Aunque en la suerte interviene un factor de casualidad, en realidad nuestra mala o buena fortuna depende de nosotras mismas.



¿Qué es la suerte? Casualidad, dicen algunos. Nacer con o sin estrella, dicen otros. Algo que está escrito para cada persona, opinan otros más.

Cualquiera que sea la respuesta que hayas dado a esta pregunta, lo cierto es que todos tendemos a pensar en la suerte (buena o mala) como algo que está fuera de nuestro control.

Así, caemos en supersticiones. Hay quien ni pagándole pasa por debajo de una escalera, o que vuelve a su casa y se mete en cama cuando un gato negro se le cruza en su camino. Casi todos tenemos una moneda de la suerte en nuestra cartera, y algún amuleto para atraer la buena fortuna, como las horribles y conocidas patas de conejo. Cuando vas a ir a una cita importante, seguramente eliges tu vestido de la suerte, y cuando alguien llama para darnos una noticia que esperábamos, cruzamos los dedos, como si con ese simple gesto pudiéramos convertir las nuevas en buenas, aunque fueran malas.

En realidad, eso de los
amuletos de la suerte tiene su sentido. Como casi todo en la magia blanca, no son otra cosa que formas de encauzar nuestra propia energía. Porque en realidad la buena o mala suerte, aunque pueda tener algo de casualidad, parece ser algo que emana de nosotros mismos.





Cuando tienes un accidente no solamente estuviste en el lugar y el momento equivocado (casualidad), sino que seguramente hiciste algo que no debiste hacer: cruzaste la calle sin fijarte, ibas a exceso de velocidad, te subiste en la silla más endeble de la casa para alcanzar un libro que está en lo alto y se rompió. La gran mayoría de los médicos del mundo está de acuerdo en que los accidentes son algo que pudo haberse evitado en el 99.9% de los casos. ¿Mala suerte? ¡No!

Y lo mismo puede decirse cuando no te dan el empleo que querías o cuando te metes en un lío legal, por mencionar sólo dos ejemplos entre millones. A lo mejor no fuiste convincente en tu entrevista de trabajo en el primer caso o confiaste en la persona equivocada en el segundo. ¿Mala suerte? ¡No!

Siempre que algo sale mal, existe una razón para ello. Y la gran mayoría de las veces, esa razón tiene su explicación en algún error que cometimos. Desde luego, no podemos negar que existen cosas inevitables, pero aquí interviene la ley de probabilidades, y no algún extraño conjuro del negro destino cruel.

¿Y qué pasa con la buena suerte? Así como en el caso de la mala suerte, en que nuestras acciones se conjugaron de mala manera con la ley de probabilidades y la casualidad, cuando las cosas salen bien, es porque hicimos lo que teníamos que hacer, en la forma correcta y en el momento adecuado.

¿Por qué hay personas que tienen mejor suerte que otras? Porque tienen una buena actitud, una especie de imán que atrae hacia ellos todo lo bueno.





Piensa positivamente. Los pensamientos tienen un efecto de programación. Si tú piensas que te irá mal, mal te irá. Pero si piensas en una manera positiva, te estarás programando para el éxito, y no para el fracaso. Muchas personas no triunfan porque el éxito no es consistente con su manera de pensar con respecto a sí mismos. Si te derrotas antes de comenzar, habrás programado a tu mente a fracasar.

Olvídate del pasado. Es bastante frecuente que nuestra "mala suerte" provenga de experiencias que tuvimos en el pasado. Pensamos que si una vez fracasamos o una vez nos fue mal, esto seguirá sucediendo. Lo que hay que hacer es mirar el presente. El pasado ya se fue, y no se repetirá a menos que nos programemos para ello. ¡Desengánchate!

Acepta tus errores y aprende de ellos. Por ejemplo, si siempre caes con un tipo de hombre que te hace sufrir, lo más probable es que no se trate de mala suerte, sino de una tendencia tuya a relacionarte con hombres problemáticos. Los errores no son una jugarreta del azar, sino una oportunidad que la vida nos da para aprender de ellos, tomar experiencia y no caer dos veces en el mismo agujero.

Aprovecha las oportunidades. "A la ocasión la pintan calva", dicen. Las oportunidades pasan y se alejan, y es necesario aprovecharlas cuando las tenemos a la mano. Esto tiene que ver con afrontar los retos, y hacer que la casualidad trabaje en tu favor.

Visualiza. Imagina que eso que quieres ya se realizó. No pienses en que se va a hacer, sino en que ya se hizo. Digamos que quieres llegar a tener la casa de tus sueños, pues imagínate viviendo en ella, visualízate sosteniendo en tu mano las escrituras a tu nombre. Este tipo de visualización creativa actuará como una programación, y hará que tu energía se concentre en lograr ese objetivo.