«Pueden quitar
todo a un hombre, menos algo: la última de las libertades,
la de escoger su actitud en cualquier clase de circunstancias dadas,
y elegir
su propio camino.»
Víctor E. Frankl,
quien lo descubrió nada menos que el campo de concentración de Auschwitz
y luego quiso buscar
razones para creer en el Amor... y... ¡las encontró!
Cárcel
A veces la peor cárcel que tenemos
son
nuestros propios paradigmas.
Nuestra manera de pensar nos ata
y nos
ciega de tal manera que no nos
permite
ver más adelante.
Estamos prisioneros en nuestra propia
celda,
somos el carcelero, el torturador y
el prisionero.
Quien tiene las llaves de nuestra
celda, o la
dinamita que vuele por los aires esta
maldita
cárcel, somos nosotros mismos.
Pero no nos atrevemos a usarlas,
porque somos
cautivos de nuestro peor verdugo: El
Miedo.
¿Quién nos metió aquí?
¡¿Qué sé yo?! ... existen mil y
un motivos o causas.
Una niñez desdichada o todo lo
contrario, una
sobreprotección paternal...
Una decepción amorosa, una infidelidad, una
autoestima mal comprendida...
Un defecto físico, pobreza económica,
una ideología, o una religión
castrante, etc.
El motivo que sea no es tan
importante,
como darnos cuenta que no nos permite
siquiera
asomarnos por las rejas al exterior.
Con el tiempo nos hemos acostumbrado
tanto
a lo reducido de nuestra celda, que
detestamos los
espacios amplios.
Y la libertad eso es, un
espacio grande.
Quizá la felicidad no esté fuera de
esas
cuatro paredes , pero sí está la
oportunidad
de crearla.
Porque a la felicidad hay que
crearla, no
existe sobre pedido, pero necesita un
elemento primordial, la libertad.
Si no existe ésta, le podrás echar
la culpa
a cualquier intromisión externa y,
a
lo mejor, tendrás razón, o por lo
menos
tendrás una excusa digna de tomarse
en cuenta.
Ya intuimos el motivo, ahora ¿cuál
será ese calabozo?
Una relación incorrecta difícil de
terminar,
o una relación que sobrevive por
falta de
una decisión...
una vida sombría y sin esperanza...
una rebelión continua a una situación
que no se entiende...
Un miedo a usar tu libre albedrío y
equivocarte.
No tengas miedo, no va a pasar
nada que no
tenga remedio;lo peor que podría
pasar es
que te acostumbres tanto a esa
situación que creas
que para ti , no hay otra.
Por favor, léeme , o escúchame en
tu imaginación,
tienes derecho a la felicidad, nadie
tiene la tuya,
solos tenemos que construirla.
Sí existe , pero hay que hacerla; así
como se hace
un riquísimo pastel que después
disfrutamos, así
también la felicidad, tú ya tienes
los ingredientes.
De tu vida puedes hacer que ésta sea
feliz o infeliz,
no depende de nadie más que de ti.
Si hasta los que que llamamos
"malvados", por no saber mucho
cómo son las cosas, tienen
derecho a ella,
con mayor razón tú, que eres
una "buena persona".
Esa mazmorra, recuerda, podrá matar
tu cuerpo, pero jamás tu alma.
¡Déjala que te enseñe a ser libre
y
a construir tu felicidad!
¿Y qué tal si te digo algo aún más
sorprendente...
Que la felicidad es
connatrural al hombre y construirla
no es exactamente el término...
porque hay es que demoler
las barreras auto construídas...
que la ocultan?
Pero, para empezar, cambia ese
viejo paradigma, por este otro ...
La felicidad sí existe y tú,
yo... cualquier humano
tiene derecho a ella.
Autor del original: Sergio Pérez C.
Ensenada, Baja California, México.