Eneagrama.

 

Un camino de autoconocimiento y de superación personal.

Quien se conoce a sí mismo tiene muchas posibilidades de ampliar sus horizontes, sus propias "fronteras" personales y "triunfar" en su vida. Pero llegar a conocerse a sí mismo es mucho más que mirarse al espejo. Normalmente, aquello que los demás ven en nosotros o lo que nosotros mismos vemos como primera impresión, son características superficiales de nuestro ser. Además de ello, hay una cantidad de "características" de las que no siempre nos "damos cuenta" y que son parte básica de nuestra personalidad.

Conocernos a nosotros mismos es iniciar un proceso de transformación personal que nos llevará a:

- Adquirir más confianza y seguridad personal.

- Potenciar nuestras relaciones interpersonales.

- Potenciar nuestra forma de ser y de vivir.

El eneagrama, es una forma práctica para lograr estos objetivos. Es un camino más para profundizar en los aspectos rígidos y flexibles de nuestra personalidad.

EL ENEAGRAMA EN LA HISTORIA:

No es claro el origen del eneagrama en la historia. Algunos autores afirman que surge entre los sufíes hace más de 2,000 años. Se afirma que los posibles lugares en los que probablemente se originó este sistema fue en el Medio Oriente, en lo que hoy conocemos como Afganistán, o en Babilionia.

Lo que sí se sabe, con seguridad, es que el eneagrama surge en los círculos místicos del Islam. Los maestros sufíes lo utilizaban para guiar a sus discípulos y sólo era transmitido de maestro a maestro, como una tradición oral. El eneagrama, entonces, era como una fuente de conocimiento para la renovación de los musulmanes.

Es recién en el presente siglo que el eneagrama se empieza a conocer en occidente y se empieza a utilizar por todo aquél (independientemente de su religión), que desea profundamente superarse a nivel personal.

Dos son los personajes importantes que ayudaron a que se difundiera el eneagrama:

George Gurdjieff (1877-1949), científico ruso y guía espiritual, quien empieza a enseñar a sus alumnos un sistema de nueve puntos. Aquél entonces, no menciona al eneagrama como tal, pero difunde este sistema como una forma de superación personal. Gracias a él, en los años 20 del presente siglo se empieza a difundir el eneagrama, principalmente por Europa.

Oscar Ichazo, boliviano, que aprende el eneagrama de un hombre misterioso, un maestro sufi quien pide que su nombre no sea revelado. A Ichazo se le atribuye el logro de sistematizar las enseñanzas del eneagrama y de iniciar la tradición de una forma más directa. Comenzó, hacia 1960 a impartir clases sobre el eneagrama en La Paz, pero aparentemente sus enseñanzas no son acogidas en su país con gran entusiasmo, razón por la cual se traslada a vivir a Chile. Enseñó en el Instituto de Psicología Aplicada de Santiago de Chile y en 1971 fundó el Instituto Arica. Años más tarde, participaron en sus cursos, algunos miembros del Esalen Institute of Big Sur, de California. Entre estas personas estaban Claudio naranjo y Robert Oschs, S.J. ellos, y sus discípulos se encargaron de difundir el eneagrama tal como lo conocemos hoy.

Actualmente el Eneagrama es utilizado como un camino de conocimiento y crecimiento personal. Muchas comunidades religiosas cristianas (franciscanos y jesuítas entre otros) forman parte del abanico de diversas comunidades religiosas que integran al Eneagrama como un método de Conocimiento personal es sus caminos de Discernimiento Espiritual.

¿PERO, QUÉ ES EL ENEAGRAMA?

Es un poderoso sistema psicológico y espiritual que describe nueve tipos básicos de personalidad. El término "eneagrama" se deriva del griego "enneas", que significa nueve. Estos nueve tipos de personalidad constituyen grupos de personas que se asemejan entre sí por características comunes, por una forma particular que los diferencia de los otros ocho tipos, y que se basa en la percepción misma que las personas del tipo tienden a tener respecto del mundo, de sí mismos y en cómo las personas de ese tipo enfrentan el día a día.

El eneagrama está representado por un círculo, dentro del cual hay un hexágono y un triángulo equilátero. El diagrama mismo tiene todo el significado del eneagrama, siendo el círculo la representación del todo, la unidad lograda; el triángulo equilátero, así como el hexágono, la representación de los nueve puntos básicos que proyectan la manera dominante de cada uno de los tipos de personalidad así como las fuerzas contradictorias que llevamos en nosotros.

¿PARA QUÉ SIRVE EL ENEAGRAMA?

El propósito del eneagrama no es sólo ayudarnos a identificarnos con el grupo al cual pertenecemos, si no que a través de ello, aprender a trabajar con nuestras debilidades y limitaciones en búsqueda de una real superación personal en todos los campos.

Es un camino de autoconocimiento, de revisión de nuestra historia personal y de cómo en nuestras experiencias previas hemos ido moldeando una forma de ser, sentir, y percibir el mundo.

Iniciar el proceso del eneagrama es más que conocer una teoría de personalidad. Iniciar este caminar es lanzarse a la conversión personal, es realmente iniciar el proceso de superación personal.

El proceso implica primero descubrirse, identificarse con un tipo de personalidad. Inmediatamente surge una fase de aceptarse. Esta segunda etapa suele ser dolorosa, sobre todo si nos cuesta aceptar nuestras debilidades. Al lograr, finalmente, la aceptación de lo que somos, iniciamos la búsqueda de la superación personal. El eneagrama mismo nos da luces para este nuevo caminar, nos ayuda a orientarnos respecto a lo que debemos buscar, lo que debemos evitar, la forma en que podemos ahondar en nuestros dones y virtudes, la forma en la que podemos superarnos.

Es importante anotar aquí, que ningún tipo de personalidad es mejor o peor que otro, simplemente son diferentes. Es importante, también, señalar que dentro de nuestro pertenecer a un grupo determinado de personas, seguimos siendo únicos e irrepetibles. Nuestra personalidad puede asemejarse a otras personalidades y por ello nos incluimos en un tipo de personalidad, pero seguimos teniendo una identidad propia.

El eneagrama nos va a ayudar a comprendernos no sólo como estos seres únicos que somos, a entender nuestra particular forma de ser, si no que como seres sociales que somos, el eneagrama nos va a ayudar a entender las relaciones que llevamos con otras personas; y, si llevamos el proceso adecuado, nos va a ayudar a mejorar la comunicación con las personas. Conociendo el sistema de esta teoría, fácilmente comprenderemos mejor a las personas con las que nos relacionamos.

ALGUNOS CONCEPTOS BÁSICOS PARA COMPRENDER EL ENEAGRAMA:

El eneagrama parte del principio de que todos somos débiles, imperfectos y con limitaciones, y, desde ese nuestro ser negativo, nos iniciamos en la búsqueda de la superación personal, superación que es constante e infinita. En ese sentido, la fuerza básica que determina cada tipo de personalidad es esencialmente negativa. Se trata de la "Compulsión".

Ante esta fuerza básica que nos hace ser lo que somos, cada uno empezamos a manejarnos tratando de "controlar" nuestra compulsión. Este control parte de la forma social en que hemos aprendido a desenvolvernos y a ocultar nuestros aspectos negativos. A esta forma de ser ante los demás, se le llama "estrategia defensiva", que será como la máscara que hemos aprendido a utilizar como normal y que hemos desarrollado para sobrevivir o subsistir. Es una estrategia para defender y proteger al yo, una forma de ocultar nuestro verdadero ser, nuestra compulsión.

Para descubrir la compulsión que nos domina, es fundamental "desenmascarar" la estrategia defensiva. Tomando conciencia tanto de nuestra compulsión como de nuestra estrategia defensiva, tenemos mayor libertad personal para salir adelante y superarnos.

Los nueve tipos de personalidad del eneagrama se agrupan en tres centros básicos que van a indicar de dónde nace la fuerza de la compulsión en cada tipo. Los centros básicos son:

  1. Entrañas (tipos de personalidades 8,9 y1): Es el centro basado en "lo corporal". Se basan en la intuición, la intuición basada en el cuerpo y en los instintos. Tienden a ser impulsivos.
  2. Corazón (tipos de personalidades 2,3 y 4): Es el centro basado en "lo emocional". Se basan en los sentimientos y en las relaciones interpersonales. Por lo mismo, son muy sensibles y tienden a ser amables, afectuosos, aunque a la vez manipuladores y con muchos sentimientos de culpa.
  3. Cabeza (tipos de personalidades 5,6 y7): Es el centro basado en "lo intelectual". Se basan en las ideas y las razones. Tienden a ser muy ansiosos, a veces temerosos, pues para ellos, todo debe tener lógica y raciocinio. Son grandes idealistas.

La integración de los tres centros en la persona, es base para la superación personal, y quizás una de las metas principales en el trabajar con el eneagrama. Encontrar un equilibrio entre las cosas que sentimos, pensamos y hacemos físicamente, es el inicio de la búsqueda de una madurez personal.

¿CUÁLES SON LOS 9 TIPOS?

TIPO 1: Es "el perfeccionista". Su compulsión es el resentimiento. Tiene una rabia profunda que le nace de percibir el mundo en desorden, pero evita exteriorizarla, pues si refleja su rabia él mismo pierde su "ser ordenado". Su estrategia defensiva le lleva a controlar su rabia y por ello procura la perfección para sí mismo y para el mundo "imperfecto" que le rodea.

TIPO 2: Es el típico "sentimental". Su compulsión es la adulación. A través de agradar y servir a los demás, intenta ganarse la aprobación de los que lo rodean. Evita fijarse en sus propias necesidades, y esto es, en el fondo, su estrategia defensiva, pues mientras más adula o está al servicio de las necesidades de los otros, más busca que le quieran o le den afecto. Puede llegar a ser un gran manipulador afectivo.

TIPO 3: Es "el eficiente", en todo lo que hace, busca siempre el éxito. Pero esta forma de ser, no es más que una estrategia defensiva, para evitar que los demás se percaten de su fuerza básica: su compulsión es la vanidad. El quererse tanto a sí mismo (exageradamente) lo impulsa a ser activo y proponerse proyectos ambiciosos, sin embargo, su activismo le alejan de un compromiso real y de la propia autenticidad, y esto lo lleva al fracaso (aspecto que evitan rotundamente).

TIPO 4: Es el diferente o "el especial", pareciera que no encaja en ningún grupo social. Vive nostálgico, y justamente su compulsión es la melancolía, lo que le da la fuerza para ser lo que es. Tiene un mundo interno de sentimientos y emociones que no exterioriza fácilmente, pero que más bien sublima artísticamente a través de poesías, pinturas, etc.

TIPO 5: Es "el intelectual", aquél que se siente sabio, que siempre está dando explicaciones o metido en los libros. Tiende a tener un mundo interno de ideas que le impiden ser normalmente sociable. Sin embargo esto es sólo una estrategia defensiva que parte de su verdadera compulsión: la mezquindad. En el fondo, es una persona que le gusta acumular (cosas, libros, ideas, etc.), y por no compartir lo suyo, se mete en su propio mundo interior.

TIPO 6: Es "el leal", el fiel a las autoridades, a los principios, a las normas; es el obediente, el sumiso. Sin embargo, esta es su estrategia defensiva, pues siendo leal y obediente, evita que asome su verdadero ser, su compulsión: la cobardía. Por miedo es que en realidad actúa sumisamente, por miedo es que no se desvía de las normas.

TIPO 7: Es "el alegre", siempre haciendo bromas, siempre con un grupo de amigos, tomando las cosas a la ligera. Nunca se mete en líos, ni se preocupa demasiado por los problemas, pues ello podría llevarle a sufrir, a sentir dolor (lo que evita al máximo). Su compulsión es este "proyectar" las cosas hacia fuera, evitar reflexionar mucho; en pocas palabras, vive un mundo irreal y superficial por evitar el dolor.

TIPO 8: Es el típico "líder", siempre queriendo mandar, sintiéndose poderoso. Busca el poder, muchas veces, sólo por el poder. Lo hace desde su compulsión, la venganza. Pareciera que estar en contra de los demás (principalmente de los que tienen poder o autoridad) es su fin último. En el fondo, con esta máscara de poder, evita reconocer sus propias debilidades...

TIPO 9: Es "el pacífico", el tranquilo, el que siempre está en paz. Evita el conflicto puesto éste le hace intranquilizarse, o, peor aún, comprometerse. Su compulsión es la indolencia, la flojera. Si bien crean una atmósfera de paz y armonía a su alrededor, tienen el vicio de la pasividad. Tiene demasiada complicación con el sólo hecho de vivir, para qué complicarse más...

Unas palabras finales.

Reafirmamos aquí, que somos seres únicos e irrepetibles, que tenemos una personalidad diferente a la de los demás, pero que a la vez, tenemos características que nos hacen parecernos a unos o a otros, y por lo tanto nos hacen pertenecer a un tipo u otro de personalidad. En el eneagrama, cada tipo de personalidad parte de una fuerza imposible de cambiar desde su esencia, pero que sí se puede "transformar".

Este es el camino y el fin del eneagrama: conocernos para transformarnos, conocernos para superarnos, conocernos para ser mejores personas. Y para ello, debemos darnos cuenta de cómo nos comportamos a nivel social, pero sobre todo reconocer y aceptar nuestra compulsión, nuestra esencia. Muchas veces, para llegar a nuestra esencia debemos primero "desenmascarar" nuestro ser social, nuestra estrategia defensiva.

En este sentido, cada tipo o número, debe reflexionar sobre sus características para poder ir más allá, a lo que lo impulsa, a la fuerza básica del ser. Si tomamos conciencia tanto de nuestra compulsión como de nuestra estrategia defensiva, tenemos mayor libertad personal para salir adelante y superarnos.

Entender nuestros resentimientos para poder perfeccionar el mundo, reconocernos con necesidades para poder atender las necesidades de los demás, aceptarnos con fracasos para poder triunfar, expresar nuestros sentimientos para poder ser especiales, entender a los demás para poder ser reflexivos, aceptarnos cobardes para poder ser valientes, permitirnos sentir dolor para poder compartir, reconocernos débiles para sentirnos fuertes, sabernos pasivos para poder empezar a comprometernos. De eso se trata, de superarnos desde nuestra esencia, desde nuestro verdadero yo, un yo que nos impulsa a ser lo que nosotros, al final de cuentas, nos propongamos ser.