Perros abandonados protagonizan un programa pionero de terapia con
ancianos en una residencia.





Llegan los perros y los especialistas del programa. Los ancianos
acuden a una sala habilitada para pasar un rato con los animales, para
entretenerse y para interactuar. Es la residencia de tercera edad «Vitalia
Pirineos», en Sabiñánigo. Para los ancianos es un momento de paréntesis en
la monotonía. Y para este equipo de especialistas es un día más con el que
conocer cómo un perro puede ser un extraordinario estímulo para dar calidad
de vida a personas mayores, algunas incluso con Alzheimer.

Desde diciembre y con el soporte económico de la aragonesa Caja
Inmaculada, la Asociación Protectora de Animales y Plantas de Huesca
desarrolla este programa pionero. El proyecto lo dirige el veterinario
Sergio Otal, especializado en psicología animal y terapia canina. Coordinó
la formación del equipo de técnicos que se encarga de esta experiencia y
que, además de este veterinario, está integrado también por la psicóloga Ana
Isabel Muñoz y por un terapeuta. Les apoyan los voluntarios de la Asociación
Protectora de Animales y Plantas que se encargan del cuidado y traslado de
los perros.

En síntesis, la metodología de esta terapia geriátrica es simple. Se
llevan los perros para que pasen un rato con los abuelos, que interactúen,
fomentar el contacto y el intercambio de sensaciones, incluidas las
emociones. Pero el trasfondo es más amplio, según explica a ABC la psicóloga
Ana Isabel Muñoz. «Buscamos que se desarrolle comunicación entre los
ancianos, que se relacionen más entre ellos», y los perros median para que
eso ocurra.

Luchar contra el pesimismo

«Es habitual que entre estas personas mayores que están en una
residencia no hablen, falta mucha comunicación entre ellos» y se produce el
aislamiento. En buena medida es consecuencia de una sensación de «pesimismo,
del rol que tienen asumido de ser personas mayores, que están en una
residencia y que no les quieren», indica esta psicóloga. Sin embargo, se ha
apreciado que la presencia de los perros ayuda a romper esas barreras de
comunicación y de sentimiento.

«Las primeras sesiones eran muy difíciles, los mayores eran reacios
a actividades nuevas, pero a partir de la tercera sesión ya vimos que se
avanzaba claramente». Según Ana Isabel Muñoz, el día que llevaron a un
cachorro confirmaron que el cambio se había producido, «lo cogían, lo
acariciaban, hablaban del animal entre ellos, en los días siguientes
preguntaban por él y se comprobó que se había entablado una comunicación en
un grado que antes no existía». Se trabaja con una quincena de ancianos y
cada semana se hacen entre una y tres sesiones, según las necesidades y el
objetivo que se marca el programa de terapia. Las jornadas transcurridas
hasta ahora ya han revelado resultados positivos.

Cuando comenzó esta experiencia, la psicóloga elaboró un test para
evaluar el estado de ánimo general de cada uno de los ancianos que componen
este grupo de trabajo. «Notábamos que al principio quedaban de manifiesto
los indicadores de ánimo decaído, poca alegría, que al ser preguntados
destacaban más los aspectos pesimistas de su actividad cotidiana, y ahora se
dan indicadores que denotan un estado de ánimo más alegre y se muestran
menos tensos, más tranquilos».

Ejercicio mental

En definitiva, el contacto con los animales sirve en una doble
dirección: individualmente, estimula al anciano para estar más activo,
«sentirse más válido» y mejora su estado de ánimo; y, ayudado también por
esto, favorece la comunicación entre los abuelos, lo que a su vez mejora su
calidad de vida. Ana Isabel Muñoz afirma que esos estímulos contribuyen al
ejercicio mental e incluso beneficia a la memoria, «se acuerdan del perro,
preguntan por él» y eso les ayuda también a recordar otros aspectos de sus
vidas. El programa es pionero, al menos en España. Según esta psicóloga, no
le consta experiencia similar.

El director del programa, el veterinario Sergio Otal, tampoco conoce
un proyecto similar, en el que con una metodología previa, de forma
programada y con la supervisión de especialistas, se realice terapia con
ancianos mediante el uso de perros.

Los animales que se utilizan son objeto también de un tratamiento
específico. Empieza por su selección. Sergio Otal explica a ABC que «a todos
los perros que recoge la Asociación Protectora de Animales y Plantas de
Huesca les sometemos a pruebas para seleccionar a los que utilizaremos en la
terapia, descartamos los que muestran agresividades o fobias, elegimos a los
más estables, con actitudes y comportamiento idóneos para esta actividad».
Algunos perros incluso se entregan por un tiempo a familias colaboradoras,
para que se adapten al contacto con personas. Además, a cada animal se le
somete a pruebas periódicas para certificar que sigue siendo apto».

Por Sergio Otal