LA SENSIBILIDAD DEL CABALLO Y EL CORAZÓN HUMANO

 

 

     Creando excitación en la vida

 

 

 

 

     Adele McCormick, Ph.D.

     y

     Deborah McCormick, Ph.D

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RECONOCIMIENTOS

 

 

Nosotros dedicamos este libro a los dos campeones de nuestras vidas...

Thomas E. McKormick M.D.

nuestra inspiración.

Y a

*F.P.C. Trianero, nuestro místico peruano.

 

     Queremos expresar nuestro agradecimiento a toda la buena gente que nos ha ayudado a que sea posible el nacimiento de éste nuestro primer libro. Nuestro agradecimiento de todo corazón a Stephani Morhan y Ron Montana. Y especialmente a nuestra editora, Paulann Thurmon. También queremos dar las gracias a nuestros amigos y colegas españoles Miriam Frenk y Jose Poveda de Agustín.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1) INTRODUCCIÓN

 

 

2) LA GÉNESIS DE LOS SENTIMIENTOS

     Sentimientos y Emociones

     El modelo Psicópata

El modelo Psicótico

3) INSTINTOS E INTUICIÓN

     Ser uno mismo

4) NUESTRA CONEXION CON ANIMALES NO HUMANOS

     El rol de los Animales en la Vida Espiritual del Hombre

     La Verdadera Intimidad

     Lo que nos Pertenece

     El Instinto Gregario

     El Instinto del Rebaño

     El Instinto del lobo

4) EL CABALLO SANADOR

     De Vuelta a la Naturaleza

     ¿Porqué los Caballos?

5) LAS RELACIONES CURATIVAS -EL CABALLO COMO VEHÍCULO HACIA LA

SALUD-

     Caballo y Sensibilidad

     Manejar y Tocar

     Un Cristal para Mirar

     Compasión

4) DOMANDO LOS INSTINTOS

     Miedo y agresión

     El Trabajo con Jóvenes Antisociales

    

5) JUEGO DISCIPLINADO

     Introducción al Juego Disciplinado

     El Poder de la Paradoja en los Mecanismos Defensivos

     Educando al Inconsciente -Contar Historias-

     Educando al Inconsciente -Símbolos-

     El Juego Disciplinado

     El Caballo como Mito

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6) PLANTANDO LAS SEMILLAS DE LA CONSCIENCIA

    

     El Desarrollo de la Consciencia Moral

 

7) ESPIRITUALIDAD

     En la Búsqueda de un Corazón Creativo

     El Espíritu Creativo

     La Pasión

     El Proceso Creativo: Convertirse en Centauro

     Ejercitando el Espíritu con los Caballos

     Artistas de la Vida

     Dios en Nosotros

     Examen de Conciencia o Purgatorio

     Redención

 

8) CONCLUSIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  INTRODUCCION

 

 

     Habiendo trabajado con enfermos mentales graves, personas con conductas criminales y abusadores de sustancias, nos hemos visto forzados a explorar terrenos interpersonales en los que sólo unos pocos se han introducido. Hemos tenido que hacer frente a nuestros propios sentimientos de vulnerabilidad y falta de ayuda, miedo y desesperación, sólo para descubrir que, al final, existe la esperanza. Nuestras experiencias, que a veces han sido terroríficas, nos han obligado a mirar profundamente dentro de nosotros mismos, donde siempre hemos encontrado una inesperada paz. Es a través de esta profundización de uno mismo donde hemos aprendido lo que es el júbilo.

     Como terapeutas, fue una sorpresa descubrir que mucho de lo que aprendimos en la universidad tiene muy poco que ver con la realidad cuando se trabaja con gente seriamente trastornada. No fuimos preparados para el desgaste que supone nuestro rol profesional como terapeutas y no nos hablaron del horror, de la sensación de impotencia o del regocijo que se experimenta tratando enfermedades del "corazón" humano. Así que, el comienzo de nuestra práctica fue una dura prueba de fuego. Cuando finalmente comenzamos a tratar personas en el camino de la desesperación y de la violencia, aprendimos que teníamos que abandonar nuestra "persona" profesional y dejar salir nuestra intuición. No existe ninguna técnica terapéutica que nos salvara de esta situación. Tuvimos que dejarnos llevar por nuestros propios sentimientos y por el instinto más puro. Estas fueron nuestras más valiosas herramientas. Esta toma de conciencia nos puso en un plano metafísico que hizo resaltar nuestra propia espiritualidad.

     Destruir barreras de miedo y de defensa es un gran desafío. Cuando fuimos honestos con nosotros mismos sobre cuál es la realidad que verdaderamente ayuda a la gente, nos dimos cuenta que no era solamente la psicoterapia. No hizo falta darle muchas vueltas a la idea de que nuestras mejores y más exitosas intervenciones fueron las que salieron más espontáneamente. No estaban previamente reflexionadas ni tenían que ver con ninguna forma de técnica terapéutica; tenían que ver más bien con el puro instinto e intuición y estaban dirigidas más bien por la Gracia de Dios que por nosotros. Y Dios lo sabe, en varias ocasiones necesitamos toda la Gracia que se pudiera obtener... Después de varios éxitos, nos dimos cuenta que había otras fuerzas en juego en nuestro trabajo -fuerzas raramente consideradas-. Aquí es donde comienza nuestra historia real. Son esas fuerzas siempre presentes que todos nos olvidamos de considerar. Ahora sabemos que el proceso curativo ocurre cuando es natural y forma parte de la vida, más que cuando es artificial. Para que ésto ocurra debe contener elementos de encantamiento y misterio.

 

 

 

     En nuestra práctica hemos trabajado con personas que en la profesión se consideraban sin esperanza de cura. Estas nos han hecho crecer y por ellas hemos dado la bienvenida al desafío. Nos han ayudado a estrujar nuestras mentes, nuestra imaginación y a explorar nuevos acercamientos en nuestro trabajo. Buscamos caminos alternativos para despertarnos a nosotros mismos y a los demás, para curar y para crear una saludable excitación en nuestras vidas. En nuestra búsqueda fuimos guiados hacia los caballos -animales que siempre habían formado parte de nuestra vida personal-. Este cambio en nuestra vida profesional ocurrió despacio y fue muy sutíl. Los métodos que lo caracterizan parecen emerger de nosotros mismos, y nos transportan a nuevos territorios, tanto profesionales como personales.

     Siempre hemos tenido caballos, porque nos encantan y porque además disfrutamos con su compañía. Aunque nos han provisto de mucho placer a lo largo de los años, nunca imaginamos lo que vivir íntimamente con una manada podía hacer por la mente humana. Los caballos se nos siguen apareciendo en nuestros sueños y en nuestras fantasías. Estas imágenes, combinadas con nuestras experiencias profesionales nos hacen entrar en profundidad en el reino de la Naturaleza.

     Hicimos un acto de fe y seguimos el camino por el que nos guiaban nuestros sueños. Nos fuimos al campo y dejamos atrás nuestra práctica convencional en medio urbano. Solamente unos pocos de nuestros colegas fueron comprensivos y nos desearon lo mejor. La mayoría pensaron que nos habíamos vuelto locos. Locos o no, nosotros y nuestros clientes nos hemos beneficiado inmensamente del camino que habíamos seguido.

     Nuestros esfuerzos empezaron poco a poco y fueron ganando por momentos. Empezamos a entendernos a nosotros mismos a través de vivir entre los caballos y de formar parte, en la medida de lo posible, de su manada. Hicimos esta experiencia disponible para nuestros clientes con el fin de facilitar lo que llamamos el "juego disciplinado".

     Con el tiempo, tuvimos que reconocer que un proceso curativo estaba teniendo lugar a través de las relaciones de los caballos con nosotros y con nuestros clientes. Lo que descubrimos a través de este medio no convencional de comunicación fue una conexión con la vida en su forma más basica. Trabajando con caballos, iniciamos a nuestros clientes en el oculto mundo de la energía animal y del instinto, proveyéndoles a través de medios naturales y seguros de aprendizaje, de conocimiento sobre su naturaleza dualística. La interacción entre terapeuta, caballo y cliente lleva al cuerpo, la mente, y el espíritu hacia un estado de totalidad. A través del entrenamiento en la forma de juego disciplinado con caballos, los clientes aprenden a destapar su ancestral mente animal y energías para aplicarlas de una manera más creativa y responsable en sus vidas. De hecho, fueron asumiendo la responsabilidad de su propia sanación.

 

 

 

 

 

     Observar e interactuar con animales no humanos puede ser una experiencia transformadora y una poderosa herramienta para iniciar un crecimiento personal. El mundo del animal está remarcablemente gobernado por la ley natural. Es un mundo de ciclos y estaciones en el que se impone un continuo movimiento de adaptación. Incluso la quietud está vibrando. La vida y la muerte van de la mano, y su abrazo primordial confiere una cualidad de pasión e inmediatez en un mundo del que extrañamente el animal humano se ha distanciado a través de la intelectualidad y del engaño. Sin tener en cuenta las vicisitudes de la vida, los animales siempre tienden a luchar, amar, establecer relaciones, jugar, criar a sus crías y llorar a sus muertos.

     La peculiar constelación de características del caballo introduce la salud en la relación. Es un animal muy equilibrado. Entre los animales domésticos seleccionados para el trato con humanos, los caballos han conservado un fuerte componente de su naturaleza salvaje original. Debido a que no están tan dispuestos a complacer como los perros, son menos lábiles y tienen una personalidad más marcada. Además son tremendamente independientes. Su imponente tamaño, su tremenda fuerza y fina intuición requieren que uno se aproxime a ellos con respeto, vigilancia y una gran cantidad de sensibilidad. Se debe estar muy pendiente de ellos y es importante estar muy consciente en todo momento, dando ocasion para dejar salir los sentimientos más profundos y verbalizarlos. Una vez establecida una buena relación con el caballo, las interacciones serán estimulantes y liberadoras.

     En nuestras comunicaciones con los caballos descubrimos una fuerza -una no visible pero siempre presente energía que baña el espíritu y que requiere que estemos completamente presentes y seamos sinceros con nuestra propia naturaleza. La habilidad del caballo para conectar con la gente es un misterio. Su tamaño y presencia nos fuerza de alguna manera a ser física, mental y espiritualmente más conscientes y más humanos. Este elevado estado conciencia nos lleva a renovar sensibilidad y excitación, literalmente hablando, nos lleva hacia nuestros sentidos.

     Estábamos impresionados de las propiedades curativas inherentes a nuestras interacciones con esos animales. La naturaleza del impacto psicológico y espiritual que los caballos tenían sobre nosotros y sobre los demás estaba de acuerdo con muchas de nuestras ideas sobre cómo devolver a las personas su salud emocional, física y espiritual. Comenzamos a ver a los caballos como un vehículo práctico para desarrollar autoconciencia, como una herramienta para poner atención a sentimientos enterrados o fuera de juego. Percibimos que, en este trabajo, entramos en el mundo del inconsciente -mundo que frecuentemente ignoramos dirigiendo nuestro camino hacia ambientes altamente artificiales.

 

 

 

 

 

 

 

 

     Empezamos a trabajar con caballos hace quince años, no teníamos idea de su potencial como sanadores holísticos que podían ayudar a la gente a vivir la experiencia de la parte más instintiva de sí mismos, tanto física como psicológicamente. Nuestro trabajo nos enseñó que los caballos eran poderosos guías, y en un sentido, divinos mensajeros que nos pueden enseñar quienes somos y señalarnos en qué dirección necesitamos ir. Actúan como espejos que nos reflejan la totalidad de quienes somos, tanto en la luz como en la sombra.

     A través de la historia de las civilizaciones, los caballos han sido considerados como una de las más nobles criaturas del reino animal. Encarnan la vida misma, respirando deseo y poseen la llave que abre la puerta de la eterna pasión. En las culturas de los viejos druidas y entre los chamanes siberianos se pensaba en los caballos como vehículos para llevar a la gente en los viajes de profundización y que además les ayudaban a negociar la trayectoria a seguir tanto de la vida como de la muerte. En este libro vamos a "viajar", en todos los sentidos de esta palabra. Esta aventura desvelará la anciana y arcana sabiduría que tienen que darnos.

     A través de nuestro trabajo con adultos y jóvenes delincuentes en libertad durante los años 60, desarrollamos un modelo de cómo evolucionan los sentimientos sanos. Percibimos a los sentimientos como guías en los viajes secretos de nuestras almas individuales. Si aprendemos a entenderlos, sin fijarnos en si nos provocan dolor o placer, podemos ganar en autoconocimiento. Esto nos abre las puertas del desarrollo espiritual. Los sentimientos salen del corazón, no del intelecto, y su desarrollo nos conduce hacia un sentido de la compasión y de la grandeza que es una forma accesible de la intuición. Este mundo de experiencias realza los sentimientos de humildad y responsabilidad.

     Muchos de los criminales con los que hemos trabajado tenían seriamente limitado su repertorio de sentimientos expresados. Frecuentemente, lo que ellos expresaban como sentimiento era más exactamente una emoción. La emoción, tal y como lo vamos a usar aquí, es la expresión de un comportamiento que está desprovisto de contenido sentimental y que es caracterísitco de personalidades psicopáticas. Se usa para manipular a los demás, es un "camelo".

     La gente que usa la emoción, en vez de la expresión de sentimientos, frecuentemente tienen un vacío interior, de empatía e intuición y consecuentemente son extraños a sus propio impulsos y conductas. Muchos de ellos aunque sean capaces de reconocer que han cometido un crimen, tienen muy poca o ninguna conciencia de lo que han hecho. Frecuentemente lo expresarán como "algo que de repente ocurrió". Actúan según las emergencias impulsivas que no pueden controlar. Es esta descontrolada manera de actuar la que

 

 

 

 

 

 

les hace peligrosos para sí mismos y para los demás. Las personalidades psicopáticas tienen un alto nivel de energía, pero es más bien la energía del "lado oscuro" de la pasión que es desenfrenada, desneutralizada y desbocada.

     A lo largo de los años de práctica clínica con pacientes diagnosticados como psicóticos, encontramos que la expresión de sentimientos/emociones de estos sujetos era en extremo opuesta a la de personalidades psicopáticas. Esto es, tienden a estar inundados por los sentimientos y por una gran sensibilidad e hipervigilancia. Incapaces de hacer frente a su dolor, acuden a la fantasía, a las ilusiones y a las alucinaciones para poder adaptarse y regular la sobrecarga de sentimientos que les fluyen. Los psicóticos no tienen base de realidad para poder organizar y entender el torbellino de que consta su proceso interno. Careciendo de un mecanismo psicológico que pueda darle salida a un excesiva estimulación, están expuestos a un colapso psicológico, una implosión. Al principio de su psicosis todavía son hábiles para poder adaptarse a su realidad tanto interior como exterior. Pero más tarde o más temprano el mundo se hace insoportable y aprenden a escapar de él a través de dejar a su mente "viajar".

     Tanto psicóticos como psicópatas comparten una de sus características básicas -un vacío de consciencia de su proceso interno y de su comportamiento. La consciencia es la clave del desarrollo de un Yo bien integrado. Entender las características propias de estos dos grupos es muy importante, porque representan los dos extremos de un contínuo en el que la mayoría del resto de la población se encuentra. Este modelo nos permite evaluar nuestro propio repertorio de sentimientos y tener ideas más útiles para profundizar en el autoconocimiento. Si cultivamos e integramos los diferentes niveles de sentimientos que nos vienen, nos abriremos a experimentar una riqueza que no habíamos conocido antes. A la inversa, si ignoramos estos niveles, dejándolos tapados, envolveremos la personalidad en oscuridad y confusión.

     Usamos nuestras observaciones sobre estos niveles de sentimientos para ayudar no sólo a la gente que busca ayuda, sino también a sus terapeutas, para que se vuelvan más conscientes y equilibrados. Hemos aprendido que, si se han convertido en profesionales en terapia, aquellos que usen sus niveles de sentimientos de una manera efectiva, tendrán mucho más éxito en su trabajo. Cuando empiecen a trabajar su nivel interno de sentimientos, empezarán a empatizar más plenamente con los niveles de sentimientos de sus clientes.

     Nuestro acercamiento a la práctica terapéutica está basada en este modelo. Hemos tenido la oportunidad de trabajar con muchos clientes que no han respondido a los diferentes tipos de terapia tradicional. De hecho, esta población fué nuestra prioridad y el foco de nuestra práctica. Siempre hemos estado en la búsqueda de caminos alternativos para llegar a los demás,

 

 

 

 

 

ayudarles a curarse y crear su propia excitación por la vida. Traemos este modelo para que el lector encuentre también la pasión y la excitación que nosotros hemos encontrado.

     A lo largo de los años, hemos diseñado e implementado u número de programas para diversos grupos según la edad, incluyendo jóvenes delincuentes, abusadores de sustancias, gente deprimida así como para aquellos que están en la búsqueda de la espiritualidad o de incrementar su consciencia. Hoy ofrecemos programas individualizados para cualquiera que esté buscando enriquecimiento y una vida más significativa. Encontramos ésto particularmente efectivo para la gente bajo stress. La terapia equina es la esencia de todos estos programas.

     La meta de este libro es describir un camino que hemos encontrado para vivir la vida como un arte. Nuestras vidas tanto profesionales como personales han restablecido una profunda y verdadera conexión con la Naturaleza -a través de los caballos- y esta ha sido la manera más efectiva y que con menos esfuerzo hemos podido restaurar pasiones y espiritualidad perdidos. Pueden ser efectivos para transformar emociones, urgencias instintuales en actos creativos y poner el corazón y la pasión de vuelta en la vida. Invitamos a nuestros lectores a unirse a nosotros en nuestro camino de descubrimiento y a implicarse con todo su ser.

 

 

 

 

 

  LA GENESIS DE LOS SENTIMIENTOS

 

 

         El hombre es un eterno péndulo de movimiento y           vibración. Su espíritu está capturado en un cuerpo en        el cual las fuerzas palpitan como el latido de un      corazón. Frecuentemente las fuerzas truenan y tiemblan        en su cuerpo con emociones muy fuertes que sacuden los          cimientos de su existencia física. La vida continúa           latiendo con ritmo y en silencio, con sentimientos de         amor o irrumpiendo con avalanchas de emociones          violentas. La vida es movimiento y ritmo. Cuando el          movimiento disminuye, la persona cae enferma y          cuando el movimiento para, la persona muere.

 

                                 Dr. John Pierrakos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     Los sentimientos son derivados del instinto de supervivencia. Su trabajo es ayudarnos a responder apropiadamente en nuestro medio -protegernos de potenciales peligros y movernos hacia lo que necesitamos para vivir y procrear. También nos conectan con los demás así como con otras formas de vida.

     Sin los sentimientos, no seríamos humanos, seríamos seres fríos que nos perderíamos la riqueza de la vida. Si no hacemos caso de nuestros sentimientos, nos quedamos en la oscuridad y la confusión. Si los atendemos, los sentimientos maduran y florecen. Si negamos o desatendemos esta válvula de escape emocional, bloqueamos un normal funcionamiento y el desarrollo personal. Nuestra capacidad de sentir es una parte importante de nuestra humanidad y revela tanto nuestra grandeza como nuestra debilidad.

     Deepok Chopra ha dicho que el corazón no es solamente un órgano, sino también el asiento de la sabiduría. Para sentir plenamente, debemos reconocer y aceptar el espectro completo de nuestros sentimientos y crecer comprendiéndolos. Si no somos conscientes de la inteligencia de nuestra corazón, tendremos una limitada visión del mundo. Por otro lado, si integramos y refinamos el mundo de de nuestros sentimientos, se abren las puertas de nuestra percepción mística.

      Debido a que los sentimientos son potentes indicadores, podemos usarlos para ganar profundidad en los diferentes patrones de la vida y en los temas kármicos que necesitamos atender y trabajar. Una manera de valorar la profundidad y extensión de nuestros sentimientos es examinando nuestras reacciones a las diferentes situaciones en las que nos encontramos, particularmente las situaciones novedosas. ¿Hemos disfrutado de nuestro viaje y hemos hecho una aproximación abierta o simplemente hemos llegado a un sitio...?

     La habilidad de ser afectados, de estar implicados es muy importante porque refleja una respuesta abierta a la vida. La exposición de nuestra "psique" a novedades saludables es la medicina que ocasionalmente necesitamos. Un pequeño shock nos puede sacar de la inercia y crearnos una oleada de sentimientos. Este trastorno o agitación puede ser un precursor del cambio; sin él nuestra mente se queda estática, confortablemente situada en la ignorancia. Una persona que contínuamente actúa a salvo, que vive en la resistencia y fuera de riesgos, deniega a sí mismo oportunidades enriquecedoras para el crecimiento personal.

     Algunas personas se contentan con dejar a sus sentimientos fuera de juego, creyendo que sus fuentes internas son limitadas. Los resultados de estos desacertados esfuerzos son la reducción y la extinción. Es por nuestro propio interés por el que debemos abrirnos a las situaciones novedosas como una oportunidad para construir psicológica y espiritualmente. El movimiento es nuestro mejor aliado.

 

 

 

 

 

 

SENTIMIENTOS Y EMOCIONES

 

     Las palabras "sentimientos" y "emociones" son las dos palabras de las que más frecuentemente se usa y se abusa en el vocabulario psicológico. Mientras tanto profanos como profesionales de la salud mental las usan constantemente, el uso corriente generalmente tiende a oscurecer las diferencias semánticas entre las dos palabras.

     La palabra sentir tiene que ver con la sensación y la percepción. Sentir intensamente es sinónimo de pasión, y la capacidad de sentir es la base del desarrollo de la compasión. Sentir significa también percibir las energías físicas, psicológicas y espirituales.

     La palabra emoción en francés emouvoir, tiene una connotación de movimiento y conducta. Las emociones son las expresiones externas que usamos para, o bien mostrar o bien disfrazar sentimientos inconscientes, descubriendo o enmascarando nuestro estado interior.

     Cuando las emociones expresadas son acordes con los sentimientos, resulta una sensación de totalidad y de harmonía -incluso cuando los sentimientos son negativos (enfado o tristeza). Por el contrario, cuando las emociones no expresan el verdadero estado interior, se da salida a la sensación de desintegración y de división. La distinción entre estos dos modos de relacionarse es importante, porque el que vamos a usar forma la base de cómo nos debemos mover en el mundo para sentirnos bien dentro de él.

     Es imposible exagerar el rol del inconsciente en el mundo de los sentimientos. Frecuentemente, la gente que se encuentra bajo el peso de fuertes sentimientos o bien no los entiende o bien no sabe que hacer con ellos. Es por eso que los terapeutas aconsejan no tomar decisiones importantes en periodos de crisis. Se necesita tiempo para cribar a través del muro del inconsciente y desarrollar consciencia y claridad.

     Los sentimientos a veces son comparados con nubes. Vienen y van y cambian constantemente. Cualquiera que se haya divorciado o sufrido una irremplazable pérdida sabe de qué se trata. Durante la crisis, deberíamos tener una explicación de porqué está sucediendo y de qué estamos sintiendo. Más tarde, mientras nuestras emociones (y nuestras defensas) se asientan y empezamos a salir a través del remolino de sentimientos, emergerá la totalidad de una nueva perspectiva.

     Las emociones pueden ser poderosamente atractivas, pero no nos hacen crecer espiritualmente. Son reacciones superficiales que no necesariamente reflejan el contenido actual del

 

 

 

 

inconsciente. Desde el movimiento a favor de la libertad de expresión de los años sesenta, tenemos una cultura que premia la expresión emocional. Fué precisamente durante este período en el que las palabras emoción y sentimientos se confundieron y se abusó del uso que se hizo de ellas. Grupos de encuentro se regodeaban en emocionarse -gritando, llorando, confrontándose o dando almohadazos. Lo más fuerte y más dramático, lo más auténtico y más profundo, era asumir la existencia. Desafortunadamente, en muchas ocasiones estos grupo hacían simplemente mucho ruido, mientras que sus sentimientos más profundos se quedaban sin rumbo. Los participantes dejaban estos encuentros sintiéndose incluso más vacíos que cuando entraron en ellos.

     Los grupos de terapia a los que asistimos durante los sesenta y setenta, nos impresionaron por la confusión que había en torno a sentimientos y emociones y lo extendida que estaba esta confusión entre los participantes. Hemos organizado grupos separados para poder tratar diferentes necesidades. Uno de los grupos lo identificamos como personalidades psicopáticas y nos fué enviado como período de prueba y bajo libertad condicional por varios departamentos del estado. El otro grupo, referido por hospitales y consultas privadas, consistía en clientes diagnosticados como psicóticos. Trabajndo con estos grupo simultáneamente se nos dió la oportunidad de hacer interesantes comparaciones entre emociones y sentimientos en un contínuo que nos proporcionó un camino simple para ver cómo todos somos, en un mayor o menor grado, muy parecidos.

 

 

 

EL MODELO PSICOPATICO

 

     Al principio, en nuestro grupo de clientes psicópatas, las lágrimas, gritos, chillidos y demás nos sugirieron que estos individuos estaban sintiendo. Con el tiempo, aprendimos que sólo nuestros estómagos estaban revolviéndose. Como terapeutas, estábamos experimentando su "dolor" en vez de ellos.

     Todos hemos tenido la experiencia de ser inundados por el estado emocional de otros. Durante una película especialmente buena, es fácil olvidarse de que el personaje es un actor interpretando un papel.

     Los individuos psicópatas usan sus dotes dramáticas para manipular y provocar simpatía en aquellas situaciones importantes para su supervivencia. Pero en el fondo, la persona es la misma. Está usando las emocionaes, no para expresar sentimientos auténticos o ideas creativas, sino para tomar el pelo a la gente. Es por eso por lo que malos artistas son considerados como malos actores.

 

 

 

 

 

 

 

     Una mujer que estaba en uno de nuestros grupos hizo una perfecta descripción de ésto. La habían encarcelado por mutilar a un hijo suyo, y a pesar de que gritaba incesantemente, no podía entender porqué la terapia era una condición de su libertad condicional. Otra de las claves que apuntaba hacia su falta de auténticos sentimientos, era que chillaba por ella misma y no por su hijo. Sus lágrimas fluían por el efecto que éstas podían producir en su audiencia.

     El talento del psicópata para "jugar con la gente" no es una expresión de sentimientos, ni una forma de intuición, sino una misteriosa habilidad para captar a la gente. Pueden llegar a ser tremendamente astutos. Captando mecanismos de defensa y vulnerabilidades, atacan de una manera o bien a agresiva o bien seductora, como sea apropiado en el momento. Todos hemos usado las emociones para seducir o para agredir alguna vez, pero los psicópatas abusan de ellas contínuamente. Con sus "artes callejeras" juegan a vivir más que vivir auténticamente la vida.

     El excesivo y manipulativo uso de las emociones que hacen los psicópatas les protegen de las amenazas, tanto internas como externas. Por ejemplo, una amenaza interna puede ser un poderoso e indiferenciado sentimiento de miedo al que se le da salida con expresiones de rabia, llanto, gritos, malas caras o todas estas juntas. La persona puede ser o no consciente del escondido propósito de estas actuaciones.

     Hemos aprendido a base de trabajar intensamente con personalidades psicopáticas que el cambio puede ocurrir en algunos casos, pero debido a que hay un vacío de sentimientos auténticos, el cambio será lento y tedioso. En algunos clientes, al final el cambio ocurre. En otros, el cambio termina en cuanto desaparece la figura de autoridad.

     Un componente necesario en un proceso curativo, si éste ocurre, es traer los sentimientos primarios de vacío y falta de protección a la consciencia de la persona. Sin esta toma de consciencia, el repertorio de los sentimientos del psicópata queda severamente limitado. Es este paliado repertorio el que parece llevar a la persona a refugiarse en la conducta antisocial. Mientras se está trabajando con psicópatas el terapeuta de estar bien asentado sobre sus pies todo el tiempo, y funcionar a base de "toques de silbato", de manera que el cliente no tenga la oportunidad de posicionarse para manipular o tomar el control de la situación. En el momento en que el terapeuta consigue no involucrarse en el entramado dramático de su cliente, éste comienza a sentirse vulnerable. Es en este punto donde la terapia puede comenzar.

 

 

    

 

 

 

 

 

 

 

EL MODELO PSICOTICO

 

     Al contrario que los individuos psicópatas, las personas que sufren de psicosis experimentan profundos sentimientos que tratan de negar o adormecer, creando como alternativa una falta de conexión con su realidad y fantasía conocida como psicosis. De la misma manera que nos encontramos mejor cuando estamos lejos de personas afectadas por psicosis viéndolas muy diferentes a lo que nosotros somos, no debemos olvidar que todos hemos experimentado la psicosis, que es la falta de mecanismos de defensa, cuando éramos pequeños. Como adultos, cada uno de nuestras actuaciones deniegan y se refugian en la fantasía en algún grado. Es necesario para la supervivencia. La negación y fantasía del psicótico es extrema, constante y desarmante.

     El psicótico siente sin las defensas que proporcionan las herramientas emocionales. Su terror interior es expresado de una manera indirecta e inapropiada. Una participante de uno de nuestros grupos, una mujer de la Iglesia Católica Irlandesa, creía que era una judía viviendo en la tortura de un campo de concentración Nazi en Alemania. Otro, que pensaba que su casa era el mar, se "convirtió" en un tiburón con el fín de protegerse. Otro paciente experimentaba sus sentimientos como una explosión. Durante una discusión de grupo, de repente empezó a dar sacudidas, golpeando las paredes tirándose contra ellas como si estuviera siendo empujado por una fuerza invisible. Nos dijo que, en casa, había encontrado partes de su cuerpo dispersos en diferentes habitaciones como resultado de una onda expansiva. Otros asumen los roles de santos o de mártires. Simbólicamente expresan su dolor y esperan una última redención.

     Debido a que los psicóticos esconden los intensos sentimientos que experimentan, algunos piensan que son personas sin sentimientos incapaces de establecer empatía. Tienen lo que se llama "carencia de afectos", lo que significa que muestran muy poca, si alguna, emoción. Como los niños, su problema pasa por alto debido a la aparente calma exterior. Consecuentemente, apenas reciben la ayuda que necesitan en las fases tempranas de su dolencia. Su falta de expresividad continúa hasta que se descompensan y comienzan a desarrollar comportamientos extraños. Sus sensaciones, a las que no pueden dar salida, les dejan vulnerables ante el mundo. Sin una apropiada manera de expresarse, los psicóticos no pueden desarrollar una personalidad sólida socialmente, que les ayudaría a ir tranquilamente por el mundo.

     A pesar de la intensidad de sus sentimientos, los psicóticos no son cosncientes del significado exacto de su inestable conducta. Sus síntomas oscurecen sus sensaciones ocultas. Hasta que no destapan el significado de su comportamiento, los

 

 

 

 

 

psicóticos experimentan un desasosiego y una confusión tan profunda que les lleva a existir, psicológicamente hablando, en una realidad paralela.

     Los dos grupo descritos arriba, son los dos extremos de un contínuo en cuyo límite están por un lado las emociones y por otro los sentimientos. Aunque estos dos grupos representan modos anómalos de expresión, la normalidad o anormalidad es una cuestión de grado. Lo que nos esforzamos por conseguir es el reconocimiento y aceptación de toda la gran variedad de nuestros sentimientos y que éstos sean acordes con sus correspondientes expresiónes emocionales, que nos permitirán funcionar plenamente en nuestra sociedad.

 

 

 

  INSTINTOS E INTUICION

 

 

                   La mente humana, una vez liberada de las                 preocupaciones e inquietudes y de sus ruidos                 internos está capacitada para ejecutar todas las funciones de los más complicados mecanismos de la radio -mandar a la vez que recibir pensamientos y desintonizar con aquellos que le resulten indeseables.

                        Paramahansa Yogananda

 

    

     Aunque no se haya pensado nunca en ser un jinete, o tener un caballo, la interacción con caballos es inestimable, los caballos pueden ayudar a desarrollar la intuición. La intuición se define como una directa percepción de la verdad, y es independiente del proceso racional.

     Uno puede pensar que los instintos son las herramientas de la intuición. Los instintos son impulsos y comportamientos que nos ayudan a guiarnos a través del complejo medio en el que nos hallamos, sin tener que pararnos ante cada uno de los eventos. Organizan las percepciones sobre lo que está ocurriendo a nuestro alrededor de manera generalmente adaptativa. La intuición, igualmente, nos permite ver y responder en nuestro medio sin necesidad de emplear razonamientos. Se trabaja un tipo de sabiduría orgánica. En los seres humanos, instinto e intuición van de la mano. Si confiamos en nuestros instintos, probablemente tenemos bien desarrollados los poderes intuitivos.

 

 

 

 

 

 

     El instinto es una manifestación de la inteligencia cosmica, que reside en todos nosotros. Aprendiendo a escuchar nuestras corazonadas instintivas, nos volvemos más sensibles para poder captar la divina mente universal. Escuchar nuestros sentimientos instintivos es el fundamento de la intuición. El instinto es la voz de la Naturaleza, nuestro propio receptor interior.

     Para activar los adormecidos poderes de la intuición hay que practicar. Si van a ser asequibles para nosotros en nuestra vida cotidiana, necesitamos entrenarlos como cualquier otro talento. Los caballos proveen un medio a través del cual podemos despertar y aumentar nuestra consciencia instintiva. Nos ofrecen un camino práctico e interactivo para evaluar nuestros impulsos y expandir nuestras capacidades intuitivas de comunicación (monitorizar y sintonizar bien con la intuición).

     Para trabajar con caballos de una manera más efectiva, debemos desarrollar una técnica y darle un sentido a lo que vamos a hacer. El jinete está examinando constantemente sus corazonadas y generalmente obtiene un feedback instantáneo sobre si sus instintos apuntan bien. Por ejemplo, si el caballo se desboca, un jinete intuitivo sabe, sin tener pensar sobre ello, porqué ha ocurrido y qué es lo que debe hacer. El intelectual, el jinete orientado según una técnica, por el contrario, retrasará su reacción o sobreactuará probablemente de una manera inapropiada. No está en sintonía con el caballo.

     Para entrenar bien la intuición, el jinete debe reunir información constantemente de todo su cuerpo, de cada uno de sus sentidos y finalmente de su entrenador.

     Será muy útil para el jinete imaginar qué está sintiendo el caballo. Algunas personas no son conscientes de lo que está pasando a su alrededor, y por lo tanto nunca consideran el hecho de que el caballo está tratando de comunicar con ellos todo el tiempo. Ellos simplemente tienen en cuenta la actividad física sin ningún compromiso sobre lo que está sucediendo. No se les ocurre que las sensaciones tanto físicas como mentales, tengan algún significado. Les falta de poder de discernimiento y se precipitan ante la energía creativa característica de un maestro ecuestre. Estos jinetes deberían aprender a observar y atender al caballo de una manera muy básica. Una vez que lo han hecho, pueden desarrollar sus instintos y su consciencia.

     Ser consciente de uno mismo y de los demás es la clave. Cuando esta consciencia entra en juego, el jinete poseerá una calmada seguridad y confianza en lo que está haciendo y habrá paz en su mente. Para conseguir ésto, el jinete debe silenciar su cuerpo, luego su mente hasta que esté suficientemente en paz como para intercambiar información vital con el caballo. Lo que está funcionando es una comunicación no verbal similar a la que existe entre una madre y su bebé.

 

 

 

 

 

 

     Debido a que la comunicación entre el caballo y su jinete es generalmente no verbal, la relación entre ambos no puede depender solamente de las interacciones intelectuales y verbales. Se deben encontrar otros medio tanto para recibir como para mandar información. Cuando la comunicación con el caballo se vuelve más refinada, el jinete puede usar su imaginación, visualización y sentimientos para comunicar al caballo lo que desea. Para obtener la respuesta apropiada, el jinete debe actuar de buena fe. Esto significa que debe estar libre de divisiones internas y que debe, con todo respeto, pedir al caballo que colabore. Cuando el caballo garantiza esta cooperación, los canales de comunicación estarán abiertos. Esto no puede ocurrir por la fuerza y deseo de dominación de uno sobre otro. Tampoco si se trata de un jinete pasivo sin disciplina ni dirección. Los caballos no confían ni respetan a jinetes indisciplinados.

     Algo que frecuentemente ayuda a los jinetes es preguntarles qué les está diciendo el caballo cuando están trabajando con él, o pedirle que se ponga en su lugar (invertir los roles). Ambos acercamientos sirven para incrementar las habilidades intuitivas. Cuando el jinete se bloquea, le pediremos que asuma el rol de una yegua o de un macho con el caballo al que está manejando. En el caso de haya algún problema, al jinete se le instruye a que de rienda suelta a su imaginación. Por ejemplo, si el jinete está desbordado por demasiada técnica, le pediremos que imagine que es el primer hombre que se sienta sobre un caballo. Esto introduce un sentido de la novedad a la situación, que le ayuda a vaciarse de ideas preconcebidas. Entonces el jinete se embebe en sus fantasías y representa estas ideas sobre la silla de montar para ver donde su imaginación le lleva.

     El tacto con los caballos, es decir, saber si se deben aplicar ciertos parámetros y cuando, es un buen índice para evaluar la intuición del jinete. Se debe estar relajado y abierto. Los trastornos emocionales en forma de preocupación, pena u obsesión, interfieren con los procesos de intuición. Cuando tanto la mente como el cuerpo están en calma, se abren los canales de energía y se inducen estados de trance saludables.

     La intuición se desarrolla más plenamente cuando el caballo y el jinete tienen una relación sentimental que cuando son indiferentes. La sensibilidad es algo que también aumenta con la presencia de una conexión sentimental. Cuando disminuye el vacío se promueve un sentimiento de unidad y de encuentro de las mentes.

     Los caballos nos enseñan a expandir nuestra consciencia. Nos ponen en conexión con la mente divina. Trabajar con caballos hace esta experiencia tangible. Estar en sintonía con un caballo es estar en sintonía con la divinidad y con la Naturaleza.

     Los caballos hacen que se desencadene una saludable excitación y alerta. El jinete debe estar bien despierto cuando está sobre el caballo, con todos sus sentidos puestos en ello. La intuición se entumece cuando los participantes se aburren.

 

 

 

 

 

     Con el fín de usar nuestras dotes instinctuales y nuestros talentos innatos de una manera productiva y responsable, necesitamos conocer las diferencias entre realidad y fantasía, racionalidad e irracionalidad, pensamiento y sentimientos, ciencia y magia.

     Conocemos muchas personas muy creativas que están muy poco ancladas en la vida práctica, que tienen dificultades para cuidar de sus necesidades básicas. Estas personas no han cultivado sus instintos básicos de supervivencia o una base estable para ellos mismos y como consecuencia de ello están severamente debilitados. Una persona así se comporta esencialmente como un recipiente vacío que a veces se carga de flashes de inspiración y energía creativa, sólo para quedarse vacío una vez que los flashes se desactivan.

     Una persona excesivamente práctica, por otro lado, tiene bien alimentados sus instintos básicos de supervivencia, pero muy poco el hecho de sacar adelante su desarrollo personal. Son incapaces de trascender las exigencias de la vida diaria en el sentido de entrar en el reino de la fineza, espiritualidad e instintos.

     Para equilibrarse en la vida, necesitamos ejercitarnos para situarnos en el mundo práctico, pero dejando sitio para el misterio y la elegancia. Esta mezcla y movimiento entre nuestras dos naturalezas nos pueden ayudar para hacer de nosotros una totalidad.

 

 

 

SER UNO MISMO

 

     Aprender cómo ser uno mismo confortablemente, está entre las tareas más desafiantes de la vida. Para poder conseguirlo, debemos vivir la vida, no analizarla. Este es un simple concepto que es muy difíl de llevar a cabo. Al principio de nuesras carreras, estuvimos incontables horas construyendo una identidad profesional, sólo para descubrir que, para ser verdaderamente efectivos, debemos desmantelar la persona profesional y reaprender a actuar de manera natural. Ser natural significa vivir cerca de nuestros instintos innatos. Los instintos son nuestro guía para actuar en el sentido apropiado a nuestra especie.

     Instintos e intuición están inseparablemente unidos. Son instrumentos que nos fueron dados para construir nuestro camino a través del mundo. Cada animal, cada persona, está dotado de los recursos que necesita, si los desea, para tener acceso a la sabiduría de Dios. Para ésto tanto el instinto como la intuición deben cultivarse y usarse apropiadamente. Si son ignorados, los individuos simplemente existirán, o peor todavía, se descuidarán y se destruirán.

 

 

     Muchas publicaciones recientes que tratan sobre espiritualidad, discuten los conceptos de "mente divina" e "interconexión". Nosotros hacemos estos constructos más reales "viajando" hacia el mundo de la energía y el instinto animal. Hemos aprendido que los instintos que hay dentro de nosotros son reflejo de la grandeza del Universo.

     Cuando apreciamos nuestras propias fuentes internas, es cuando empezamos a descubrir los misterios y ritmos de la Naturaleza. Comprendiendo dichas fuerzas interiores, podemos desbloquear una reserva de energía ilimitada. Nuestros instintos serán nuestra conexión personal con la Naturaleza -un camino para recordarnos que formamos parte de una totalidad indivisible.

     Para la mayoría de la gente, la cultura occidental ha puesto sus esfuerzos en desarrollar las capacidades intelectuales, técnicas y materiales. Utilizamos estos parámetros para escondernos, manipular y distanciarnos de los demás y, finalmente, para ganar en poder y control. Los poderes de nuestra mente ya no son usados para obtener y procesar información del mundo que nos rodea sino que se han convertido en la más poderosa arma que existe contra nosotros mismos y los demás. Conectando con la mente del caballo, cuyos instintos están intactos, alcanzamos la salud y la paz en la mente.

 

 

 

 

  NUESTRA CONEXION CON ANIMALES NO HUMANOS

 

                   ¿Qué significaría para la raza humana si los niños nacieran en un mundo privado de otras                   criaturas vivas? Su período de crecimiento                 estaría mermado y sería mucho menos intenso                    y vibrante. Su conexión con la Tierra estaría                 severamente limitada, y parte de su potencial               interno para la diversión quedaría sin                   cultivar. Las vidas de los animales están               íntimamente tejidas dentro de nosotros -más                cerca todavía que nuestra respiración- y                   nuestro alma sufrirá cuando se hayan ido.

 

                        -Gary Kowalski, Do Animals Have Souls?

 

 

 

 

     A través de milenios, el hombre ha sentido y respetado el poder del instinto animal; muchos de nuestros antepasados consideraron a los animales como sagrados, como ocurre en algunas

 

 

 

 

culturas de la actualidad. Dentro de este contexto, no es difícil entender la personificación de otras especies. Nuestras relaciones con los animales son más profundas que una simple interacción y conlleva mutuo respeto y muchas formas de simbiosis.

     En la antigua Grecia, India, España y Egipto, los animales estaban íntimamente ligados en el trabajo y en la rutina diaria, lo bueyes aumentaban la cosecha del granjero, y los caballos revolucionaron las tácticas militares para la defensa y la conquista. En los hogares, los bebés eran amamantados con leche de yegüa, de oveja y de cabra. Y, por supuesto, los animales proveían las fuentes para la ropa, la comida y protección.

     Los caballos fueron parte integral de las sociedades indoeuropeas. Muchas de sus poblaciones se beneficiaron de las tendencias carroñeras de los perros para mantener sus condiciones sanitarias. Los egipcios reconocieron a los perros como valiosos centinelas. Criaron los maravillosos perros a los que se confió la guardia de las tumbas de los faraones, que así aseguraban un viaje tranquilo hacia la otra vida.

     En el siglo XVII, los europeos condenaron a los gatos como diabólicos y lanzaron una camapaña para erradicarlos. No mucho tiempo después, sus esfuerzos se vieron recompensados con la desvastante visita de la peste bubónica. Tiempo después de que la población europea había sido fuertemente diezmada, se dieron cuenta de que esta miseria procedía en parte del hecho de que se habían dedicado a matar precisamente a los animales que se cmoían a las ratas. La Cultura del Gato en el antiguo Egipto, prohibía estrictamente matar a estos animales, para ellos sagrados. Los Egipcios eran conscientes de que los gatos controlaban la población de las ratas en los graneros.

     Hoy día, los animales domésticos reciben abrigo, comida y compañía de nosotros. Pero haciendo balance, los humanos probablemente se benefician mucho más de los animales que los animales de los humanos. Hemos producido muchos más efectos negativos sobre ellos y su medio que ellos sobre el nuestro. A pesar del orgullo que le produce al ser humano haber domesticado con éxito algunas especies, algunos observadores dicen que algunos, por ejemplo los perros, se autodomestican para sobrevivir al hombre.

 

 

EL ROL DE LOS ANIMALES EN LA VIDA ESPIRITUAL DEL HOMBRE

 

     Probablemente y como resultado de sus status funcional para los humanos, los animales han sido incorporados en la vida espiritual y religiosa de casi todas las sociedades.

 

 

 

 

     El toro a jugado un papel cultural y religioso en las civilizaciones Cretenses. Los participantes en el Culto del Toro usaban este animal en sus ritos. Las corridas de toros españolas son reminiscencias de esta tradición. El Matador, vestido de luces representa la pureza, y se enfrenta al toro, un símbolo de los instintos básicos y del deseo carnal. Dominando al toro, el torero incrementa su propia fuerza espiritual.

     Los minotauros, centauros, sirenas y ángeles cuyas leyendas vienen de tradiciones orales de muchas culturas son en parte humanos y en parte bestias. Estas figuras míticas habitaban múltiples reinos y comerciaban con los humanos, pero siempre con el fín de ayudarles a entrar en el mundo de los espíritus, de la magia y de la posibilidad de transformación.

     Desde un punto de vista animista, todas las manifestaciones materiales del Universo tiene un alma. Todo lo que hay a nuestro alrededor, tanto animado como inanimado, está escuchando, viendo, sintiendo y pensando. Dentro de este paradigma, los animales ocupan un rol central en nuestras vidas y nuestras interacciones con ellos adquieren un significado cada vez mayor. Esta dinámica da lugar a una reciprocidad entre humanos y otras especies.

     A lo largo de diversas culturas, los animales han jugado un rol decisivo acompañando a los seres humanos en su búsqueda tanto psicológica como espiritual. En los mitos y leyendas, los animales han ayudado a los humanos a navegar a través de los obstáculos del inconsciente para alcanzar nuevos niveles de conocimiento. Los animales también son considerados como profesores que inician a la gente dentro del mundo del instinto y les ayudan a transformar sus lados más innobles en fuerza positivas.

     El rico y complejo simbolismo que tiene el caballo en la historia del hombre parece evocar temas míticos entre la gente. En la literatura y el mito, los caballos reflejan el poderoso rol que juegan en nuestro inconsciente. En las fábulas y leyendas, los caballos tienen un status mítico. Frecuentemente son retratados como leales protectores quienes, usando poderes telepáticos y proféticos, protegían a sus maestros de inminentes dificultades.

     Carl Jung sostenía que los caballos salvajes representan las urgencias instintuales incontrolables, las cuales emergen de nuestro inconsciente a pesar de que tratemos de reprimirlas. El ficticio centauro que es mitad hombre, mitad caballo representa los intentos de resolver esta división interna e integrar nuestros lados humanos con los no humanos. Jung veíal al caballo como símbolo de nuestros básicos instintos y como símbolo del agua, el elemento más importante para la vida. Jung también asintió que los caballos en los mitos expresaban el lado mágico de nosotros mismos, la madre interior que es comprensiva e intuitiva. La creencia de que los caballos traen suerte viene del ststus del caballo como ser mágico

    

 

 

 

     Entre los antiguos Celtas, los caballos eran criaturas sagradas asociadas con los ciclos de la vida, el poder, la fertilidad, el viaje físico y metafísico y con la buena fortuna. Ellos creían en la diosa caballo como responsable de transportar el alma humana dentro y fuera de su existencia terrenal hacia la apropiada estación de la vida. El caballo representa la sacralidad de la tierra y el cambio estacional.

     Los Celtas adoraban a la blanca diosa, la yegua Epona como una gran reina. El culto a la fertilidad de Epona llegó desde España a Europa oriental y desde el Norte de Italia a Bretaña. A finales del siglo XI, los reyes Irlandeses se unieron ritualmente a través de esta diosa.

     San Francisco, a diferencia de sus contemporáneos en la Iglesia Católica, unificó el mundo de los animales dentro de sí mismo. Mientras San Francisco era un cristiano del Oeste, su sensibilidad hacia una afinidad de toda la creación estaba perfectamente acorde con los postulados teológicos de la cristiandad oriental, la cual consideraba la Creación como una totalidad. San Francisco pensaba que los animales eran nuestra conexión, desde lo terrenal, con lo divino -numinosos mensajeros de Dios que desempeñan un rol similar al de los ángeles.

     Carl Jung vió a los animales como la personificación de la devoción verdadera, y que no se desvían de cómo Dios pretende que sean (a diferencia de sus contemporáneos, los seres humanos, que tienden a rebelarse). Jung también sintió que los animales que aprecen en nuestros sueños actúan como divinos emisarios que están ahí para guiarnos a superar dificultades.

     En su libro "Mystical Christianity", el analista jungiano John Stanfor enfatiza el lugar que ocupan los animales en el desarrollo de nuestra alma: "Los animales juegan u rol positivo en la psique, y cómo nos relacionamos con ellos, muestra cómo nos relacionamos con el Yo. Que Jesus se relacionaba con el reino animal se muestra en el Evangelio según San Marcos, dende se nos dice que tras las tentaciones en el desierto, Jesús fué atendido por los ángeles y por los animales salvajes.

     Sólo en tiempos modernos los animales han sido segregados física y espiritualmente por los humanos. Aparte de su rol como comida y vestido y sujetos experimentales, los animales son tomados como animales domésticos supérfluos, con muy poco que ofrecer.

     Como miembros del Reino Animal, comparten algo más que medio ambiente con otras especies. Comparten también una herencia evolutiva. Los biologistas nos enseñaron que "la ontogenia resume la filogenia", lo que significa que el desarollo de la vida humana (y de la no humana) dentro del útero, imita al desarrollo de la evolución. Así, durante varios estadíos del desarrollo, tenemos estructuras ancestrales como rabo, agallas y apéndices

 

 

 

 

 

 

 

parecidos a una aleta. Estos son eventualmente absobidos por otros órganos o miembros de manera que no aparecen en el recién nacido, pero son recuerdos del tronco común que compartimos con nuestros distantes y no tan distantes parientes.

     Aunque los humanos poseen la corteza cerebral más evolucionada en el mundo animal, las capas neurales más profundas, nuestro "cerebro reptiliano", corresponde estructural y funcionalmente a los tejidos neurales de otras especies. De este modo existe una base fisiológica para nuestra identificación y sentimiento de parentesco con otros animales.

     La mayoría de las culturas de Indios Americanos tienen una gran tradición animística. Los animales sirven a la comunidad como totems. Se recurría a los Totem para trabar amistades, proteger, inspirar, curar y, en el caso de los chamanes, de guiar al ser humano a través de otros mundos. Muchos indígenas creen fuertemente que cada uno de nosotros viene al mundo bajo la protección de un animal específico que confiere sus características propias en el ser humano al que protegen. Los sistemas astrológicos de China e india están basados en similares asociaciones humano/animales.

     Seleccionar un totem personal es una tarea seria. Cada individuo debe decidir qué aspecto de su personalidad quiere resaltar. Para encontar un totem apropiado, es fundamental que la persona entienda la esencia de la naturaleza del animal porque, para bien o para mal, su comunión con el totem elegido traerá una transferencia de energía del animal hacia la persona.

     Los nativos Americanos saben que los animales están dotados de energías concentradas que reflejan la totalidad de la existencia del Universo. Algunos animales, entre ellos los caballos, mantienen el equilibrio de las energías Yin y Yang. Otros, como los leones y ciervos, poseen un gran complemento de una energía en particular.

     No existe el concepto de un "mal" Totem, pero hay eleciones que pueden resultar pobres para ciertos individuos. Por ejemplo, una persona muy agresiva debería evitar elegir un poderoso depredador. El animal elegido, siguiendo con este ejemplo, debería ayudar a la persona a corregir los desequilibrios energéticos y lograr la totalidad.

     Las relaciones animísticas son especialmente potentes, porque trascienden la dimensión física. El intercambio humano/animal está actualmente aumentando en profundidad, y algunos cambios a nivel atómico y subatómico están por tanto sucediendo actualmente a través del catalizador de los sentimientos más intensos (manifestaciones de energía). La magia de esta química abre a los individuos, permitiéndoles incorporar la esencia espiritual del animal. Este palpitante intercambio es nuestro vínculo con el cosmos.

 

 

 

     Esta conexión tiene sus raíces en la temprana psicología en los trabajos de Franz Mesmer a finales del siglo XVIII. Mesmer estaba fascinado con las ideas de los griegos sobre el magnetismo y la energía física que implica cargas positiva y negativa. En sus experimentos, Mesmer llegó a la conclusión deque la materia viva está influenciada por fuerzas terrenales y celestiales a las que colectivamente llamaba "magnetismo animal". Su descubrimiento le motivó para desarrollar una técnica específica para invocar esta energía, que según él está enterrada profundamente en nuestro inconsciente. Al método que resultó se le llamó mesmerismo, el precursor de la hipnosis. Tanto entonces como ahora, las ideas de Mesmer fueron sujeto de muchas controversias y fueron recibidas con una fuerte resistencia en círculos científicos.

     Cuando se dispone de esta energía o magnetismo animal no sólamente se curan enfermedades psíquicas y físicas, sino que puede significar la diferencia entre tener éxito o fracasar en la vida. La gente con más éxito en cualquier área de la vida, posee una indefinible cualidad "X". A pesar de la cantidad de libros escritos sobre el éxito y de cómo se obtiene, sólamente unos pocos exploran las intangibles características de aquellos que han llegado a la cima.

     Un ejemplo familiar de la cualidad "X" en el trabajo se puede ver en el teatro. Los grandes actores y actrices emanan un cierto magnetismo o carisma que cautiva completamente a la audiencia experimentando un sentimiento de indescriptible atracción y de intensa implicación. El renombrado profesor de arte dramático Constantin Stanislawski sabía que un actor o tenía esta cualidad o no la tenía. El desvribía esta cualidad como "...uan indefinible, intangible cualidad; es la inexplicable elegancia de ser completamente un actor; transforma incluso las deficiencias dentro de la calidad. Sus idiosincracias y defectos se vuelven cosas que los admiradores imitan". En resumen, esta cualidad tiene vida propia y da salida al verdero arte.

    

    

LA VERDADERA INTIMIDAD

 

     En nuestro trabajo hemos recurrido a los animales, mejor que a las personas, como fuentes de esta alquimística transformación de energías. Generalmente, nuestras necesidades y expectativas ensombrecen nuestra comunicación con los demás y excluyen de las relaciones un nivel suficiente de profundidad. Consciente o inconscientemente, manipulamos a los demás y ésto da salida a las luchas de poder, control, proyección e idealización. Estos son aspectos naturales de nuestro lado humano.

     Relacionándonos con los animales, la mayoría de los patrones de comunicación que mantenemos con otras personas son inútiles

 

 

 

 

 

e inapropiados. Los animales están claramente desprendidos de egoísmo y a todas las maquinaciones psicológicas los animales responden a lo que hay escondido detrás. No podemos disfrazar nuestros sentimientos a los animales, porque les estamos dando claves, a través de nuestros movimientos y olores, de nuestro verdadero estado. Los sentimientos conllevan cambios de tipo químico, algunos de los cuales resultan de la liberación de las "pheromones". Los animales huelen nuestro miedo, nuestra ira, nuestra alegría, etc... Para establecer una relación de confianza con un animal, tenemos que basar nuestra interacción con ellos en la honestidad, en el mutuo respeto y en la compasión. Si no lo hacemos, ellos lo sabrán y responderán en consecuencia.

     La intimidad debe siempre tener (true frienship as its foundation). Con esta base la relación es duradera porque sale del corazón. Los que participan de este tipo de intimidad parecen estar conectados por un hilo invisible que tiene la capacidad de unirles incluso después de la muerte, de una reencarnación a la siguiente...

     Los animales nos enseñan a amar espiritualmente. Sus sentimientos hacia los demás no se traducen sólamente en deseos de tocar y son envidiables por su fuerza y profundidad. A través de su ejemplo, podemos aprender a intensificar nuestra sensibilidad y humanidad. Un acto de amabilidad con los animales no es unidireccional, es un mutuo proceso a través del cual también somos amables con nosotros mismos.

 

 

 

LO QUE NOS PERTENECE

 

     Porque somos los artífices de nuestra propia personalidad, es importante saber qué es lo que amamos. Esto es la esencia de nuestra personalidad. Las personas y las cosas a las que estamos unidos, consciente o inconscientemente, nos ayudan a moldear nuestro carácter. Del mismo modo, las cosas que aborrecemos también nos ayudan a formarnos, a través del sentimiento de rechazo.

     A lo largo de la vida, desarrollamos nuestras propias tendencias. Para entendernos a nosotros mismos y a los demás, necesitamos tener más cosnciencia de quienes somos nosotros y de quienes son los demás.

     La gente siente definitivas afinidades o aversiónes hacia ciertos animales. Estos sentimientos no son frívolos, reflejan ideales que parten del corazón. Si se pregunta a los amigos por qué animales sienten afinidad, se encontrará entre ellos a los que prefieren los perros, los gatos, roedores, ranas, caballos etc... Si se explora más profundamente, se descubrirá que los animales que estas personas han elegido tienen cualidades que las

 

 

 

 

 

 

personas procuran lograr o simbólicamente representan algo a lo que quieren llegar. Alguien que ama igualmente a todos los animales probablemente ha conseguido conciliar las múltiples y frecuentemente conflictivas facetas de la naturaleza humana dentro de sí mismo.

     Para entender nuestro propio carácter, es importante saber "dónde estamos" psicosocialmente.- Por ejemplo, qué instintos debemos cultivar y cuáles debemos dejarse atrofiar. Entre los miembros del mundo animal, a los humanos se les considera desprovistos de verdaderos instintos. En lugar de eso, somos caracterizados, por nosotros mismos desde desde luego, por poseer un alto grado de plasticidad en nuestra conducta. Los humanos también tienen instintos, pero están probablemente tan profundamente escondidos que no los podemos ver más claramente que el tabique de nuestra propia naríz. Sin embargo somos capaces de efectuar un mayor número de comportamientos en una situación dada, que ninguna especie animal. Por ejemplo, mientras otras especies sociales se definen por tener instintos gregarios, de rebaño o salvajes, los seres humanos pueden manifestar aspectos de alguna o de todas estas tendencias. Es muy útil examinar y comparar los instintos sociales de otras especies para observar dónde fallan los humanos en su nivel de desarrollo social. Este ejercicio puede ampliar nuestras perspecticas de relación. Además puede proveer de ideas sobre posibles estrategias a la hora de trabajar tanto con individuos como con grupos, bien en la vida personal, en el trabajo, o simplemente para afrontar los problemas que se presenten en el día a día.

     Todas las estrategias presentadas aquí se pueden adaptar a cualquier contexto. No estamos haciendo ningún juicio de valor en lo relativo a la "bondad" de estos diferentes comportamientos, cada uno de los cuales funcionará bien en las especies que lo practican.

 

 

 

EL INSTINTO GREGARIO   

 

     Los caballos son animales sociales que poseen fuertes instintos gregarios. Viven en grupos cerrados y ansían la compañía de todos los miembros. Cualquiera que haya ido a una excursión montando en grupo sabe que es casi imposible mantener un caballo separado de los demás mucho rato. Los caballos domésticos se sienten atraídos por sus cuidadores y la gente que es amable con ellos, y generalmente les tratan como si formaran parte de su propia manada.

 

 

 

 

 

 

 

     Cuando un caballos es aislado o privado de compañía, se deprime. Si, por otro lado, se le permite expresar su propia naturaleza dentro de una comunidad, tanto si los miembros son caballos como humanos, mantendrá un espíritu lúdico muy vivo. Si un caballo sufre una grave pérdida o un trauma, puede descompensarse psicológicamente de una manera parecida a cualquier humano que sufra un trauma comparable.

     Los animales gregarios como los caballos, no van siguiendo ciegamente a la manada. Aunque son sociales por naturaleza, cada miembro tiene su propia individualidad, desempeña una función específica y ocupa una posición definida en la jerarquía de su grupo. Un caballo criado en el contexto de su manada conoce los consensuales signos de comunicación, vitales tanto para su bienestar como para la del grupo. Si un caballo figura como número diez de una manada de diez caballos, estará no obstante satisfecho. La incertidumbre con respecto a su posición en la manada será más estresante que simplemente tener un rango bajo.

     En cuanto al desarrollo, los caballos jóvenes siguen prácticamente la misma línea que los jóvenes humanos, aunque éstos nacen más precoces; su desarrollo se puede comparar comprimido en el tiempo. (Una temprana fase de dependencia madura hacia la individuación dentro de un grupo interdependiente). Yeguas y potros forman fuertes lazos de unión. La yegua será capaz de llegar muy lejos a la hora de proteger a su cría de depredadores.

     Las manadas de caballos desarrollan sistemas sociales con estrictos códigos de comportamiento, costumbres y normas que aseguran la cohesión, organización y la supervivencia. La manada depende de la yegua líder que les guía para protegerlos de peligros y para que tengan sus necesidades vitales cubiertas. El macho lleva a la manada desde detrás, mirando por si hay algún rezagado y vigilando la posible cercanía de algún depredador. Si fuera necesario para la seguridad del grupo, el macho matará a miembros del grupo que fueran demasiado débiles . La yegua líder y el macho trabajan en equipo y mantienen un equilibrio e igualdad en sus roles de líderes.

 

 

EL INSTINTO DEL REBAÑO

 

    

     Las personas a las que se define por tener una mentalidad de borrego, encuentran ésto difícil, sino imposible de cambiar. La oveja doméstica personifica el instinto de rebaño. Son muy dóciles, pero casi totalmente inconscientes sobre lo que ocurre alrededor de ellas. Si se las deja sueltas y sin el pastor, pueden ser destructivas tanto para su entorno como para sí mismas

 

 

 

 

 

(esto probablemente no será cierto en las ovejas salvajes), vagando sin nigún sentido de la dirección ni del propósito. Las ovejas pastan constantemente y raramente miran hacia arriba. Aparte de una piel gruesa y lo que un número grande pueda significar en seguridad, no tienen mecanismos de protección y son fáciles presas de los depredadores.

     Cualquiera que haya observado una oveja durante un rato, habrá notado que no parece haber ningún vínculo entre ellas. Su unión parece estar motivada por una necesidad de congregación más que por una necesidad de interacción. Incluso cuando nace un cordero, su comportamiento no cambia significativamente.

     Aunque se pueden ver algunas variaciónes entre los miembros, los lazos de unión entre las hembras y sus crías no están tan desarrollados como en la mayoría de los mamíferos. La intensidad del comportamiento maternal parece ser una función de la disposición básica de la madre y de su experiencia previa con su propia madre. Hemos presenciado como hay ovejas que se van después de dar a luz, dejando a su húmedo recién nacido corderito chillando, desatendido en el suelo. Algunas madres huyen de sus crías, mientras que otras están con ellos mirándolos burlonamente. Un coyote puede introducirse en el rebaño por la noche y matar un cordero sin despertar a nadie, ni siquiera a su propia madre.

 

 

 

EL INSTINTO GREGARIO DEL DEPREDADOR

 

     Los coyotes y lobos son animales que van en grupo para alimentarse y cazar. Cazando en equipo les da coraje y optimiza las posibilidades de éxito.

     Las culturas en las que el hombre a coexistido con lobos tienen nombre propios, como Wölfgang y Lupe, que se traduce como lobo y loba. Eisler sintió que ésto, que ocurre en muchas lenguas, sugiere claramente que la transición del hombre de las cavernas al hombre cazador fué consciente y estaba acompañado por un elevado estado emocional que permanece como parte de nuestro inconsciente, al que Yung llamó nuestro "inconsciente colectivo". El hombre se identifica con el depredador y a sí mismo como depredador.

     El mito de hombre lobo, la transfiguración del hombre en bestia depredadora, tiene sus orígenes aquí también. El término clínico "licantropía" es descrito por Robert Eisler, en su libro "Man into wolf" como "una forma de delirio que se manifiesta en la creencia del paciente de que es un lobo, con colmillos afilados, que se niega a comer nada más que carne cruda y sangrienta, que emite aullidos y que cae en incontenidos ataques sexuales hacia una víctima más débil que él."

 

 

 

     En tiempos de la segunda guerra mundial, Adolfo Hitler revivió el mito del hombre lobo en su status militar. Una de sus más precidas organizaciones paramilitares se llamaba Organización del Hombre Lobo". Su nombre estaba inspirado en una organización terrosrista de los años 20 que había cultivado una demoníaca reputación de hombre lobo, al asaltar a sus víctimas en la oscuridad de la noche.

     Los mitos de la edad antigua sobre los lobos tienen poco que ver con la relidad. Sabemos ahora que el lobo ha sido injustamente tratado como demoníaco y los relatos sobre su conducta viciosa son muy exagerados. Como los caballos, los lobos se mantienen juntos para hacerse compañía y mantienen una estricta estructura social que a su vez es jerárquica. Tienen estrechas relaciones entre ellos y lloran la muerte o pérdida de los miembros de la manada. El período de luto finaliza semanas después, y durante el cual se paran los juegos y de vez en cuando se emiten penosos aullidos.

     Para tratar de ocasionar una transfiguración de tales emergencias instintuales, el tiempo es crítico. Una vez que a un joven se le ha apartado de su lujuria de sangre y de su necesidad de gratificación sexual inmediata, el potencial para el cambio disminuye significativamente. Para difuminar estas preocupaciones, las figuras de autoridad necesitarían retar a la juventud desde el principio hacia caminos más creativos.

     Examinar los diferentes comportamientos sociales de los animales, puede ayudarnos a ser más conscientes de nuestros instintos de afiliación y de los estilos de comunicación entre los miembros. Podemos usar una interacción dinámica entre los tres diferentes tipos de instintos, el gregario, el de rebaño y el de los lobos, como modelos para sacar a flote y resolver nuestras propias dificultades. Por ejemplo, podemos preguntar "¿Cuál es mi posición aquí? ¿Cuál es la de los demás? ¿Dónde encajo yo? ¿Dónde los demás? ¿Me identifico con los caballos, con las ovejas o con los lobos? Desarrollando roles variados se gana en conocimiento.

     Hemos notado que muy poca gente hoy día desarrolla una orientación gregaria en la vida. En vez de ello, lo que más vemos es una relación depredador/presa. Esto significa un serio desequilibrio social caracterizado por una dinámica de "ratón y gato", que es una las razones por las que la actividad criminal se ha incrementado en los últimos tiempo. Para devolver un sentido del orden y de la seguridad dentro de nuestras comunidades, necesitamos corregir nuestra orientación para así ganar en equilibrio.

     En situaciones no amenazadoras, un caballo es capaz de mostrar mucho afecto y cariño. El caballo se conducirá agresivamente sólo cuando es provocado por un agresor, inmediatamente después vuelve a su verdadera naturaleza de amor y de afecto, siempre y cuando no haya presente ningún peligro. Es capaz de recurrir a ambos lados de su naturaleza.

 

 

 

     Desafortunadamente, nosotros no hemos desarrollado la facilidad para desplazarnos entre estas dos energías, ni hemos hecho verdaderos esfuerzos por afilar nuestros poderes de percepción. Consecuentemente, tendemos a ir por la vida actuando con un "piloto automático". En nuestro estado de ceguera de consciencia, nos comportamos como borregos. No vemos lo que sucede alrededor y lo que vemos lo negamos.

     La desconfianza que tenemos en nuestras habilidades intuitivas nos deja, como a las ovejas, en una posición extremadamente vulnerable. El énfasis en nuestra cultura actual que se da a la importancia del intelecto a expensas de nuestro conocimiento intuitivo, nos deja desprotegidos. Nos hemos paralizado a nosotros mismos en la duda sobre la movilización de instintos, incluso hasta cuando hacerlo salvaría nuestras vidas. Tratamos a nuestros instintos como apéndices salvajes que ya no necesitamos, y en vez de eso pensamos, ponderamos, analizamos y hacemos críticas... En el momento en que ya estemos preparados para actuar después de después un largo razonamiento, nuestro enemigo ya habría saltado sobre nosotros. Nuestro racionalismo nos hiere limitando nuestra espontaneidad y habilidad para responder desde el instinto cuando es necesario. Desprendidos de nuestras armas más valiosas, aumenta nuestra desorientación. Como resultado, los sentimientos de desamparo y desprotección se incrementan.

     La toma de consciencia de los patrones de conducta de estos grupos de afiliación nos da una elección. Cuando pensamos en estos términos considerando nuestros problemas personales y sociales, particularmente la violencia, las cosas empiezan a aclararse. Se nos hacen conscientes las dinámicas inconscientes que están tratando de encontrar una salida. Si tenemos la oportunidad de explorar y controlar nuestros instintos, muchas puertas del bienestar personal empezarán a abrirse . Para darnos cuenta del valor que tiene dejar emerger y promocionar nuestros instintos, necesitamos un contexto en el que nos sintamos a salvo para poder trabajar con ellos. Nosotros hemos encontrado este contexto entre los caballos.

 

 

 

 

 

  EL CABALLO SANADOR

 

 

 

     Empezamos a usar a los caballos en nuestra práctica clínica años atrás con un cliente llamado John que nos fué remitido después de innumerables hospitalizaciones. A John se le diagnosticó de esquizofrenia desde que era un niño y sus síntomas eran tan severos que estaba en el camino de ser considerado como crónico.

 

 

 

     En esta avanzada fase de esquizofrenia, John había perdido toda esperanza y estaba resignado a ser un enfermo mental de por vida. Estaba convencido de que no tenía un propósito en la vida, que era una carga para los demás, y que el suicidio era la única salida. La deseperación de John era tan convincente que la pudimos sentir cuando entró en la consulta y su postura reflejaba la gran carga emocional que estaba arrastrando.

     Debido a que la gente le esquivaba, empezó a sentirse contaminado. Estaba seguro de que su enfermedad era contagiosa y que infectaba a aquellos que se aproximaban. El personal del hospital que había dedicado tantas horas de cuidado y trabajo con John durante muchos años estaba comprensiblemente desmoralizado por la ausencia de progreso. Parecía que a los 22 años John estaba destinado a pasar su vida entrando y saliendo de instituciones.

     Como terapeuta, cuando se acepta un paciente como John bajo su cuidado, uno empieza a cuestionarse todo tipo de cosas sobre uno mismo. Pensamos sobre si estabamos engañándonos a nosotros mismos tratando de recuperar a alguien que estaba tan lejos como John parecía estar. Siempre hemos pecado del lado del optimismo, incluso con fuertes probabilidades en contra. Una de nuestras mayores fuerzas es la sencillez, la claridad. Encontramos que ésto funcionaba muy bien para nosotros tanto personal como profesionalmente.

     La primera vez que John llegó ante nosotros, estaba virtualmente mudo, cuando vocalizaba, su lenguaje era ininteligible. No tenía amigos, su familia le había abandonado y en consecuencia estaba absolutamente sólo. Sufría una constante y a la vez debilitante depresión, y pasaba la mayor parte de su tiempo echado en la cama donde tenía alucinaciones auditivas. Además de estos síntomas a John le gustaba hacerse cortes. Sentimos que su depresión le causaba una sensación de muerte y que se mutilaba para sentir algo (incluso dolor) que le hiciera sentirse vivo.

     Acertar sobre cómo empezar el tratamiento con John era un reto. No hablaba con nadie más que con sus amigos imaginarios, muchos de los cuales eran artistas de rock ya muertos. Durante estas interacciones, éramos totalmente invisibles para él. Prefería su compañía que la nuestra. Había aprendido, a lo largo de los años, que nosotros los mortales teníamos poco que ofrecerle.

     Sentados al lado de John día tras día, sin reconocimiento y despreciados, nos empezamos a sentir como extraños. Mientras nuestros sentimientos de alineación hacia él crecían, le explicamos que nos sentíamos apartados. Para John ésto representó una nueva perspectiva en la que se invertían los roles. Nunca le había ocurrido que alguien se sintiera excluído en su presencia, siempre había sido él quien se había sentido durante fuera de juego.

 

 

 

 

 

 

 

     Cuando decidimos no dejarle que nos ignorara, la curiosidad de John se disparó. Es éste el punto en cuál la distancia profesional es de vital importancia para el éxito de la terapia. Una interacción desprendida e independiente con el cliente nos permitirá actuar libremente con él sin tener que compartir su dolor. Si hay alguna esperanza para el cambio a través de la terapia, es que el cliente sienta y exprese sus sentimientos, incluído su dolor.

     La clave para llamar la atención de John fué el decirle la verdad sobre lo que veíamos y sentíamos en todo momento. Esto supuso una nueva experiencia para este cliente, que estaba acostumbrado a tener al personal del hospital cuidándole a él con especial dedicación.

     Decidimos con determinación respetar a John y tratarle con dignidad. Nunca sentimos lástima o pena por él. Más que trabajar sus debilidades, decidimos trabajar con sus fuerzas. Al principio, a John no le gustaba ser tratado como alguien que no fuera un necesitado y desesperanzado paciente. Pero, como terapeutas, observamos que la locura que dura un largo período de tiempo puede llegar a ser como una carrera, una lujuria debilitadora que es mejor no seguir sosteniendo.

     Nunca tratamos de conducirle fuera del suicidio, simplemente le ofrecimos la realidad de la que estaría ausente con la muerte. Tratamos de ayudarle a pensar los resultados que podría tener el suicidio. ¿Estarían los problemas realmente resueltos con la muerte? Sentímos que, más que nadie, John necesitaba amistad, comprensión y oportunidades.

     Pronto encontró nuestro estilo de interacción atractivo y empezó a admitirnos. Entendiendo su lucha personal, aceptándole como una persona multifacética y tratando con él sincera y directamente, ayudamos a John a reconstruir su quebrantada psique y a renovar su espíritu.

     Cuando John empezó a pasar menos tiempo en su fantasía, notó que estaba aburrido de sus problemas y que necesitaba ser más productivo. Este era una buen síntoma. Desde el momento en que ganó en salud, se hizo consciente de su alienación y de su soledad. Después de pasar muchos años dentro y fuera de instituciones, John se sintió un poco como Rip Van Winkle, que despertó a otra realidad después de un largo sueño.

     El sentimiento de ser un extraño ante los demás era el mayor componente de su locura y fué lo último de lo que se recuperó. Como todos nosotros, necesitaba estar ocupado en algo, además de en pensar sobre sus problemas, que le ayudara a reconstruir su vida. Para darle algo en lo que mantenerse ocupado y que a la vez le ayudara a construir su confianza en sí mismo, le asignamos

 

 

 

 

 

para trabajar con nuestro pony gales, Ensueno. John empezó a aprender todo lo que hay que aprender sobre los caballos: limpiar establos, alimentación, manejo, equitación, nutrición y cuidados sanitarios.

     Ensueno era un animal muy amable y en el que se podía confiar -perfecto para un principiante. A lo largo del año siguiente, John venía sin falta todos los fines de semana a cuidar al pony, sus habilidades para el manejo mejoraron y sus relaciones con Ensueno alcanzaron la plenitud. Por ese entonces, se hizo lo suficientemente experto como para montar en competiciones locales. En estas ocasiones, conocía y hablaba con otros jinetes. Durante estos breves intercambios, John se dió cuenta que compartía intereses comunes con esas personas y que él tenía algo que decir.

     John empezó a pensar en sí mismo como una persona, como un hombre de cuadras, como un jinete, cuando su única identidad hasta ahora había sido ser un esquizofrénico. Había encontrado un vehículo hacia el mundo exterior. Un día orgullosamente nos anunció que había encontrado un trabajo en un centro equino. Cuando le preguntamos qué había contestado en la entrevista, nos contó: "Me preguntaron si tenía alguna experiencia con caballos, y dije ¡Sí!". John tuvo ese trabajo veinte años. Después de retirarse, habiendo conseguido una posición de supervisor, se cumplió el sueño de su vida. Volvió a los estudios y obtuvo su diploma en Inglés. John había cumplido con creces sus sueños más recónditos y los nuestros... Nunca imaginamos que un joven tan dañado y enfermo terminara enseñando tanto como John sobre la vida.

     Siempre intuímos que los caballos era compañeros muy especiales. Después de ver la transformación de John, empezamos a verlos como agente potenciales para el cambio. Empezamos a pensar en desarrollar un método de tratamiento usando los caballos como colegas profesionales, pero no lo llevamos a cabo hasta varios años después. De momento, seguimos con la práctica convencional. Cuando pensábamos en que los caballos serían buenos para los pacientes, no éramos conscientes de lo buenos que serían para nosotros también.

 

 

DE VUELTA A LA NATURALEZA

 

     Era difícil de imaginar abandonar nuestro instituto en San Francisco, pero la idea de trasladarse al campo y explorar el uso de los caballos como agentes curativos, se mantuvo en nosotros. Fuimos empujados a revisar muchas de nuestras teorías sobre cómo curar. Más importante todavía, fuimos empujados a revisar muchas de nuestras teorías sobre la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

     Siempre estuvimos intrigados por el concepto de ambientes curativos. Las actividades, gente y escenarios que elegimos comprendían un entorno que internalizábamos naturalmente. Lo que experimentábamos dentro de este marco generaba una provisión de recuerdos y a través del tiempo nos informaba sobre nuestro corazón. Los ambientes en los que vivimos, trabajamos y jugamos dan forma a nuestras actitudes y a nuestra personalidad; la poderosa influencia de lo que hay alrededor frecuentemente se menosprecia.

     Algunos ambientes son curativos, mientras otros son paralizantes e incluso tóxicos. Esto es especialmente importante en el tratamiento de individuos severamente enfermos. Estos pacientes de alguna manera "absorben" las cosas y el ambiente que les rodea (los niños también hacen ésto, pero es un fenómeno específico de la edad). Por ejemplo, si una habitación carece de elementos estimulantes, un paciente psicótico verá a la gente que hay dentro como si estuvieran literalmente muertos. Por otro lado, si la habitación es estimulante visual, auditiva y en todos los sentidos los pacientes reaccionarán positivamente.

     Este modo general de internalizar el ambiente es doloroso y destructivo para los pacientes psicóticos, y les deja sintiéndose vulnerables ante los caprichos del mundo que hay a su alrededor. Aunque la persona media no experimenta estos extremos, todo el mundo experimenta el mismo fenómeno, solo que en menor medida. Normalmente, filtramos los estímulos ambientales en diferentes grados, es decir, ponemos límites entre nosotros y todo lo que hay alrededor. Todos sabemos lo que es tener nuestro ánimo alterado cuando estamos con un amigo que está triste, o que está contento o arrebatado porcualquier sentimiento fuerte. Algo tan simple como el color de una habitación o su grado de luminosidad nos afecta. Seamos o no conscientes de ésto, todos somos susceptibles a los cambios en el ambiente.

     Se ha investigado mucho sobre cómo el ambiente afecta a todo lo que tiene que ver con humor. Durante unas vacaciones en Suiza, visitamos una comunidad terapéutica para enfermos mentales. Se trataba de una granja en la cual los pacientes vivían y estaban totalmente incorporados a ella. Los paciente proposperaban en esta atmósfera. Los baremos de recuperación eran muy altos y las recaídas era poco frecuentes.

     Debido a su enorme sensibilidad, los psicóticos pueden enseñarnos mucho. Su idiosincrático mundo visual, les provee de algunas ideas con frecuencia muy perpicaces. Como niños, tienen acceso a algunas verdades que el resto de nosotros hemos olvidado. Trabajar con estas personas puede ser una buena cura de humildad.

 

 

 

 

 

 

 

 

     A algunos de nuestros psicóticos les hemos preguntado qué eligirían, si pudieran elegir, como sitio ideal para su terapia. De una manera unánime respondieron que seleccionarían un sitio en el campo rodeados de animales. Todos describieron la vida urbana como caótica, poco natural y poco confortable. Algunos nos informaron de que cuando se encontraban en un ambiente natural sus ilusiones y alucinaciones cedieron, que su sueño era más reparador y que eran menos propensos a tener pesadillas nocturnas.

     Aparte de las ventajas de un ambiente natural como el campo, los animales eran otro componente ideal. Muchos pacientes recordaban que, en algunos de sus desapacibles momentos, habían encontrado consuelo en algún animal doméstico. Un joven dijo, "Cuando no tengo a nadie a quien recurrir puedo confiar en mi gato. Los animales me salvan conectándome con la vida". Estos sentimientos reflejan nuestras propias convicciones sobre lo que constituye un ambiente terapéutico.

     En 1981, nos trasladamos, nosotros y nuestra práctica profesional, al campo y abrimos una centro residencial a la vez que desarrollamos nuestro programa de Terapia Equina. Un silencioso y remoto centro en el campo que acogía clientes que estuvieran en situación de transición, un santuario en el que pueden vivir una aventura hacia el interior de sí mismos sintiéndose a salvo. Nosotros mismos estabamos buscando una alternativa al trabajo en un medio urbano.

     Para maximizar e intensificar la autoexploración de nuestros clientes, preparamos a los caballos como guías terapéuticos. Queríamos ir más allá del acercamiento analítico a la terapia y comprometer totalmente a nuestros clientes -en cuerpo y alma. Los caballos también facilitaban nuestro compromiso con el proceso de nuestros clientes a la vez que mantenían nuestra consciencia profesional y nuestra distancia, tan vital para un buen pronóstico.

 

 

¿POR QUE LOS CABALLOS?

 

     Nuestra meta era ayudar a la gente a ir más allá de dónde las terapias convencionales frecuentemente les dejaban. Para algunos, las terapias convencionales no funcionaban. Para otros se conseguía, después de muchos esfuerzos, desarrollar más consciencia sobre sus problemas, pero fallaban a la hora de construir una nueva vida o mejorar la presente. Es como pasar interminables horas preparando la tierra de un huerto y luego negarse a plantar las semillas. Sin trabajar la última fase crítica, existe el riesgo de volver a las habituales conductas. También es verdad que la gente hoy día ha empezado a cansarse de la terapia. Están quemados de la jerga, las predictibles líneas de investigación, sin mencionar el tiempo y el dinero que deben que debe ser invertido.

 

 

 

     Queremos que la gente con la que trabajamos experimente no sólo un mejor funcionamiento en sus vidas, sino también mayor placer. Queremos vivan y difruten de la vida más que padecerla.

     Hemos visto la Terapia Equina como un camino, no sólo para traer problemas a la superficie y resolverlos, sino para ayudar a la gente a encontrar un mayor sentimiento de realización y totalidad. Trabajando con caballos se traerían naturalmente los instintos a la acción. Debido a que ciertas características de los caballos y de los humanos se comparten -por ejemplo, la necesidad de estrechos lazos dentro de una bien definida comunidad- sentimos que los caballos pueden efectuar un trabajo reparativo en la mente humana. Ellos representan lo que deseamos alcanzar a través de la terapia -una capacidad individual para establecer sólidos lazos dentro de un grupo social cohesivo- un camino para restituir humanidad, para ser un saludable miembro dentro una comunidad humana.

     Los caballos expresan de una manera natural los instintos básicos necesarios para la supervivencia física, psicológica y espiritual de los seres humanos. Cuando se trabaja con caballos la gente obtiene un camino concreto para desarrollar los aspectos de sí mismos que más les asustan, como es el sexual o el agresivo. Mientras que un cliente aprende a manejar un caballo y a conectar con los impulsos del animal, espontáneamente internaliza este proceso. A través de una identificación inconsciente con el caballo, los individuos empiezan a entender sus propios impulsos y el valor de desarrollar autocontrol. Trabajando con caballos se adquiere un nuevo sentido en el control de uno mismo.

     Montar es solo uno de los componentes de nuestro trabajo. Damos importancia a todos los aspectos de la relación con el caballo. En cada uno de nuestros programas se enseña el manejo, entrenamiento, alimentación, nutrición, exhibición, manejar un caballo en libertad, etc... Si un cliente elige no participar en cualquiera de estas actividades, o en ninguna, trabajaremos su no-participación.

     Algunos clientes eligen (y son libres para ello) sentarse y observar. Siempre hemos mantenido una estricta política de no interferencia en este punto porque hemos observado que la autenticidad de un cliente terminará revelándose sólo dándole tiempo y paciencia. Dependiendo en lo que es mejor para el cliente en un momento particular, elegiremos trabajar con el dentro de un grupo o en sesiones individuales.

     Aunque nuestros primeros clientes en Terapia Equina fueron jóvenes o adultos con problemas emocionales o conductuales, más tarde empezamos a incluir jóvenes delincuentes callejeros y abusadores de sustancias. Cuando se corrió la voz sobre lo que estábamos haciendo, gente en la búsqueda simplemente de mejorar su calidad de vida se nos aproximó para pedirnos ayuda. Familias

 

 

 

 

 

 

interesadas en mejorar la comunicación entre sus miembros, ejecutivos que deseaban agudizar su liderazgo y mejorar habilidades, gente muy ocupada que necesitaba reducir stress en sus vidas y gente en la búsqueda de su espiritualidad.

     Hemos probado trabajar con diversas domas de caballos con nuestros clientes, pero descubrimos que con casi todas era difícil trabajar por una razón u otra. Investigamos y encontramos que los caballos ibéricos fueron domados durante siglos por sus ecelentes mentes y su interactivo contacto con la gente que les criaba y con sus familias. Muchas de las otras domas se usaron para otros menesteres como era la guerra o la agricultura. Los caballos españoles que seleccionamos para trabajar -los Peruanos-son amables, consistente y confiables. Estas cualidades no estaban limitadas para unos pocos y excepcionales caballos, eran características de la doma. Los Peruanos tiene otras renombradas cualidades aparte de su disposición, y es la extremada suavidad de su porte, de sus andares en los que no se va rebotando y que por lo tanto es más fácil para jinetes de cualquier nivel. Son inteligentes, y es una doma que se ha venido desarrollando a través de los siglos como una familia de caballos en la que se podía confiar. También son conocidos por su sensibilidad. La fuerza física no es necesaria para montarlos y para controlarlos.

     El maestro entrenador Jean-Philippe Giacomini describe las caracterísitcaas de los Ibéricos. "El caballo debe ser lo suficientemente fuerte para llevar un jinete fácilmente, resistente para cubrir grandes distancias velozmente y con un elevado grado de energía que dure mucho tiempo, como el que despliega en las corridas de toros (rejoneo) o en las excursiones de varios días. Debe ser lo suficientemente valiente como para no quejarse cuando es herido por un toro o un obstáculo o es amenazado por otra combinación hombre/caballo como en el Polo. Necesita ser paciente para tolerar incesantes demandas del jinete durante la lucha con el toro, sin irritarse, amedrentarse o rebelarse. Debe ser extremadamente cuidadoso para no tocar las vallas en una exibición de saltos y para mantenerse lejos de los cuernos del toro, es decir, valiente para saltar vallas con fluidez y para aproximarse al toro con corage. La mente de los Ibéricos, en algunos aspectos parecida a la de un perro pastor, simpre está preparada para el trabajo, ansiosa de aprender y rápida para recordar ejercicios aprendidos años atrás. Su grado de inteligencia, desarrollada tras una larga selección, es muy alta, pero no les lleva al aburrimiento ya que está combinada con una gran vitalidad. Muchos caballos de esta doma, después de haber sido montados por principiantes durante muchos años, todavía actúan generosa y correctamente cuando se les pide. Su docilidad es ejemplar y enormes ejemplares pueden ser vistos montados y en compañía de niños muy pequeños (seis o siete años), a los que obedecen suave y gentilmente. Las cualidades psíquicas de este caballo son tan importante sino más que sus cualidades físicas. Una de las habilidades particulares del caballo Ibérico

 

 

 

 

 

 

es que entiende fácilmente las "dificultades" de un entrenamiento avanzado de nivel. Parece no estar nunca confundido por los muchos y diferentes tipos de movimientos y situaciones. Su rapidez mental también le ha servido; es el caballo de exhibición más elegido y practicamente tiene el monopolio de la elegancia a la hora de moverse. Columella dice elogiosamente "..en cuanto a temeperamento los más apreciados son los que aunque se excitan fácilmente pueden no obstante estar calmados, y aquellos que a pesar de la calma son muy trabajadores.." Esta particularidad temperamental es única en los caballos Ibéricos".

     Es esta cosntelación de cualidades lo que hace al caballo Ibérico inestimable para trabajar con humanos.

     Imaginamos los programas de Terapia Equina como algo mucho más que para recreo. Fueron diseñado como vehículo para aventurarse en el mundo de la mente, el cuerpo y el espíritu. El caballo es un guía para viajar externa e internamente. Todo esto nos permite simultáneamente trabajar, amar y disfrutar -una combinación muy curativa.

    

 

  LOS CABALLOS COMO VEHICULOS HACIA LA SALUD

      LA EQUITACION ESPIRITUAL

 

 

 

              Nuestras relaciones son el espejo a través de las            cuales nuestro pensamiento se revela. En los            hechos que tienen que ver con nuestras relaciones              yace la verdad. No hay aislamiento. Podemos              cuidadosamente romper con varias formas de               relación física, pero nuestra mente estará todavía            relacionada.

                   -Krishnamurti, "On mind and thought"

 

 

     Nuestro nacimiento biológico nos es dado, pero nuestro nacimiento psicológico y espiritual es mucho más ligero y representa un desafío. Para encontrar la paz interior y la riqueza espiritual debemos empezar por asumir la unidad básica, la totalidad. Esto es un trampolín hacia la madurez, que nos ayuda a sostener nuestra esperanza y optimismo cuando nos encontramos con dificultades a lo largo de la vida.

 

 

 

 

 

 

     En los mitos, este sentimiento de unidad básica es conocido como el Paraíso. El paraíso es una metáfora que representa un lugar dentro de nosotros donde el copnflicto cesa y existe la perfecta armonía. El Paraíso también simboliza una era pasada en la que la división entre los humanos y la Naturaleza no existía -un tiempo en el que los humanos se encontraban más cómodos entre ellos. Hoy día los seres humanos tienen todavía un sentimiento de esta armonía original cuando están dentro del útero materno. Cuando crecemos, nos quedamoas con un deseo inconsciente de recapturar este sentimiento de totalidad perdido.

     Las relaciones son un vehículo que tenemos para reparar nuestra separación y ganar un sentido de la comunión. Es imposible el cambio en una situación de aislamiento. Debido a que nos vemos sólamente a través de nuestros propios ojos, desarrollamos un distorsionado concepto de nosotros mismos y del resto de la Creación. Nuestras relaciones pueden mitigar estas distorsiones y contener nuestras tendencias a vernos como excesivamente buenos o malos (o ambos). El feedback que obtenemos a través de los demás, especialmente en las relaciones cercanas, nos traen cuestiones personales que necesitamos explorar a la vanguardia, de manera que las podemos ver a la luz. Debido a que es a través de las relaciones como podemos ver quienes somos realmente, debemos trabajar dentro de ese contexto si queremos hacer un cambio personal a cualquier nivel.

     Para maximizar el poder transformador de nuestras interacciones, ayudaría que ocasionalmente volviéramos a la relación arquetípica de madre e hijo. Una dinámica de relación que comparte muchas características del ambiente maternal temprano respaldaría la autoexploración profunda. En este contexto, nuestra esencia está desenmascarada, permitiendonos por tanto acceso a nuestro auténtico Yo, incluso si está profundamente enterrado.

     Enlazár con este nivel primario puede ser un potente catalizador. Cuando las relaciones están basadas en el amor profundo y en la compasión, nos llevarán a la salud. El amor rejuvenece el espíritu y da origen al alma. Este tipo de lazos de unión son críticos y fundamentales para todos nosotros, a través de cada una de las fases de la vida. Tratar de establecer una aproximación terapéutica tradicional es demasiado mecanicista y no contribuye. Después de años aplicando psicoterapia tradicional, encontramos que sus efectos curativos son cortos y limitan al cliente para encontrar un sentido de totalidad a su vida.

     Los lazos formados deben ser auténticos y en donde los sentimientos fluyan libre y espontáneamente. Para nosotros, vivir entre caballos fué una experiencia poderosamente emocional que trascendió en nuestro corazón y alma hasta el punto en que

 

 

 

 

 

 

pensamos que tendría el mismo efecto en los demás. Sentímos que era un camino a salvo y natural para establecer una verdadera y profunda conexión con cualquier criatura viva.

     Muchas de las cualiades inherentes a la interacción madre/hijo se pueden fácilmente desarrollar entre una persona y un caballo. A través del caballo se obtiene una relación maternal que no tiene la complicación de las espectativas de las cuales las relaciones humanas están cargadas. Además, como estamos usando animales como fuentes de amor, la persona corre menos riesgo de excesiva dependencia. El cliente guarda su poder, su identidad y su dignidad mientras captura elementos que faltan en su vida. Esta dinámica tiene un efecto reparador en las personas porque les llega más directamente al corazón que al intelecto.

     En la mayoría de las personas, los caballos elicitan reacciones sentimentales. En algunos, el resultado es una instantanea armonía, mientras que en otros es la discordia. Aunque estas dos respuestas parezcan antítesis, en realidad no lo son. La antítesis sería la ausencia de sentimientos, en cuyo caso no puede haber curación. Sin mirar si los sentimientos generados son positivos o negativos, la relación es curativa debido a la presencia de sentimientos por sí mismos. Si las personas pueden moverse en un nivel de sentimientos, pueden ganar acceso a su lado creativo.

     Los caballos tienen una misteriosa habilidad para iluminarnos en quienes somos y donde necesitamos ir. Responden a nosotros como indivuduos únicos para de alguna manera entender "donde estamos" en nuestra alma y en nuestro corazón. Los caballos tocan partes muy profundas de nosotros a las que casi nadie podría acceder -partes de uno mismo que tenemos miedo de mostrar a otros y mucho menos a nosotros mismos. Además de esta revelatoria cualidad, los caballos nos ofrecen infinito amor y compasión.

     Sobre el efecto curativo de los caballos hay ejemplos en nuestro trabajo como el de una joven esquizofrénica llamada Mary. Cuando llegó a nuestro programa de tratamiento residencial, alucinaba activamente, no tenía contacto con la realidad y era completamente mitista. A pesar de que no respondía en absoluto en esos momentos, nos sentábamos con ella y la hablábamos durante largos ratos, le contábamos cuentos e historias.

     Esto ocurrió durante casi un año. El silencio de Mary parecía que nunca iba a teminar. Para nosotros, esto era un verdadero ejercicio de paciencia y fé. Fuimos intensamente conscientes de qué impaciente podía llegar a ser el ser humano. El silencio de Mary nos enseñó qué bien podemos llegar a conocernos sin palabras. El silencio ayuda a profundizar en consciencia y sensibilidad.

 

 

 

 

 

 

     Cuando al fín Mary empezó a hablar, nos habló sobre su mundo y el dolor que venía arrastrando. Pensaba que estaba que estaba destinada a morir como una mártir y nos contó que sufría flechazos en sus costado y navajazos en su cuello.

     Cuando Mary se encontraba en los alrededores naturales de su lugar de tratamiento, sólo veía un posible sitio donde morir. Cada vez que pasaba por el lago de la propiedad, remarcaba qué apropiado sería ahogarse ahí. A pesar de lo desesperante de sus comentarios, tenía confianza en nosotros, lo que indicaba que ciertas semillas de confianza estaban desarrollándose. El tratamiento de Mary continuaba y tuvimos que echar mano de la fe para poder seguir creyendo que se pondría bien.

     Fué en estos momento cuando un joven domador vino a nosotros para pedirnos ayuda con un caballo extremadamente peligroso que acababa de adquirir. Su nombre era Indomable y era un magnífico caballo, del que habían abusado sus antiguos amos. Como resultado de ésto, estaba contínuamente temeroso y no confiaba en nadie. Nuestro amigo criador pensaba que como teníamos mucho éxito con nuestros clientes, podríamos ser capaces de hacer algo por los caballos también.

     Cuando atamos a Indomable a un poste, estaba tan aturdido que arrancó la estaca fuera de la tierra completamente desde la base. Para trabajar con él tuvimos que instalarle en un establo. Una vez allí adoptó una postura defensiva y la mantuvo, dando la espalda a la puerta, la cabeza en una esquina y las orejas hacia atrás. Una tarde después de la llegada de Indomable, Mary vino a ver cómo trabajábamos con él. El caballo mantuvo su postura defensiva. Mary nos sorprendió ofreciéndose a intervenir. "Déjadme ayudarle", sugirió. "Yo sé lo que le pasa".

     Como terapeutas, somos conscientes de los riesgos y teníamos que actuar responsablemente y pensar un poco sobre esta oferta. Fué una decisión difícil para nosotros, ya que nosotros mismos teníamos miedo a que nos pasara algo, luego ella tendría muy pocas posibilidades de salir airosa de manos de Indomable. Por un lado esta aproximación podría significar un progreso real en Mary, pero por otro podía ser una manifestación de sus tendencias suicidas.

     Queríamos ser justos. Calculmos los riesgo y finalmente se lo permitimos, estando muy cerca para cerciorarnos que una delicada y potencialmente peligrosa situación no llegara a ser una tragedia.

     Le permitimos a Mary a quedarse en la entrada con la puerta abierta detrás de ella. Ella estaba callada y simplemente se quedaba ahí de pie con el aterrorizado caballo. El caballo la miraba y relinchaba amenazadoramente, pero no hizo ningún movimiento para agredirla. Después de eso, ella iba al establo todos los días. A veces le hablaba suavemente, mientras que otras

 

 

 

 

veces simplemente se quedaban juntos y en silencio. A veces él la miraba, pero nunca se dirigía hacia ella. Nosotros nos manteníamos detrás y dejábamos que el proceso siguiera adelante, dejando nuestra boca callada (algo que es bastante difícil para nosotros). Finalmente, después de seis meses de esta rutina diaria, Indomable se aproximó a Mary, la olfateó desde la cabeza a los pies y se retiró de nuevo habiéndose asustado de haberse acercado tanto. El caballo se mantuvo altivo y reservado durante las siguientes semanas. Entonces, durante una de sus sesiones diarias, Indomable se acercó a Mary y se quedó a su lado, como si estuviera esperando alguna respuesta de ella. Ella estaba abrumada por el sentimiento de cercanía y parentesco (familiaridad). Ese día Indomable no retrocedió. Y cada día después de éste, él la permitía llegar más y más cerca por períodos cada vez más largo. Eventualmente, Mary era capaz de ponerle un ronzal.

     Describiendo qué es lo que ella pensaba que estba sucediendo entre los dos, decía: "Yo le copmprendo porque él es igual que yo. El tenía los mismos problemas que yo tenía. Yo he hecho con él exactamente lo mismo que vosotros habies hecho conmigo". Esto representó un enorme escalón en el progreso de Mary hacia la salud. Lo que ella le daba a Indomable era su simple, empática y atenta presencia combinada con paciencia y prestancia para responder. Su habilidad para ello tenía otro significado y es que ella internalizó profundamente este mismo proceso. Esto significó la presencia de una nueva autoconsciencia.

     Mary e Indomable, en su simbiosis, se llevaron el uno al otro hacia la salud. Mary completó su programa de tratamiento con nosotros y ahora vive siendo independiente. Antes de dejarnos, realizó uno de sus sueños, montar a su amado Indomable. Por su parte, Indomable se convirtió en un magnífico caballo de exhibición. La confianza establecida en su relación con Mary le permitió confiar en otras personas también.

 

CABALLO Y SENSIBILIDAD

 

     Algunas veces asistentes sociales nos ruegan que aceptemos dentro de nuestro programa a niños con los que nadie quiere trabajar debido a su comportamiento difícil de manejar. Si sentímos que puede funcionar, trataremos de trabajar con él, incluso si estamos asumiendo un enorme riesgo. Incluso haciendo valoraciones, es muy difícil saber cuanto dolor arrastra hasta que confía en el terapeuta y se lo hace saber. Al principio, a veces nos sentimos como si trabajáramos en la oscuridad, esperando que si conseguimos manejarnos con él durante un período de tiempo suficiente, sabremos lo que le pasa para así poderle ayudar.

 

 

 

 

 

 

     Los caballos son muy buenos para discernir el humor de la gente. Una vez trabajamos con un chico de 14 años llamado David, que había sufrido una severa enfermedad emocional durante dos años que le había quitado el deseo de seguir viviendo. Había llegado a ver la muerte como una salida. Cuando llegó a nosotros, le presentamos a los caballos y observamos que sentía especial atracción hacia nuestro caballo Trianero. Los dos terminaron por establecer una fuerte conexión. Estar rodeado de caballos calmaba a David y le daba un respiro temporal a su torbellino interno. Estábamos muy agradecidos al hecho de que Trianero pudiera llegar a él cuando nosotros no podíamos.

     La constancia y magnitud del dolor de David era mayor aún de lo que esperábamos. Una noche, en un estado de profunda desesperación, David cogió un trozo de cristal en su mano con la intención de matarse. Pero antes tenía que ir a despedirse de su amigo Trianero. Escaló la valla y empezó a contarle al caballo su propósito y abrió su mano para enseñar su arma. Trianero le dió un cabezazo a su mano y el cristal cayó de la palma. David se deshizo en lágrimas y terminó por quedarse con el caballo, llorando por dormir en el corral. Con el chico en sus pies, Trianero vigilaba como si fuera un centinela. Cuando amaneció, no sólo era un nuevo día para David, sino el principio de una nueva vida. Cuando le encontramos en el corral esa mañana, nos sorprendimos sobre qué le había llevado allí. No pudimos ayudar pero notamos que la vida iba a continuar con o sin nosotros. Algo que era natural había sucedido, la Naturaleza había seguido su curso...

     Trianero había proporcionado una presencia silenciosa, no manipulativa y sin emisión de juicios, luego David había sido capaz de abrir su propio camino y revelar la extensión de su sufrimiento interior. Sin mirar la consciencia o inconsciencia de las intenciones del caballo, el chico se sintió a salvo con su presencia más de lo que podría esperar con un ser humano. Esto no es un fenómeno extraño. Los asistentes sociales y psicólogos que llevan animales de compañía a residencias como parte de su trabajo hablan de que algunos residentes que se niegan a relcionarse con personas, se abren espontánea e inmediatamente a los animales.

     Los caballos parece que saben lo que la gente realmente necesita. Ignoran la parte de las formas y responden a la esencia interna de la persona. El enfermo mental se siente asustado del mundo y de la gente. Un caballo, el el momento en que siente la vulnerabilidad infantil en un paciente, generalmente va más despacio y suaviza sus movimientos para no causar alarma.

     Una de nuestras clientes era una niña de 12 años que había sido abandonada por sus padres cuando tenía dos años. Sally había pasado su corta vida en instituciones. Además de los sentimientos de rechazo y abandono, tenía alucinaciones y mojaba la cama

 

 

 

 

 

 

regularmente -algo que la hacía sentirse avergonzada. Era una niña pelirroja atractiva, pero no era consciente de ello. Odiaba su pelo porque los niños siempre la habían ridiculizado por su melena pelirroja siempre desde que era muy pequeña.

     Sally tenía la costumbre de repetir todo lo que oía. Esto molestaba a otros niños que se burlaban de ella en cuanto ella empezaba a repetir. En su corta vida se habían metido mucho con ella y por lo tanto era muy sensible al ridículo. Cuando se la ponía en el límite, le entraba una gran furia y comenzaba a arañar, morder o a pegar con palos o cualquier otro objeto.

     Conservar la paz entre Sally y otros residente era por sí mismo ya una ardua tarea. Estábamos desesperados por encontrar caminos que le ayudaran a sentirse mejor consigo misma. Amabilidad y tranquilidad no eran nunca suficientes para poder llegar a su solitario y vacío interior. Palabras tranquilizadoras caían en oídos sordos.

     Quisimos que Sally conociera a los caballos. Pensamos que introducirían algo nuevo y diferente en su vida para poder romper sus patrones de conducta repetitivos -una aventura. Sally nunca había estado con caballos y les tenía pánico. La llevamos a los corrales para un primer contacto. Madreperla, una de nuestras yeguas y coincidentemente también pelirroja,, vió a la niña e hizo un acercamiento directo y delibeeado hacia ella, moviéndose lo suficientemente despacio para que Sally no se sintiera acosada. Ella tendió su mano y la yegua la olisqueó. Sally se sintió orgullosa de haber tenido el coraje de exponerse a esta situación tan amenazante. Estaba encantada con la suavidad de la nariz de Madreperla. Este pequeño intercambio fué el principio de un lazo de unión entre la niña y la yegua.

      En las semanas que siguieron, Madreperla se acercaba a Sally tan pronto como la veía aparecer en el corral. Gradualmente, la yegua empezó a tratar a la niña como lo haría con cualquiera de sus potritos, llamándola con la misma voz y el mismo tono que solía usar para llamar a sus crías. Madreperla adoptó una actitud claramente de protección hacia Sally y actuaba como si estuviera orgullosa de ella, haciendo gestos hacia nosotros los mismos que hacen las yeguas para mostrar a sus recién nacidos.

     Un lazo entre ellas se estaba formando. La yegua estaba activamente incluyendo a Sally como parte de su grupo familiar y esto marcó una nueva experiencia para la niña. Incidentalmente, supimos que Sally pensaba que Madreperla era muy bonita y que había notado que tanto ella como la yegua era pelirrojas. Sally estaba encantada con esta similitud. Esto la hizo sentirse todavía más cerca de la yegua y le ayudó a reparar su autoimagen. La relación que Sally estableció con la yegua se convirtió en una sólida base para que su curación fuera posible.

    

 

 

 

    

MANEJAR Y TOCAR

 

     Tocar juega un importante rol para establecer la concexión entre caballos y personas. En la infancia, la experiencia de sentirse aliviado, calmado y tranquilo se activa cuando somos acariciados, y se nos coge dulcemente. El impacto positivo que esta sensación física tiene en nosotros se retiene en la memoria y nos sirve para calmar nuestras mentes a lo largo de la vida cuando necesitamos consuelo o sentirnos más centrados.

     La sensación de calma engendrada por el tacto nos nutre a varios niveles. Nos fortalecemos a nosotros mismos con estas memorias tactíles. En los primeros años, fomentan el desarrollo de actitud aventurera hacia el mundo, de ganas de explorar el mundo. A través de la sensación tactil, enseñamos a nuestro ser a mantenerse alerta, La ternura y la suavidad en el trato nacen de esta simple experiencia. A pesar de los severos problemas que afrontamos, sólo la memoria de de las caricias y el bienestar, hace de soporte de nuestra mente y la permite estar más abierta. Evocamos estas memorias para encontrarnos fuertes a la hora de ganar paz interior, confianza y vitalidad.

     La influencia curativa de las caricias está ilustrada en el ejemplo de John, un joven de 16 años muy trastornado que estuvo en nuestro programa de tratamiento residencial. John estaba cada día más fóbico y estaba tan paranoico que casi no salía de su casa. En las pocas ocasiones que salía, nunca dejaba a nadie que andara detrás de él. John no podía ir a un colegio normal por que una vez allí o bien se tumababa en suelo o se ponía de espaldas contra la pared y se negaba a cooperar. Hasta este momento, parecía un chico normal, muy brillante y extremadamente creativo, que sobresalía en sus estudios. Pero en cuanto su comportamiento se empezó a hacer extraño sus compañeros empezaron a aislarle y se ganó una reputación de perezoso y resistente.

     Pensábamos que John sospechaba que nuestra intención era de encerrarle por estar loco. Pero muy pronto, nos emepezó a ver como lo que somos y empezó a confiar en que no le encerraríamos. Cuando le estábamos tratando nos dimos cuenta que su comportamiento no era debido a una vena rebelde o de antagonismo. Estaba paralizado de miedo. Supimos que había sido recientemente cuando empezó a negarse a abandonar su casa a raíz de un incidente aterrador que había experimentado. Se estaba preparando para salir con su familia una tarde, y cuando andaba desde su cuarto a la puerta principal, le inundó un sentimiento de que sus brazos y piernas no estaban, como si hubieran sido amputadas. Esta sensación le podía llegar en cualquier momento y en cualquier sitio. John se convenció de que de que alguien "por ahí fuera" estaba tratando de mutilarle. Durante semanas, estos episodios iban y venían cada vez con más frecuencia.

 

 

 

 

 

 

     Los padres de John le llevaron a un examen médico. Este, después de todas las pruebas imaginables, no pudo encontrar ninguna anomalía orgánica y concluyeron que sus problemas eran de índole emocional. Fué entonces cuando fué referido a nosotros para su tratamiento. No hicimos ninguna promesa.

     John había restringido sus movimientos sólo con el fín de protegerse de posibles peligros. Eran muy raras las noches en la que había salido con sus amigos, cometido acaso un pequeño robo y estar fuera toda la noche. Después de estas pequeñas incursiones, se había confinado en su habitación durante días y días. En su cuarto, adoptaba una posición fetal, tratando de abrazar todo su cuerpo. En estos momentos John estaba tratando de mantener sus miembros unidos. En este sentido, trataba de mantener una sensación de unidad física. En un sentido, estaba deseando volver a nacer.

     Después de muchos meses de tratamiento, John mostraba buenos síntomas de recuperación. Dejó de aislarse en su posicioón fetal y empezó a expresarse y a participar cada vez más en los encuentros de grupo. Notamos que en las ocasiones en que se sentía capaz de salir, merodeaba alrededor de los animales. Le preguntamos si estaba interesado en probar algo nuevo que tuviera que ver con los caballos, estuvo completamente de acuerdo.

     John estaba más receptivo a los animales que a nosotros y vimos ésto como un camino para que cambiara su opinión sobre nosotros. Muy frecuentemente, los clientes adolescentes ven a sus terapeutas como rígidos e irreales. Siempre estamos tratando de buscar maneras de romper este tipo de creencias que dejan a los chicos en posiciones de resistencia. Encontramos que el mejor camino para darle la vuelta a ésto es mostrarnos tal y como somos y mantenernos ocupados, delante de los chicos, en tareas que verdaderamente disfrutamos y nos gustan. Gracias a ésto nos empiezan a considerar más reales. Para nosotros, el simple hecho de estar con los caballos cumple perfectamente esta función.

     John comenzó un día el que estábamos enseñanzo a otros residente a montar a caballo a pelo. Confió en que no había porqué asustarse cuando vió al caballo al que sosteníamos con una larga cuerda, y cuando llegó su turno, de buena gana se subió al caballo.

     Por alguna razón John se había sentido lo suficientemente estimulado como para participar, no nos lo podíamos ni creer. Nos pusimos muy contentos cuando vimos en él signos de querer vivir. Así que actuamos rápidamente y sin demasiada precaución. Si tenía menos tiempo para pensar, tendría menos tendencia a tener miedo. Esperábamos que John focalizaría su atención en el caballo.

     Durante las clases equinas, John no estaba ni distraído ni asustado, sino atento y participativo. Parecía cómodo y natural, y sorprendentemente tenía un magnífico equilibrio y coordinación.

 

 

 

 

 

Después de un tiempo, John preguntó si podía ir más deprisa sobre el caballo. A medida que las sesiones progresaban, notamos que parecía aliviado y tranquilo y que su mente estaba libre de ansiedad y relajada. Cuando le preguntamos, nos dijo: "Me siento

a salvo y completo. Puedo incluso sentir mis piernas y mis brazos... también puedo sentir la fuerza del caballo".

     En terapia, momentos como éste representan una encrucijada. Las puertas se abren para nosotros. A veces estos eventos son sutíles, pero muy importantes. La mayoría de nosotros los echamos de menos porque buscamos que algo grande y profundo suceda. Agredecímos mucho estos breves momentos -estos pequeños éxitos- y supimos que podríamos construir a partir de ellos.

     Sentarse sobre un caballo le hace a uno poderosamente consciente de su propio cuerpo y del cuerpo que se tiene debajo. Como el caballo estaba, por hablar de alguna manera, cogiéndole, John se sentía a salvo y protegido -un bienvenido respiro para su usual sentimiento de extrema vulnerabilidad. Además le ofrecía un sentimiento de cohesión. Nuestro primer sentimiento de protección después de nacer viene cuando somos abrazados. Alcanzamos este primer sentimiento de totalidad a través de las sensaciones físicas. Esta es la base para desarrollar una identidad física más adelante. Este fenómeno de experiencia kinestésica y tactil genera un sentido de totalidad física y de bienestar que es la razón primaria por la que cuerpo-mente pueden ser un potente factor del desarrollo del ser humano. Los contactos de John con los caballos le llegaron física y mentalmente, ayudándole a reataurar la indentidad de su cuerpo que había perdido cuando tuvo su primer brote psicótico.

     Las experiencias tranquilizadoras nos llevan a un estado de sosiego caracterizado por la actividad de las ondas alfa en el cerebro que son las precursoras de los estados hipnóticos y de meditación. Este estado provee el acceso al inconsciente. Este acceso da al cliente y al terapeuta una oportunidad para examinar profundos deseos y añoranzas así como miedos profudamente asentados. Yendo despacio en este sentido y envolviendo al cliente en placeres sensuales, se abre el camino para descubrir soluciones creativas para centrarse.

     Esta simple y directa aproximación a la salud mental y espiritual se ha perdido para nosotros en el mundo moderno. Si queremos encontrar consuelo necesitamos tiempo y encontrar actividades que lo favorezcan. Si nos encontramos fuera de preocupaciones, aunque sea por un momento nada más, la psique puede ir más allá de un modelo analítico hacia uno creativo que es el único que puede llevarnos a un cambio profundo. Estos cambios suelen venir de momentos de inspiración.

     Las activididades (o inactividad de la meditación) que buscamos para calmarnos deben tener un ritmo que es a la vez

 

 

 

 

curativo. Un ritmo que se aproxime a latido del corazón de la madre y que crea un sentimiento de serenidad. La combinación de ritmo y sensación tactíl es algo natural para inducir estados de trance. Por el contrario, las actividades sin ritmo producen inquietud.

     El hipnotista Milton Erikson describe este proceso ordinario como un periodo en el que el individuo está abierto al cambio y si es posible al aprendizaje también. Trance no significa que el cliente es puesto en manos de la voluntad de otro. Trance, de hecho, es un estado natural que experimenta todo el mundo. Se puede inducir cuando meditamos, rezamos o efectuamos ejercicios rítmicos como andar o correr.. Mientras se está en trance se tiene una más clara comprensión de lo que los sueños representan. De acuerdo con Siney Rosen, "Las personas están más cerca de lo que Erikson llamó "aprendizajes inconscientes" y menos implicados en pensamientos y costumbres".

     Trabajando con caballos nos envolvemos en un ritmo natural que es fundamental para montar. El jinete debe aprender a escuchar para estar seguro que el caballo se mueve rítmicamente con su cuatro patas (the horse is moving an a four-four beat with a point and counterpoint). Los sonidos de una locomotora o de unas castañuelas de Flamenco tienen una cadencia similar.

     El movimiento rítmico del trote suave de un caballo reduce el stress. A medida que se vuelve más sincopado, el estado del jinete se relaja en un estado alfa natural. Cuando un paciente que ha experimentado un gran vacío interior (o caos) se sienta sobre un caballo y comienza a sintonizar con el hipnótico ritmo de los cascos del animal, su vacío interior se reamplaza por algo parecido al éxtasis.

     En estas sesiones, no dirigimos nuestro entrenamiento a la relajación, sino más bien a ayudarles a encontrar su propio ritmo y cadencia. A algunos clientes les ayuda escuchar música mientras montan, para seguir su ritmo. Esto es quivalente al encuentro del propio mantra o punto focal de la meditación, sólo que en este caso son el caballo y el jinete quienes juntos encuentran su mantra sincrónicamente. Aquellos que ha tenido la experiencia de encontrar su ritmo bien sobre una montura o corriendo al lado del caballo, dicen haber tenido un sentimiento de ser mecidos o acunados. Sabemos que movimientos rítmicos facilitan el desarrollo y crecimiento en bebés prematuros y que las sillas mecedoras tranquilizan a niños inquietos. Todos estos items sensoriales tempranos, promueven el crecimiento y el sentido de totalidad. Pueden hacer maravillas en todos nosotros, no importa cuál sea nuestra edad.

     El antropólogo Karl Koning escribió sobre cómo el movimiento del caballo nos afecta de una manera similar a un instrumento musical. "¿No es comparable el cuerpo de un caballo a un instrumento musical cuando su movimiento evoca ritmos y melodías?... Si una melodía es el sonido de una locomoción

 

 

 

 

 

rítmica, el hombre debe montar el caballo. Tan pronto como esto ocurre, el porte y la dirección -bajo el control del jinete- pueden llegar a ser melódicamente efectivos. Ahora el plano frontal pasa a través del ser humano uniendo al jinete y al caballo hasta constituir una unidad. El caballo pone el ritmo y el ser humano la melodía y juntos pasan a ser una unidad harmónica musical. Este es uno de los numerosos secretos del placer de montar: el hombre y el animal juntos se convierten en música, -música que puede ser experimentada".

     La participación en un Programa Equino, bien a través de montar o simplemente a través de observar los movimientos, nos lleva al mundo de los sentimientos. Es lo equivalente a estar aborbidos en una sinfonía. Entonces no es permitido burlar nuestras profundamente enraizadas defensas y nuestra reactividad habitual. En este estado de distensión, que es un estado de pasión, perdemos nuestras resistencias habituales y nos volvemos mucho más receptivos a nuevas ideas y comportamientos.

     Hace algunos años, organizamos una exhibición nacional de caballos a beneficio del Hospital Shriner para niños discapacitados. Invitamos a los niños que estaban físicamente capacitados para acudir. La mayoría de estos jóvenes estaban seriamente heridos y recuperándose de accidentes catastróficos. Algunos eran víctimas de serias quemaduras. La mayoría usaban muletas o sillas de ruedas para poder moverse.

     Cuando llegaron al show todos los niños, muchos de los cuales nunca habían estado tan cerca de caballos, estaban muy contentos y excitados y rápidamente se quedaron absortos cuando empezó la exhibición. Estaban cautivados por la belleza de los caballos y mientras les observaban actuar se olvidaban de sus penas.

     Nuestros corazones se salían con estos niños y teníamos la esperanza de proveerles de un pequeño placer en medio de su dolor. Para nosotros eran héroes silenciosos. Pensábamos que con qué frecuencia estas almas en silencio pasaban de largo. Esto nos hizo darnos cuenta de la importancia de extender la mano y servir.

     Todos los niños que estaban presentes estaban encantados de estar ahí -menos uno. Era un chico joven que se había sentado en la barandilla, y parecía desinteresado y enfadado durante todo el evento. Uno de sus "counselors" se sentó a nuestro lado y nos contó que Jose estaba atravesando un momento difícil. Había tenido un accidente muy grave en el que había sufrido múltiples fracturas. Sus rehabilitadores estaban consternados debido a que desde el accidente se negaba a participar en su propia recuperación. Para curarse, necesitaba trabajar en andar -única actividad que estimulaba la recuperación de sus huesos. En vez de eso, Jose quería tener a sus cuidadores a su alrededor. Estos había probado sin éxito todo lo que sabían para poder motivar al niño, pero se sentían incapaces de afrontar su amargura y desánimo.

 

 

     Durante un intermedio invitamos a los niños a ver a los caballos en sus establos. Todos menos Jose respondieron impacientes. Les informamos que los caballos hacían una petición. Querían que todos los niños que pudieran andar, fueran a sus establos. Aquellos cuyos médicos habían dicho que necesitaban sillas de ruedas, deberían ir con sus sillas.

     Los cuidadores de Jose nunca hubieran esperado que respondiera pero a pesar de esto se le acercaron y le preguntaron si quería acercarse a los establos. Para la alegría de todos, Jose pidió sus muletas y andó. Ninguno de nosotros esperaba este tipo de participacióm en niño que parecía tan defensivo (autoprotector).

     Cuando llegamos, le presentamos a Jose una enorme yegua castaña, Margarita de Madreperla. Le dijimos que, como era un caballos peruano, hablaba español (que era en la lengua en que ella respondía). Después de esto, escuchamos tenues susurros, Jose había empezado a hablar con la yegua en su lengua materna. Cuando la yegua se aproximaba a él, nos aseguramos que el niño le gustaba y que no había nada que temer.

     Sintiendo que Jose estaba frágil física y mentalmente, Madreperla tocó su mano suavemente. Jose inclinó su cabeza y sus ojos se llenaron de lágrimas. Como era muy orgulloso, trató de esconder sus sentimientos, a pesar de que sus lágrimas caían por sus mejillas. Madreperla había conseguido tocarle en un sentido en el que sus cuidadores, a pesar de su experiencia y buenas intenciones, no habían conseguido.

     Se reunió a los chicos para una foto con los caballos y sacamos a Indomable y Madreperla de sus establos. Los caballos se dieron cuenta inmediatamente de que estos niños eran frágiles y les dejaron rodearles. Los caballos nunca se extrañaron o rechazaron las sillas de ruedas o las muletas, se quedaron quietos mientras los niños reían y se abrazaban a ellos, llamándoles por sus nombres. La foto mostraba a un Jose sonriente. Esta imagen y experiencia quedó sellada en nuestros corazones.

     Otros visitantes del rancho tuvieron similares experiencias. Mientras están aquí, se involucran en lo que está sucediendo a su alrededor y consiguen olvidar sus dificultades -sean éstas reales o imaginarias. Todo aquello que parecía tan terrible o espantoso pierde su fuerza y la persona fácilmente se hace presente (become present). Sólo existe el momento. Esta es una experiencia que hemos escuchado repetidamente de nuestros invitados y clientes.

     El simple hecho de dar de comer a los caballos es un agente poderoso para promocionar una relajación positiva y regresiva. Esto implica también el sentido del tacto y el ritmo. La mente se calma con cada golpe de cepillo o peine. Acariciar el cuerpo caliente de un caballo, peinar sus crines para hacerlas suaves

 

 

 

 

 

y sedosas, escuchar la respiración de los caballos y presenciar su bienestar es muy satisfactorio. Respirar al unísono con el caballo induce a un estado de serenidad, que ayuda a fomentar la relajación, trascender el stress y moverse a través de un sentimiento oceánico de paz.

 

 

 

UN CRISTAL PARA MIRAR

 

 

     Cuando vemos nuestro comportamiento reflejado tras nosotros, ganamos en consciencia. Una mujer profesional muy astuta que vino a nuestro rancho a montar a caballo compartió una idea muy importante con nosotros. "Montando a caballo me he hecho mucho más consciente, porque los caballos son muy sensibles a mis movimientos y a mis sentimientos". En esencia, los caballos nos dan un biofeedback de nuestras vidas porque muestran externamente nuestros procesos internos. Algunas veces lo que los caballos reflejan es bien recibido y divertido. Otras veces, deseamos no haber necesitado mirar.

     Los caballos detectan reacciones físicas involuntarias en nosotros, que son resultado de nuestros miedos inconscientes y de nuestra ansiedad. Algunas personas, cuando tienen miedo, se quedan paralizadas o se flexionan hacia delante cuando montan. Un jinete inseguro suele tirar nerviosamente de las riendas. Otros balancean las piernas. Cada uno manifestamos la tensión de diferente manera y queda resaltado cuando estamos sobre un caballo. Cuando un jinete está nervioso, crispado e incómodo, el caballo responde visiblemente en el mismo sentido. De la misma manera, cuando un jinete está seguro, confiado y relajado tendrá un caballo también confiado y relajado.

     Una vez que el jinete siente las respuestas del caballo a sus propios movimientos, puede ganar más control sobre sí mismo. En palabras de uno de nuestros clientes, "Encima del caballo, la mente y el cuerpo trabajan en harmonía -se mueven de una forma integradora- y las apropiadas respuestas del caballo se sienten como un refuerzo... Sostengo los riñones, hago chasquidos con mi boca, mantengo mis pies hacia atrás, me siento derecha y doy rienda suelta a mi imaginación. No usamos un lenguaje hablado, ya que estos gestos les dicen mucho más a los caballos, y entonces es cuando vamos juntos. Para mí, ésto es como ejercitar un tipo de atención. Si expulso esta imagen de mi mente, pierdo atención, pierdo el sentido, la meta y por lo tanto la energía del caballo. Ah, el feedback!" El jinete puede también ver la efectividad o inefectividad de su propio estilo de comportamiento. Tan pronto como se modifican los gestos, actitudes y el tono muscular, el caballo da inmediatamente un feedback como espejo de los cambios que se han producido.