Manuel fue diagnosticado de esquizofrénico cuando tenía aproximadamente unos 30 o 35 años, siempre fue raro, pero perfeccionista en su trabajo, se lavaba
las manos con frecuencia y seguía las mismas rutinas. Cuando todos se fueron,
su madre murió y sus hermanos se casaron, solo le quedo mi marido a su
lado, fuè el único que renuncio a su propia vida por no abandonarle. Sin
embargo, vivir en un pueblo pequeño no es fàcil, porque cuando ven a alguien
diferente de inmediato le llaman loco. Conocí a mi marido, nos enamoramos y
me vine a vivir con el, la primera vez que vi a Manuel me impresiono, pero
no me atemorizo, parecía mucho mayor de lo que era, tenia el pelo largo , no
hablaba con nadie y permanecía sentado frente a una ventana, parecía como un
mueble mas dentro del paisaje. Me ignoro, igual que hacia con todos. Poco
después me case, la verdad Isabel, nunca me importo que el integrase nuestra
familia, estaba intrigada por saber porqué sus ojos nunca me miraban, porqué
no sonreía, y porqué parecía estar siempre en un mundo ausente. Mi marido
siempre lo quiso, se comunicaban a través de señas y a veces alguna mirada a
hurtadillas, su principal compañera era una enorme galga que me tomó cariño
y me perseguía por todo el pueblo, supongo que esto Manuel lo
advirtió. Empecé a hablarle como si el me escuchara, y él me escuchaba, yo
siempre me estoy riendo, sin embargo no sé porqué conmigo conecto. La verdad,
la familia de mi marido y el pueblo entero esperaban intensamente una pronta
huida, a casa nunca venía nadie, Manuel parecía ignorar las mas mínimas normas de cortesía, pero supuse que nunca las aprendió. No sé cómo pasó, pero cuando yo estaba cerca, acariciaba a su galga y le llamaba "Bonita, hermosa", lo hacía con mucha ternura, la galga iba detrás de mi a la cocina, después
también lo hacía Manuel, ambos se sentaban en una banca a mirarme cocinar
mientras yo cantaba, así descubrí que a Manuel le gustaban los boleros, así
que pronto se convirtió en mi compañero de cocina. Un día me habló, otro día
me sonrió, cuando me enojaba por algo el acariciaba a su galga y volvía a
llamarle "Bonita". Mi marido estaba maravillado porque su hermano había
empezado a comunicarse .Manuel era tierno, ingenuo, como un niño inocente a
quien solo mi marido amó, se volvió mi sombra, me protegía, me acompañaba y
aceptaba con una sonrisa todo cuanto yo le decía.
Nunca me dio una mala contestación y poco después me bautizó con el apodo de
"Sargento",en tres años había logrado cosas como que se lavara o se peinara,
adoraba a mi niño, salía de la mano con el y caminaban juntos por el
pueblo. También yo lo defendía cuando alguien se burlaba de él o le decían
cosas desagradables, sus ojos eran dulces, y yo misma estaba maravillada de
que alguien a quien hacia poco desconocía tuviera un nexo tan fuerte
conmigo, alguien que no esperó nunca nada de mi, alguien que nunca me pidió nada a cambio. Fueron diez años en los que todos formamos una verdadera familia y creo que después de mucho tiempo el pudo sentirse de alguna forma "Normal", cuando su galga murió traje otro perrito, Cane, que aún vive, de inmediato, él lo adoptó, igual que me adoptó a mi, muchas veces creían que era mi padre o se lo preguntaban, y él sonreía. Ya enfermo en el hospital creìan que no hablaba, porque no les contestaba , no les miraba, es extraño Isabel, verte en un hospital rodeada por tres enfermeras que te quedan
mirando de una forma extraña cuando les dices que esa persona habla,
entiende , escucha y es inteligente, no lo creen, hasta que no lo ven. Manuel
saludaba a la gente de la que yo hablaba bien, los demás eran ignorados,
incluyendo a la familia, supongo que esto sucedía porque nunca le saludaban
, y siempre sospeche que se avergonzaban de tener como familiar a una
persona como él.
Cuando enfermó, su hermano y yo estuvimos siempre a su lado, ya en coma, era
sorprendente y mi marido te lo puede confirmar como cuando escuchaba mi voz
,gemía. Un día se despertó, viò a su hermano, me pidió ver a los niños y se
volvió a dormir. Esa noche me dormí en el sofá, y mi marido en otra cama a su
lado. Eran la fiesta de la concepción, a las dos de la mañana me desperté
sobresaltada por un petardo, me acerqué a él, le cogí la mano, dio tres
suspiros y murió. Tal vez me despertó, no sè, no voy misa, ni soy
practicante, pero siempre creí que él me llamó, igual que cuando me llamaba a
través de su galga, sabes ? la galga era bien fea, pero se llamaba linda.
Podría contarte mil cosas más, mi marido siempre dice que esto es algo que ni
su madre consiguió, no sé por qué me escogió, tal vez por la galga, tal vez
porque nunca lo traté como alguien diferente, tal vez porque no me asustó la
primera vez que lo vi. Yo le cortaba el pelo, le echaba colonia, le vestía, un
día le tiré los zapatos a la basura porque estaban horribles de viejos y
sucios, mi marido casi le da un ataque porque un poco le tenía mucho respeto
(Manuel era mayor que mi esposo ocho años), pues tan contento, no me dijo
nada, le puse unos zapatos nuevos que yo misma le compré. Para bañarlo era
muy gracioso, entre mis dos niños y yo le llevábamos a rastras al servicio y
  terminábamos todos mojados y riéndonos. Isabel, conocer a Manuel me
hizo mejor persona, y me siento agradecida de haberle conocido y de sin
merecer su afecto, haberlo obtenido. Sobre su lápida hice poner "Lo que se
ama no muere", porque para mi y para mi esposo, Manuel nunca morirá.
El siempre me decía "La sargento manda más que Franco", me consentía y
aguantaba mis berrinches de niña malcriada, porque me casé con 29 años y no
sabia ni freír un huevo, en ocasiones, él me enseñaba a pelar las patatas. En
fin, solo espero que donde esté se sienta feliz  y sea libre, que pueda
sonreír, hablar, mirar a los ojos de otras personas de la misma manera
tierna y dulce que me miraba a mi. Se fue de este mundo con la misma inocencia que vino, sin amar y sin haber sido amado, aunque si eso que es el amor puro, el amor bendito, eso es lo que yo recibí de él.
Cuando murió, Cane, mi perrito, estuvo debajo de la banca donde ambos se
sentaban durante tres días. Creo que también Cane lo echa de menos.
Si necesitas saber algo más dímelo, te envío un beso
Eliana Pèrez-Egaña