Hola Isa!!

Aqui estoy otra vez esperando que esta vez te llegue la reflexión. Este viaje a Córdoba he combinado algo más la reflexion con la ilusión; en Canarias creo que casi todo lo abarcó la ilusión, fue la primera toma de contacto con la experiencia, con el grupo y  ¡con delfines! Bueno, no se como empezar, así que dejaré que se escriba solo.

Ha sido todo un descubrimiento esta Andalucía profunda, parece que viajamos en el tiempo más que en el espacio, la  verdad es que admiré la capacidad de transmitir de Eduardo, el trato cercano, sencillo, transparente,la claridad y lo llano, lo fácil que era la relación tanto con él como con su entorno, y la paz y la relajación que eso transmite. La manera de acercarse y adiestrar a un animal tan poderoso como el caballo mediante la confianza, que no mediante el miedo, trato del que he visto abusar en la mayoría de relaciones con este animal, aunque no exime a muchos otros. No se si de forma cultural, o falta de información, pero creo que el miedo es la base de muchas relaciones de este tipo, mas evidente hacia animales que hacia humanos, por la incapacidad de estos a defenderse. En la finca de Eduardo reinaba la paz, se sentía ese respeto por la naturaleza de cada ser que ahí respiraba, con la pequeña excepción de esa perdíz, cuya explicación es meramente cultural e inutil a mi entender, que me escoció un poco, como se que a  muchos de nosotros también. Evidentemente la estrella de la finca fue mi amigo Sergio, y su momento álgido  atrapado para siempre en el movil de Eduardo, que debido a su inocencia no tuvo más remedio que darme a ver sus intenciones constante e intensamente, sin sutilezas, la sencillez de la que hablaba antes ;) Me hizo ver como todos y cada uno de nosotros tenemos dentro un pequeño periodista del corazón dispuesto a disfrutar pícaramente del momento ;)

Ha sido mi iniciación y practicamente retirada del mundo del toreo jejeje, me gustaría saber explicar las sensaciones que tuve al entrar a la placilla y ponerme detrás del capote con la vaquilla delante, experimenté tres fases, la primera, mezcla de curiosidad, alegría y pánico, que definiría como "que estas haciendo exactamente Mamen, vas a morir" (exageraita como los andaluces solemos ser). Y una segunda donde esta sensación giró, donde en vez de verme perdida, me puse a buscar la salida, fue como un despertar, mezcla de euforia, ilusión y decisión, en plan "ya no queda otra, esto es un pulso y quiero ganarlo". Para llegar a la desastrosa tercera que fue cuando caí al suelo y mi cuerpo se bloqueó incapaz de levantarme, solo pendiente del deseo de que esa vaquilla no se girara y me viera...  Fue toda una exhibicion de adrenalina en varias fases por mi cuerpo, no quiero ni imaginar que se puede sentir enfrente de un animal como el toro bravo.

Puestos a analizar, estaba pensando en la Castilleja, no recuerdo el nombre del Señor de la finca, el "Señorito Andalú" especimen donde los haya (con todos mis respetos) era alucinante la manera de sacar a pasear la amabilidad con el collar del ego puesta,¡ era un estereotipo vivo! Si yo imaginara un señorito andaluz no sabría ya ponerle otra cara, otra voz, otra casa, ni otra ropa. No quisiera entrar en detalles de todo lo que me sorprendió en este hombre, porque acabaría faltándole, cuando solo quiero mantener la distancia :) De lo que sí me gustaría hablar es de la manera que se potencia la agresividad en los toros bravos, en esa "pura raza", no sabia que la carga genética pudiera ser tan decisiva en esos aspectos, pensaba más en cuestiones ambientales, no paro de pensar en la manera de embestir de ese bebé ternerillo al que no me atrevería ni a tocar ni con un palo, comparandolo con el casi ternero perrillo de la finca de Eduardo.

No quiero olvidar a esos corderitos traumatizados por ser atrapados por nosotros como si de una manada de lobos  se tratara, unos asustando y otros acechando. Descubrí que un pijama no siempre es eso que te pones para dormir, y que aún me divierte estar horas tirando piedras a un lago, jugando al salto de la rana. Ni olvidar a ambos burritos,el desconfiado de las ovejas ni al amoroso de nuestro anfitrión. Ese paseo a caballo con Silvia a mi vera, viendo como me adivinaba las ganas de correr, así como se las adivinaba yo a ella :) No puedo comparar la sensación de montar a caballo con nada, aunque no sepa, pero bueno, tiempo al tiempo, nadie nace sabiendo.

Bueno, fin de fiesta y como en la anterior, siempre me sabe a poco, como todas las cosas buenas de este mundo. Estrechando lazos con mis compañeros de curso que cada vez me resultan más fascinantes y entrañables. Os echo de menos. Hasta pronto!

Mamen