Perla llegó a mi casa el marzo de 1993, negrita, muy chiquitita. Ella ha sido una más de nuestra familia durante 16 años, ha criado, ha sanado y ha educado a mis hijos. Les ha educado a veces con métodos paradógicos que ellos muy bien saben, les ha sanado estando con ellos cuando estaban malitos sin separarse ni un solo segundo de ellos cuando estaban en cama. Les ha acompañado en sus juegos. Les ha avisado de cuándo yo llegaba siempre, ya que me esperaba en la puerta de mi casa y ahí se ponía siempre en la puerta una media hora antes de que yo llegara. Ha sido mi compañera de "viajes" viajes a los más oscuros recónditos del alma sufriendo, y me ha acompañado también en mi felicidad. Perla hablaba, sabía comunicarse conmigo y yo con ella. Ella a través de su mirada, de sus gestos de sus posturas, de su cola y de sus ojos me cuidaba, me entendía y se comunicaba conmigo. Ha sido un auténtica historia de AMOR. Estuvimos dos años separadas, "peleadas" cuando nos mudamos a Las Matas, algo que a ella se le hizo un mundo y que rompió con su carácter pacífico, tras dos años de "separación" (se mudó de mi cuarto a la parte de abajo de mi nueva casa) volvió el entendimiento y volvió el AMOR. Nos levantábamos juntas por la mañana, bajábamos a desayunar, luego me acompañaba en la ducha, mientras me vestía, mientras subía al ordenador, ella estaba a mi lado siempre. Me buscaba cuando no estaba, me echaba de menos cuando viajaba y me regañaba cuando volvía. Tuvimos en el silencio mucha comunicación y también con ruidos y sonidos. Perla sabe más de mí que yo misma, ella con sus ojos y su silenciosa compañía sabe tanto sobre mí... y todo éso se lo ha llevado en su memoria pero su memoria que queda en mí...

Asistió al parto de "partera" de Pachita, su compañera "intrusa" que otro buen día allá por el 2.003 apareció por nuestra casa. Abajo tenéis las fotos de su compañía y ayuda a Pachita mientras paría tres preciosos gatitos. Pachita no tuvo madre y por tanto no supo ser madre gatita, pero ahí estaba Perla, gran "abuela-madre" que cuando tempranamente Pachita les destetó, ella fué quien fabricó leche para ellos y les amamantaba ella. Desarrolló un gran instinto maternal tanto con mis hijos como con los hijos de Pachita, quienes fueron sus protegidos, sus bebés hasta el día de su partida. Tanto fué que les dió de mamar, que quizás éso le costó la vida. Desarrollo Perla un tumor de mama que fué creciendo ante mi desesperación hasta que un buen día me dijo que estaba acabando y quise darle una partida serena y sin dolor. Abajo tenéis las fotos de sus últimos momentos. No olvidaré nunca su mirada de cuando me "dijo" que ya iba a partir. He llorado su partida, su muerte, y sé que ella vive en mi memoria y en la memoria de mis hijos. Nunca te olvidaremos Perla negrita del Caribe (así la bautizó mi hermana Beatriz, cuya gata Plusqui fué la mamá de Perla y cuyo gato Trapito fué su papá).

Para Perla con todo nuestro AMOR:  ¡¡¡GRACIAS!!! por tanta felicidad y lealtad, éres y has sido siempre uno más de mi maravillosa familia.

Te queremos y te recordaremos siempre, fuiste como Nana de Peter Pan para mis hijos y para mí una gran e insustituíble compañera de vida, que marca en mi memoria momentos inolvidables y profundos de todo el amor que siento por tí y que sé que ha sido mutuo.

Isabel Salama

 

 

 

 

Perla "partera".                                                                             Perla criando al gatito de Pachita

                                                                                                           

Pachita pariendo.

Perla abuela madre con su bebé Mimo, hijo de Pachita

Perla y su último día.