La serenidad: se trata de conseguir un estado
de serenidad, y, vistas las definiciones y las actitudes tanto que no llevan a
ella, como las que las llevan, es todo un trabajo en profundidad sobre uno
mismo de autoconocimiento y consciencia.
Hay personas que llevan dada por su
personalidad y por la falta de traumas de infancia, es decir, por haber vivido
la serenidad en los momentos en que uno aprende lo que es la vida, una cierta
y "envidiable" serenidad en su manera de ver el mundo y llevar las
riendas de su vida. Pero no es fácil para la gran mayoría de las personas y
podemos decir que encontramos pocas personas serenas en la vida, las cuales,
si tenemos la fortuna de encontrarlas, nos asombran y nos llaman la atención.
Casi en algunos casos podríamos decir que son personas desadaptadas, ya que
¿cómo se puede ser sereno y tranquilo en un mundo así? Incluso hay veces
que las llamamos inconscientes, porque siempre hay motivo de preocupación y
es casi más adaptativo en nuestra sociedad hablar de angustias, penas y
tristezas que hablar de lo agradable que es vivir, de lo bien que se está
en nuestra casa, de lo formidable y armónico que es contemplar los medios
naturales o de lo bien que ve uno su vida y su porvenir y la de los suyos. Es
así que los criterios de normalidad, desde el punto de vista estadístico, es
estar intranquilo y con ansiedad sobre qué pasará mañana o está pasando
ahora, basándose en las pruebas de qué pasó anteriormente.
Todo el mundo, aunque no se sepa ni se
diga, está buscando un espacio de calma, de serenidad y de tranquilidad en su
vida. Muchas veces esta búsqueda es infructuosa porque no se han aprendido
los métodos para llegar a encontrarla.
Desde mi punto vista la serenidad no es
en nuestra sociedad un estado perpétuo que uno busque, porque nuestra
sociedad está basada en el movimiento, en la búsqueda, en la competitividad,
en el consumo, en el qué pasará y cómo podré asegurar mi vida y la de los
míos, en las necesidades creadas sin las cuales uno queda atrás y en un
largo número de etcéteras que justamente interrumpen los estados de
serenidad. Serían estados momentáneos que luego le permiten a uno
mantener dicho movimiento y visión que tiene uno de lo que ocurre alrededor,
sin sentirse afectado ni turbado.
Dichos estados de serenidad todos
los hemos vivido en algún momento, cuando hemos podido o de repente sin
darnos cuenta ha ocurrido que hemos parado nuestra mente. Ahí es dónde
podemos recordar cada uno, qué pasó en ése preciso momento en que no estábamos
preocupados. Este es un ejercicio en el que uno puede encontrar confianza en
que uno es capaz de hallar serenidad en su vida
Es la mente la que nos atormenta, que
hace ruido, que es insegura, que teme, añora, desea y tortura tanto a uno
mismo como a los demás a través de los juicios de valor y del maltratarse a
uno mismo y a los demás.
Parar la mente a través de los
ejercicios que se proponen de autocontrol emocional a lo largo de los tiempos,
puede ser una clave para la recuperación de los estados de ansiedad:
ejercicios de relajación, ejercicios de respiración consciente, frases
tranquilizadoras repetidas conscientemente cuando ataca la ansiedad,
contemplación de la belleza, tareas ocupacionales que distraen la mente
ruidosa o a cada uno lo que le funcione: ejercicio físico, contacto con seres
humanos que le tranquilizan a uno, contacto y comunicación con la Naturaleza
y respeto por los seres que viven en ella, contacto con los animales, meditación,
lectura o cualquier actividad que a uno le ponga concentrado y atento a lo
que uno está haciendo.
Para conseguir un estado sereno en la
vida, el trabajo tiene como clave la constancia en los ejercicios o en el
trabajo que uno mismo hace consigo mismo. No se consigue un estado sereno en
la vida, que se podría traducir como una nueva visión de las circunstancias
y una recuperación de la confianza básica en la vida, en lo que ha venido,
en lo que viene o en lo que está por venir, sin dicha constancia.
Dicha confianza básica que es la de
todos los seres humanos al nacer, tarde o temprano se pierde para pasar a
crear unos mecanismos de defensa productos de una gran frustración vital
cuando el niño comprueba que no recibe amor y aceptación incondicional y
seguridad en su supervivencia, sino que tiene que ganárselo a base de una
serie de estrategias que conformarán la personalidad o máscara con la que se
cubre dicha confianza básica en la búsqueda de dicha incondicionalidad,
aceptación y amor de su persona y en el desempeño de una función en la vida
con la cual mantener las funciones vitales aseguradas.
Esto es una premisa básica que nos
ocurre a todos, a algunos con menor grado de gravedad y a otros hasta
desarrollar una psicopatología a lo largo de su vida.
La serenidad es aceptación y confianza,
tranquilidad y fe, tanto en uno mismo como en las circunstancias que nos
rodean que han ocurrido, ocurren y ocurrirán. Aceptación es: valoración,
agradecimiento, comprensión y encuadre de que lo que ocurre a nuestro
alrededor, y cuando por fin uno aprende que no es más que producto de las
actitudes, pensamientos y sentimientos, es decir, son consecuencias lógicas
de lo que uno ha emitido en la vida.
El cambio de las actitudes reactivas a
las actitudes conscientes y producto de un cambio en la persona, es lo único
que podrá convertir una actitud miedosa y desintegrada en la vida a una
actitud de serenidad, de tranquilidad, de calma y de aceptación.
Hay veces que hasta que uno no se satura
de sufrir , no somete su sistema de creencias a una revisión y un cambio,
pero cada uno podríamos pensar en las consecuencias que nos podría traer
dicha revisión y dicho cambio: la serenidad que es el camino hacia la
felicidad. Todos deseamos ser felices y esta vida es una perpétua búsqueda
de la felicidad y el amor, aunque a veces parezca lo contrario. Esto se
descubre cuando uno profundiza en uno mismo y lo comprueba y lo ve.
En resumen, la serenidad es una meta que
se consigue cuando uno hace una revisión y revalorización de su sistema de
creencias falsas sobre lo que es la vida, producto de la educación y del
trato que se le dió en determinados momentos de su biografía, y uno se da
cuenta de sus mecanismos de defensa y del falso yo que opera en su vida y se
anima a cambiarlos. Entonces uno se encuentra en la calma, en la aceptación y
con la confianza básica producto ya de la sabiduría y experiencia y no tanto
de la inocencia, sino del trabajo en profundidad sobre sí mismo.
Los estados de depresión o bajada del
estado de ánimo o la euforia que se traduce en una "falsa" subida
de dicho estado de ánimo es lo que se llama en psicopatalogía como una
actitud ciclotímica y ambas actitudes, potencialmente observables en todos
los seres humanos (y sobre todo en algunos cuya personalidad es en definición
ciclotímica) es la antítesis de la serenidad. Esto es tratable psicológicamente,
sin embargo el transtorno extremo emocional de los estados de ánimo es o que
llamaríamos el transtorno bipolar, enfermedad psiquiátrica crónica que
requeriría un tratamiento farmacológico y psicológico de por vida.
Isabel Salama (Psicóloga Clínica)
Diccionario Real Academia de la Lengua Española
2. adj.
Apacible, sosegado, sin turbación física o moral.
Serenidad
Literalmente
significa tranquilidad, silencio, estabilidad, solemnidad, familiaridad,
tranquilidad, serenidad es el opuesto de ligereza, intranquilidad, duda o
indecisión
Este hombre de paz,
de integridad y armonía confirmado y equipado con serenidad es dignificado,
equilibrado, confiable, seguro y solemne en su comportamiento, y se contiene y
es cuidadoso en sus relaciones con el mundo y la vida.
"Si soy incapaz de lavar los
platos con alegría, si quiero terminar pronto para sentarme y tomar el
postre, también seré incapaz de disfrutar el sabor de ese postre. Con el
tenedor en la mano, pensaré en lo que tengo que hacer después, y su textura,
su aroma y el placer de comerlo se perderán. Siempre seré arrastrado hacia
el futuro y nunca seré capaz de vivir el momento presente".
Thich Nhat Hanh
"Si alguna vez debe haber paz, llegará a través
de ser, no de tener."
Henry Miller
Serenidad
Este valor nos enseña a
conservar la calma en medio de nuestras ocupaciones y problemas, mostrándonos
cordiales y amables con los demás.
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La serenidad.
Según el diccionario, una persona serena es
apacible, dulce en el trato, sosegada. Sin embargo, ¿se puede
recurrir a la serenidad cuando hay que afrontar problemas
personales, laborales, sociales y económicos? Sin duda, en
estas circunstancias lo más común es sentirse nervioso,
irritable o molesto, pero justamente es la actitud menos
saludable.
La serenidad es una sensación de bienestar
que nos permite focalizar las cosas que suceden a nuestro
alrededor desde un costado más activo. Las personas serenas
logran pensar antes de decidir y no se sienten demasiado
asustadas, preocupadas o ansiosas por el porvenir. Tampoco se
recuestan en la infelicidad del pasado, ni fantasean posibles
catástrofes futuras. En realidad, quienes son más serenos
pueden disfrutar de la vida y pensar que podrán, en algún
momento, superar los problemas.
Esto no significa esperar que las cosas pasen
o mejoren solas. Por el contrario, se trata de actuar de acuerdo
a lo que cada uno crea mejor para sí mismo y para lo que debe
afrontar.
Tener serenidad puede requerir un arduo
trabajo personal, pero resulta fundamental para enfrentar las pérdidas
y la adversidad. Y aunque no existe una fórmula para aprender
aquellas respuestas serenas que le sirvan, es preciso tener en
cuenta la importancia de vivir aquí, ahora y con lo que
existe... y cambiar, si de usted depende.
Por último: la serenidad no es indiferencia,
complacencia ni ignorancia. Es una virtud saludable que nos abre
la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida.
En épocas difíciles es importante valorar
lo que se hace con el tiempo propio. Las personas que se
mantienen calmas acostumbran “tomarse su tiempo”; es decir,
se adueñan del mismo y lo usan en forma provechosa para su
cuerpo, su mente. Esta actitud facilita el pensamiento, una
herramienta mucho más saludable que la ira. Con el pensamiento
y la voluntad acude el discernimiento.
Serenidad
La serenidad no es estar a salvo de la
tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella. Thomas de
Kempis.
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