Territorialidad
El ser humano es un Animal Racional y Social,
como dicen muchos antropólogos y filósofos que tratan de definirlo, lo cual
tiene mucho mérito, aunque siempre saldrán definiciones nuevas que incorporarán
nuevos conceptos a lo largo de siglos y siglos de investigación.
Me preguntaban un día si no era fascinante el
estudiar al ser humano, y sí que me lo parece, y por eso justamente me dedico a
esto.
La siguiente pregunta era sobre si yo pensaba
que alguna vez terminaría tal investigación, dije que por lo menos a mí no me
tocará verlo, y que creo que lo más fascinante de este estudio es que nunca va
a terminar. Me da la impresión de que si algún día se supiera todo, ya no
tendría sentido su existencia, pero esto es sólo una impresión personal.
Vamos a abordar un tema muy propio, en el que
la parte animal del ser humano juega un relevante papel: la territorialidad.
Somos ser territoriales, y para eso no
tenemos más que ver de dónde surgen la mayor parte de los conflictos entre
seres humanos de diferentes procedencias o características, o que ellos lo
consideren así. En el ámbito planetario se manifiestan a través de las
fronteras; dentro de las fronteras, en las diferentes zonas de los mismos países;
en el ámbito de las regiones, en las diferentes localidades, y en el núcleo de
las mismas, en la familia, y es aquí donde voy a incidir, en la territorialidad
dentro de la Pareja y de la Familia.
Es muy bueno tener presente que en los
momentos de romanticismo o del enamoramiento, parece que se funden dos mundos
en uno y que sólo asalta la idea de compartir, lo cual es muy romántico,
compartirlo todo, la vida entera y fundirse. Compartir vivienda, dormitorio,
tiempo libre, pensamientos, creencias, amistades, bienes materiales, y se vive
en la pasional idea de que "todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es
mío". Sí, en esos momentos eso es lo que parece, pero no es tan fácil y,
desde mi punto de vista, es además imposible. Explico a continuación por qué.
A lo largo de algunos años de investigación
en asuntos relacionados con la Pareja y la Familia, hecha en profundidad y
tratando el tema semanalmente en medios de comunicación y en consulta, tengo la
firme idea de que una Pareja podrá más fácilmente sobrevivir, y que una familia
será más feliz y estará más en armonía cuando no se pretende lo anterior, es
decir, cuando todos los miembros tienen un territorio privado y el derecho a
defenderlo. Este territorio puede ser físico, puede ser emocional, puede ser
intelectual y también social, pero con la característica de propio y no
invadible por nadie más que por quien uno autorice, y eso después de haber
evaluado algo muy instintivo relacionado con ello.
Generalmente los animales responden a la
defensa territorial primero advirtiendo y luego atacando, si las oportunas
advertencias han pasado inadvertidas, o si el invasor se ha propasado, motivado
por intereses propios que no concuerdan con los intereses del invadido.
Dentro del terreno humano, la persona a la
que se le invade su territorio privado sin permiso, por muy intelectual, es
decir, poco emocional, autocontrolada o poco visceral que sea su personalidad y
su manera de procesar, siente en un primer momento una gran incomodidad, algo
que le recorre el espinazo y que no puede evitar, es una parte muy profunda e
instintiva la que queda afectada, la cual le hace segregar fluidos bioquímicos
que invitan a la defensa de una manera muy primitiva, como es la adrenalina.
Sintetizando, ante tales circunstancias es
inevitable una reacción que invita a actuar, a advertir y en caso extremo a
actuar en consecuencia, y no precisamente de una manera muy cordial, porque
ello se siente como agresión o violación, y por lo tanto provoca mucha rabia y
puede generar por tanto mucha agresividad.
Es por ello que recomiendo un entrenamiento
en habilidades asertivas, ya que la fase de la advertencia NUNCA debe ser
saltada, y sólo se salta por la falsa creencia de que todo lo compartimos si
hay amor, y también por la igualmente falsa creencia de que la generosidad
significa obligatoriamente ceder territorio.
Mi consejo es que cuando aparezca un
sentimiento de incomodidad al ver a alguien muy querido saltarse las normas de
la territorialidad de una manera que NO compartimos, y que además tenemos
perfecto derecho de no compartir, lo mejor es enseguida trasmitirlo.
En la vida de la Pareja hay tres vidas, la de
ella, la de él y la que comparten por mutuo acuerdo. La vida que le es propia a
cada miembro sólo la comparten después de una negociación en que quede limpia
de dudas la intención de quien entra y quede clara la disponibilidad para ello
de quien acepta la entrada.
Todos los sentimientos, tanto positivos, es
decir, que crean placer, como los negativos, es decir, que crean sufrimiento,
en un primer momento son informativos, es decir, son positivos en tanto y en
cuanto traen información, y para controlarlos y no dejar que nos invadan y por
tanto se conviertan en patológicos, hay que hacer caso de esa primera señal y
actuar en consecuencia.
La señal que nos da nuestro cuerpo cuando se invade nuestro territorio privado
no debe de pasarnos nunca desapercibida, porque suele ser bien clara, pero la
toma de decisiones en ese momento para actuar implica el manejo de la
asertividad, es decir, el derecho a expresar uno lo que siente y el derecho a
sentirlo, y por tanto el merecido respeto que debe implicar el que el otro lo
acepte, no como algo personal y egoísta por parte del invadido, sino con el
respeto debido a cualquier manifestación de incomodidad, y cualquier
racionalización de tal sentimiento ha de ir dirigida en todo caso a expresarlo
en palabras, nunca para calmarlo sin haber antes expuesto lo sucedido y dejado
solucionado el asunto. Dejar solucionado el asunto es poder creer que nunca se
va a volver a repetir, ya que desde la parte mas instintiva hay una cierta
sabiduría o intuición con respecto a las intenciones del presunto invasor y
posiblemente también sobre sus intenciones futuras. Esto último es también
información que se ha de tener en cuenta.
Cualquier sentimiento no expresado o que se
deja pasar por alto, si no se ha trabajado, puede volver, pero de una forma muy
descontrolada, y puede convertirse en una emoción invasora patológica, porque
los sentimientos de territorialidad son muy primitivos, y dejar pasar por alto
las primeras manifestaciones de incomodidad por sentir que se está invadiendo
el territorio privado de uno, puede ser peligroso para la estabilidad emocional
de una persona.
Las conductas más patológicas que se conocen
del ser humano, traducidas a asesinatos, palizas etc.. son las consecuencias de
no haber trabajado esas primeras señales de incomodidad a las que aludía antes
y no haber trabajado con asertividad la defensa del territorio privado de uno.
Como decía antes y para terminar, el
territorio no compartible puede ser un territorio físico: el coche, la
mesilla de noche, los libros, el diario, la ropa, la vivienda etc.; un territorio
emocional: lo que uno siente por alguien o lo que ese alguien siente por
uno, lo que uno siente por algo etc. ; un territorio intelectual: lo que
uno piensa, en lo que uno cree, por lo que uno lucha, lo que uno defiende etc.
; un territorio social: con quienes uno se relaciona y con quienes uno
comparte o no, lugares que uno frecuenta etc.; un territorio laboral:
donde uno trabaja, el puesto que ocupa, la labor que desempeña etc.
En resumen, el ser humano es un animal
racional y también territorial, no le hace falta llegar al zarpazo, a la
agresividad, precisamente porque la gran mayoría de las personas tienen la
facultad de la racionalidad, la capacidad de negociación y de manifestación de
los sentimientos con la palabra. Es por esto mismo que nunca deberíamos dejar
que la racionalidad y el sistema de creencias se vuelva en nuestra contra "aceptando"
la invasión territorial, sino precisamente para manifestar en diálogo nuestra
incomodidad, y jamás dejándola pasar ni racionalizarla para calmarla. Es una
parte muy ancestral la que se manifiesta y es necesario por tanto trabajar con
ella con asertividad para no quedar afectados y no reaccionar violentamente,
que es como reaccionaremos si no nos hacemos conscientes de ella. Este es el
gran peligro en el que uno puede incurrir si se deja, en contra de lo que uno
siente, invadir su territorio, o si alguien viola el territorio ajeno sin antes
pedir permiso para ello.
Isabel Salama
Psicóloga Clínica