, rescatar el alma viva del sentir es quizás hoy la alternativa. Sentir el flujo de la vida detrás de la mirada y la palabra. Sentir que las moléculas son pulsaciones de la conciencia, y los síntomas señales codificadas de un mensaje que sólo un sujeto puede develar. Sentir que todo tenía sentido en el concierto de la integridad del ser. Mirar en el espejo del cuerpo la sombra de la conciencia. Mirar en el espejo de la conciencia nuestra propia conciencia reflejada y descubrir detrás de cada rol, el actor, el hombre o la mujer en esa búsqueda constante del amor. Conquistar el territorio sensible de la conciencia en la que los sujetos de nuevo se descubren desde su esencial humanidad. Entonces podremos cantar juntos desde el corazón: "Gracias a la vida, que me ha dado tanto..." para comprender que hasta el dolor que temíamos era una lección plena de significado. JCP

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LA MEDICINA EN LA NUEVA CULTURA

Ni vieja ni nueva, siempre permanente, renovada siempre, la medicina es simplemente el perenne arte de curar. Las nuevas medicinas son las más antiguas; las llamadas alternativas son en muchos países la corriente terapéutica principal; no siempre las medicinas blandas están exentas de dureza; casi nunca lo que llamamos ciencia médica responde al método científico. En medicina creemos muchas cosas que no son reales, desconocemos muchas realidades, y esas ignorancias y creencias, cuestan sufrimiento, provocan muertes, atentan contra la vida que decimos cuidar.


A sistemas construidos en torno a la enfermedad los llamamos sistemas de salud. Dedicamos más a cortar, quemar, envenenar, ocultar los síntomas, o mantener a toda costa los cuerpos... Luchando a muerte contra la muerte, nos olvidamos de la vida. Ignoramos que atacar las enfermedades es diferente de promover salud. Olvidamos que la salud es un proceso cultural.


Sumergidos en las moléculas nos olvidamos del alma. Sumergidos en las neuronas nos olvidamos del cielo que las neuronas miran y se refleja en la intrincada red del microcosmos cerebral. En la Torre de Babel de las mil y una tecnologías médicas, pretendemos que el enfermo nos comprenda cuando confundimos al ser humano con su cuerpo. Confundimos la medicina con la sola ciencia y negamos el arte milenario de sanar, que tiene más de palabras o silencio, más de comprensión amorosa y sentido de vivir que de técnicas asépticas. Con el advenimiento de las nuevas tecnologías creamos una interfase fabulosa para abordar el cuerpo, pero a mismo tiempo erigimos una barrera que nos impide mirar la humanidad del ser humano.


Medicina del intelecto, hija del patriarcado, esclava de la objetividad, que convierte a pacientes y enfermedades en diagnósticos, números y estadísticas, nuestra intuición médica moderna pasa por una crisis de humanidad. Hemos perdido de vista el horizonte humano del hombre o la mujer que pretendíamos sanar. Tratamos con un cuerpo mineral, o animal a lo sumo, y creemos aún que el hombre es un conglomerado molecular. No tratamos la vida que vibra en las moléculas, no abordamos el programador sino el programa y la memoria. Curar la enfermedad es diferente de sanar. Se sana la vida.
Aún en el proceso de morir podemos sanar la vida aunque no podamos curar el cuerpo. Humanizar, sanar, rescatar el alma del arte milenario de curar, a veces atrapada en un cientifismo que no es más que pseudociencia, es el reto para la medicina del tercer milenio.

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LOS TERRITORIOS TERAPÉUTICOS

Los sistemas médicos son estrategias de supervivencia de las culturas. Ni mejores ni peores, son simplemente modelos adaptativos que responden implícita o explícitamente a una cosmovisión.


Desarrollar una medicina exclusivamente fundamentada en el método científico revela también una visión del mundo delimitada y enmarcada por los límites de la materia, que considera a la mente y a la conciencia como sus derivaciones o subproductos. Pero otras cosmovisiones vigentes social y culturalmente entre grandes culturas humanas conciben exactamente lo contrario: Que la materia y el cuerpo son derivados de la mente y la conciencia. ¿Cómo conciliar, en un mundo sediento de integridad y síntesis, visiones del mundo y sistemas médicos tan diferentes? Si nuestra medicina moderna está en crisis, si buena parte de los servicios de prestación de salud están en quiebra, si antiguas enfermedades como las venéreas y la tuberculosis, están de nuevo hoy en peligroso ascenso, si, en una palabra, no somos hoy más sanos, en el sentido total de ser más íntegros, ¿Dónde está, nos preguntamos, nuestro avance en términos de humanidad?


¿Acaso hemos conseguido más paz, más amor, una mayor libertad? ¿Podríamos decir en serio que somos hoy más responsables, tolerantes y felices? ¿Qué hemos hecho de nuestro antiguo miedo de morir que gravita sobre la vida de tal manera que a veces el arte de vivir se reduce al arte gris de sobrevivir?. Aunque pareciera impensable hoy por nuestros avances, en muchos frentes también estamos perdiendo la guerra contra los microbios. Pero, ¿es la muerte la enemiga? ¿O las bacterias, o el dolor?. La vieja estrategia evolutiva límbica de atacar o de huir parece que ya no da más resultados cuando se trata no de sobrevivir ¡sino de conquistar una buena calidad de vida!.

No es en el plano humano, el creced y multiplicaos o la supervivencia de los más aptos, lo que permitirá la emergencia de una humanidad mejor. No. Es garantizar una vida mejor. Es la cualidad de la relación con todos y con todo, con los bichos y el dolor, con la naturaleza -nuestra propia naturaleza en ella inmersa-, donde podemos encontrar una respuesta. Este paradigma nuevo tiene mucho más que ver con el enfermo que con la enfermedad. La enfermedad es el predicado. Pero, ¿qué nos hemos preguntado del sujeto? La misma enfermedad está allí como una pregunta abierta demandando qué estamos haciendo con la vida. Es decir, la vida, la mente, la conciencia, el sentir, el espíritu, la relación total con el mundo.


No puede mejorar realmente el nivel de vida del individuo si no mejora el de su humanidad. No puede mejorar la salud si no descubrimos nuestra indisoluble continuidad con el todo humano, que podemos llamar humanidad, no solo externa sino también esa humanidad interna: nuestra propia humanidad. La salud pareciera tener más que ver con ese puente hacia la totalidad que es la integridad, que con cualquier factor aisladamente considerado, llámese emoción, o microbio, o tóxico. En ese contexto relacional somos lo que somos con todo o somos otro. La otredad nutre la yoidad y es en el nosotros como conquistamos ese nivel de integridad que podríamos llamar salud. En ese nivel todos los territorios médicos están integrados. El chamanismo y la biología molecular, la cirugía y la psicología transpersonal, las medicinas de la materia con las de la energía. La biocibernética y las ciencias de la conciencia.


Reflexiones de la luz sobre el diamante de mil caras de la evolución del mundo, la medicina del hombre es una y diversa. Su diversidad expande su riqueza cultural desde la unidad esencial del ser humano. Y ésta unidad contrae su diversidad en el núcleo de humanización que hace de cada hombre uno con toda la humanidad. Células del cuerpo humano, ya no un cuerpo de moléculas y tejidos y órganos, sino un cuerpo de sociedades, culturas y propiedades emergentes que en la humanidad continúan la corriente única de la vida.--

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HUMANIZAR

Cuando así, entonces, humanidad en proceso de humanización continuo, el hombre, la mujer, al fin hermanos desde su esencia humana, no confundan su cualidad con su apariencia, ni su cuerpo con su alma, y miren sus nombres y apellidos y bibliotecas genéticas como maravillosos instrumentos de una habitante interior permanente, la conciencia, ya no seremos solo el cuerpo, ya no confundiríamos el sentido de vivir con los sentidos , ni el placer ni el poder con el sentido. Así, no ya perdido el sentido, más allá de la aversión o el apego o la ignorancia, cada quien podrá revelar lo que en esencia es. Y, en esa dimensión de la conciencia, la salud no se comparará o se venderá, no se tendrá o se perderá, porque allí todos somos salud o integridad.

Rescatar la integridad, la totalidad, nuestra alma humana, ver la dimensión molecular y emocional o mental como notas de la misma sinfonía espiritual, es el reto de la nueva medicina. Con cuerpo, con alma, con integridad. Allí, cada territorio terapéutico será una puerta abierta a la integridad. La cirugía unida a la oración, la religión y la ciencia integradas en la misma corriente de la creación, percibida ahora como un movimiento de la conciencia, será nuestra nueva visión. El cambio ya no podrá ser sólo cuantitativo. Cambio de técnicas o de dosis no mejorarán nuestra humana salud. El cambio será el de nuestra visión del mundo. Una en la que nosotros seamos parte de la naturaleza y naturaleza de nuestra naturaleza, la misma naturaleza, mar de la mente universal en la que, mente anclada al corazón, la comprensión amorosa, será nuestra principal herramienta terapéutica. La paz, el amor, la tolerancia, la ternura, la amistad serán los medicamentos de una nueva farmacopea espiritual.

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EL ESPÍRITU DE LA SÍNTESIS

Cultura de la conciencia, la postmoderna se vislumbra como el espacio virtual de la síntesis. Un espacio de integración entre lo profano y lo sagrado, un campo de integración de ciencia, religión y filosofía. Un desarrollo del pasado en procesos de causalidad y el futuro en dinámicas de finalidad, integrados en un presente de sincronicidad. Viaje al ciberespacio de la conciencia, descubrimos con la nueva cultura que una medicina sin sujeto no tiene objeto, y empezamos a concebir la materia como templo del espíritu. Entonces escuchamos el discurso de los modernos místicos que no son ni más ni menos que los físicos de vanguardia. Y encontramos lo mejor de la nueva ética en los tratados de economía. Y abordamos una nueva estética, no la de la proporción de las formas afuera, sino la de las desproporciones y disonancias que nos conmueven. Matrimonio del pensar y el sentir en el que el amor trasciende la poesía, la religión, y la filosofía, para encontrar su realización en todas las actividades humanas como servicio. Caen las fronteras físicas, las cortinas duras y las cortinas blandas entre las culturas. El globo físico se globaliza también culturalmente y la tierra vuelve a ser redonda. Cada punto de partida es también un punto de llegada porque todos son puntos de encuentro. Nos encontramos en la ciencia, en el arte, en la poesía; desde la diversidad y desde lo que somos.

La individualidad se afirma en el grupo y el grupo se afirma y sustenta en la diversidad de sus células. En ese vórtice de unificación nos liberamos todos en una libertad que tiene visos de tolerancia e interdependencia. Su materia prima es responsabilidad. Ingresamos a esa nueva cultura de relaciones humanas en la que el individuo recupera su dignidad perdida, al afirmar su identidad como parte armónica y necesaria de la identidad grupal. Esa es una cultura de la salud.

Jorge Iván Carvajal Posada, MD

Nota: Ya no importa saber que es Posada. Si psiquiatra, si psicólogo, si bionergético, si no se qué. Jorge es un sanador y es un MAESTRO. Nació y vive en Medellín, Colombia