Maldivas: la naturaleza salvaje
Texto Luis Salama
Fotos David Bendel

Querida familia.

 

 Es una carta para todos vosotros mi familia, pero dirigida a Isa,  por su amor por la naturaleza y los animales en su condición de psicóloga clínica experta en terapia asistida con animales. Ahí va, espero no aburrir.

 

En fin esto se acaba, me queda mañana rematar la faena,  y mi conclusión es que el hombre no es capaz de apreciar en toda su dimensión la belleza del planeta tierra. Ayer vi una manada de cachalotes a cinco metros de distancia, y pude ver a una mama con si cría. La cría era  blanquita y jugaba alrededor de su madre y esta se ponía entre yo y su cría protegiéndola de su co habitante de Planeta.

 

La belleza de las Maldivas es indescriptible. Jamás tendría suficiente memoria y destreza en el manejo del idioma,  para poder explicar fielmente la naturaleza y el mundo y vida marina que estoy viendo. La fusión natural de Océano índico, latitud, y formación rocosa volcánica, crean en un ecosistema de clima cálido tropical que se funde con otro ecosistema esta vez marino  en el océano, donde predomina del coral. El coral a formado sobre la roca capas fosilizadas  de este, siendo la base sobre la que reposan las plantas también de coral. Todo el arrecife incluidas sus formas, y cuevas están forradas de piedra de coral.  El coral atacado por el alga autóctona, supone la puesta en escena de un mundo de figura y sobre todo colores incomparable en cuanto a composición y belleza a ninguna escena natural o artificial que, ni por asomo, anteriormente hayas tenido uno la posibilidad de admirar. A ello hay que sumarle las corrientes y enorme cantidad y calidad de comida y platón, incorporándose a tal escenario orgásmico, cualquier cantidad de vida marina en forma de peces de todas las razas, familias y tamaños. No es muy técnica ni científica mi descripción, ni lo será a lo largo del relato, pero da una idea aproximada de lo visto.

 

Estoy muy fuerte Isa. A diario trabajo un ritmo cardiovascular en el gimnasio, además de superar las tres horas diarias de apnea a pulmón libre dentro del agua. Como sabes yo no utilizo botellas, y poco a poco, recordando la técnica de apnea de entrada y salida del canto calizo del mediterráneo ibicenco, fundamentales que en mi niñez me enseño y yo copie a un sabio del mar y sus fondos  como era Mariano Riera, ataco diariamente los Reefs Maldivos, entrando yo solo con cinco kilos de plomo y acompañado de una linterna alógena en los reefs, encontrándome en situaciones tan pintorescas como toparme mano a mano con un mero oscuro, majestuoso lleno de vuelos, de unos 40 kilos, en una cueva donde me auto invite a 18 metros de profundidad. Como decía papa, gran amabilidad e inteligencia la de mi amigo el mero. Pescao lo hay por doquier, especies para mi conocidas, que deben habitar en todos los mares y océanos del planeta, otras propias de la tele, reportajes, enciclopedia,  novelas y cuentos,  y otras totalmente desconocidas; esto último me da aprensión pues en el encuentro cara a cara, por sorpresa en una cueva, con un pez cofre o globo marino, de forma cuadrada, metro y medio de tamaño, blanco y negro,  y dos ojos inmensos como Luceros,  al animal no me da tiempo a explicarle que solamente estoy ahí para verle y saludarle, no tengo malas intenciones, y le explico rápidamente la situación, falto de oxígeno,  sin saber cómo va a reaccionar. En Ibiza lo tenía muy claro, haciendo la selección propia de su tamaño, le pegaba un tiro lo más cerca posible de la cabeza.

 

La gran ventaja de la apnea o pulmón libre, es el factor sorpresa, el pescao y yo nos encontramos en la cueva cara a cara de repente, los dos con un gran susto y despiste, y con muy poco tiempo por delante para analizarnos.

 

Una selección muy bestia y poco ortodoxa sería; pescao nadador de media agua siempre en movimiento a modo de Atunes o Silviolas, pescao habitante del reef o canto con muy poco desplazamiento parado o metido en roca, pescao de alga habitante del reef en constante movimiento, los depredadores como la morena, las rayas y los tiburones, y por último tortugas marinas, cetáceos y mamíferos como el delfín y las ballenas. Todos absolutamente todos se han paseado a sus anchas por delante de mis narices.

 

Hacer una selección de lances míos en el arrecife es difícil de seleccionar pues me vienen de golpe a la cabeza, ahí van algunos de ellos sin ánimo de extenderme en exceso para no aburrir. Siempre debe tenerse en cuenta mi condición de apneista a pulmón libre, sin artilugio alguno que me ayude a resistir con oxígeno en el fondo. Mi equipamiento era de lo más sencillo. Tubo, gafas y aletas; cinturón con 5 plomos de un kilo cada uno, un gorro a modo de pasamontañas de buceo naranja fosforescente, y por último una linterna en una cartuchera junto a una maraca, esto último por seguridad si me ocurriera algo poder avisar de mi posición si es que alguien estuviera acompañándome; el 80% de las veces lo hago solo, situación que detesto. 

 

El tiburón lo veo a diario, alguna vez varias veces. Es un animal que conoce su poderío muy bien, lo presenta y lo impone. El supone, supone bien,  les está viendo, y alguna vez se acerca más de la cuenta para recordarte su presencia y quien manda ahí. Dicen sus morros son unos potentes radares sensitivos con capacidad de olfatear presas e intrusos como yo a millas de distancia. Sus nadares no suelen ser pausados, más bien arrítmicos con intensas aletadas discontinuas. Su presencia despliega una aureola; muchas veces te das cuenta de su presencia por la reacción de alerta del resto de la fauna. El otro día una tortuga gigante se pego un susto del carajo haciendo gala de un quiebro de cintura del que carece, pues se encontró de bruces con un tiburón; menudo susto se pego a 10 metros mío. El tiburón ni se inmutó y ni ella ni yo nos habíamos dado ni puta cuenta. El otro día iba yo solo nadando planificando mi entrada a un canto a 14 metros, cuando vi un tiburón me sobrepaso desde atrás a unos cinco metro de distancia de mí, me rodeó y siguió tan campante por dirección contraria. Mi reacción de adrenalina aún perdura.

 

El mero es mi gran favorito, quizás por ese afán interminable desde niño en Ibiza de verlos y sacar alguno. Toda mi preparación durante la primera hora en el agua es oxigenarme y prepárame, para durante la segunda y más bien tercera hora en el agua, encarar un canto bien hondo a profundidades para mí nada despreciables como son los 15 18 metros de profundidad. En esos cantos de coral habitan los osos negros de dimensiones a veces gigantes. Unas tres veces he visto ese animal. Una vez entre en una enorme roca de unos dos metros de altura en su apertura, penetré 5 metros en ella pues su boca estaba llena de fusileros de millones de colores, y me encontré con tres meros pequeños (10 Kilos). Detrás de ellos estaba su majestad, oscuro, con sus aletas pectorales y dorsales desplegadas en vuelo, sujetándose en equilibrio en la cueva con una belleza magnánima. Me acerqué todo lo que me dejo y rocé el éxtasis a un metro suyo. Cuando me di cuenta de lo ocurrido estaba en la ascensión hacia superficie, algo apurado, pero muy relajado y emocionado ante este lance que  recién había tenido la ocasión de experimentar. He visto muchos más meros Isabel, pero este era el REY. Belleza, tamaño, mirada sabia,  rugosidad, oscuro con manchas verdes, arañazos,  espina dorsal desplegada y pectorales en vuelo........ Me miró y no dejo de encararme; los dos nos vimos muy bien nos analizamos y respetamos con gran caballerosidad y educación. Dicen los Maldivos su edad por su peso, y utilizando esta vasta y dudosa técnica  Maldiva, debió nacer en 1.961 mismo año en que yo nací.

 

He visto a Nemo, personaje de Disney. Es muy pequeño, dos tres centímetros, van siempre emparejados, y habitan en el interior de una alga marina esponjosa. Los he visto color rojo muy intenso, el más intenso que he visto en un pez,  con dos aros circulares negros y blancos, y negros azabache, con aros amarillos y blancos. Suelen estar rodeados de crías y después de fruncirte el entrecejo desconfiando de ti,  tu presencia, e intenciones,  dejan que los toques con la punta de los dedos.

 

He  estado a un metro de escorpiones de mar y no conseguía verlos. Se mimetizan de tal manera a la roca y coral que es imposible verlos. Cuando lo vimos mi amigo Rafa empezó a gritar excitado, pensé se había vuelto loco,  y se trataba que es increíblemente raro poderlos apreciar. El pez escorpión tiene un veneno por el cual vives después de insoportables dolores máximo una hora. 

 

He tocado y acariciado morenas, entrañable carácter y dulzura,  y conseguí una tortuga marina inmensa me dejara tocarla y nadar a su lado a medio metro, lo que mi oxígeno natural me dejo hacerlo. Las tortugas suelen ser bastante ariscas, supongo debido a la agresión permanente durante siglos a que siempre fueron sometidas por el hombre. Cuando te encuentras distraído por un animal,  aguantas muchísimo más en las profundidades, y tú mismo te quedas sorprendido del tiempo empleado en una sola inmersión con el mismo oxígeno.

 

He pasado por debajo de corales más grandes que yo, y sido arrastrado por una corriente hasta encontrarme e a 200 metros de distancia de donde yo quería estar. Ello fue en un arrecife situado en mar abierto por lo que le pegué un alarido de tal potencia al capitán Maldivo del barco, estaba sobao en las musarañas, que el pobre con gran susto vino a buscarme. Ello ocurre aquellos días que decido ir con mis amigos los buceadores de botellas a mar abierto, open water. Ellos hacen botellas a 25 metros de profundidad y yo me quedo en apnea, solo. He desistido de hacerlo por tres motivos. Es física y psicológicamente imposible atacar profundidades grandes de golpe; la situación te sobrepasa y te hundes en la miseria. Dos, la corriente. Tres, vas solos y pasas miedo. Los buceadores desprecian mis logros pues ellos dicen ver todo constantemente con gran facilidad. Pero ellos no entienden, el rey sabe que ellos están ahí, los oye y los ve de lejos,  y antes de que ellos lleguen huye y se esconde; cuando yo utilizando el factor sorpresa me planto delante del rey sin más remedio para ambos. Los buceadores nunca conocerán el éxtasis del encuentro fortuito. También les veo torpes en el agua, quejicas, y temerosos de su equipo y de sus posibilidades ante cualquier contratiempo. En fin, no me va…..

 

No quiero explicar la falta de conciencia de estas gentes sobre el tesoro en el que habitan. Algún día esto debería declararse tesoro marítimo natural del planeta tierra. Su tratamiento, la de un museo vigilante del mayor de los tesoros marinos. Por aquí paso el Tsunami, moviendo fauna curiosamente de isla a isla, destrozando el coral, y devastándolo todo; los lugareños lo niegan todo pues viven del turismo.

 

Me considero un afortunad por lo vivido, y le doy primero gracias a mi amigo Rafa Díaz, nunca encontraré la forma de agradecérselo, a su hermano Álvaro, inmenso buceador, el siempre está pendiente de mí y mi plan alternativo, y sobre todo a Dios por haberme dado un físico privilegiado capaz de haber realizado con mi cuerpo lo que he conseguido realizar y consiguientemente admirar y disfrutar.

 

Todo mi cariño.

 

Luis Salama Falabella