Llamativos, curiosos e investigadores de su entorno, tienden a la compañía y el vínculo próximo, aprenden y por lo tanto, recuerdan y actúan en consecuencia, por naturaleza territoriales y muy reproductores, característica que les lleva a la lucha, la protección y el cuidado. Son interactivos siempre que lo desean y sorprendentemente graciosos y juguetones, en términos humanos. Además, vuelan.

 

C:\Documents and Settings\Sandra\Escritorio\Artículo\IMGP0551.JPGLos Agapornis son un bichito espectacular.

Si nos remontamos a la lengua clásica griega, reparamos en que Agapornis, se descompone en agapein (amar) y ornis (pájaro). Se les dio este nombre porque, una vez encuentran compañero/a, siempre están junto a él y se acicalan y cuidan constantemente. También podemos identificarlos como Inseparables o Lovebirds (pájaros del amor).

Pertenecen a la clase de las aves, al orden de las Psitaciformes, a la familia de los Psitácidos, proceden del continente africano. Dentro de sus características generales, encontramos que, clasificados de porte pequeño,  varían de tamaño entre los 13 y los 17 centímetros, lo que facilita su tenencia en interior. La esperanza de vida de estos loritos ronda los 12 años y comienzan su edad fértil a partir de los 9 meses, aproximadamente. El no tener dimorfismo sexual en la mayoría de sus subespecies y gozar de la visión de colores, hacen de estos pequeños voladores un mosaico de diversidad cromática.

Una vez han criado, existen dos caminos:

-         El ciclo natural de la cría: los progenitores crían a los pichones de manera habitual hasta su destete y consiguiente abandono o expulsión del nido, en vista de futuras puestas.

-         La manipulación humana en el proceso con el fin de interactuar con los pichones improntando, dentro de su condición de ave, la seguridad y el no miedo al entorno humano conocido.

Este proceso de crianza compartida, comienza a los 23 días de vida; de manera muy resumida y superficial diremos que: se sacan 2 o más pichones del nido a los que se traslada a unas condiciones más o menos similares a las del nido de origen. Se les alimenta regularmente y se les proporciona tranquilidad, temperatura alta e interacción progresiva, alrededor de los 55 días abandonan la papilla y comienzan la alimentación de adultos. La razón de criarlos en compañía, es simple: sólo un ave puede enseñarle a otra el comportamiento de la especie.

Es necesario insistir en este punto, pues, a pesar de la crianza en cautividad y de la ya antigua domesticación de estas aves, no deben de dejar ser eso, aves. Y dentro de la cautividad deberemos ser capaces de proporcionarles enriquecimiento ambiental lo más natural posible, evitando el exceso de plástico comercial en su entorno sustituyéndolo por ramas, troncos de diferentes grosores, etc., a modo de perchas y accesorios.

Ahora bien, ¿qué tiene el Agapornis que cambia el entorno y la familia en la que convive? ¿Puede un Agapornis actuar como facilitador de cambios? ¿Puede participar como co-terapeuta?

C:\Documents and Settings\Sandra\Escritorio\Artículo\besitos wantxopi-kiwi.jpgUn animal en el hogar, sea cual sea, produce cambios y exige responsabilidades a todos los miembros. En el caso de un Agapornis criado a mano, la familia debe concienciarse de que un ave, por más criada a mano que esté, puede volar fuera de casa siendo dudoso el retorno por varios motivos. Este es, en principio, el mayor cuidado que ha de tenerse.

 A continuación se puede convivir con ellos, adiestrarles, observarles, y sobre todo, proporcionarles un entorno lo más natural posible dentro de casa. Ellos lo agradecerán y nosotros disfrutaremos observándoles.  Una de sus virtudes más valoradas en nuestro entorno es la imitación de sonidos. Hace que se cree un sistema de comunicación a través de silbidos, por ejemplo.

Capaces de devolver la llamada con el mismo tono e intensidad, provocan interacción por sí mismos, con ellos, con las personas y demás animales que nos rodean.

C:\Documents and Settings\Sandra\Escritorio\Artículo\Foto0167.jpgPersonalmente, basándome en la experiencia, y utilizando conceptos de nuestro lenguaje cometiendo sutil antropomorfización, haré la siguiente descripción de comportamiento: independiente, pero precisando vinculación y compañía, territoriales pero amorosos con su pareja, agresivos si la situación lo requiere, incluso rencorosos con miembros de la colonia, adultos y jóvenes marcan jerarquías claras; si les llamas, pueden acudir o no, a la llamada; dóciles depende con quién, y no sumisos incondicionales, etc. Muchos lectores podrían pensar que es un más que aceptable relato sobre las pautas habituales en adolescentes humanos. Y sin embargo, líneas más arriba, no difieren mucho la descripción sobre Agapornis mencionada. La reflexión que sigo es, todos nos podemos beneficiar de su presencia, pero concretando: ¿y si un adolescente se sintiera identificado con esta ave en particular? ¿Y si el comportamiento natural de unos ayuda a comprender el de los otros?

Este pequeño artículo trata de ser el inicio de una idea que, bien con Agapornis, o con psitácidos de mayor tamaño, pretende llevarse a cabo a base de registros, ensayos y mucha, mucha ilusión.

Sandra Vadillo Ruiz