DECIR
ADIOS
Quien
se ata a un placer destruye el vuelo de la vida
Pero
quien le envía un beso cuando de aleja
Vive
en el alba del sol de la eternidad.
W.B
Durante
los conflictos interpersonales, donde dos personas no consiguen conciliar
sus diferencias es donde el ego pone a prueba todas nuestras destrezas
espirituales, siempre con la esperanza de ser el vencedor, porque nuestra
fortaleza espiritual podría no ser lo suficientemente poderosa para
conseguir que nuestro espíritu resulte vencedor.
La
incondicionalidad del amor sale en escena pidiendo su más clara oportunidad
de ejercer, mientras nuestra mente racional se opone a su suplica, el
orgullo comúnmente llamado dignidad termina venciendo, mientras el ego es
una esquina sonríe triunfante.
Las
heridas que con frecuencia propiciamos a los demás durante un conflicto
quedan abiertas por mucho tiempo, querer perdonar no parece ser suficiente,
porque cada vez que ocurra algo que toque la herida esta sangrara de nuevo y
el perdón parece ser solo una capa de maquillaje mal puesta que perdemos
con una facilidad asombrosa.
El
tiempo, inmaculado aliado de cualquier situación de conflicto es el mejor
consejero, no todos disfrutamos de la paciencia que requiere dejar pasar el
tiempo a través de una herida y mantenernos en silencio respecto a la
persona implicada y sobre todo ante nosotros mimos evitando toda suerte de
monologo interno autodestructivo que vaya en detrimento de la situación.
Si
conseguimos dejar al tiempo actuar sobre la situación, podremos además
proteger a los implicados en el conflicto, y protegernos a nosotros mismos
de ser nuevamente heridos con las actitudes defensivas de la parte oponente.
Puede
sonar algo represivo el sistema, a mi me gusta pensar que es más amoroso,
que nos resta espacio para ver las cosas con otros ojos, para enfrentar cara
a cara los tipos de sentimientos por los que estamos atravesando y
responsabilizarnos de ellos sin salpicar a otros con nuestro malestar. Me
gusta pensar que enfrentar el riesgo de que ni siquiera el tiempo pueda
conciliar una situación de conflicto, eso solo nos indica que es el momento
de dejar ir esa relación, esa persona, o esa circunstancia en nuestras
vidas, no es placentero decir Adiós, pero cuantas veces hemos tenido que
decir Adiós para nacer a nuevas circunstancias, a nuevos amigos, a nuevas
formas de vida y lo más importante para aprender a desapegarnos.