Pilar Obón

Estar bien contigo misma conquistando tu paz interior. Tener una mente clara y libre de preocupaciones. Poder pensar con lucidez y dar a cada cosa la importancia que merece, sin que te afecte más de lo que debe afectarte. ¿Un sueño? ¡No! La meditación convierte todo esto en una realidad.

 

 

 

 

 


Todas tenemos nuestros conflictos, nuestros problemas y nuestra diaria carga de estrés. Somos presa fácil de la depresión y de la neurosis. Claro, dirás, vivimos en un mundo tremendamente agitado y demandante, donde tenemos que funcionar a mil por hora y resolver un millón de cosas cada día. ¿Cómo no sentir a veces que no podemos más, que somos impotentes, que estamos atrapadas en una especie de red de la que no podemos escapar?
Bien, la respuesta nos viene de tiempos milenarios, directamente de la India, uno de los países espiritualmente más avanzados del mundo. Se llama meditación, y es una verdadera llave que nos da acceso a nuestro mundo interior.

Mente en blanco, mundo de luz
Quienes practican este antiguo arte de la meditación saben que es la clave por excelencia para lograr ayudarse a uno mismo. Utilizando tu propia mente y su poder de concentración, puedes lograr controlar tus pensamientos y devolver la tranquilidad a tu espíritu, beneficiando al mismo tiempo a todo tu cuerpo.

Para lograr eso, es necesario acallar la charla perpetua a la que nuestra mente nos somete. En efecto, ella te habla constantemente, a veces de cosas importantes, la mayoría del tiempo de cosas superfluas, o de pensamientos negativos que te alteran. La mente humana tiene la extraña tendencia a volver una y otra vez sobre los problemas, y casi da por sentado las cosas buenas que existen en la vida de cada quién.

Si tienes problemas para concentrarte, puedes hacer un sencillo ejercicio, que consiste en encender una vela y observar su flama sin pensar en nada más. Si quieres hacerlo un poco más difícil, piensa en algo, en una sola cosa, una manzana por ejemplo, y trata de pensar nada más en ella durante un minuto. Quizá se te dificulte en un principio, pero pronto aprenderás a concentrarte y lo harás cada vez mejor, hasta que puedas poner tu mente en blanco y en silencio, y entrar a un verdadero mundo de luz interior.

 

 

La técnica maestra
La meditación requiere de concentración, perseverancia y tiempo. Puedes dedicarle de 10 a 20 minutos al día, a la hora que te sientas menos apremiada por toda la sobrecarga diaria de actividades y preocupaciones. Muchas personas eligen la noche, o bien la madrugada, que son las horas más calmadas del día.

Ubícate en tu lugar favorito de casa. Puedes hacerlo acostada, pero te recomendamos que lo hagas cómodamente sentada en tu sillón predilecto. Ahora, vamos a comenzar a calmar tus sentidos:

Baja las luces al máximo o apágalas, y enciende una vela aromática, que al mismo tiempo liberará una dulce y tranquilizadora fragancia.

Pon música suave y relajante, tipo New Age o clásica ligera, la que más te guste. Lo importante es que la música tenga un ritmo más lento que el latido de tu corazón.

Lo ideal sería que lo hicieras antes de cenar, o bien una media hora después de una cena ligera, y sin haber ingerido bebidas alcohólicas, ni estimulantes como el café.

Sentada en tu sillón, relaja todo tu cuerpo, y apacigua el ritmo de tu respiración. Imagínate que una pequeña esfera de luz lo va recorriendo desde la punta de los pies hasta la raíz de los cabellos, y siente cómo cada parte se va relajando. Otra técnica de relajación es imaginarte que de tu cuerpo salen grandes flores doradas, que son tus problemas, y que estallan suavemente en el aire, disolviéndose. O bien concéntrate en la música, o bien piensa en algo agradable.

Cuando te sientas bien relajada, cierra tus ojos y trata de poner tu mente en blanco. Si algún pensamiento, bueno o malo, viene a ti hazlo a un lado, no lo persigas. Ordénale que se vaya.

Una vez que tu mente esté en blanco permite que entren los pensamientos. Primero a los negativos. Hazlos desfilar uno por uno y ve disolviéndolos sin analizarlos. Después, haz lo mismo con los pensamientos positivos.

Imagina ahora que te invade una sensación de paz. Que ahí, en tu mundo interior, estás segura y protegida, y cargándote con tu propia energía. Mucha gente se fabrica un lugar ideal e imaginario de descanso, como puede ser una playa, o una alfombra de suave hierba o incluso una nube cerca de las estrellas. Quédate ahí, escuchando la música, dejando que te envuelva sin pensar en nada más.

Si te quedas dormida no importa. Lo harás en completo relajamiento y tu sueño será tranquilo. Si deseas salir de la meditación y seguir despierta, hazlo poco a poco, sin movimientos bruscos, sin pensamientos atropellados, como si estuvieras saliendo de un trance, de un lugar maravilloso que es solamente tuyo, donde reside tu alma y donde nada, ni nadie, puede perturbar tu paz.

Haz esto cada día, y pronto, muy pronto, te sentirás mejor, no sólo física, sino también emocional y psicológicamente. Habrás alcanzado ese añorado concepto que es la verdadera paz interior.

 

 

Los beneficios físicos de la meditación.

 

 

 

El hecho de relajarte, de respirar lenta, rítmica y profundamente, y de controlar tus pensamientos y tus emociones a través de la meditación, hace maravillas por tu cuerpo, como:

Disminuye el estrés.
Elimina la ansiedad.
Equilibra tu presión arterial.
Alivia el dolor de cabeza, incluso la migraña.
Elimina los trastornos digestivos producto del estrés, como la úlcera y la gastritis.
Alivia la tensión y el dolor muscular.
Atenúa el asma y la dificultad para respirar.
Ayuda a conciliar el sueño.
Aumenta tus niveles de energía.