Los cibersexoadictos bajo la lupa

Estas personas esconden serios conflictos emocionales. Cómo se las puede
reconocer.

Por Luciana Peker, especial para Salutia



Las fotos de las conejitas de la revista pornográfica más conocida del mundo
son hoy imágenes ingenuas. Ahora el sexo a través del ratón electrónico
ofrece múltiples posibilidades. Y son muchos los que no pueden despegarse de
esta virtual revista erótica con páginas infinitas.

En enero de 2000 fueron 17,5 millones los navegantes que bucearon aguas de
sitios relacionados con pornografía. Esto significa un incremento del 40%
con
respecto a septiembre de 1999, según la consultora Nielsen Net-Ratings.

Claro que no todos estos usuarios son cibersexoadictos. El National Council
on Sexual Addiction and Compulsivity (NCSAC) de Estados Unidos considera que
estos suman aproximadamente dos millones.

Según un documento del NCSAC, una de las razones por las que el cibersexo
puede ser tan poderoso y adictivo es que "combina soledad, anonimato,
fantasías e imágenes sexuales".

La actividad en sí misma crea un circuito difícil de cortar. La sexóloga
María Luisa Lerer, vicepresidenta de la Federación Latinoamericana de
Asociaciones de Sexología y Educación Sexual, enfatiza: "Si un chico pasa
todo el día frente a la computadora, se encierra en una situación
prácticamente autista sin hacer deportes o sin tener amigos, los padres
tienen que consultar a un especialista".

Apego o adicción

Internet es un universo nuevo y no existe consenso a la hora de definir el
límite entre ser un navegante de la red y un adicto. ¿La cantidad de horas
que una persona pasa frente a la pantalla en busca de imágenes sexuales es
la
frontera?

"Yo creo que no se puede medir en cantidad de horas. Alguien que consume
pornografía puede estar sesenta minutos, pero lo que define si hay un
problema o no es la intención de quien se sienta frente a la computadora",
opina Anahí Almasia, psicoanalista y docente del Taller de medios de
comunicación de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, en
Buenos Aires.

Y agrega: "Yo no lo llamo adicción, sino apego. La diferencia es que la
adicción supone una cantidad de características psíquicas, mientras que hay
formas que no pueden nombrarse como adictivas -como es el caso de muchos de
los que consumen pornografía- pero que sí tienen un apego".

Zona de riesgo

Por su parte, Lerer define la característica central de quien traspasa la
barrera del entretenimiento y presenta una conducta compulsiva ante la
búsqueda de sexo en la web: "Tiene una relación de ensoñación con internet
que pone en peligro sus vínculos afectivos y familiares, porque en sus
fantasías está más presente la computadora que las personas reales".

Y Almasia, también psicóloga, integrante del servicio de psicopatología del
Hospital Rivadavia de la Ciudad de Buenos Aires, destaca que la adicción al
sexo por la red es reflejo de una falencia interna: "Si la persona está
apegada a internet es porque hay algo que no está pudiendo realizar en otro
ámbito".

Algunas cifras

El NCSAC describe las características de los adictos sexuales:
El 83% tiene otras adicciones paralelas, como alcoholismo, trastornos
alimentarios y compulsión al juego.
Entre el 70 y el 75% ha pensado alguna vez en el suicidio.
El 60% tiene dificultades financieras.
El 40% experimenta problemas en su matrimonio u otras formas de relación.
Casi todos han sufrido distintos tipos de abusos durante su infancia: el 97%
emocional, el 81% sexual y el 72% psíquico.
¿Internet culpable o inocente?

La gran duda es si internet estimula la adicción sexual o si, simplemente,
refleja una situación preexistente. Almasia subraya: "Ningún medio
tecnológico puede llevar a algo que la persona no tiene porque lo
conseguiría
de otra manera, tal vez no tan cómoda, pero lo conseguiría. La estimulación
de la pantalla sólo puede ser adictiva en cuanto el sujeto tenga un
componente adictivo".

Para el sexólogo Adrián Sapetti, autor del libro Los varones que saben amar,
la red ha facilitado esta conducta: "Potencia la adicción por la posibilidad
de cambio, ya que en una revista se muestran diez fotos mientras en la web
hay un zapping erótico adictivo permanente".

Sin embargo, admite que "esta situación que hoy se plasma en el cibersexo
estaba canalizada en otros lugares, ya que siempre que se habla de adicción
hay que pensar que esta encubre otras patologías, como depresión, fobias
sociales o cuadros psicóticos".