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UNA AYUDA PARA NIÑOS CON
LIMITACIONES
Terapeutas
de cuatro patas
DEYANIRA TIBANA MUÑOZ
Subeditora de Bogotá
La pequeña Camila tiene la
mirada perdida y un rostro indescifrable. Está sentada en el pasto, al lado de
una joven que le hace musarañas y la llama insistentemente. No reacciona.
Así permanece la mayor
parte del tiempo. Su autismo la mantiene alejada de familia, médicos,
terapeutas, todo, menos de ‘Victoria’, una perra Golden Retriever diez
centímetros más grande que ella.
Desde que se conocieron se
hicieron amigas. Fue una cuestión de química. ‘Victoria’ aparece inquieta y
brincona por el prado y Camila la distingue a lo lejos. Sus ojos dejan de mirar
a la nada y se concentran en el animal. Cuando están cerca, la niña agita la
respiración a la misma velocidad con que la perra mueve su cola.
Ella sonríe. Le juega con
las manos. La abraza. De vez en cuando le jala el pelo. La perra simplemente
deja que la niña haga lo que quiera. No importa si le duele. No asoma ni un
milímetro de sus colmillos.
La terapia comienza. Anita,
la psicóloga, las dirige. El objetivo es mejorarle los niveles de atención. Si
Camila recae en su mundo silencioso, ‘Victoria’ se encarga de buscarla. La
atrae solo con posar su nariz húmeda en la mejilla de la niña.
"Camila lleva un mes
con ‘Victoria’ y su progreso es enorme. Su familia se ha podido acercar a
ella", dice Anita.
Desde el
vientre
Para que ‘Victoria’ se
volviera coterapeuta de Camila en el Programa de Terapia Asistida que hoy desarrollan
la Fundación Ralston Purina y el Centro Colombiano de Hipoterapia, más que
pasar por clases de psicología clínica, fue necesario ponerla a prueba desde
antes de nacer.
"Este programa tiene
más de 10 años de vida en España y aquí apenas estamos comenzando",, dice
Dayra Leyva, directora de la Fundación. Se tocaron puertas sin mayores
resultados, entre otras cosas, porque muchos médicos no creen que los animales
superen lo que ellos hacen con la medicina tradicional.
Al principio se utilizaron perros
de exposición. "El experimento no funcionó, porque son criados para que
los miren. Ven una cámara y se vuelven el centro de atención", añade
Gustavo Palomino, director del Centro de Hipoterapia.
Por eso se optó por manejar
el tema desde antes del nacimiento. Cuando la perra está embarazada, se le
hacen masajes en el vientre para que sus crías se acostumbren a sentir a la
gente. Los futuros coterapeutas no pueden ser agresivos, ni aislados o pasivos.
No se pueden salir de casillas en ningún momento. Y es obvio. Deben estar
preparados para un mordisco en una oreja o un jalón en la cola, porque su
trabajo se centra en ayudar a niños con algún tipo de problema.
A los dos meses, los
cachorros preseleccionados reciben estimulación sensorial y auditiva, y a los
cuatro, empiezan a demostrar lo que pueden hacer.
Los
resultados
Al lado de ‘Victoria’
también están ‘Ramona’, ‘Antonella’, ‘’Ada’ y ‘Xiomi’. Todas perras Golden
Retriever, con excepción de ‘Xiomi’, la labradora. Y son perras, no porque sean
más maternales, sino porque son menos pesadas para los niños.
Cada una tiene a su cargo
un niño. Bryan tiene problemas por deficiencias en su atención. Ahora trabaja
con ‘Ramona’. Antes de empezar su terapia, la consiente, le lleva agua y la
peina un rato.
"Bryan asiste a
terapias para mejorar su capacidad de atención. No se concentra", cuenta
su terapeuta. Por eso su trabajo con ‘Ramona’, que acaba de parir diez
perritos, consiste en jugar de manera ordenada.
Por ejemplo, a Bryan le
dicen: lanza la pelota hacia arriba, recógela, luego se la lanzas a ‘Ramona’ y
cuando ella la traiga tú la recibes. Esas instrucciones, aparentemente fáciles,
son complicadas para el niño. Después de uno, dos intentos, el juego se
completa. Bryan se siente satisfecho y ‘Ramona’ recibe una tocineta.
En otro extremo del Centro
de Hipoterapia, Germán David intenta gatear para alcanzar a ‘Antonella’ que lo
espera recostada en el pasto a escasos 30 centímetros.
Germán es un niño con
parálisis cerebral. A pesar de su limitación, conoce a su perra y cuando por
fin logra alcanzarla la abraza y dibuja una sonrisa en su rostro.
La psicóloga comienza la
sesión: "Repite Germán: An-to-ne... Mira mi boca y muévela igual. El
ejercicio se hace una y otra vez. El pequeño se cansa y recuesta su cabeza
sobre el lomo de la perra. Ella ni se inmuta. Luego le busca la barriga para
rascarla. Uno de los placeres caninos. Germán se ríe. ‘Antonella’ bate la cola.
La terapia da resultados.
Tres horas más tarde
Camila, Bryan y Germán han terminado, pero no quieren que sus amigas se vayan.
La separación es difícil. Unos dependen afectivamente de otros, y sin que nadie
se los haya dicho, aprendieron a fortalecer un lazo que ni el silencio ni la
falta de atención puede romper.
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El Programa de Terapia
Asistida se desarrolla en el Centro de Hipoterapia, un refugio campestre que
está ubicado en Sopó, en donde también los caballos hacen de coterapeutas. Las estadísticas que
actualmente maneja la Secretaría Distrital de Salud, con base en el censo de
1993, indican que en Bogotá hay unos 14 mil niños, que presentan alguna
discapacidad. Una vez se comprueben los
resultados de los cuatro casos de programa, la fundación y el Centro buscarán
la posibilidad de ampliarlo para ayudar a otros niños, que como ellos, tienen
problemas físicos, mentales o de socialización. Adicionalmente, ya se
está prestando asesoría para que el programa se pueda implementar en otras
ciudades del país. Medellín y Cali ya solicitaron la información. En el último trimestre del año pasado, la Fundación Ralston Purina y la Clínica Monserrat de Bogotá realizaron un programa similar con pacientes drogadictos. En ese caso, se intentaba atacar la percepción de inseguridad de los pacientes. Los resultados ya fueron evaluados y ahora se está tratando de revivir la experiencia. |