LA
BELLEZA (Cita del monje ortodoxo Anthony
Bloom)
A
menos que miremos a la persona y veamos la belleza que hay en ella, no podremos
aportarle nada. Uno no ayuda a una persona discerniendo lo que tiene de malo, de
feo o de distorsionado. Cristo miraba a todo el que encontraba: a la prostituta,
al ladrón, y vio la belleza oculta allí. Quizá estaba distorsionada, dañada,
pero era belleza al fin, y lo que él hacía era apelar a ella. Esto es lo que
tenemos que aprender a hacer con los demás.
Pero para eso debemos primero ser puros de corazón
y de intención y tener la apertura para poder oír, mirar y ver la belleza
oculta. Cada uno de nosotros está hecho a imagen de Dios, y es como una estatua
dañada. Pero si a nosotros nos dieran una estatua o imagen dañada por el
tiempo, por las circunstancias o profanada por el odio humano, la trataríamos
con reverencia, con ternura y con dolor de corazón. No prestaríamos atención
en primer lugar al hecho de que esté dañada, sino a la tragedia de haber sido
dañada. Nos concentraríamos en lo que queda de belleza y no en lo que le falta
de ello. Y esto es lo que deberíamos aprender a hacer con cada persona.