De Hidayat Inayat
Khan en el lago O'hara, Canadá, 1999. Traducción de Sharifa Olga Lucía
Jaramillo:
El Arte de la Personalidad
El arte de la
personalidad es la primera y última lección del camino del despertar interior, y el secreto de este arte se puede
identificar en todas las enseñanzas religiosas. Los métodos adoptados pueden
ser diferentes en los detalles, pero el objetivo en cada caso es el mismo. La
tragedia entera en la vida es perder de vista el ser natural de uno mismo, que
es cubierto por el falso yo. Es por lo tanto, que todos los métodos para
entrenar el ego son útiles para ayudar a distinguir entre el ser natural y el
no natural. Afinar el corazón es la fuente secreta de toda felicidad porque
ofrece éxito en nuestros compromisos hacia nuestros congéneres, de la misma
manera que corre el velo que separa la ilusión del yo de la Divina Presencia en
toda la creación.
En el desarrollo del arte
de la personalidad, el sentido de la belleza y la sinceridad incondicional son
dos consideraciones principales. La rosa y la espina son el resultado de la
misma planta. Es solo que la belleza, fragancia y color latentes en la raíz se
expresan ellos mismas en el florecimiento de la rosa, y no en la espina. Al
respecto, la única diferencia entre una planta de rosa y el ser humano es que
el ser humano puede usar su fuerza de voluntad, con la ayuda, ya sea del color,
fragancia, belleza, o espina que estén a su disposición. Así como ambas, la
rosa y la espina vienen de la misma raíz, el santo y el pecador vienen de la
misma fuente, Dios el Creador.
Respecto a la sinceridad,
hay muchos que pulen sus modales y hablan con un enfoque calculado y
psicológico. Pero el pulimiento no es necesariamente belleza y la psicología no
es necesariamente sinceridad. Sin embargo, sinceridad sin belleza puede ser tan
fea como la no sinceridad. En otras palabras, se requiere equilibrio en el
contexto de sinceridad y belleza, así como en la música el balance en tono y
ritmo es la condición para una comunicación inspiradora.
El tacto, que viene de un
profundo sentimiento del corazón, es el signo de los grandes en espíritu, que
han servido a la humanidad de muchas maneras. El tacto es la naturaleza misma
de una persona espiritual, que encuentra más fallas en ella misma que aún en
una persona que carece de tacto. El tacto no puede ser aprendido y las
cualificaciones mundanas no hacen realmente a alguien una persona de tacto. Uno
puede imitar a una persona de tacto, pero un enfoque pulido no es lo mismo que
la amabilidad. Tarde que temprano el falso tacto reprobará el examen. Una
persona de tacto muestra sabiduría, inteligencia, sutileza e inclinación
poética. Muchos llaman a la persona de tacto, "hipócrita", pero ¿qué
sentido tiene la verdad directa, tirada como una piedra, que rompe el corazón?
No hay virtud en la verdad que no tiene belleza. ¿Qué puede una persona piadosa
conseguir, si cuando se imagina siendo buena, causa infelicidad a otros debido
a la falta de tacto? ¿De qué sirve la piedad, o aún la espiritualidad, si ellas
no crean felicidad?
El arte de la personalidad
no es ni reclamar honores, ni un vano despliegue de rangos y condecoraciones o
distinciones del falso orgullo. Es un estandarte de sabiduría alrededor del
cual hermanos y hermanas de todas las convicciones se unen en uno y el mismo
ideal.
La espiritualidad
es el desenvolvimiento de
la nobleza innata.
Es la Divina Herencia de cada alma.
El propósito del esfuerzo serio en el camino espiritual
es llegar a ser consciente de esa Divina Herencia
que se revela así misma en el despertar al llamado interno.
La nobleza de espíritu,
que para los Sufis es llamada,
"La Manera de Dios"
no puede ser ni enseñada ni aprendida;
brota como un Divino capullo
cuando uno se vuelve consciente de su Mensaje.
Esta Manera, o "nobleza innata",
es el más alto principio religioso,
la verdadera aristocracia del espíritu
y el más bello ejemplo de democracia
en el lenguaje del corazón,
que se expresa a sí misma en términos de
tolerancia y perdón hacia todos.