Título: ‘Másters’ en estrés

 

Entradilla: Enseñan a los demás técnicas para controlar el estrés, pero ¿y ellos? Cinco profesionales nos cuentan cómo han sacado la preocupación de sus vidas y las han llenado de satisfacción

 

Por Paloma Corredor. Fotos: Thor Castro.

 

 

 

Lola Irusta: “Sin la práctica, ni el yoga ni nada funciona”

Profesora de Hatha Yoga y meditación

Para ella, practicar yoga con constancia es fundamental para controlar el estrés, “porque el estrés es acción, movimiento, es un hándicap para tener una buena salud mental. Porque ¿qué ocurre? Como no paramos, acabamos con enfermedades psicosomáticas. Eso, al final, genera una vida no sana”. Y ahí está el yoga desde hace miles de años, ofreciéndonos lo que necesitamos para contrarrestar esa prisa. Ella se lo recuerda a sus alumnos una y otra vez: “Los cinco principios de una vida sana. O sea, relajación, respiración, ejercicio adecuado, alimentación adecuada y pensamiento positivo”. Aunque sea sólo un ratito al día, como dice Lola: “Si tú haces todos los días un minuto de respiración cada tres horas... pues no te desaparecerá el estrés, pero estarás mejor y lo combatirás con más fuerza”.

Parece sencillo, pero no es fácil ser constante. “Porque la mente se aburre, porque siempre está insatisfecha y busca cosas nuevas. Pero si no hay un gramo de práctica, ni el yoga ni nada funciona”, asegura Lola. Por eso, ella advierte que “el yoga no es ocio. Si viene alguien que quiere apuntarse para entretenerse al salir del trabajo, por hacer algo que le saque de la rutina, yo siempre le digo que se vaya al cine o a tomar una copa, o lo dejará a los tres meses”. El yoga es algo vital para la salud física, mental y emocional: “La palabra significa unión mente-cuerpo, ser tú mismo, y tenemos mucha necesidad de estar un tiempo con nosotros mismos, sin tener a nadie en la cabeza, sin la cháchara mental... Es difícil, pero el yoga ayuda a mantener la atención en el aquí y ahora”.

Ella imparte clases cuatro veces a la semana en su centro, un oasis de paz y silencio en el corazón de la zona comercial más bulliciosa de Madrid. “Ya que siempre digo que hay que estar consciente, yo misma presto mucha atención a mis pensamientos y mis sentimientos, para que luego no me sorprendan sus consecuencias. Me esfuerzo en respirar conscientemente, y con la práctica ya me sale solo, porque son muchos años”. Casi, 25 años. Antes, Lola trabajaba en una fábrica de cubiertos. “Era un empleo

monótono, mecánico, ¡muy aburrido! Pero no me importaba, porque ahí también podía hacer yoga: concentrándome en el trabajo, sin estar todo el rato pensando que era un rollo”. Después, conoció a su marido, que era profesor de yoga, se casó y se quedó embarazada. “Y dije, pues ahora a otra cosa, a quedarme en casa. Porque yo pienso que en cada momento aparece lo que necesitas y, cuando eso cumple su función, sale de tu vida. Y yo hacía yoga mientras cocinaba, fregaba, limpiaba... porque tengo grabadas las frases de Santa Teresa de Jesús: que hasta en los pucheros anda Dios, y que la paciencia todo lo alcanza.”

Lola comenzó su camino como profesora de yoga al separarse de su marido. Desde entonces, practica los cinco principios en todo momento. “Por ejemplo, diferencio entre el cansancio y la falta de sueño. Si tienes sueño, has de dormir. Pero si estás cansado, debes relajar mente y cuerpo. Cinco minutos de quietud, respirando, regeneran más el organismo que una siesta. Lo compruebo continuamente en mi día a día, que es muy relajado”. Y lo es desde que un día se dijo a sí misma: “No quiero más estrés en mi vida, no me merece la pena”

Más información:

Sanatana Dharma. Tel. 91 531 99 29. Internet: www.yogaterapia.com

 

 

John Curtin: “Me identifico con mis pacientes y alumnos. ¡Yo era uno de ellos!”

Maestro de Reiki y monitor de meditación y relajación

 

¿Qué es el estrés? John lo define como “energía acumulada que no fluye, que no se libera”. El problema, dice, comienza cuando una persona convierte el estrés en una película mental, y lo relaciona con su pareja, con el trabajo... con factores exteriores y mentales, como si hablara de algo que estuviera fuera de ella. “Eso conduce a una sensación de impotencia y de frustración, porque entonces crees que no puedes cambiar tu vida: que hagas lo que hagas, te tienes que tragar el atasco de todas las mañanas, tienes que aguantar a un jefe insoportable.... Y no se dan cuenta de que no son los factores externos los que crean el estrés, sino la forma en que manejan su energía. Cuando tú liberas esa energía, el estrés desaparece. Es así de sencillo”.

Él sabe bien de lo que habla. Hace años, era un empresario hiperactivo, con unos hábitos de vida muy poco saludables. Para relajarse, acudía a un grupo de meditación, donde conoció a varios maestros de Reiki, una técnica para canalizar energía a través de la imposición de manos. A John, todo aquello no le interesaba demasiado, pero un día decidió recurrir a ello como última esperanza: su padre había muerto de cáncer, y a él le afectó tanto que sufrió una parálisis facial que, según la medicina convencional, no tenía solución. El Reiki le curó y, hoy en día, John se dedica por entero a esta terapia de origen japonés, organizando cursos y recibiendo a pacientes en su consulta.

Él es el alma de la Fundación Sauce, un punto de encuentro de cientos de personas, donde se practica Reiki, yoga o risoterapia. “Me identifico mucho con mis pacientes y alumnos, porque yo era uno de ellos. ¡A mí me gustaba el estrés! Me levantaba por las mañanas y esa sensación me ponía las pilas, me mantenía vivo”, explica. Y es que el estrés... funciona. “Todo lo que hacemos, lo hacemos porque funciona. Cuando tú estás estresado haces más cosas, estás pendiente de todo”. Hasta que uno cae en la cuenta de que hay formas mucho más saludables de funcionar.

Una parte muy destacada de la fundación son las dos meditaciones guiadas semanales que dirige John. “Las meditaciones ayudan a entrar en contacto con el cuerpo. No meditamos con la mente, ese es un concepto erróneo. Tampoco se trata de pararla, lo cual es imposible. Se la ignora, como cuando le das un juguete a un niño travieso para que no incordie mientras tú trabajas. Lo mismo ocurre en la meditación guiada: yo uso mi voz para mantener la mente de los alumnos distraída mientras su cuerpo, su yo interior, medita”.

John es una persona accesible y relajada, pero trata con muchísimas gente y es el  responsable de que su centro funcione. ¿Qué ocurre si se estresa o se enfada? Lo tiene claro: trata siempre de liberar la energía en el momento en que se genera. Lo hace recurriendo al Reiki, poniendo las manos en la zona donde se ha acumulado la tensión: “Con Reiki canalizamos una energía muy potente que ayuda a recuperar la armonía”, explica. Claro que... a veces no basta. “Para eso hemos montado el ‘cuarto de los gritos’, con las paredes acolchadas, guantes y saco de boxeo”.

Más información:

Fundación Sauce. Tel. 91 591 99 95. Internet: www.fundacionsauce.org

 

 

Victoria Cadarso: “¿Para estar tranquilos? Hacer cada cosa a su tiempo y vivir aquí y ahora”

Psicóloga y experta en terapias energéticas

A Victoria le apasionan las terapias breves y está convencida de que con ellas puede ayudar a las personas a recuperar su equilibrio sin tener que eternizarse en la consulta. Tanto ama su trabajo que dedica muchos fines de semana a descubrir nuevas técnicas o perfeccionar las que ya practica, y está trabajando en un libro con claves para el autoconocimiento y la calidad de vida.

Pero ella también sabe lo que es el estrés. Antes de fundar el Instituto de Terapias Integrales y Enseñanzas Energéticas (ITIEE) junto a su hermana Mercedes, era directora general de una empresa. Recuerda que “llegó un momento en que ésta se amplió y tuve que despedir a gente. Comencé a alterarme: chillaba, estaba acelerada, irritable... No era yo. Me notaba alterada, pero no supe identificar lo que me pasaba, porque el estrés se manifiesta cuando uno para”.

Y Victoria paró y se dio cuenta de cuál era su problema. “Me fui a Estados Unidos a hacer un curso de una terapia llamada EMDR. Entonces comprendí que había experimentado una respuesta al estrés acumulado y busqué técnicas que me sirvieran para manejar la tensión”. Descubrió que había muchas herramientas que le podían ayudar a comenzar una vida más pausada. Sin acelerones, sin tabaco, sin conflictos de trabajo... Victoria tiene muy claro que el estrés debe abordarse desde todos los aspectos: físico, mental y emocional, y así lo hizo consigo misma. Empezó por su cuerpo: dejó de fumar, se inició en el Tai Chi, relajación, respiración, masajes, osteopatía, gemoterapia... Para su salud mental, aprendió a hacer sólo una cosa cada vez, para que el cerebro descansara. “Antes de dormir, me acostumbré a dejar escrito lo que tenía pendiente, así no daba vueltas en mi mente”, dice. También trabajó con sus emociones, “para poder descansar porque, si no, no duermes y acumulas sueño, y comienza el círculo vicioso”.

Ahora, todo lo que puso en práctica consigo misma lo ofrece a sus clientes. Victoria ha introducido terapias tan novedosas como la psicología energética o el EMDR, excelentes para combatir el estrés, porque “sirven para liberar el peso de las emociones. Cuando estamos estresados, funcionamos en estado de supervivencia y lo emocional se dispara: no te concentras, pierdes las cosas, no retienes la información... Con estas terapias, las emociones pierden importancia y así podemos comenzar a trabajar en la parte racional”. Mientras ella atiende a los pacientes en su consulta, su hermana Mercedes derrocha energía organizando el agitado día a día del centro: atender llamadas, cuadrar la agenda, descubrir nuevas terapias... También programan talleres de fines de semana, en los que Victoria ayuda a las personas a relajarse: “Siempre les recuerdo que hay unos comportamientos básicos que propician el estrés: el victimismo, el perfeccionismo y el ser hipercrítico. Les enseño a cambiar su forma de mirar, a manejar las preocupaciones... En el fondo, es sencillo: se trata de hacer cada cosa a su tiempo y ¡vivir aquí y ahora!”.

Más información:

ITIEE. Tel. 915 496 126. Internet: www.itiee.org

 

 

Javier Melguizo: “Pintar es una forma de limpiar nuestro inconsciente”

Artista plástico y terapeuta de Integración Creadora

 

Javier vive y trabaja en La Nave, un espacio diáfano y pintado de blanco en un barrio del sur de Madrid donde se encuentra a sus anchas: “Tener mi espacio para moverme, bailar, pintar, meditar, impartir mis clases... me da mucha tranquilidad, porque es un lugar que está al margen del mundo exterior”, dice. Él es una persona tranquila y afable –“¡aunque tengo mis días malos!”, advierte- para quien la introspección “es muy necesaria, porque nos olvidamos de estar con nosotros, siempre andamos buscando fuera en vez de dentro”.

Licenciado en Bellas Artes, Javier pinta desde muy pequeño. Además, imparte unas clases muy especiales. “Comencé enseñando en plan académico, pero me acabó pareciendo algo limitado”. Y como también daba clases a niños, observó cómo ellos pintaban, jugaban... “Ya que tengo una formación paralela en danza y en bioenergética, introduje el movimiento para imitar ese proceso de los niños. Poco a poco he ido haciendo mi propia mezcla”. La danza transformó su forma de pintar: “Dejó de ser algo mental y se convirtió en intuitivo y espontáneo”, reconoce.

Lo mismo ocurre con sus alumnos, entre los cuales hay mucha variedad. Desde artistas que se hallan bloqueados a nivel creativo o expresivo hasta gente que tiene la pintura como hobby. “Pero la inquietud es común: todos quieren expresar cosas y no saben cómo”. Ahí es donde Javier les ayuda. Sus alumnos acuden porque tienen una inquietud artística, y a menudo notan que las clases acaban repercutiendo en otros aspectos de su vida. “Ocurre porque combino el movimiento con la plástica. Siempre comienzo con un trabajo corporal que toma elementos de yoga, danza, bioenergética... Todo eso suelta el cuerpo. Notan una gran relajación, y es fundamenta relajarse física y mentalmente para poder crear. Para mí, el cuerpo es el camino de acceso a la emoción, y el movimiento permite desbloquear, y no tener prisa ni juicios a la hora de crear”.

Por eso, La Nave es también un oasis para los alumnos: “Me dicen que cuando están aquí se les olvida la vida cotidiana, que este espacio es un refugio y los problemas y el estrés se quedan fuera”, cuenta Javier. Pintar les permite conectar con su interior y desconectarse del estrés. Además, Javier parte de un planteamiento muy lúdico: “Se trata de recuperar el juego. No se viene a ‘hacer Arte’, porque pensar eso también bloquea. Es el placer de hacer por hacer, sin un objetivo práctico”.

Pintar es, también, una forma de terapia. “Al pintar emergen muchos contenidos inconscientes. Igual que en sueños elaboramos cosas y les damos una forma simbólica, aquí es lo mismo: al relajar el control mental surgen imágenes más allá de lo racional, relacionadas con necesidades, deseos, bloqueos... Es una manera de sacarlas del inconsciente y limpiarlas, verlas fuera, conocerlas, medirse con ellas”, dice Javier. 

Él no sólo disfruta con sus clases, sino que reconoce que “aprendo mucho de los alumnos, y con frecuencia me enseñan maneras de crear cosas que a los artistas profesionales se nos olvidan con los años, los hábitos y las manías. Cuando empiezan son frescos y espontáneos”. Además, es un excelente contraste con su otra faceta: “El trabajo de artista plástico es muy solitario y por eso me enriquecen las clases, el contacto, notar cómo mis alumnos evolucionan y hacen cambios en sus vidas. Un chico me dijo una vez ‘Desde que pinto, también cocino’. Llevan la creatividad a su vida diaria, y me satisface mucho verlo”.

Más información:

La Nave. Tel. 653 10 70 42. E-mail: lanave88@yahoo.es

 

 

Isabel Salama: “El contacto con la naturaleza me hizo fuerte y comprensiva”

Psicóloga y experta en Terapia Asistida con Animales

 

Dicen que muchos se hacen psicólogos o terapeutas para comprender sus propios conflictos pero, cuando Isabel comenzó la carrera de Psicología, era una chica feliz: “No me hacía preguntas, tenía la protección de mi familia, un novio, salud, hacía deporte. Un mundo de rosas”. Pero un día aparecieron los problemas, y con ellos el estrés: sus padres se separaron, su novio enfermó a pocos días de la boda... “Ahí aprendí lo que es la ansiedad, el miedo, la incertidumbre”. Y entonces comprendió que el hecho de haber estudiado Psicología no le servía. “La vida me puso a ocuparme de mí misma y no sabía cómo hacerlo, porque yo había estudiado para los demás”.

Todo aquello le dio la oportunidad de unir la formación académica y científica con la sabiduría que le dio su propia experiencia. Ahora que está en la posición de terapeuta, siempre recuerda los momentos en que estuvo del otro lado. “Cuando viene una persona a mi consulta, le hago saber que sé de qué me está hablando. Además, mis pacientes son mis maestros. Me traen un mundo nuevo de conocimiento, nuevas experiencias y nuevas fuentes de sabiduría”. Para ella, no hay nada como verles evolucionar: “Cuando una persona cambia su rictus, comienza a sonreír, a respirar con ritmo pausado, a embellecer y ver la vida como una constante oportunidad para llegar a ser feliz y amar, sé por qué estoy aquí”, dice.

Isabel encontró la llave de su crecimiento personal en su amor por la naturaleza y los animales. Cuando estaba inmersa en ellos, sentía cómo fluía con la vida. “Precisamente, el estrés se caracteriza por la pérdida de ese ritmo vital. Como se dice coloquialmente, uno se ‘pasa de rosca’. Pero si entramos en contacto con la respiración, el paisaje, el horizonte, la luz solar, los colores, los sentidos, los sonidos... despertamos a ese otro estado de consciencia”. Ella lo experimentó cuando, en sus peores momentos, pasó muchas horas junto a su yegua y sus perros, en plena naturaleza: “Sentía cómo se expandía mi capacidad de comprensión, de aguantar la soledad. Por unos instantes mágicos, la incertidumbre desaparecía, no había pensamientos, angustia, ni preocupaciones. Eran momentos de meditación, cuando uno no piensa ni siente, simplemente está”.

Por eso, no tardó en sentir la necesidad de compartir sus experiencias, y amplió su extenso currículo aprendiendo técnicas de psicoterapia con animales. Es una de las varias herramientas que maneja para enseñar a combatir el estrés. En su opinión, “el estrés puede aparecer de repente, pero a partir de ese momento será una amenaza constante. Forma parte de los estímulos que recibimos continuamente en este frenético mundo así que, que para poder vivir con ello, necesitamos estar sanos en nuestro interior. Esto se podría considerar como un trabajo largo y doloroso, pero ¡no lo es! Al contrario, se trata de una nueva manera de afrontar la vida”.

... Y que, sin duda, reporta muchos beneficios: “Recuerdo un momento maravilloso, ocurrió en California haciendo un máster con caballos. Me asignaron una yegua con la que tuve un instante de comunicación esencial. Ella hizo el gesto de empujar con su morro mi barbilla hacia arriba, un día que yo miraba hacia abajo. Ese gesto de amor marcó mi vida”.

 

Más información:

Tel. 646 72 42 02. Internet: www.isabelsalama.com