La
separación matrimonial y los hijos
Desde hace ya unos 25 años, cuando se aprobó
la ley del divorcio, casarse o unirse para formar una familia no es una
garantía de pasar la vida entera juntos, aunque cuando se compromete uno a
ello, se ponga toda la intención. Las personas cuando deciden casarse, lo hacen
libremente y con el propósito firme de estar juntos para el resto de su vida,
excepciones pueden siempre confirmar esta norma como la de los matrimonios de
conveniencia que siguen existiendo en nuestra sociedad. Habiendo trascendido ya
el tema de los matrimonios ya pactados desde la cuna, la gran mayoría de
los matrimonios que se celebran, consisten en un hombre y una mujer que unen
sus vidas para fundar una familia, compartir sus espacios, una vivienda
común y en la gran mayoría de los casos, tener hijos. Se casan por amor,
afinidades y también diferencias que complementan su persona y que les hacen
enriquecerse mutuamente. Hemos hablado en otros artículos sobre la importancia
del dialogo y la comunicación, el respeto al otro así como a su
espacio privado que puede perfectamente no compartir a no ser que sea
voluntariamente, sobre territorialidad, seducción, consenso,
pactos y evolución.
En muchas ocasiones, los dos miembros de la
Pareja, después de haber tenido hijos y a pesar de tantos años y experiencias
en común deciden poner fin a su matrimonio, con todo el dolor que
cualquier separación conlleva. Los motivos por los que un matrimonio decide
poner fin a su unión pueden ser de cualquier índole, pero tienen en común la
falta de respeto al otro miembro de la pareja en la gran mayoría de los casos y
también la falta de entendimiento a la hora de comunicarse. Si uno no trabaja
día a día su relación matrimonial, probablemente ésta esté abocada al fracaso.
Ya hemos hablado que la seducción no es sólo una cuestión de un comienzo, sino
algo que siempre se tiene que producir para que siga habiendo atracción y la
tendencia a compartir con el otro. Las peleas no tienen porqué no producirse,
ya que son una puesta a punto y es importante que se produzcan ya que las
personas cambian con el tiempo y al cabo de los años la persona que se tiene al
lado no es la misma que con quien uno se unió en su vida. Las personas
evolucionan y es importante una evolución conjunta, desde mi punto de
vista esta es quizás la clave más importante junto con el respeto integral y el
dialogo continuo para que se consiga una convivencia en el tiempo y matrimonios
por tanto que duren toda la vida.
Lo más lamentable que esta sucediendo en
estos tiempos, no es la ruptura matrimonial, que por sí mismo es de lamentar
por la sensación de fracaso que se experimenta y también por el gran dolor que
en la mayoría de los casos, y como es normal, se sufre. El gran drama es la
desolación y el terrible sufrimiento de los hijos habidos en el matrimonio,
inocentes del drama familiar y grandes víctimas de los contenciosos entre los
padres. Desde mi punto de vista, el respeto a los hijos debe de ser quizás lo
más importante a tener en cuenta cuando hay una separación. Respeto significa nunca
hacerles partícipes en ningún sentido del drama matrimonial. Esto quiere
decir, que muchas veces observamos los profesionales y las personas que hay
alrededor, que hay muchos papas y muchas mamas que se desahogan con los niños y
les hablan de su dolor haciéndoles sufrir el doble de lo que ya sufren ellos al
ver su familia desintegrarse. La figura paterna y la figura materna de un niño
debe quedar siempre salvaguardada, ya que tanto su padre como su madre son figuras
que en el desarrollo psíquico de un ser humano son muy importantes, y
desgraciadamente vemos como la irresponsabilidad con respecto a este
tema es la principal protagonista de muchas separaciones. Las madres, que son
las que generalmente se quedan al lado de sus hijos, tienen que tener en cuenta
que fueron ellas quienes eligieron a esos padres para tener a sus hijos, y no
se pueden permitir el hundirles la figura paterna por desacuerdo de cualquier
género con el padre, y lo mismo los padres cuando están con ellos, hablarles
mal de sus madres o tratar de hacerles partícipes del contencioso, es hacerles
daño, un daño quizás pueda llegar a ser muy profundo y muy grave
para su desarrollo y evolución, así como para sacar adelante a su propia
relación de pareja en un futuro y también en el establecimiento y equilibrio de
su procesamiento emocional. Si un hijo tiene que manifestar sentimientos
contradictorios al amor y respeto a cada uno de sus padres, a ese hijo se le
esta haciendo mucho daño y pueden quedar afectadas las relaciones que a partir
de ese momento establezca.
Por puro egoísmo y también por soledad, lo
cual no es una excusa, como tampoco es el dolor que se experimenta, muchos
padres y madres se desahogan con los hijos y les hablan de sus padres o sus
madres sin respeto, tratando de involucrarles juicios de valor denigrantes
hacia el otro, incluso cometiendo la gran barbaridad de no permitir verles
tratando de configurar una mala relación. Tratar de hacer culpable al otro
delante de los hijos y mucho menos no permitir que les vea en lo pactado en la
separación, solo es justificable en caso de violencia doméstica, abusos
sexuales, toxicomanías o alcoholismo y también por enfermedad mental
(certificada) que le convierta temporalmente en irresponsable de sus actos. Si
no se dan estas circunstancias, sólo se puede salvaguardar la salud mental y
social de los niños, tratando al otro con el respeto que merece todo ser
humano y sobre todo la figura de un padre o de una madre. Esta figura materna y
paterna y las relaciones que se establezcan con ambas, serán la clave de
futuras relaciones saludables a lo largo de sus vidas con otras personas y
también serán la clave de lo que en un futuro serán sus propias relaciones de
Pareja.
El acuerdo de los cónyuges, que conduzca a
una solución razonable y civilizada a la crisis matrimonial, pasa por la
necesidad de desactivar el drama emocional que se produce en el momento
de la ruptura, pues en ese instante confluyen todos los odios, rencores y
cuentas pendientes que han llevado al fracaso del proyecto común, y que en
muchos casos genera deseos de venganza. Si somos capaces de dejar a un lado
esos sentimientos y centrarnos en buscar soluciones equilibradas y beneficiosas
para los hijos, el acuerdo será posible, desde una postura de generosidad y
de tolerancia mutua. Con este propósito de crear una nueva "cultura
del divorcio" que permita la solución civilizada a la ruptura de la
pareja se está trabajando desde organizaciones de personas separadas, tratando
de hallar las mejores soluciones para un problema que, por desgracia, afecta a
cada vez más familias españolas
En el ámbito de las Asociaciones y
Federaciones de Separados se contempla, como la mejor solución, la intervención
y mediación familiar, proporcionando equipos multidisciplinares compuestos de
abogados, psicólogos, asistentes sociales e incluso peritos tasadores de bienes
que pueden ayudar a convertir una separación contenciosa en una separación
pactada y acordada, además de velar por la estabilidad social y psíquica de los
dos miembros de la pareja así como la de los hijos. Desde mi punto de vista
profesional, y debido a tantas situaciones en las que hay sufrimiento,
contencioso, agresividad y por tanto víctimas inocentes, aconsejo la mediación
como una posible solución para lo que se comienzan a llamar "Nuevos
planteamientos en las formas de divorcio y separación matrimonial". Lo que
fundamentalmente se ofrece es una mediación para establecer con justicia y con
el menor sufrimiento posible las separaciones y los divorcios.
Isabel Salama
Psicóloga Clínica especialista en
Psicoterapia de Pareja y Técnicas de Autocontrol Emocional
Colegiada Nº M-12457
Antonio Acevedo Bermejo. Abogado. Asesor
Jurídico de la Federación Española de Asociaciones Mixtas de Separados (FEAMSE)
y de la Asociación Mixta de Separados de Madrid (ASEMA). Coordinador del Area
Jurídica de la Plataforma de Organizaciones "Familia 2.000"