¿ En qué curso se matricularon?
Aun cuando usted no lo
crea y no lo sepa, ahora está admitido en un curso.
Usted está en este
momento aprendiendo algo. Por lo tanto, está matriculado en un taller,
seminario o asignatura, como quiera llamarlo, porque tanto usted como yo, como
sus vecinos o familiares o sus compañeros de trabajo o universidad, todos,
absolutamente todos, estamos aprendiendo algo. Para eso es que venimos. O si lo
quiere con otro lenguaje, para eso es que vivimos. Para aprender. Cada quien
tiene que cursar una asignatura diferente.
Todos y todas somos
contemporáneos, vivimos en la misma época, como quien dice 'asistimos' a la
misma universidad. Pero no estamos presentes en la misma asignatura. No tenemos
que aprender lo mismo.
¿Cuál es su curso? Fácil
de encontrar la respuesta: ¿qué es lo que más le talla en la vida? ¿Qué es
aquello que no soporta? ¿Qué es aquello que lo saca de casillas o que lo sume
en la depresión o que lo vuelve insoportable? ¿En esa persona cercana a usted,
qué es aquello que no tolera? Sí, aun cuando suene sorprendente, vinimos a
aprender lo que todavía no sabemos. Es decir, lo que todavía no dominamos. Lo
que todavía nos mortifica o perturba. Lo que no logramos asimilar o aceptar.
Para un niño de Segundo de primaria las matemáticas de Segundo son
dificilísimas. Pero si este niño está en Octavo, las matemáticas de Segundo ya
son facilísimas. ¿Cuál es la diferencia? Simple y llanamente que ya las
aprendió, por lo tanto dejaron de ser complicadas. Entonces todo aquello que
hoy por hoy le cueste trabajo para vivir, es el curso, la asignatura que tiene
que adelantar. Y que, aun cuando se muera de la rabia y la impotencia, no
ascenderá de curso hasta que no aprenda. Por eso, 'pasa examen' a diario. Y es
allí donde puede comprobar si ya está listo, es decir, si aprobó la materia
porque ya la aprendió.
Pero he allí la paradoja
de la condición humana: si ya la aprendió, ya no le talla, dejó de tener
importancia. Y viene otra. Otro curso por aprender. ¡Ese es el sentido de la
vida! Aprender lo que no sabemos. Aprender lo que nos talla y mortifica porque
vivimos para crecer espiritualmente. Las personas cercanas a nuestras vidas
están allí para servirnos de 'instrumentos de aprendizaje'. Pero su misión no
es enseñarnos. Ni la de nosotros enseñarles a ellas. Cada quien está en su
propio curso. Sólo que todos los cursos de nuestros contemporáneos son a la
vez, en el mismo momento y algunos se cruzan. Pero no son la misma materia.
El estar aquí, en la vida
en estas circunstancias fue 'libremente' escogido por cada quien porque es lo
que nos falta para seguir creciendo, para poder ser parte de esa energía
cósmica o parte de Dios, o como quiera llamarlo. Y ojo, no se asciende de curso
hasta que no se apruebe. Y entre más se resista a aprenderlo, más trabajo le
costará superarlo y más se demorará en aprobarlo. Aún más, es posible que la
persona que más lo mortifique sea su 'alma gemela'. Sí, sorpréndase, la
expresión de 'alma gemela' como aquella que lo entiende, lo chocholea, lo
acaricia, lo acepta todo, no es tan válida en el terreno del camino espiritual.
Es posible que su alma gemela esté allí precisamente para 'tallarlo' y que
usted pueda aprender el curso que todavía no ha aprobado.
De allí que el mal
como se conoce en el mundo material no existe para el mundo espiritual. El
denominado mal es su 'examen' para aprobar la materia. Si usted tiene, por
ejemplo, que aprender a perdonar existirá alguien en el mundo que lo va a
mortificar, o que le va a hacer daño para que usted pueda 'aprobar' el curso
del perdón. O si no, ¿cómo esperamos superar el curso en el cual estamos
matriculados? Nunca jamás será en teoría. Y allí donde más nos talla, más
aprendemos.
GloriaH.