DE CUANDO A LORITA LE SALIO COLITA

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Resulta que a una lora, que tiene como nombre Lorita, llegó a nuestro centro ecológico en San Carlos. Era parte de un grupo de congéneres que habían decomisado, en buena hora, los guardaparques de la Liga de Monteverde. Se les cuidó, y se les preparó para la liberación, objetivo que se logró. Pero Lorita venia sin su cola, que es el timón de las aves, razón por lo cual era torpe para volar.

Ella, veía con desanimo a sus compañeras, hacer toda clase de maromas aéreas y volar cada vez distancias más largas de un árbol a otro y dar vueltas por encima del dosel del bosque con gran algarabía. Su torpeza con costos le permitía volar unos cuantos metros y apenitas agarrarse de una rama. Como consuelo se asoció con Periquín, periquito joven que después la abandonó, pues también cogió el camino de los cielos.

Al quedar sin compañía, se comenzó a arrimar a nuestra casa, con muchos costos se pasaba de un arbusto a una de las ventanas de la cocina, que está en un segundo piso. Todo esto para buscar asociarse con otros seres vivos, necesidad instintiva en los animales gregarios, como le pasa al ser humano. La comenzamos a chinear hablándole y ofreciéndole comida casera para que no se sintiera solita, comía algo y volaba a algún árbol vecino. Así transcurrieron varios meses y había preocupación por que la veíamos de carácter apagado, torpe para volar y con una vida muy limitada.

De repente una metamorfosis comenzó a manifestarse en Lorita, las timoneras le comenzaron a crecer y su capacidad de maniobrar en su vuelo también, pero lo más asombroso, su personalidad radicalmente cambió, manifestando con más fuerza y plenitud su temperamento, dignidad y alegría. Claro, que la fregada ahora no llega pasiva a la cocina, ahora pide, exige, no como antes que con ojos tristes y unos entrecortados y lastimeros gritos esperaba ser alimentada.

Por la mañana, desde el guayabo en que duerme, sale a hacer sus rutinas de ejercicios matutinos, volando entre y encima de los árboles, dando varias vueltas al bosque. Lo problemático es que hace unas sorpresivas pasadas por la cocina pasando a toda velocidad (algo así como los Blue Angels), entrando por una ventana y saliendo por otra, y quítese porque se lo apea. Por supuesto que sus estridentes gritos de alegría lo dejan a uno medio sordo. Al terminar, aterriza exigiendo una ración de comida y con toda propiedad baja a quitarle a uno la tortilla o el queso, después con el buche lleno se queda un rato disponiendo de cuanto chunche se encuentra

Que maravilloso es ver a un ser, que evoluciona desde la minusvalía a la capacitación para utilizar su potencial psicosomático y desarrollar autonomía. La evolución de Lorita fue obra de sus deseos y necesidad de volar, de ser una lora en toda su expresión. En la vida natural hay ejemplos de ímpetus, mal comprendidos por nosotros, por recuperar el espacio físico y vital para cumplir con la misión para la cual se nació, dentro de cada especie. Esos ímpetus y angustias por expresar el potencial individual está también en cada ser humano, pero se necesita disponer de un timón (pero no en la colita y menos de silicón) y un plan de vuelo personal para lograrlo