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Terapia asistida con animales en cárceles

 

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Isabel Salama
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Terapia asistida con animales en cárceles

Admitir en centros penitenciarios animales de compañía para los internos puede hacerse fundamental algún día, cuando nos demos cuenta de los beneficios que se pueden obtener en los ámbitos de los que hablo a continuación. De hecho ya en Barcelona se ha experimentado con la introducción de una perra en una de sus cárceles, que ha parido cachorritos que hacen las delicias de los presos.

Curiosamente hay menos peleas entre ellos, se activan sentimientos mucho más positivos de ternura, sentimientos compasivos, y de supervivencia. Reciben más visitas de sus familiares, los médicos y los guardias tienen menos trabajo (lo cual evidentemente es bueno) y sobre todo, adquieren un sentido de la responsabilidad sobre el cuidado de estos animalitos así como una motivación, una estimulación positiva de comenzar su nuevo día en la prisión.
¿Porqué? ¿Qué está ocurriendo ahí?

Bien pues un poco en línea a la que me refiero en la introducción a éste tema voy a contestar a estas dos preguntas obligadas tras esta primera introducción.

El hecho de que los presos tengan otras cosas en qué pensar que en sus miserias y en el hecho de estar privados de libertad, que es fundamentalmente lo que piensan en cada momento del día, sometidos a rutina penitenciaria, es lo que les mueve a sentir cosas diferentes. Los sentimientos están íntimamente asociados a los pensamientos, y el hecho de pensar en un animalito que está a su cuidado, les induce a emitir otro tipo de sentimientos. Los sentimientos asociados al cuidado de un perro o de un gatito, o de un ratoncito (lo que hemos visto en películas) les hace ver que su parte afectiva está a salvo, y que por tanto no necesitan "echar mano" o activar mecanismos defensivos. Estos generalmente son agresivos en personas que han violado la ley y están cumpliendo un castigo de privación de libertad. Tales mecanismos de defensa aparecen generalmente cuando se sienten amenazados, y es bien sabido que la normativa en prisión no impide el que pueda haber rivalidades, grupos contrarios y cierta agresividad latente generalizada hacia los compañeros de prisión. El hecho de desviar la atención de los compañeros de prisión y guardianes a un animal indefenso y que necesita de sus cuidados, hace que los sentimientos mas nutricios y tiernos afloren, en la mayoría de los casos, y el hecho de que dejen de pelearse con sus compañeros también es producido por el hecho de que el cuidado del animalito es trabajo del grupo, lo que supone que los sentimientos de compañerismo sustituyen a los de rivalidad. Es por eso por lo que se pelean menos entre ellos. Fijan menos su atención a posibles rivalidades y también a posibles rencillas que haya entre las bandas de prisión.

Al estar entretenidos cuidando cachorros y alimentando y cuidando a tal o cual animal evita también el hecho de que se les tenga que vigilar mas desde cerca, es por eso que los guardias tienen menos trabajo. El hecho de estar fomentando sentimientos positivos también hace que las personas sean más agradables para ser visitadas por sus familiares. Se da el hecho de que los presos reciben más visitas de sus familiares y más noticias buenas sobre su buen comportamiento y también (sin ir demasiado lejos) por tanto, sobre la reducción de sus penas. Se vigila como es cada preso y como evoluciona en sus días de internamiento en la cárcel y, aunque a veces haya habido lamentables errores, la reducción de las penas tiene mucho que ver con la actitud del presidiario. Si tal actitud es agresiva, probablemente la Justicia se arriesgue menos ante la decisión de reducir las penas que si la actitud es amable cordial y acompañada de buenas maneras. Se evalúan también el numero de peleas y lo que "se deja oír" sobre las declaraciones de tal o cual de los presos. Por eso las noticias de cierto compañerismo que se pueda producir por tener un objetivo sano en común, como es el cuidado y protección de un animal, no es menospreciable.

En resumen, la introducción de animales de compañía en prisiones o animales no tan de compañía, pero que los presos tengan que cuidar, da lugar a la introducción también de otros pensamientos, otros sentimientos y otras actitudes mucho más flexibles y sanas en los centros penitenciarios. Una actitud proactiva es en la que se piensa sobre el futuro y sobre el día a día de una manera productiva y eficaz, de cara a sembrar un futuro más prometedor en cuanto a proyectos y nuevas formas de vida. En el caso de los presos está claro que sembrar el bien y los sentimientos positivos, hará que su rehabilitación en el castigo se convierta en una reflexión y un cambio en los esquemas conductuales, de pensamiento y emoción.

Por otro lado, y como decíamos en otra sección, los animales nos ayudan a situarnos en nuestro presente, y esto es muy importante para las personas en centros de rehabilitación y penitenciarios, ya que el hecho de estar rehabilitándose pone el pasado delante continuamente, y ese pasado que ha llevado a las personas a su situación actual, en vez de ponerse en contra de uno, se puede conseguir poner a favor, para pasar de ser un enemigo a un aprendizaje. Es por eso que los animales pueden ser una gran ayuda, ya que aceptan a las personas tal y como se sitúan en su presenta mas actual, hayan hecho lo que hayan hecho en la vida y sin emitir juicios de valor. Las personas en centros penitenciarios están continuamente bajo el yugo de calificativos, por temas de su pasado, y esto a veces pesa más que las condenas. Los animales no nos juzgan ni nos recuerdan qué hemos hecho, sino que nos aceptan tal y como somos en cada momento en que tenemos contacto con ellos. Seamos quienes seamos, hayamos hecho lo que hayamos hecho y seamos fuertes, débiles, altos, bajos, gordos, delgados, ricos, pobres, pobres, presos o no etc etc..

Se continuara luchando para que en un futuro se introduzcan elementos de naturaleza y Animales tanto en centros correccionales, de rehabilitación como en Centros penitenciarios y cárceles.

Animales y cárceles

Animales y residencia penitenciarias, por Nuria Querol-GHEVA

 

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