Mi recorrido como ser humano y como profesional de la psicología clínica ha
ído paralelos y son inseparables los momentos de unión, de fusión de lo que
ha sido mi recorrido particular a través de mi vida, con los momentos de estrés
e incluso estrés agudo que he encontrado a lo largo de mi experiencia c omo
ser humano.
Estudié la carrera de psicología e hice la especialdiad de clínica en un
momento de mi vida en que todo era aparentemente feliz a mi alrededor. No me
hacía preguntas, fluía con todo lo que la vida me traía. Tenía la
protección de mis padres, de mi familia, tenía mi novio, hacía deporte,
estudiaba en la Universidad y la salud reinaba a mi alrededor. Un mundo
de rosas. Pero las cosas no continuaron así y comenzaron a llegar los
problemas con el consecuente estrés asociado. Mis padres se separan, mi novio
enferma gravemente a 9 días de nuestra boda que tuvo que anularse y el mundo
de aparente felicidad se cae, se derrumba. Y ahí aprendo lo que es el estrés,
la ansiedad, el miedo, la incerteza vital.
El hecho de haber estudiado psicología en esos momentos no me sirve, una
cuando es feliz estudia para los demás, pero ahí fué cuando la vida me puso
a ocuparme de mí misma con una gran ignorancia asociada sobre cómo hacerlo.
Y así van transcurriendo los hechos. Toda la vida me habían gustado mucho
los caballos y los perros, pasé muchas horas al lado de mi yegua, al lado de
mis perros simplemente siendo, estando, rodeada de Naturaleza, y sentía
cómo se expandía por momentos mi capacidad de comprensión, mi
capacidad para aguantar mi soledad y mi incerteza quedaba relegada durante
instantes que yo llamo mágicos, cuando no está la mente, cuando no están
las preocupaciones, cuando no está la angustia y la incomprensión. Dichos
momentos son momentos de meditación, cuando
una no piensa ni siente, simplemente está.
El contacto con la Naturaleza, el silencio y la expansividad intrínseca en
ella, la energía que da la vida que hay a borbotones en el campo y la aceptación
y el ritmo que conlleva al cual una se suma durante momentos, le
ayudan a una a por momentos aceptar en el cuerpo, en la mente, y en el sistema
complejo de lo que es un ser humano, dicho ritmo que es un ritmo pausado,
silencioso, exacto. Qué importante es el ritmo. Precisamente el estrés se
caracteriza por la pérdida de dicho ritmo, como se dice coloquialmente, uno
se "pasa de vueltas". El contacto con la respiración,
con las vistas, con el horizonte, con la luz solar, con los colores y
sensaciones de los sentidos, con los sonidos, le despiertan a un
ser humano a otro estado de consciencia. La paz de observar una manada de
caballos y estudiar a través de la observación maneras diferentes de ver la
vida de otros seres diferentes a nosotros, dar un paseíto con ellos, me dió
mucha vida, muchas ganas de emprender, muchas ganas de contárselo a los demás,
mucha comprensión sobre el sufrimiento humano, y respeto por el mismo.
Nada como haber pasado por ahí para que una sepa de qué se trata y nada como
haber salido de ahí para que una sepa cómo se sale. Es ahí donde está la
formación en psicoterapia, cuando una lo comprueba por sí misma a través de
las técnicas que a veces una prueba o que a veces a una le vinieron
dadas y que en un momento de la vida, le dan a una referencias sobre si
funcionan o no en los momentos de sobrerreacción emocional.
Es así que pude unir la psicología clínica y la formación científica
que me dieron los estudios con la experiencia que me dió la sabiduría y
comprensión de lo que son los procesos humanos de sufrimiento y estrés
y la posible salida de los mismos.
Con la experiencia que la da la vida, el conocimiento que dan siete años
de estudios universitarios y la práctica que va dando el hecho de apoyar a
personas con la experiencia y el conocimiento, a día de hoy puedo afirmar
categóricamente que la comunicación con la Naturaleza y con todos los seres
que viven en ella y todo lo que ello conlleva, junto con el autoconocimiento y
las herramientas que para ello investigo, y una voluntad de salir así como la
humildad que conlleva el hecho de pedir ayuda, se puede
salir.
Se pueden obtener nuevas referencias, se pueden romper mecanismos de defensa
obsoletos y construir un nuevo sistema de percepción de la vida, de uno mismo
y de los escenarios vitales que uno tiene delante para evolucionar y crecer.
Es precioso ver que dicha petición de apoyo, lleva a unido el estar siendo
acompañado en un proceso psicoterapéutico por una persona que también ha
pasado por ahí, y aunque no revelo detalles, puesto que son personales e íntimos,
sí que hago saber que sé positivamente de qué se me está hablado
cuando vienen personas y entran por la puerta de mi consulta. Dichas personas
para mí son todo un mundo nuevo de conocimiento, de nuevas experiencias y de
nuevas fuentes de sabiduría para mí. Mis pacientes son maestros que vienen a
enseñarme, a hacerme de espejo, a apoyar procesos de darme cuenta en mí,
ya que siento la bidireccionalidad de mis relaciones
psicoterapéuticas con ellos.
Estoy yo en dicha posición de psicóloga cuando en otros entonces estuve en
el otro lado, y sé que se siente y cómo se vive la angustia y desesperación.
Pedir apoyo profesional es algo interesante: búsqueda de información,
de fuentes de salud y de autonocimiento y consciencia. Para mí cada
proceso de psicoterapia que llevo es una psicoterapia también para mí, de la
misma manera que yo encontré quien me dió referencias y quien me puso en
contacto en psicoterapia con fuentes naturales de salud, asímismo estoy haciéndolo
yo a día de hoy.
El estrés puede comenzar de repente en la vida de uno, pero a partir de ese
momento estará en nuestras vidas como una espada de Damocles amenazante si
uno no hace el trabajo con constancia y fe en él. El estrés está intrínseco
en los estímulos que recibimos continuamente en nuestro frenético mundo de
velocidad, es así que para poder vivir con ello necesitamos fuentes de salud
intrínseca para toda la vida.
El estrés no se pasa y ya está, puedo afirmar que se pueden salir de
momentos de pánico, de estrés agudo, de dolor, pero que no se curan como los
antibióticos las anginas, a partir de un momento dado en la vida se necesita
una implicación vital en el trabajo de consciencia, un
cambio en las maneras de ver y percibir y un trabajo con constancia de técnicas
de autocontrol emocional. Una vez el estrés ha entrado en nuestras vidas, se
convertirá en un compañero potencial. Esto se podría percibir como un
trabajo largo y doloroso, no lo es, al contrario es una nueva manera de
afrontar la vida que lo que único que traerá a ella es salud
integral, el más preciado tesoro para salir adelante. Es así que nosotros,
los psicoterapeutas somos los acompañantes del comienzo de un camino
que durará toda la vida. Somos acortadores de procesos de crisis, de
cambios, de oportunidades para luego salir y dejar a las personas que lo
hagan por sí mismas, porque todos podemos, absolutamente todos,
hay esperanza para el ser humano, doy fe de ello. Nada más que a veces
necesitamos para ello saturarnos de sufrir.
El hecho de ver cómo una persona cambia su rictus, como una persona comienza
a sonreir, a respirar con ritmo pausado, a embellecer y ver la vida como una
constante oportunidad para poder llegar a ser feliz y amar,
provoca en mí una vocación infinita y una puesta en escena de aquello que
siempre me pregunté y que a lo mejor tenemos la fortuna de preguntarnos,
y es ¿qué hago yo aqui y qué es todos ésto de vivir? la respuesta que he
encontrado : despertar la capacidad de servicio en cualquier área de
la vida lo que nos dará la oportunidad de aprender a ser felices y amar
junto con los demás.
Un momento especialmente bonito, maravilloso, ocurrio estando yo en Santa
Rosa, California haciendo un master de psicoter apia asistida con caballos de
paso peruano. Me asignaron una yegua con la que tuve un instante de comunicación
esencial, que marcó un antes y un después en mi vida, cuando tuvo
un gesto hacia mi persona de subirme empujando con su morro mi barbilla
hacia arriba un día que yo estaba mirando hacia abajo. Ese gesto de
amor, marcó mi vida y me comunicó que se puede, y de hecho, pude.
El estrés
Es muy importante comprender que aunque el
sufrimiento interno por estrés y el pobre desempeño funcional externo,
en cuanto a dejar de hacer lo necesario, o hacerlo de manera muy deficiente;
tomar decisiones irreflexivas, o no tomar ninguna; magnificar las
dimensiones reales de una dificultad o evadirla; etc., son muy
parecidos en todas las personas, hay enormes diferencias respecto a cuáles situaciones
o eventos puntuales nos estresan. De esta manera es como podemos comprender
que para todos nuestras dificultades son las peores imaginables. Siempre está
presente una carga muy grande de subjetividad.
Estoy hablando desde luego de los diferentes
tipos de personalidad, los paradigmas que asumen como verdades absolutas
inamovibles, y sus maneras muy específicas de enfocar su atención, de
sentir o disociarse de sus emociones, y otros factores de la personalidad,
que por otra parte presenta en un mismo individuo una gran variedad de
estados entre los que lo que llamaríamos "sano" y los bordes
difusos entre lo "normal" y lo propiamente patológico. Esto
apoya al psicoterapeuta para ser de verdad empático, sin por
ello perder su objetividad profesional. Es todo un equilibrio que
requiere de mucho entrenamiento, de mucha práctica profesional.
En general y para simplificar un tema de suyo
muy extenso, hay tres áreas de la experiencia de vida, todas igual de
importantes, y que requieren aprender a manejarlas, a darles un equilibrio:
la supervivencia (el trabajo, la comodidad, la salud, el entorno,
la seguridad, etc.); lo social (las relaciones del individuo con
sus grupos de referencia y con las personas del entorno laboral, comercial o
educativo) y las relaciones íntimas de convivencia: pareja, hijos,
padres, etc. Todas las personas hasta realizar un trabajo interior
terapéutico, ponemos demasiada de nuestra energía vital, y
demasiado de nuestro interés personal, en un área de éstas y descuidamos
o no le damos el interés que se merece a otra. Cuando podemos comprender
esto, y mediante terapias apropiadas, balancear las cosas, o sea quitarle el
exceso de interés y de enfoque de la atención al área
sobrecargada, para con ello ocuparnos del área descuidada, se obtiene una
reducción muy grande de los niveles de estrés. Porque el estrés proviene
mayoritariamente o del énfasis que se le da a un aspecto de
estos, como si no existiese nada más, o de los conflictos y culpas que
se generan originados en la poca atención al área que se descuida.
Las terapias que utilizan de alguna manera la
naturaleza, que es perfecta en su armonía, brindan un apoyo
formidable para encontrar ese equilibrio, y el equilibrio produce una
sabiduría inmediata que nos da las mejores pautas a seguir, y las mejores
decisiones a tomar. Ésa es esencialmente la base de mi trabajo como
psicoterapeuta profesional.