Colaboración para CARAVANA No. 5

 

El Eneagrama es una herramienta, no una solución.

 

¿Alguna vez te has preguntado por qué, después de algunos días o semanas, el maravilloso sentimiento de bienestar con que salimos del seminario, decae, y parecemos volver a lo mismo? La respuesta es simple: Permitimos que el ego, mamarracho de nuestra exclusiva producción, crezca de nuevo y cree una sombra que no deja proyectar nuestra luz interior que no es otra cosa que nuestro Ser Real. Ese ego, disminuido al mínimo gracias a la experiencia del seminario, nos dejó transitar un tiempo por la vida con otros ojos y vivir la experiencia de actuar desde la Esencia. No pierdas por favor ese recuerdo que te demuestra que un cambio interno profundo es más que posible. Tu no hiciste nada para que brotara la Virtud porque esta se proyectó en forma natural. Pertenece a la esfera innata e incorruptible de tu ser y se manifestó cuando quitaste de en medio el muro egótico construido por ti como estrategia de supervivencia, al que llamamos personalidad y que el Eneagrama describe e identifica con un número de 1 a 9, de una manera precisa y certera que no podemos discutir.

El ego es la VISIÓN DE SÍ MISMO que motiva todos nuestros esfuerzos y que explica toda la historia de nuestra vida. Así nos presentamos y queremos ser reconocidos. Nos sentimos morir cuando creemos que es atacado. Dependiendo del tipo de personalidad, lo podemos denominar como Yopuedo (8), Yoenpaz (9), Yoreformo (1), Yobuenoayudo (2), Yohagocosas (3), Yodiferente (4), Yosemás (5), Yobedezco (6) y Yodivierto (7). Cada palabreja de estas (neologismos, diría un cinco) engloba a muchas similares que podrían describir cada uno de los 969 yoes que integran la personalidad humana: 323 por cada centro de energía instintiva, emocional y cerebral. Por ejemplo: Yopuedo , es el empaque tamaño familiar de yopotente, yomando, yocapaz, , yofuerte, yoatropello, yoexcesivo, yoverraco y muchos más. El trabajo personal, en gran parte, consiste en identificar cada uno de estos sujetos. La mayoría desaparecen con el solo hecho de pillarlos de frente, cosa que se logra exclusivamente con la autoobservación atenta y despierta.

El ego es tan sutil y sofisticado como la mente del paciente que lo soporta. Si concebimos la visión de sí mismo como un bunker, la ESTRUCTURA viene siendo el Jefe de Seguridad. La estructura es el brazo armado que defiende todo el montaje. Es aquello que vemos tan fácilmente en los demás y tanto trabajo nos cuesta ver en nosotros: la viga en el ojo. Adopta más formas y modalidades que la lista de sinónimos que seamos capaces de recopilar. El presente escribidor de tipo 5, cuando salió del seminario hace un año, solo relacionaba su estructura con tacañería de plata y muy orondo creía que estaba hecho. Hoy, tiene ya una lista de 80 variantes de mezquindad, de las cuales no comete sino 21. Algo similar se puede hacer con la venganza, la indecisión, el resentimiento, el halago, el engaño, la cobardía y la planificación. De allí el trabajo escrito que se recomienda en la primera reunión de grupo. Por el solo hecho de ver cuándo, cómo y de qué forma sucede, y llevar la cuenta, va disminuyendo la frecuencia y se va rompiendo la estructura. A continuación transcribo, adaptado un poco a la terminología que usa el seminario, un aparte de un libro de referencia * que encuentran muy útil los psicólogos académicos que conocen sobre Eneagrama.

El aporte más valioso del Eneagrama para el crecimiento personal consiste en dirigir la autoobservación en una dirección concreta, es decir, hacia todo lo que "normalmente" no percibimos de nosotros mismos. En el momento en el que "yo" me doy cuenta del funcionamiento de mi tipo de personalidad , ya me "he" desmontado un poco y ya no estoy tan ciegamente identificado con mis automatismos internos y externos. El resto deberá hacerlo el que podemos llamar el "observador interno", abreviado, el o.i.

Esta es una denominación apropiada para definir el "yo" percibiente, el cual es un estado especial de la conciencia que, además, es una función del cerebro, específica de la especie humana. Sólo los humanos somos capaces de observar con consciencia interior, lo que estamos experimentando y la forma como lo estamos haciendo, y ser conscientes de esta observación. Los animales también "experimentan", pero solamente viven lo que les sucede. "Dios duerme en la piedra. Sueña en las flores. Se despierta en el animal. Sabe que ha despertado en el hombre", es un antiguo proverbio asiático que invita a las personas a que también lo sepan.

El o.i. no toma parte en los procesos de percepción, pensamiento, sentimiento y conducta que estén ocurriendo ahora mismo. Sólo registra lo que está sucediendo ahora mismo sin elogio ni reproche. No tiene ninguna intención, salvo la de querer reconocer y comprender exactamente qué y cómo es lo que estoy pensando, sintiendo y haciendo (o no haciendo) en este momento. Está totalmente despierto y atento a todo lo que ocurra alrededor.

Este estado interno se puede describir con tres adjetivos: ACEPTANTE, ININTENCIONADO, ATENTO.

Si alguna de estas tres cualidades se pierde, se convertirá en otra cosa. Entonces la autoobservación adquirirá un matiz que ya no concuerda con el estado del o.i.; lo "aceptante" se convertirá en "valorativo" (autocrítica), lo "inintencionado" se convertirá en "enfocado hacia una meta", lo "atento" se convertirá en "adormilado" (una recaída en la falta de atención y la inconsciencia).

Cuando se activa el o.i. y se ejercita con la mayor constancia posible la autoobservación, comienza un camino de desarrollo razonable para poder "trabajar" con el propio tipo de personalidad: practicando la observación aceptante, inintencionada y atenta, podemos crearnos una distancia, respecto a nuestros automatismos. En ese momento, ya no estaremos inconscientemente identificados con el patrón de comportamiento y este es el primer paso importante para salir de ello.

Cuando funcionamos desde dentro de nuestro estilo de percepción, pensamiento, sentimiento y conducta, entonces nuestra atención está automáticamente "pegada" a las demandas del respectivo tipo de personalidad. Veo, oigo, siento, pienso y me comporto de la manera acostumbrada y no me doy cuenta. Pero si consigo cambiar de lugar interno, como si me bajara del escenario de mi vida hacia la sala de espectadores, recargando al o.i. con atención, entonces cambia la relación que mantengo conmigo mismo.>

La condición de espectador es la anterior a la de director del drama, asistente eficaz del Director de la Obra: Dios.

FERNANDO URIBE SAAVEDRA. Cali.

*Gallen, MA., Neidhardt, H. (1997) "El Eneagrama de Nuestras Relaciones" Ed. Desclée De Brouwer, S.A. Bilbao.