Perros, relaciones y Eneagrama
Por: Isabel Salama y Alvaro Reyes

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Desde tiempos ancestrales, el hombre en su búsqueda de conocimiento personal, ha realizado cientos de miles de descubrimientos en la ciencia, y se ha dedicado al estudio de diferentes ramas: la filosofía, la física, las matemáticas, la biología, y entre otras tantas, se encuentra la etología que es el estudio de la conducta animal, como base fundamental para la correcta interpretación que debemos realizar a la hora de relacionarnos y estudiar a los animales.

Con respecto al perro (canis familiaris) sabemos que existen un conjunto de señales que nos indican su estado emocional, la postura de su cuerpo, su cola, orejas, belfos, forma arqueada de su columna, los sonidos que realizan, etc. Todas estas señales son comunes para todos los perros que conocemos, desde un san bernardo hasta un Bulldog y también un perro mestizo. Hemos aprendido a reconocer dichas señales, visualmente claras, pero así como el perro necesita oler para creer, el hombre necesita conocer para creer, y es aquí donde interviene la psicología humana, el estudio del comportamiento humano, donde el autoconocimiento será la manera de encargarse de cerrar el puzzle, pues con ella en mano, encajamos las piezas que nos faltan.


Por un lado tenemos la etología canina, su estudio nos ha interpretado con gran certeza el ¿por qué? del comportamiento de los animales, en este caso el perro. Pero la interpretación de dichos estudios, partiendo de la experiencia y por tanto de las vivencias particulares del hombre con su amigo de cuatro patas, nos ha llevado entre los profesionales del campo, a establecer discusiones sobre el mismo comportamiento del perro e incluso su procedencia. No pretendemos indagar en la cuestión de procedencia, pero si en un  hecho, y es que entre los estudiosos y practicantes de la materia aún no hay una forma clara de llamar a las cosas por su nombre, todo ello gracias a tantas maneras y formas tan diferentes y variadas que el hombre posee para interpretar cognitivamente lo que sus sentidos perciben.

A un nivel más familiar, el perro de nuestra casa será entendido e interpretado desde muchos puntos de vista, todavía con la etología en mano, y veremos que no acabamos de tener claro cómo es nuestro perro. Esa será la primera piedra en el camino, y la veremos cuando queramos interpretar el comportamiento de nuestros propios perros. Mi experiencia como adiestrador canino y practicante de la etología aplicada, me ha demostrado que nadie conoce mejor y peor a sus perros que sus propios dueños.

Se abre un importante matiz a la hora de trabajar en el adiestramiento, la rehabilitación o educación de un can, puesto que cada individuo, indistintamente de su raza, presenta unas características que hacen de ese animal único en su especie. No pretendo hablar sobre el adiestramiento en sí mismo, si no de mi experiencia al ver que los mejores adiestradores, crean un plan en su entrenamiento, basándose en las características comportamentales y de temperamento del animal. Repito, indistintamente de las técnicas que se empleen para el adiestramiento en sí mismo, de las cuales hablaremos más adelante, el trabajo real del adiestrador está en el canal de comunicación que utilice no sólo con el perro, sino también con el dueño del animal.

Fijaros como con el tiempo el trato en la educación del hombre a variado con los años, a mis padres, si se equivocaban les castigaban incluso físicamente, hoy en día, en algunos países, el castigo en la educación es un serio tema de debate, de hecho algunas legislaciones permiten al menor, denunciar a sus padres al más mínimo regaño. No es el tema que nos sugiere esta exposición, pero sí de adelantar la hipótesis que de la misma manera que tratamos a nuestros hijos el hombre actual trata a sus mascotas, y ese paralelismo es inseparable y camina de la mano por el mismo hecho de nuestra realidad como hombres.

 Si juntamos la antropomorfización (dar cualidades humanas a un animal) tan elevada por el desconocimiento social de la misma palabra, con un hecho biológico, donde el perro establece una estrecha relación con el hombre, puesto que de él depende su supervivencia, tenemos como resultado a un ser mimetizado psíquica y en algunos casos físicamente con el hombre. Existen refranes que hablan de ello, como aquel que dice: ¨ que todos los perros se parecen a sus dueños ¨ y observamos, que así es.

 La capacidad de adaptación de los antepasados más lejanos del canis familiaris, fue la responsable en dar el primer paso en la relación hombre-perro, y sigue siendo la principal responsable de ciertas similitudes entre las dos especies. Dicha capacidad de adaptación ha hecho posible un nivel tal de comunicación, que incluso muchos de nosotros no nos llegamos a imaginar. Todos los sentidos de perro, están a disposición de dicha tarea. Los científicos, han realizado experimentos que demuestran que el perro a diferencia del chimpancé es capaz de entender sin previo aprendizaje el seguir la indicación de la mano de un hombre, y se ha demostrado incluso que pueden seguir nuestra mirada y comprender su intención, así como la capacidad de estudiar nuestros movimientos, al punto de distinguir cualquier variante física y química, interna o externa. Estamos pues delante del ser vivo mejor adaptado a la comprensión y captación de nuestros ritmos vitales, emocionales e incluso me atrevería a decir, espirituales.

Por todo lo expuesto anteriormente, definiríamos al perro como el ser vivo más adaptado a nuestros ritmos de vida, pues de ellos depende su supervivencia. Pero sin confundir el importante hecho de que ellos no pueden razonar al respecto, pues no tienen herramientas cognitivas en su cerebro, simplemente como animales no racionales, reaccionan a ciertos impulsos, y dichas reacciones pueden en ciertos momentos llegar a desconcertarnos.

Fácilmente nos confundimos con nuestros propios pensamientos, de hecho esa es la cuestión a tratar de este artículo. Tantos humanos somos como maneras de comprensión existen en el planeta para interpretar y ver el mundo. De esa interpretación y de la manera en que la comunicamos a los demás, dependerá el alcance de nuestro éxito en las relaciones y por ende del alcance de la felicidad. De esta manera, encontramos en nuestros perros un escape al exterior de nuestra personalidad, y en nuestra condición única como individuos, el perro es una proyección de nuestro ser.

Descubrimos así una nueva herramienta que nos ayudará en nuestro camino para el autoconocimiento personal en el área de nuestra relación con nuestro perro, y que podrá ser extrapolable a nuestras relaciones en general.

El Eneagrama se encarga de explicarnos las distintas variables comportamentales de la psique humana, en sus nueve eneaestilos o maneras de sentir, pensar y comportarse, y a través de sus alas, flechas, y las variantes instintivas. Afirmamos así, que cada persona transita y tiene un lugar en el eneagrama, un lugar que está en movimiento y que representa al hombre en sus variantes emocionales y maneras de reaccionar según las mismas. Este estilo o manera de ser que el eneagrama describe extraordinariamente, se representa en el estado emocional  del perro, dotando al mismo de un eneaestilo también, en el eneagrama, según la experiencia que haya tenido el animal con el ser humano, como necesidad de adaptación al mismo. Esta es una investigación que estamos llevando a cabo muchos profesionales y que nos proponemos a lanzar como hipótesis en una consiguiente investigación.

Algunas razas en sus estados emocionales más equilibrados nos traen la representación generalizada de un eneatipo en cuestión dependiendo de su procedencia y de para qué función han sido diseñadas. Algunos países, se pueden ubicar de forma generalizada por el impacto y la manera en que su política exterior e interna se manifiesta a ojos de la humanidad. Los perros habrán sido seleccionados según las necesidades de sus creadores, y estas necesidades habrán dependido a la vez de la realidad político-socio-cultural del país.

Tenemos entre manos dos cuestiones en observación, la pertenencia de los perros a un eneatipo en cuestión en función de su creación para determinadas funciones al servicio del hombre en un estado emocional natural dentro de su equilibrio físico  psíquico, y en segundo lugar a un eneatipo en la representación adaptativa según las fases emocionales equilibradas o perturbadas asimiladas por el contacto con su dueño y los tránsitos del mismo en un nivel de conciencia determinado o por el lugar donde está transitando dentro del eneagrama.

Se abre pues un mundo de posibilidades a nivel comunicativo entre el canis familiaris y los seres humanos, en un mundo lleno de posibilidades en las interacciones que realizan estas dos especies, como el entrenamiento para perros de protección, de salvamento, de asistencia, perros utilizados en terapia, o el perro que tenemos en nuestra casa mientras leemos estas líneas. De la misma manera que hemos adiestrado a los perros por sus cualidades para determinadas tareas, nosotros desarrollaremos también aptitudes y actitudes para cumplir una función en nuestra sociedad. Del desarrollo de dichas funciones, comprendiendo la comunicación en un nivel de autoconocimiento adecuado, podremos sacar adelante todo cuanto nos planteemos en nuestras vidas encontrando nuestra misión en este mundo en que vivimos. Y adelantamos que va a depender de nuestro nivel de autoconocimiento, del autodominio de nuestros impulsos más viscerales y del desarrollo a niveles de conciencia superiores, que nuestras relaciones con nuestros perros van a dar un salto cualitativo importante para poder comprender mejor la funcionalidad de las mismas.

Cada vez que interactuamos con nuestro perro, estamos educando, jugando e interaccionando la proyección de nuestro eneatipo, es decir, de nuestra personalidad y la manera en que la plasmamos en nuestras relaciones.

07 de noviembre del 2011,
Isabel Salama y Alvaro Reyes.