Los caballos:
La Función social que en
el ser humano puede alcanzar la interrelación con un caballo, de cara a su
relación con sus semejantes, es catalizadora, y ahora paso a expresar mejor este
término. La manera que un ser humano afronta su relación con un caballo, es la
manera en que afronta su relación con el mundo, es digno de ver hasta qué punto
es así. Las personas que tienen problemas en sus relaciones sociales con otras
personas pueden mejorar las mismas después de un trabajo terapéutico con
caballos. El caballo, por su indiosincrasia particular de un ser de gran
tamaño, testarudo, alerta, noble e impulsivo hace que se estime conveniente una
gran dosis de prudencia, humildad y buenas intenciones. Si después de un
trabajo con el caballo estas tres cualidades de afrontamiento con seres vivos
han quedado arraigadas en la persona que ha trabajado con caballos al lado de
un psicoterapeuta que le ayude al anclaje de las mismas, entonces las relaciones
sociales del paciente comenzarán a ser más saludables. El caballo no es lábil
emocionalmente ni presenta una especial necesidad afectiva, como por ejemplo el
perro, por tanto al caballo hay que ganárselo y el momento en que el caballo da
señales de conocer y aceptar fehacientemente a una persona, es un momento muy
catártico en el ser humano que ayudara a la persona a tener más confianza en sí
misma, a autovalorarse más como ser social y ésto tendrá repercusiones en el
futuro establecimiento de sus relaciones sociales.
La paciencia que hay que
tener para poder dominar un caballo una vez se ha establecido una relación con
él de equitación, es decir, de montar encima de él y que él obedezca las
órdenes, requiere una gran dosis de fluidez y de relajación, la fluidez y la
relajación, así como la paciencia son también do cualidades que establecidas en
las relaciones sociales pueden ser fundamentales para relacionarse
saludablemente: el sentirse a gusto, bien, llevar la vida (como la postura
encima del caballo) con dignidad y una gran dosis de autovaloración que
influirá positivamente en la creencia de la capacidad de uno mismo para
establecer relaciones no dependientes y lejos del miedo o la fobia social. La
fobia social es una de las psicopatologías que pueden tratarse con
equinoterapia con éxito, también las sociopatías (jóvenes delincuentes) y los
problemas de timidez patológica.
Por otro lado el
ejercicio físico que se hace a la hora de cuidar, alimentar, cepillar y pasear
a un caballo, y ya no digamos montar en él, es absolutamente terapéutico para
la salud física (y por tanto mental) y el ejercicio de ciertos músculos, que
sólo se estimulan cuando uno está subido a caballo. El impulso nervioso que se
transfiere al ser humano cuando está montando a caballo es muy saludable para
cualquier persona, pero especialmente para las personas que tienes
discapacidades motoras tras accidentes, para los que padecen de espasticidades,
para las hemi y parapléjicos, para las personas con problemas en el equilibrio.
El ejercicio de ciertos músculos como son los abductores y el hecho de fomentar
un equilibrio en la postura adecuada para la equitación terapéutica, incluso
para la equitación por sí misma, se generaliza a la postura física que luego la
persona va a tener en su vida normal. Esto favorece cuestiones posturales que a
su vez le dan al ser humano también más fluidez, por cómo se le pone el cuerpo.
Cuando se ejercita el cuerpo también se ejercita la mente, ya que cuerpo y
mente son dos entes indivisibles, lo que favorece a uno favorece al otro, por
tanto el llevar una buena postura física va a favorecer también un equilibrio
emocional importante para la vida de una persona. La dignidad, el poderío que
se siente subido a un animal tan grande que le hace ver la vida a uno desde
arriba, y el hecho de estar en contacto con la Naturaleza favorecen no solo la
autoestima, sino también un sano apetito y un cansancio sano que favorecerá un
sueño reparador.