Naturaleza y Crianza: Adquiriendo un Tipo
Este es un extracto del próximo libro de Clarence Thomson, Enneagram Applications (Aplicaciones del Eneagrama) que será publicado por Metamorphous Press a principios de este verano. Enneagram Applications es un compendio de lo mejor de ocho años de trabajo del Enneagram Educator (El Educador del Eneagrama) con capítulos adicionales de interés.
¿Como llegamos a nuestro tipo en el Eneagrama? ¿Está en nuestra naturaleza (herencia) o está en la crianza (entorno)? Las respuestas a estas preguntas contienen implicaciones enormes para los padres, educadores y para un muy sano desarrollo en general.
La genética moderna conductista, el estudio de la relación 0entre herencia y entorno y la psicología del desarrollo alumbran con cierta claridad esta cuestión de la naturaleza y la crianza. Estos campos de la psicología se refieren a nuestro comportamiento característico y naturaleza emocional como temperamento. Sus estudios de manera constante demuestran que el temperamento es en gran parte el resultado de la herencia (aunque estos estudios no rinden cuentas sobre las influencias del entorno intra-uterino) y se le denomina "entorno familiar no-compartido". Entorno familiar no-compartido, significa que cada niño en una misma familia experimenta un micro-ambiente diferente. Él o ella perciben el mismo entorno de manera diferente. La familia como influencia única es simplemente un mito. La familia no le ofrece el mismo ambiente a cada niño. Consiste de tantos micro-entornos como niños haya.
Yo creo que aquello que los genetistas conductistas y los psicólogos del comportamiento denominan características (o rasgos) de temperamento hereditario son el resultado de propensiones innatas para desarrollar un estilo de atención o hábito de atención. Estos estilos son los lentes a través de los cuales vemos o percibimos el mundo desde el nacimiento, literalmente. Por ejemplo, observaciones en recién nacidos muestran diferencias en actividad y reactividad desde el primer día. Llamo atención al nivel molecular de la forma como organizamos el mundo con nuestros cuerpos, corazones y mentes. Desde niños experimentamos el entorno de forma diferente dependiendo de cómo haya sido organizada nuestra forma de atención. Y estamos inconscientes por mucho tiempo de nuestros hábitos de atención hasta que desarrollamos nuestro observador propio o testigo interno.
Aun más, estas diferencias de estilos perceptuales o atencionales podrían explicar las diferentes maneras con que los padres y otros manejan la crianza de niños.
Mientras me preparaba para "The Childhood Origins Section" (La Sección de Orígenes en la Infancia) del Evento Especial de Verano de la IEA de 1996, me topé con el trabajo de los doctores Alexander Thomas y Stella Chess, presentado en su libro Temperament and Development (Temperamento y Desarrollo; New York: Brunner/Mazel, 1977). En sus estudios continuados que datan desde los tempranos años sesentas, observaron niños a partir de su segundo y tercer mes de vida.
Me impresionaron sus hallazgos de "Nueve Clases de Temperamento", reconocibles en infantes y niños muy pequeños. Estos son:
Simplificando bastante, tomé cada uno de estos temperamentos cuando están notoriamente presentes como una forma predominante de organizar la atención, por ejemplo para el nivel de actividad, alta actividad o esfuerzo para el hacer. Luego coloqué cada categoría en en el símbolo del Eneagrama (ver figura). Sin exagerar mucho, la correspondencia es asombrosa. Esta es una una sinopsis de cómo los niños de los nueve temperamentos corresponden a los estilos fundamentales de la atención en el Eneagrama:
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Por supuesto, todos tenemos todas estas formas de atención, pero habitualmente nuestra atención está organizada en un patrón especifico. Thomas y Chess también distribuyeron las nueve clases de temperamento (atención) en tres grupos de comportamiento que reconocen como: el Niño Difícil, El Niño Fácil y El Niño "Lento para ser acogedor". Ninguno de estos temperamentos son calificados como más o menos positivos o negativos que cualquier otro, sólo diferentes. De hecho, Thomas y Chess dicen, "En ningún caso un temperamento dado, como tal, termina en un disturbio conductual". ¡Lo que resulta asombroso es que las observaciones conductuales de niños muy pequeños podrían discernir nueve formas de organizar el mundo o nueve temperamentos dominantes con un 90% de correlación estadística! Y hasta donde sé, Thomas y Chess condujeron sus estudios sin el beneficio de algún conocimiento del Eneagrama. Este tipo de trabajo independiente prueba la verdad del Eneagrama.
¿Cuál es entonces la contribución del entorno para el tipo? Hay montañas de información verificando las influencias paterno/maternas y del entorno sobre el nivel de funcionabilidad, salud psicológica y bienestar del niño. Nuestro nivel de desarrollo está fuertemente relacionado con la calidez, capacidad de respuesta y flexibilidad de nuestros padres. Sin el contacto y la nutrición emocional, el desarrollo de los infantes a todo nivel pueden ser severamente retrasado y/o dañado. La autoestima de los niños está estrechamente correlacionada con la habilidad de los padres para manejar límites apropiados que se van ampliando a la par con el crecimiento de los niños. Entonces, en últimas, podría decirse que la naturaleza causa nuestro tipo y la crianza nuestro nivel de desarrollo o salud psicológica.*
Para los
padres y los educadores, todo esto significa que una sola talla no se
ajusta a todos y que hay, en términos del Eneagrama, nueve diferentes
estilos de aprendizaje. Así que, quienes tienen la función de cuidar de
los niños, necesitan apreciar y respetar las diferencias entre los niños
mediante la flexibilidad y la capacidad de respuesta, cosa que muchos
estudios de psicología del desarrollo han demostrado que es fundamental para
un sano desarrollo. Todos necesitamos aprender a trabajar con las
diferencias en estilos de atención y sus energías correspondientes que
dependen del tipo de los niños.
* También puede ser verdad que el tipo influencia el aspecto
más vulnerable al daño del ser esencial, por ejemplo, la
alerta/vigilancia del peligro hace que la fe sea vulnerable. O podría
ser que un aspecto en particular de nuestro ser esencial, como la fe, es
especialmente sensible al daño.
Agradecimientos:
Deseo agradecer a Denise Daniels, Carolyn Dawn, Helen Palmer, y a todos
nuestros estudiantes de la tradición oral por su contribución a este
trabajo y a mis comprensiones de los orígenes de la infancia.
David Daniels, M.D. es profesor de Psiquiatría Clínica y
Ciencia del Comportamiento en Stanford University y hace práctica
privada en Palo Alto (California). Ha co-enseñado el Enneagram
Professional Training Program in the Oral Tradition (Programa de Entrenamiento
Profesional del Eneagrama en la Tradición Oral) con Helen Palmer desde su
establecimiento en 1988. Cuando escribió este artículo escribía con
Helen Palmer un libro sobre los usos del Eneagrama para el desarrollo personal
, que iba a ser publicado por Harmony/Crown.
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