MI VIDA CON UN LORO AMAZÓNICO DE NUCA AMARILLA.
 
Antes de nada, quiero informar al lector que un loro no es una mascota “fácil” y no es por tanto la mascota ideal para la inmensa mayoría de la gente. Son animales maravillosos  pero que tienen  a priori muchos inconvenientes tales como ruido, limpieza de jaula, alimentación específica para cada especie, baño, picotazos etc. Si a esto añadimos que hay que dedicarles tiempo diariamente y que son exigentes en cuanto a ese tiempo nos podemos encontrar rápidamente, que nuestro querido emplumado, no es precisamente lo que habíamos pensado cuando lo adquirimos. La mayoría de estos inconvenientes mejoran mucho con una buena educación y socialización. Todos estos problemas hacen que, desgraciadamente, muchos loros  se conviertan en un mero animal decorativo; un loro que no sale nunca de su jaula por miedo a los picotazos o porque el loro se dedica a asustar a los invitados que pueda haber en casa en un determinado  momento. Esto en mi opinión es una crueldad, un loro es un animal muy social que necesita interactuar y querrá interactuar con nosotros si no puede hacerlo con una pareja de su especie. Estoy hablando lógicamente de loros improntados conocidos como loros papilleros que han sido criados a mano para ser mascotas. El lector debe saber también que hay mucha diferencia en convivir con un animal que es un depredador (por ejemplo un gato, un perro) que convivir con un animal que en la naturaleza siempre es un animal depredado o presa.  Digamos que para un perro el centro de atención es su dueño, se establece una jerarquía en la que el propietario es el jefe y el perro es sumiso a ese líder. En cambio, un loro quiere realmente ser él el centro de atención e intentará domesticar a su dueño al menor descuido de este. Retará en mayor o menor grado (dependiendo de la especie) a su dueño. La relación será siempre de confianza, de cariño, de respeto, pero nuca de sumisión. Podemos decir que la reacción con un loro como Lolita (así se llama mi Amazónico auropalliata) siempre será una relación de tú a tú. Aunque lo ideal es compartir la vida con una mascota bien educada, se podría convivir con un caniche maleducado pero no con un pitbull y mucho menos con un loro. Paso en el siguiente párrafo a hablar del los loros de nuca amarrilla (Amazona auropalliata auropalliata) y en particular de mi mascota.
 
Lolita, es un loro Amazónico de nuca amarilla (Amazona auropalliata auropalliata). Es dentro de las especies de amazónicos una de las mas grandes y pesa 530 gramos.
Comparto totalmente lo que comenta el criador que me vendió mi loro que  no se puede ser objetivo con esta especie de Amazónico; independientemente de su bellísimo color, Lola es igual en su conducta como mascota que cualquier otro nuca amarilla: un compañero exuberante de alegría de vivir, hablador hasta la saciedad, que me acompañaba con sus propios "cánticos" cuando escucho música y que  para sus explosiones de verborrea desatada elige los momentos mas emocionantes de la televisión, a la que atiende a veces,  con mirada inmóvil, silenciosa y como fascinada cuando le pongo algún vídeo de loros o aparecen aves en un documental cualquiera.
--El Amazónico de Nuca Amarilla es una psitácida tremendamente inteligente y un afable y cariñoso compañero, sin dejar por ello de compartir las pequeñas "maldades" de los amazonas, que también aman su independencia y que tratarán de "domesticar" a su amo al menor descuido.
 
Lola como buen nuca amarilla impresiona con su facilidad para imitar sonidos y copiar nuestro lenguaje, pero es mucho más que un simple imitador de sonidos o palabras. Lola “usa” ese lenguaje aprendido en contexto. Dice por ejemplo “abre” cuando quiere salir de su jaula. O contesta con ese mismo “abre” a mi pregunta ¿Quieres salir? dice  “Agua” y no otra palabra o sonido cuando va hacia su bebedero o Miguelito ven con Lola cuando yo estoy en otra habitación, también dice frases largas cuando estamos jugando como  “Miguelito corre corre que te cojo y te como la patita guapo”. Un loro de esta especie aprenderá fácilmente a jugar contigo al escondite y disfrutará con ello. Lola se esconde de mí y yo de ella y nos llamamos haciendo cucú y al encontrarnos nos saludamos con el consabido “tras”; incluso Lola es muy frecuente que emita una sonora carcajada en cuanto yo la localizo escondida debajo de una silla. También es muy curioso que cuando ya le he dado las buenas noches, he apagado las luces del salón y está dentro de su jaula preparándose para dormir si entro en el salón y al escuchar mi  perdona Lola por molestarte pero se me olvidó tal cosa,  justo en ese momento, emite una sonora carcajada y no otro sonido.  Un Loro como Lola puede hacerte la vida muy agradable, hacer que no olvides el niño que todos deberíamos llevar dentro o “hacerte la vida imposible”. Sorprenderte constantemente con su inteligencia; todo esto y mucho más puede hacer un loro con nuestra vida. Un amazónico de nuca amarilla como Lola es una maravilla de la naturaleza que siempre estará comunicándose con nosotros y cuando digo comunicándose con nosotros no me refiero solamente a emitir sonidos y palabras en cierto contexto sino a un amplio y colorido lenguaje corporal que nos dejará bien claro su estado de ánimo, su alegría, su enfado (darte la espalda);  es más, cuando le pregunto cosas es muy habitual que responda con ese lenguaje corporal como cuando le pregunto ¿tienes sueño Lola? Ella puede empezar a tararear su nana “duérmete duérmete Lola” y no parar hasta conseguir que bajes la persiana y apagues las luces pero muchas noches prefiere responder a esa pregunta abriendo sus alas de par en par en caso afirmativo o agitando la cabeza en un claro no tengo sueño. Compañera fiel que sabe perfectamente que la siesta se respeta, si te ve dormido en el sofá ella se posa encima tuyo o se va a la atalaya del techo de su jaula  y se convierte en una estatua que no mueve una pluma para no despertarte. Me gusta pensar que vigila mi sueño por si aparece algún depredador por el salón de casa. Lolita es un loro que “lee” perfectamente mi estado de ánimo, un animal al que no se le puede engañar, que se sube a la mano de cualquier persona que realmente desee interactuar con ella y que le de seguridad y que no le demuestre miedo. Una maravilla  que detecta perfectamente si estoy enfermo, y por tanto sabe que es día de no molestar, de volar y moverse poco como cuando estuve cuatro días hecho un ovillo en el sofá por una gastroenteritis . Nunca he visto a Lola tan poco activa como durante esos 4 días.