Agrupación de Ayuda a Animales Abandonados

La voluntad de los niños.

Llegaron tímidamente y se fueron quedando, primero él, y luego ella. Intuyeron que este espacio lleno de niños les brindaría un hogar…y no se equivocaron.
Llegaron flacos, hambrientos y humildes. Los niños, que aún entienden los lenguajes básicos, no verbales y que mantienen lo que es tan natural en el ser humano, formaron un nexo con los perros. Los alumnos compartieron con ellos sus almuerzos, juegos y algunos cariños: el vínculo estaba hecho!.
Los nombres que les fueron dados, " Cachinono" y "Cachinona", sellaron su pertenencia al colegio, se habían ganado corazón de todos. Se organizaron turnos por cursos para alimentarlos y un tío del colegio les construyó una casa. De esta manera los niños, viven a diario el respeto por los animales y su amor por la vida. El día 10 de diciembre se les celebró un cumpleaños simbólico, habiendo recibido ambos muchos regalos ( principalmente comida ), mientras cincuenta voces les cantaban a coro "cumpleaños feliz".
T.H.T.

Imposible quedarse sin hacer nada.

Millones de perros y gatos son abandonados cada año en las calles, lugares públicos, sitios eriazos, refugios y hasta basureros. Muchos de estos animales mueren sin haber conocido nunca el cariño de un "amo’", unos pocos afortunados son rescatados y tienen una segunda oportunidad. Al escapar de una muerte segura, parecieran tener aún más lealtad y cariño que la que es característica por su especie.

¿ Cómo es que uno llega a participar en agrupaciones que rescatan animales?, ¿ En qué momento comienza?.
Creo que no podría responder a estas preguntas, en lo personal, no sé si fue con Rene, el perrito mestizo que estaba en la puerta del lugar donde trabajo, tiritando de frío una mañana de invierno, flaco en extremo y con garrapatas que lo mantenían aún más débil y que con la mirada parecía implorar ayuda a algún humano. Rene estuvo en casa por unas dos semanas y luego fue adoptado, "Gualiche", como se llama ahora, se ha convertido en un perro bonito, sano, amistoso y alegre, que acompaña a su amo a todas partes.
Si fue con Oddie, el gato amarillo adulto que adoptamos mi esposo y yo, y que tenía leucemia felina y sólo estuvo con nosotros 6 meses. Oddie, con su perseverancia y paciencia felina hizo que adoptáramos a Rita, la gata blanca con la misma enfermedad y que murió unos meses después. Lo sucedido, nos dejo muy tristes, pero al menos tuvieron al final de sus vidas, un poco de cariño y otra visión de los humanos.
O Perlita, que vino a casa por dos meses, mientras amamantaba su camada, y está con nosotros hace tres años. O si fue flor, la aterrorizada cachorrita que una amiga encontró en una transitada esquina de La Florida, donde había sido abandonada ("botada"), por ser hembra y que estaba a punto de ser atropellada, a la que prácticamente tuvimos que atrapar para poder rescatar. Flor estuvo unas semanas en recuperación, recibiendo comida, vitaminas y especialmente mucho cariño para hacer que volviera a confiar en la especie humana, pronto Flor encontró un hogar donde paso a ser la alegría y compañía de una familia, en especial del abuelo.
O si fue Bianca, ahora llamada Rita, que fue rescatada por una profesora y sus alumnos, que llegó perdida en una leva. Conseguimos un hogar para ella y meses más tarde en una visita, nos reconoció, lamiendo insistentemente nuestras manos, pareciendo decir "gracias".
No, creo que siempre sentí algo especial por los animales, especialmente los abandonados, como la gata blanca que escondí en casa cuando tenía 12 años y luego regalé a mi mejor amiga (no se si la aceptó porque quería un gato o por nuestra amistad), tornándose luego en una gata angora preciosa.
Recuerdo que a los 8 años solía llevarle restos de comida que pedía a mi mama, a la gata romana y sus gatitos que vivían en el patio de mi edificio.
No podría definir en que momento una persona, comienza a rescatar animales abandonados, pero es muy difícil no hacerlo, al mirar en aquellos ojos, que parecen rogar por ayuda. Es como si algo ansestral en nosostros se removiera, tal vez la primera forma de comunicación que existió entre nuestros antepasados y los primitivos canes que merodeaban en aquellos tiempos.
S.Q.D.