Florence Thomas lanza
propuesta a hombres y mujeres
"¡Vivan
la nueva ética del amor!"
Enero 29 de 2002
La psicóloga francesa
invita a amar al otro en su diferencia. Premisas.
Por Isabel Peláez
Reportera de El Pais
"El amor fiesta es una
utopía que se construye cada mañana, cada atardecer, cada noche, cuando siento
la posibilidad de acercarme al otro o a la otra sin posesión".
Llegar a vivir esa clase de amor, nada posesivo ni asfixiante, es la nueva
propuesta de la socióloga francesa Florance Thomas, quien el viernes pasado, en
el Teatro La Máscara, de Cali, presentó a una multitud de hombres y mujeres las
seis premisas de una nueva ética del amor.
Ese día decenas de vallecaucanos salieron del atiborrado recinto deseosos de
amar de otra forma y la invitación de Florance se repetía en los comentarios de
los asistentes: "¡vivan la nueva ética del amor¡".
Por eso quienes aún creen que amar es asfixiar al otro con posesivas y
engañosas promesas como "tú eres yo y yo soy tú" y "te amaré toda
la vida" o con patriarcales elogios que no son tal: "me gustas cuando
callas" (Neruda), tendrán la posibilidad de salirse del paradigma o por lo
menos estudiar los nuevos adverbios del amor y conjugar otros verbos como
madurar, tolerar y liberar...
Necesitamos...
El amor, la locura más curativa y civilizadora del mundo, siempre y cuando
aprendamos a amar sin promesas, sin juramentos de felicidad eterna, sin
engaños. Con el augurio de amar al otro o a la otra libre, sabiendo que no por
esto evitaremos el dolor, pero siempre seremos en el amor.
Menos cópula, genitalidad e instinto y más lenguaje, erotismo y escucha del
otro u otra.
Menos afán, más calma.
Menos consumo y más satisfacción del otro y de la otra.
Menos verdad absoluta, menos adverbios de un amor totalizante, como el
asfixiante: 'yo soy tú y tú eres yo'.
Dejar de pedir al otro que nos ame para siempre.
Menos símbolos de un amor totalizante, del machismo, de la ignorancia y una
opción madura desde la tolerancia.
Menos madres desde la confraternidad y más mujeres protagonistas modernas de
sus existencias y dueñas de sus cuerpos.
Menos hombres producto de una ideología trasnochada de la virilidad, más
paternalización y discursos masculinos de una vida cotidiana. Más compromisos decididos
de los hombres para cambiar el poder por una caricia, una fragilidad.
Preguntarnos por una posibilidad de reconstruir los viejos pactos del amor, que
se habían construido sobre cimientos de poder que imposibilitan todo diálogo y
convivencia.
No hay un otro u otra para mí
El amor de los boleros, de las baladas y de los vallenatos, que extraen sus
contenidos de nuestros imaginarios amorosos son simples metáforas que nos
ayudan a soportar la realidad que es otra, aun a cuento del enamoramiento, la
primera fase del amor.
Ilusiones muy arcaicas toman la delantera y abren la puerta al deseo de colmar
el vacío, de calmar ese deseo de fusión y perderse en el otro.
El enamoramiento es la trampa fantástica: "por fin encontré al otro que me
va a complementar, me colma de todo, yo soy tú y tú eres yo, amor mío".
"Veo el mundo con tus ojos".
Una mañana ese yo se estrella contra una pared y mientras más se haya creído
tales promesas, más duro o más apegado esté a esa etapa, más fuerte va a ser el
golpe.
Derecho a la indiferencia
El amor es complejo y diverso, heterosexual y homosexual, explica Florance
Thomas.
Repensar el amor es ampliar sus fronteras y abrirlas a otros encuentros que
permitan que dos hombres o dos mujeres puedan vivir el deseo amoroso, desde el
legítimo deseo a la diferencia, para luego exigir el derecho a la indiferencia.
En Colombia apenas se está buscando el derecho a la diferencia. En los países
europeos la consigna es el derecho a la indiferencia, es decir que homosexuales
y heterosexuales bailen juntos y no obligar a los primeros a vivir en guetos.
Derrumbar las fuentes de la homofobia. Gays y lesbianas nos incitan a cultivar
la voluntad de ir más allá y de actuar sobre nuestro futuro, a partir del cual
sería posible reintentar nuevas formas de relaciones consigo mismo y con los
otros, rechazando modos de vida impuestos y resistiéndose a la liberación
sexual obligada.
Hablar de tolerancia y de diferencia se debe hacer desde la tierna edad y en la
cotidianidad.
Cómo amar de otra manera
Las formas de amar que subsisten fueron articuladas por el lenguaje, la
historia y la cultura. Hoy en día se ha pasado de la cópula y del instinto, al
deseo y al amor, se ha convertido el sexo en sexualidad.
El reto no es hacer el sexo, copular, sino hacer dramáticamente el amor con un
otro o una otra desconocido e innacesible, aunque se llega a creer
tramposamente que ese otro u otra se conoce. Para el amor existe una nueva
ética.
Entre el demandar amor y su respuesta hay una distancia, un vacío. Demandar
amor es pedir algo que el otro u otra no me puede dar. Es confrontarse con el
vacío, con la insatisfacción o con una satisfacción que siempre será parcial.
Madurar en el amor es aceptar esa carencia, entender que no existe un otro o
una otra que se acopla perfecto a mis demandas y que gracias a este vacío
existe el deseo.
Porque siempre falta amor sigo buscando y así vivo y me vuelvo sujeto de la
cultura. Si el otro me colmara entraría en un nirvana y me dejaría morir.
Y el origen del amor que podemos dar se encuentra en el amor recibido, pero
recibido bien, no de la sobreprotección.
Cuando uno entiende que no hay un otro para mí uno se vuelve capaz de amar.
Ningún otro podrá satisfacer mis demandas y el otro espera de mí lo que no le
puedo dar. Entenderlo significará que toleramos que el otro o la otra no va a
ser mío(a) y que siempre subsitirá en su diferencia.
El otro subsiste en su diferencia
El otro siempre va a penetrar el límite de mi libertad.
El enamoramiento no supone un paso cerrado, una fusión asfixiante:
"respiro por tu boca", "veo el mundo con tus ojos", es un
proceso amoroso casi sicótico y paradójicamente solitario, porque finalmente
negamos al otro.
Los protagonistas del amor han cambiado, ya no son Efraín y María. Las mujeres
están aprendiendo a hablar y desear desde nuevos lugares y el viejo guión
amoroso de la eternidad ya no sirve.
A partir del reconocimiento de la diferencia existencial de sujetos libres y
autónomos y del aprender a definir "yo soy yo, tú eres tú" se logrará
una nueva manera de amar. Reconociendo que "no tengo para ti lo que
esperas de mí" y admitiendo así que la soledad es el meollo de la
condición humana.
Ellas y ellos
Las colombianas apenas están aprendiendo que sólo desde una imagen de sí mismas
gratificante y menos culpable, el amor se torna en una fuente límpida de goces
.
Sólo aprendiendo a enamorarse de la distancia que nos separa hay posibilidad de
encuentro. Sólo desde la libertad es posible el amor. Desde su propia palabra
del amor y el erotismo las mujeres descubrirán un goce que no se tiene que
alimentar del goce masculino.
Mientras no haya mujeres en las mesas de negociación no va a ver nadie que
ponga sobre el tapete la vida cotidiana, los problemas domésticos, el amor, el
erotismo y esos temas hacen parte de la paz.
La masculinidad no es una esencia, es una ideología, una construcción. Hay que
desterrar sueños de hombre como: "La amo a usted dependiente, luego
adorable", "Me gustas cuando callas...".
Abandonando los privilegios que les otorgó una cultura patriarcal, dejando de
ser amos del saber del mundo, del saber sobre las mujeres y dejando de ser
dueños de sus existencias los hombres podrán encontrarse, sin vacilaciones y
ambivalencias, con ellos mismos y luego con las mujeres.