JAMES
A. SERPELL, ETÓLOGO, EXPERTO EN TERAPIA ASISTIDA CON ANIMALES
“Los loros se enamoran de su amo”
Tengo 52 años: hay mascotas para todas las edades. Nací en Roma: mi padre era corresponsal de la BBC. Hace 12 años que estoy casado, tengo dos hijos y un gato, un hámster, una iguana, peces, pero, claro, también una gran casa con jardín. Si tiene alergia a los pelos, un lagarto es excelente compañía. Colaboro con la Fundación Affinity.
LLUÍS AMIGUET - 22/04/2004
Yo no tenía hermanitos pequeños, tal vez por eso tuve animales: mi gato “Ko-Ko”
era mi favorito; mi perro “Bullet” (bala) era inseparable de mí y mi loro “Bob”
fue otro de mis amores infantiles.
–¿Hubiera preferido hermanitos a loros?
–Las personas somos generosas por naturaleza...
–¿De veras?
–Sí. El humano egoísta lo es contra natura. Es un hecho científico que estamos
hechos para cuidar a otras personas. Ese cuidado refuerza nuestra autoestima.
Cuando alguien depende de ti, te sientes importante y necesitado. En
apariencia, tú ayudas al otro, pero en la práctica os estáis ayudando.
–Quieres que te quieran.
–Apoyo social. Ese apoyo te brinda la seguridad de que nunca estarás solo y
sobre ella edificas tu presente y tu futuro.
–No es lo que vemos a diario.
–Porque nuestra red de apoyo social se ha venido abajo con la migración del
campo a la ciudad. Tal vez hoy en nuestras grandes ciudades nadie pase
hambre...
–Sólo tal vez...
–...pero sabemos que aquí la soledad para muchos es espantosa y que las redes
de solidaridad y apoyo social se han desintegrado.
–¿Qué hacer?
–Los animales de compañía no pueden sustituir, pero pueden paliar esa falta de
apoyo social en nuestras cosmópolis. Las mascotas hoy no sólo alivian
soledades: salvan vidas.
–¿Alguna evidencia científica para apoyar esa afirmación?
–Claro. Debo citar el conocido estudio de la doctora Karen Allen: constituyó
dos grupos de hipertensos. Les administró a ambos idéntico medicamento, pero a
los miembros de uno de los dos grupos les obligó a convivir con un animal de su
elección. La comunidad científica comprobó sorprendida que entre los enfermos
con mascota y los que no tenían había una diferencia significativa a favor de
los acompañados de animales.
–¿Y mi presión arterial cuando piso una caca de perro en mi calle?
–Reconozco que las ciudades no están preparadas todavía para acoger animales.
–¿Y el perro abandonado aullando todo el mes de agosto en el balcón, junto
al butano?
–Lo que le decía: tendremos que adaptar nuestras costumbres, nuestros hogares y
nuestras ciudades a los animales, porque los necesitamos en ellas para nuestra
salud.
–Sí, a mí me gustaría tener niños, caballos y perros en una gran casa de
campo...
–Su autoestima y su bienestar mejorarían.
–...pero vivo en 60 metros cuadrados.
–¡Hay un pequeño animal para usted!
–Cuando el niño se cansa del perrito, que ya es una bestia con pulgas. Se le
abandona.
–Ése es el viejo paradigma de relación del campo: el animal era un esclavo del
que te podías deshacer (matar, vender, regalar...)
–No es un paradigma tan viejo.
–Desgraciadamente, no. Pero yo estoy orgulloso de que mis animales murieran a
mi lado de puro viejos. Hoy nadie considera siervos, sino hermanos, a sus
animales y esa relación le hará feliz a usted en una ciudad.
–Sigo sin verme junto a un San Bernardo en mi pequeña cocina office.
–Hay perritos pequeñitos monísimos que cambiarán su vida. Encuentre el suyo.
–No lo dudo, pero... el olor, los pelos...
–¡Hay lagartos!
–¿Lagartos?
–Sí, son encantadores y se adaptan perfectamente a pequeños apartamentos.
–Tengo un colega que tiene una iguana.
–Hummm. Las iguanas son muy exigentes. Necesitan ultravioletas, vitaminas,
calcio. Pruebe con un dragón barbado.
–¿Y un simpático lorito?
–No le recomiendo loros si usted trabaja. Son encantadores, pero se enamoran,
literalmente, de su amito y se deprimen muchísimo si no lo tienen cerca todo el
día. En cambio, los periquitos son igual de agradables y listos y más
independientes.
–¡Están en jaulas! ¡Barrotes! ¡Zoos! ¡Cadenas! ¿No es deprimente?
–Es posible eliminarlos con inteligencia y ciudades amistosas hacia los
animales. Existe otro estudio médico que demuestra que la interacción con
animales estimula la segregación de dopamina y serotonina, que, como sabe, son
responsables de nuestra sensación de bienestar. Por no hablar de lo que una
buena mascota hace por un niño con problemas.
–A mí me ayudaron mucho de niño los animalitos de las series de la tele.
–Ése es otro capítulo, pero una mascota real, para empezar, es un tema neutral
de conversación para una terapia infantil. El niño más cerrado comienza
hablando de su gatito y acaba explicando sus propios problemas. Por ejemplo, un
pequeño sociópata...
–¿Cómo lo caracterizaría?
–Alguien que no acepta ninguna responsabilidad. Que se haga cargo de un animal
es un primer paso para que algún día tenga su familia. Y no sólo por los niños,
los animales hacen mucho por sus amos.
–A veces hasta cuesta distinguirlos.
–Le recordaré el gato “Socks”, de los Clinton, los collies de la reina de
Inglaterra, “Millie”, el spaniel de Barbara Bush, que llegó a escribir un best
seller, “Mi vida en la Casa Blanca”, y tuvo un cachorro, “Spot”, fallecido
recientemente. Luego está “Barney”, el terrier actual inquilino de la Casa
Blanca.
–Es que los perros también dan votos.
–O los quitan. Lyndon B. Johnson cometió el error de dejarse fotografiar
estirando las tremendas orejas de “Him”, su cocker spaniel. “Nadie decente
humillaría a su perro así”, denunciaron sus rivales. Y perdió.