Qué doloroso es amar, y no poderlo decir...

 

Si es doloroso saber

que va marchando la vida

como una mujer querida

 que jamás ha de volver...
Si es doloroso ignorar dónde vamos al morir,

más doloroso es amar... y no poderlo decir.


Triste es ver que la mirada hacia el sol levanta el ciego,

y el sol la envuelve en su fuego

y el ciego no siente nada.
Ver su mirada tranquila a la luz indiferente,

y saber que eternamente

la noche va en su pupila bajo el dosel de su frente.


Pero si es triste mirar y la luz no percibir,

más doloroso es amar... y no poderlo decir.


Conocer que caminamos bajo la fuerza del sino, 
recorrer nuestro camino

y no saber dónde vamos;

ser un triste peregrino de la vida

y en el sendero no podernos detener
por ir siempre prisioneros del amor, o del deber.


Mas si es triste caminar

y no poder descansar

más que al tiempo de morir,
más doloroso es amar... y no poderlo decir.


Vivir como yo, soñando con cosas que nunca vi,
y seguir, seguir andando,

 sin saber porque motivo ni hasta cuándo.

Tener fantasía y vuelo que pongan al cielo escalas...
y ver que nos faltan alas que nos remonten al Cielo.


Mas si es triste no gozar

lo que podemos soñar,
no hay más amargo dolor

que ver el alma morir

prisionera de un amor...

y no poderlo decir!

 

JOAQUÍN DICENTA