Conscientes de la gran variedad de asociaciones
y fundaciones que están realizando psicoterapia asistida con animales,
obteniendo unos excelentes resultados a lo largo de toda la geografía de
nuestro país, desde CANEM queremos aportar a través de estas líneas, nuestro
granito de arena a este modelo de terapia, que poco a poco se va dando a
conocer.
Entendemos que este tipo de terapias tienen una importancia realmente relevante
y como tal hay que prestarles el tiempo y la profesionalidad que merecen.
Nuestro equipo esta formado por:
- Un terapeuta: Encargado de dirigir cada una de las sesiones.
- Un adiestrador profesional: Encargado de seleccionar y adiestrar a los
perros, así como de tutelar a los guías caninos.
- Dos guías caninos: Encargados de intervenir en las sesiones bajo la
dirección de la terapeuta.
- Dos co-terapeutas: Labradores Retriever seleccionados y adiestrados
específicamente para realizar este tipo de sesiones.
Todas y cada una de las sesiones de psicoterapia son dirigidas por un terapeuta,
en nuestro caso es una psicóloga con formación en psicoterapia asistida con
animales, que previamente a realizado una evaluación de cada uno de los
proyectos, estableciendo un objetivo general dividido en objetivos específicos
que a su vez están divididos en pequeños objetivos operativos, basándose en
la situación física e intelectual del paciente y en una entrevista con los
padres o tutores.
Acto seguido, se reúne todo el equipo multidisciplinar para decidir como
alcanzar de una forma eficaz cada uno de esos objetivos.
En esta reunión nos encontramos con la piedra angular de este tipo de trabajo,
la estrecha colaboración, la posibilidad real de que cada profesional experto
en su campo aporte sus ideas y opiniones enriqueciendo el resultado final,
facilitando así la consecución de los objetivos marcados.
No tiene cabida en un equipo como este un profesional con un perfil
desproporcionado de Psicólogo-Veterinario-Etólogo-Educador Canino y Guía
Canino, que pretenda intervenir en solitario.
Cada componente del equipo tiene un perfil y una formación que lo hacen
imprescindible, siendo igual de importante la aportación del terapeuta o la del
guía canino, simplemente se encargan de cosas diferentes.
Debemos recordar que un proyecto de psicoterapia asistida con animales debe
contar con tres máximas imprescindibles: personal especializado, objetivos
prediseñados y resultados evaluados y registrados.
En cada sesión debe establecerse una relación perfecta entre terapeuta /guía
canino/ co-terapeuta/ paciente.
Esta relación es la base del éxito de una sesión.
Durante la sesión.,el terapeuta debe tomar datos y debe medir obligatoriamente
la evolución del paciente en cada sesión, esto marca la diferencia entre
psicoterapia asistida con animales y actividades asistidas con animales, estas
mediciones deben basarse el algo tangible como el ritmo cardiaco, presión
arterial, de esta forma el terapeuta puede constatar si la sesión realmente a
logrado tranquilizar o estimular al paciente.
Durante las sesiones es el encargado de dirigir al equipo, es quien interviene
de una forma directa con el paciente, si el caso lo requiere, ya que hay
ocasiones en las que el paciente solo acepta la presencia del perro ya que su
grado de introversión es extremo, y el terapeuta debe mantener la distancia y
dejar trabajar al perro.
Hace dos años nos encontramos con un caso en el cual un paciente afectado por
una parálisis cerebral muy profunda, resultaba tremendamente arisco con su
cuidadores y con nuestro equipo de terapia, pero curiosamente aceptaba de muy
buen grado la presencia de una joven perrita que utilizábamos en las sesiones,
hasta tal punto que este paciente se escapaba todos los días a la misma hora de
la vigilancia de sus cuidadoras para acudir a la sala donde realizábamos las
sesiones con la esperanza de encontrar a la perrita.
Lo ideal es que solo el perro interactué con el paciente, manteniéndose
apartados tanto el terapeuta como el guía canino, de esta forma el paciente
suele estar mas predispuesto a interactuar con el animal. De una persona es mas
fácil desconfiar que de un animal, los perros son mas nobles y sinceros en el
trato y nunca dejan escapar una mirada de consuelo.
El terapeuta pide al guía canino que realice determinados ejercicios con el
perro siempre manteniéndose a la mayor distancia posible del paciente, y se
centra en la respuesta que este presenta ante los diferentes estímulos que
provoca el perro.
Por otro lado el guía canino, consciente en todo momento de las limitaciones de
su perro, sigue escrupulosamente las indicaciones del terapeuta con el que
anteriormente ha intercambiado información sobre lo que se va a trabajar, para
ir sobre seguro, aunque un pequeño espacio para la improvisación siempre es
bienvenido.
El guía canino controla al animal a través de gestos de tal forma que
interfiera lo menos posible en la relación entre el paciente y el perro, de
igual forma que el terapeuta controla permanentemente el estado del paciente, el
guía canino hace lo propio con el perro, y es este el que llegado el momento
interrumpe la sesión para retirar al perro del lugar de trabajo si observa que
el nivel de estrés que su perro esta sufriendo es demasiado elevado.
Trabajando con una de nuestras pacientes afectada de autismo observamos que
esta, cuando no mirábamos, con una habilidad y velocidad pasmosa pellizcaba
fuertemente a la perra que en ese momento aguantaba estoicamente. El perro,
denominado co-terapeuta, debe estar seleccionado y condicionado posteriormente
para soportar esta y otras situaciones similares que gracias a Dios no son muy
habituales pero pueden darse, como son tirones de pelo y de pestañas, todo tipo
de golpes e introducción de dedos en los orificios mas insospechados.
Esta selección se basara principalmente en el carácter del animal, sin dejar a
un lado su apariencia, ya que de esta va a depender la mayor o menor
predisposición del paciente a aceptar la presencia del animal.
Otro punto a tener en cuenta es el nivel de reactividad del animal ya que nos
interesa que sea lo mas bajo posible, esto quiere decir que necesitamos a un
animal que soporte gritos, movimiento brusco e incluso golpes sin mostrar el mas
mínimo atisbo de agresividad.
No hay que olvidar al adiestrador, este realiza un trabajo en previo muy
importante, es el encargado de seleccionar al perro que va a ejercer de
co-terapeuta, debe encargarse de su sociabilización, y educación así como
finalmente de su adiestramiento para tareas de psicoterapia asistida.
El adiestrador debe enseñar al perro y a su guía a realizar toda la batería
de juegos en los que se basa cada sesión, una vez que el terapeuta ha definido
los objetivos que quiere alcanzar con la peculiaridad de que cada paciente
requiere como mínimo un par de ejercicios personalizados, esto es creados solo
para él, si el paciente es un niño que padece parálisis cerebral y le
apasionan los coches, estos deben formar parte del juego.
Una vez que el adiestrador ha preparado al animal, el guía canino será el
encargado de mantener el adiestramiento del perro utilizándolo en estrecha
colaboración con el terapeuta del grupo.
Así es a grandes rasgos como entendemos la Psicoterapia asistida con animales
en CANEM, con este articulo y siempre desde la humildad que da el entender que
de todo profesional se puede aprender independientemente de su formación o del
trabajo que este desempeñando.
Como he indicado en un principio, aquí queda nuestro granito de arena, en una
tarea que si bien es cierto que aporta muy buenos resultados y dota a los
terapeutas de una valiosa herramienta de trabajo, también lo es que queda mucho
trabajo por hacer, trabajo que sin duda merece la pena.
Francisco J. Martín
Zarzuelo
E-Mail: contacto@canemadiestramiento.com
Web: http://www.canemadiestramiento.com