El Estrés

1. Introducción.

Para Yela, el ser humano está cansado, y este cansancio se debe a que sufre un estrés crónico que amenaza su subsistencia. El estrés al que está sometido la persona actual tiene su origen en la misma sociedad en que vive, una sociedad en la que imperan las máquinas, los ruidos, los mensajes, la contaminación, etc.

Por otro lado, dice Papalia, que un poco de estrés es positivo en cualquier momento de la vida. El estrés no supone exclusivamente experiencias dolorosas. También está presente en el salto de alegría de un bebé que recibe a su madre al volver a casa, en las explosiones de risa que acompañan el juego de un niño y la excitación impetuosa de los primeros pasos temblorosos, gateando hacia un mundo más amplio.

El ser humano, para madurar a todos lo niveles, debe aprender a afrontar ambos tipos de extrés y a convivir con ellos.

 

2. Concepto de estrés.

 El término estrés es anterior al uso científico de esta palabra. Ha sido utilizado para expresar: dureza, tensión, adversidad, etc.

Empleado en el contexto de la física, hace referencia a "la fuerza, o sistema de fuerzas, que producen deformación en un cuerpo por la presión que ejercen".

Podemos llegar a la conclusión de que estrés significa tensión, malestar, etc. , en cualquier caso "algo malo". Por tanto, una buena profilaxis del estrés, sería eliminar las tensiones, los sobresaltos, de modo que si identificábamos la ausencia de estrés con el concepto de salud, ésta sería un estado idílico de bienestar muy próximo a la monotonía y el aburrimiento. No sería extraño, por tanto, que las personas activas, ávidas de estímulos y amantes de las emociones agradables, se declaren contrarias a esta forma de entender la salud.

 

2.1 Estrés.

 Cualquier interferencia que altere el estado de bienestar mental y físico de una persona. El estrés puede experimentarse como respuesta a una amplia gama de estímulos físicos y emocionales, incluyendo la violencia física, los conflictos internos y los acontecimientos vitales importantes (el fallecimiento de una persona amada, el nacimiento de un hijo o un divorcio). Algunas personas son más susceptibles que otras al estrés producidos por las enfermedades.

Efectos del estrés:

Cuando se enfrenta a una situación estresante, el organismo responde incrementando la producción de ciertas hormonas, como el cortisol y la adrenalina. Estas hormonas dan lugar a modificaciones en la frecuencia cardiaca, la tensión arterial, el metabolismo y la actividad física, todo ello orientado a incrementar el rendimiento general. No obstante, a partir de un cierto nivel, el estrés supera la capacidad de adaptación del individuo. En situaciones catastróficas, como incendios e inundaciones, tan solo un 20% de las personas son capaces de actuar eficazmente.

La exposición continua al estrés suele dar lugar a síntomas mentales y físicos constantes, como son la ansiedad y la depresión, la dispepsia, las palpitaciones y los dolores o molestias musculares. La tensión postraumática es una respuesta directa a un acontecimiento estresante específico.

 

2.2 Estrés y frecuencia cardíaca.

 La gráfica muestra las oscilaciones en la frecuencia cardíaca de una persona durante las actividades cotidianas. El ejercicio físico y el estrés activan al sistema de "lucha o escape" del organismo e incrementan la frecuencia cardíaca; no obstante, la estimulación repetída del sistema sin una actividad física simultánea tiene probablemente un carácter lesivo.

 

2.3 Niveles de estrés a lo largo del día.

 Aunque existe estrés tanto en el hogar como en el lugar de trabajo, para muchos habitantes de las ciudades los momentos del día más peligrosos son los que emplean para trasladarse de un lugar a otro.

 

2.4 Signos de estrés:

 t    Irritabilidad, hiperexcitación o estado depresivo.

t    Conducta impulsiva e inestabilidad emocional.

t    Dificultad de concentración.

t    Ansiedad e hipercinesia o hipermotilidad.

t    Temblores y tics nerviosos.

t    Predisposición a asustarse.

t    Tensión emocional e hipervigilancia.

t    Impulsos irresistibles de gritar, correr o esconderse.

t    Sensaciones de irrealidad, debilidad o vértigo.

t    Predominio de sensación de fatíga y pérdida de la alegría de vivir.

t    Dispepsias, náuseas y, a veces, vómitos.

t    Mayor consumo de alcohol y tabaco.

t    Insomnio y/o pesadillas.

t    Tensión premenstrual o alteraciones en los ciclos menstruales.

t    Palpitaciones cardíacas.

t    Cefaleas de tipo migrañoso.

t    Sequedad de boca y sudoración.

t    Dolor en las cervicales o en la parte inferior de la espalda.

t    Disminución o aumento del apetito.

t    Aumento del consumo de fármacos (tranquilizantes).

 

2.5 ¿Quién escapa del estrés?

 Por desgracia, en las sociedades civilizadas, el desarrollo es contradictorio, aun cuando se le tilde de "humanizante". El ser humano se ve amenazado con quedar sometido física y psíquicamente al aparato del desarrollo creado por él.

Los niños que, por falta de espacio y por consideración a los vecinos, no pueden alborotar y en vez de ello permanecen sentados durante horas frente al televisor, no sólo se vuelven débiles corporalmente si no que también tienen el sistema nervioso sobreexcitado. A los jóvenes se les exige demasiado en más aspectos: anímicamente, por manipulaciones violentas y crueles desde la pequeña pantalla; intelectualmente, por la dificultad de asimilar series de telefilmes diferentes, consumidas unas tras otras; corporalmente, por el esfuerzo de la inmovilidad y, al mismo tiempo, por el abandono del sistema muscular.

Cuanto más pequeño es el niño más pesada es la carga. El que los niños pequeños se duerman, incluso si la película es interesante, es un signo de salud mental. Desgraciadamente, por regla general se ve demasiada televisión. Pero quien permanece atento durante demasiado tiempo a la pequeña pantalla con frecuencia padece falta de concentración, nerviosismo, insomnio o sueño inquieto y trastornos de estómago o intestinales.

Hoy día, a los jóvenes también se les exige mucho en la escuela. Los médicos advierten que los alumnos de segunda enseñanza a veces tienen que enfrentarse a una jornada de 12 a 14 horas de trabajo. Esto -cuando se suma al miedo a los exámenes -es un estrés de primera categoría; no pocos estudiantes tienen ya úlceras de estómago o dolencias cardíacas causadas por los nervios.

Para los adultos, la lucha laboral y competitiva, la trepidante vida de sociedad, el enfrentamiento diario con los autobuses repletos o la circualción embotellada de semáforo en semáforo son los principales factores de estrés.

En las 48 Jornadas de la Sociedad Internacional de Investigaciones Odontológicas celebradas en Nueva York, el profesor norteamericano Mangold expuso el punto de vista de que el estrés contrae los vasos sanguíneos de la pulpa dentaria, con lo cual el tejido queda insuficientemente abastecido de oxigeno y, de este modo, se producen daños en la dentadura causados por la debilidad (insuficiencia) del aparato de sujeción de los dientes.

Si las sobrecargas corporales y nerviosas pueden afectar incluso a la pulpa dentaria, se entiende que pueda ocurrir lo mismo con los órganos internos. El sistema nervioso vegetativo, que controla la contracción o dilatación de los vasos sanguíneos, transmite la intranquilidad del cerebro al cuerpo, origina una deficiente vascularización de los órganos internos y estimula sin necesidad el sistema circulatorio.

Según algunos médicos, las "personas activas" están especialmente expuestas a padecer un infarto. Las personas activas son aquellas que, a pesar de las dificultades, continúan trabajando, que intentan conquistar el éxito, que socialmente no están en el lugar que les gustaría ocupar, que se muestran valientes y no atienden a los primeros síntomas de la enfermedad, incluso la nerviosa, hasta que ésta se manifiesta físicamente, normalmente con un infarto.

Pero no sólo las presiones constantes afectan al corazón, sino también las precupaciones. Muchas frases hechas expresan la realidad de la neurosis cardíaca. Antes se pensaba incluso que el corazón era el alma del cuerpo, pues el cerebro sólo muestra su presencia a través de un dolor de cabeza (que en realidad proviene de las membranas del cerebro o de los nervios craneales; el cerebro es insensible); por el contrario, el corazón reacciona realmente ante estímulos sensitívos de todo tipo.

¿Cómo pueden la tristeza, el miedo o la ira -es decir, sentimientos que se originan por el funcionamiento de los nervios en el cerebro- arrastrar a nuestro organismo? El sistema neurovegetativo, llamado también "simpático" no significa "agradable" o "atento", como cuando se califica a una persona, sino que el término se utiliza en su significado original: "compartir la pena".

Dado que comparten los sentimientos, el sistema nervioso simpático, llamado también vegetativo, no es ni mucho menos tan "autónomo" como expresa esta última denominación. De hecho no puede ser controlado por la razón, pero es muy influenciable por estímulos del mundo que nos rodea. De esta forma, la ira o la excitación puede afectar a la vesícula biliar y al corazón.

La forma civilizada de consumir los alimentos ya no precisa de la ayuda de ingentes cantidades de ácido clorhídrico en el estómago. Es por tanto innecesario que la vista de un escaparate de exquisiteces se le "haga la boca agua" y el estómago empiece a secretar jugos. Pero es aún más innecesario que sus órganos digestívos, como reacción a los enfados laborales, durante la noche produzcan litros de ácido que digieren las mucosas y conducen a la úlcera de estómago.

Uno de los peores factores del estrés es el ruido, del que ya casi es imposible escapar. El otorrino de Nueva York Samuel Rosen informó que un ruido de 70 decibelios (dB) tiene un efecto contractor sobre los vasos sanguíneos pequeños, es decir, que causa trastornos en la irrigación. Una máquina de escribir situada a 2 metros, emite 70 dB.

En una conferencia de prensa un periodista preguntó a Roen si la sensibilidad al ruido no es una caracteristica muy individual. Por ejemplo, en una redacción hay siempre varias personas telefoneando, escribiendo a máquina o utilizando el télex simultáneamente; y a él le gustaba este ambiente ruidoso. El Dr. Rosen contestó que el ruido podía afectar psicológicamente -según la motivación- de formas muy diversas. Pero los órganos del cuerpo no pueden ni acostumbrarse ni distinguir entre ruido "agradable" y "desagradable" cualquier ruido superior a 70 dB molesta, pues a partir de esta intensidad de sonido los vasos sanguíneos se contraen.

El Dr. Chauncey Leake, profesor de farmacología y terapia experimental en la Universidad californiana de San Francisco, añadió: las ondas sonoras de cada avión, máquina cortacésped o motocicleta actúan sobre el sistema neurovegetativo, tanto si se está despierto como dormido.

"El ruido es un estrés en el sentido fisiológico y psicológico". Naturalmente, el factor psicológico desempeña un papel más importate: rara vez molesta el ruido que produce uno mismo; sólo es inaguantable el alboroto de los demás.

Si se contemplan los diferentes influjos perjudiciales del medio ambiente, el ruido es el principal causante del estrés y, sin embargo, él desencadena menos reacciones en contra. Muchas personas creen seriamente que la perniciosidad del ruido está siendo exagerada. Esto se debe a que desde el punto de vista psicológico -no corporal- podemos acostumbrarnos al ruido, bien sea por resignación o por adaptación.

 

 2.6 ¿Qué es en realidad el estrés? 

El término inglés "stress", castellanizado como estrés, significa: presión, impulso, responsabilidad, sobrecarga, tensión. El médico canadiense Hans Selye introdujo este concepto para denominar la sobrecarga al que está sometido el organismo a causa de estímulos demasiado

intensos, unilaterales o excesivamente duraderos.

Al conjunto de trastornos que sufre el organismo a causa del estrés, Selye lo llamó "síndrome de adaptación" (que significa, grupo de manifestaciones patológicas que tienen su origen en el esfuerzo que realiza el organismo para adaptarse a los estímulos).

La sobrecarga orgánica se manifiesta en primer lugar en el órgano al cual afecta. Así pues algunas articulaciones se desgastan. Pero, por extensión se produce una" reacción generalizada" del cuerpo, que es lo que actualmente se quiere expresar cuando se habla de estrés. Esta reacción generalizada se desarrolla a lo largo de tres fases, según la duración de la sobrecarga (las cuales nos podemos encontrar de forma más ampliada más adelante):

1) Reacción de alarma con choque, descenso de presión arterial, intensificación de hormonas y aumento del tamaño de las glándulas suprarrenales.

2) Fase de resistencias con reacciones irritativas; por ejemplo, formación de úlceras de estómago.

3) Fase de agotamiento que se da cuando en el segundo estadio no se consigue la curación (en general, los síntomas de la segunda fase obligan a someterse a un tratamiento médico o a terminar con la situación productora de estrés).

Pero si la sobrecarga se mantiene, el sistema de control hormonal se colapsa por completo.

Hay que tener en cuenta que Selye, cuando describió por primera vez el síndrome de adaptación en 1936, en Montreal, y luego, en 1950, cuando desarrolló la teoría del estrés, aún no pensaba en sobrecargas psíquicas, como hoy día hacemos nosotros cuando empleamos esta expresión. El Dr. Selye se refería principalmente a estímulos físicos exteriores: traumatismos, perjuicios producidos por radiaciones o calor, infecciones y también fuertes esfuerzos físicos.

 

2.7. La falacia del deporte de competición.

El hombre no sólo se somete al estrés porque no le queda otra opción, sino que lo hace también por pura diversión. Un ejemplo de ello es el deporte de alta competición. De la misma forma que el deporte equilibrado es sano, ya que ejercita las capacidades físicas hasta los límites de las propias facultades, los deprtes que ya no tienen nada en común con el objeto de recuperación física y moral dejan de serlo.

Las competiciones peligrosas, como las carreras automovilísticas, pues los que las practican se destrozan los nervios pero no ejercitan ni un solo músculo; comparado con ello, mirar la televisión en exceso podría ser considerado como un "deporte" muy poco peligroso. La disciplina olímpica del "bobsleigh" o "bobs" (descenso por una pista de hielo en una especie de trineo) puede parecer hasta cómica, pues es necesario que sus practicantes sean hombres con un exceso de grasa, lo que es considerado por los médicos como altamente peligroso. Lo mismo ocurre con la halterofilia. El campeón del mmundo Paul Anderson (EEUU), que en 1955 fue el primero en traspasar la frontera de los 500 Kg, pesaba 177,5 K, usaba talla 62 de cuello de camisa, necesitaba dos sillas para sentarse y no podía agacharse para atarse los zapatos. Los volumminosos levantadores de peso no sólo están fuera de toda norma por lo que respecta al peso corporal, sino que por un récord arriesgan incluso su salud: muchos padecen lesiones en los ligamentos y en los tendones desgarrados musculares, entre otras cosas.

El deporte del boxeo proporciona resultados aún más tristes: fracturas de vómer, mandíbula y base del cráneo, "orejas de coliflor", desgarros en el hígado y los riñones, etc. Los boxeadores que llevan mucho tiempo en el ring presentan las consecuencias de un cerebro dañado: impotencia, calambres, temblor en las extremidades, trastornos en el habla, atontamiento. Muchos ni siquiera llegan a vivir éstas consecuencias: caen muertos a golpes en el ring; desde el final de la 2ª G. M esto ha sucedido en más de 300 ocasiones.

A través de la radio y de los periódicos el público se ve confrontado de forma periódica con la desgraciada suerte de los escaladores que se han despeñado o congelado. Pero, ¿ que impulsa a estos deportistas a encaramarse?¿quién les obliga no sólo a escalar altas montañas, sino también a atacarlas por la cara más inaccesible?

"Actualmente, el fútbol es el camino más corto para llegar al hospital", decía el antiguo jugador de la selección nacional española, el portero Ricardo Zamora. El delantero de la selección alemana Uwe Seeler también jugó con inyecciones calmantes y corsé; sus fracturas, roturas de ligamentos y lesiones de columna eran siempre un buen tema para la prensa sensasionalista. Esto quizá sea heróico, pero no hacían falta los escándalos de los sobornos en el fútbol para aclarar que el deporte profesional quizá sea una profesión, pero ha dejado de ser un deporte.

También hace tiempo que ha muerto el eufemismo que afirmaba que el deporte une a los pueblos. En 1969, a causa de un partido de fútbol, estalló una guerra que enfrentó durante 5 días a Honduras y El Salvador y que acabó con 3.000 vidas humanas. La necesidad de ganar hace que los partidos de futbol sean cada vez más violentos. El público reacciona igulmente de forma exaltada. Arrastrados por una histeria colectiva, en 1969 los aficionados al futbol se entregaron a una batalla callejera durante unos días y arrasaron la ciudad de Caserta en el sur de Italia. En 1985 el encuentro entre las Juventus de Milán y el Liberpool inglés se convirtió en una de las mayores tragedias futbolísticas, con casi cincuenta muertos. El encuentro de la " juventud del mundo", que se celebra cada cuatro años es, desde la Olimpiada de Moscú, pura política.

Pero aun cuando no lo es, se trata de algo completamente diferente a un "lo importante es participar". En cada Olipiada hay que establecer nuevos records, como si el cuerpo del hombre no pusiera límites a la capacidad de conseguir marcas. Se aprecia en los rostros desencajados y en los atletas olímpicos que se desmoronan una vez cruzada la línea de meta, que en este caso no se puede hablar de equilibrio.

Los tendones y articulaciones no pueden superar el terrible desgaste y existen campeones deportivos que han tenido que abandonar su carrera a causa de úlceras de estómago debidas a los nervios. En este cuadro también encaja el hecho de que el doping (la estimulación por medio de drogas) sea cada vez más usual.

 2.8. Una época inquieta y ajetreada.

 La vida del deportista, del ejecutivo, del político y de todos es dura.

Ø    La vida de los ciclistas profesionales es agotadora. Muchos participantes se derrumban totalmente agotados cuando(en ocasiones, el resultado es la muerte), y a pesar de ello aún se le llama deporte, actividad que en su sentido original debe fomentar la salud.

Ø    Pero no sólo sufren estrés los deportistas, muchos de nosotros estamos sobrecargados, atormentados de problemas. Cuando nuestro corazón desee tomarse un respiro es demasiado tarde, diagnóstico: infarto de miocardio.

Ø    Aún otros, participan en manifestaciones o acontecimientos ciudadanos en los que se pone a prueba la capacidad de resistencia de nuestro organismo tanto ante los empujones como ante la posibilidad de desplazarse por la aglomeración.

Ø    La vida del político también cae en una rutina agotadora: por la mañana comentar la situación, después reuniones de ministros, almuerzos con altos representantes de la economía, reuniones con las comisiones parlamentarias, recepciones, entrevistas, asesoramientos..., a veces los debates se prolongan hasta altas horas de la noche. Y a la mañana siguiente lo mismo.

Pero no sólo el corazón y los nervios se ven obligados a realizar esfuerzos adicionales, también la grasa desempeña una función importante: el levantador de pesas ruso Vasilij Alesejew, que en el campeonato del mmundo de halterofilia celebrado en Columbus (EEUU) levantó 612,5 Kg, había desarrollado a base de hormonas una figura digna de ser exhibida en una baraca de feria.

Pero incluso un deporte aparentemente inofensivo como el descenso con esquís, puede convertirse en estrés para el corazón: sólo la concentración, el medio y la tensión sobrecargan el sistema neurovegetativo; los músculos no realizan prácticamente ningún esfuerzo. Con este ejercicio, quien utiliza constantemente pesas y fortalecedores acaba pareciendo un figurín musculoso. Puede ser que el aspecto algo atontado que ofrecen la mayoría de los atletas de este tipo se deba a esta causa.

 

2.9. El estrés laboral.

 Mientras que numerosos deportistas profesionales se someten voluntariamente a una sobrecarga unilateral, muchos trabajadores se ven obligados a someterse al estrés de los medios de producción especializados. Antes los trabajadores solían padecer enfermedades de desgaste como consecuencia del pesado trabajo corporal; ahora que la automatización les permite realizar un trabajo menos agotador, aparece el estrés: la carga corporal ha descendido, en muchos casos, hasta desaparecer, pero la tensión nerviosa ha crecido.

"Vigilar que no pase nada": ésta es a menudo la única tarea del supervisor del cuadro de mandos de un proceso de fabricación, pero también las enfermeraas y los médicos de las unidades de cuidados intensivos se enfrentan con frecuencia al mismo problema, al tener que vigilar atentamente en los monitores las gráficas de las funciones vitales de varios pacientes. Estas actividades, que requieren mucha responsabilidad y nervios de acero, a menudo originan problemas psíquicos.

Cuando los trabajadores se convierten en encargados, con cierta frecuencia se presentan conflictos sociopsiológicos, que no pocas veces se manifiestan a través de enfermedades psicosomáticas. Pero al margen de esto, los médicos aun tienen que ocuparse de los efectos del trabajo en cadena y del trabajo por turnos, en especial de las condiciones propias del turno de noche: por muchos años que dure este tipo de horario, la temperatura, la tensión arterial, el contenido de glucosa en la sangre, etc., no cambian, sino que continúan rigiéndose por el ritmo biológico, es decir, según las menores necesidades del cuerpo en reposo.

Las personas a las que les gusta trabajar por la noche (muchos trabajadores intelectuales) tienen motivos psicológicos para ello. Los factores psicológicos pueden ser más importantes que los corporales, pero en este caso sucede lo mismo que con el ruido: el entendimiento se puede acostumbrar, pero ésta trabaja en contra del cuerpo, que sigue con sus costumbres atávicas. De todas formas, el rendimiento de los trabajadores nocturnos, que en el proceso de producción puede ser medio con exactitud, es significativamente inferior al de los trabajadores del turno de día. También se dan más accidentes durante la noche.

 

 

 

 

 2.10. El estrés laboral y la salud. Estudios epistemológicos.

 Existe actualmente la opinión generalizada de que la exposición a estresores de diferente naturaleza, está estrachamente relacionada con el deterioro de la salud. La aparición de determinadas enfermedades es considerada como la consecuencia de la exposición prolongada a situaciones estresantes y de la desadaptación que ésta produce en el organismo.

Las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las alteraciones psicológicas(depresión, ansiedad, etc.) presentan cada vez mayor incidencia social.

Dodge y Martin (1970) estudiaron el incremento de las enfermedades crónicas y la disminución de las infecciosas en EEUU durante el periodo de 1900 a 1953. Utilizaron dos ídices para estudiar esta evolución: el nivel de mortalidad infantil y la tasa de suicidio, como medida de estrés. Estos autores encontraron que los niveles de incidencia de las enfermedades crónicas (cardiovasculares y malignas) se relacionaban más con la tasa de suicidio que con el índice de mortalidad infantil.

Numerosos estudios epistemológicos han constatado relaciones entre diversos aspectos laborales y alteraciones en la salud. Uno de los aspectos que primero atrajo la atención fue el de los grupos ocupacionales. Se ha estudiado la incidencia de ciertas enfermedades en distintas ocupaciones (profesores, médicos, etc), en ocupaciones aparentemente con alto nivel de estrés (controladores aéreos, policías, etc.). Así, por ejemplo, el trabajo clásico de Guralnick (1963) mostró una incidencia de arterioesclerosis cardíaca menor de la previsible en un grupo profesional (profesores, directores, etc.) al compararlos con otros profesionales (médicos, abogados, etc.).

La interpretación de los resultados obtenidos con este acercamiento encierra importantes dificultades, puesto que son afectados por numerosos factores:

1.    La autoselección en las ocupaciones.

2.    La selección organizacional.

3.    Razones de salud previas.

4.    Medidas de la exposición real a los estresores.

5.    Inadecuaciones en los registros y datos utilizados.

Otro acermiento importante ha consistido en estudiar características laborales cocretas. Entre estas cabe destacar el número de demandas y eventos nuevos; en un estudio realizado durante diez años sobre empleados de dos entidades bancarias, se encontró una tasa de un 50 por ciento más alta de enfermedades graves en los emplados de un banco en comparación con los del otro.

Los autores atribuyeron a las demandas y cambios en la política de cada entidad las diferencias encontradas en la salud de los empleados.

Una gran parte de las investigaciones epistemológicas se ha centrado en características individuales. Los estudios epistemológicos han mostrado relaciones de diversos factores situacionales y personales con la salud.

 

2.11. Indices fisiológicos de estrés laboral. 

Dado el rango de proceso fisiológicos que se ven alterados en una situación de estrés, son numerosos los índices que se pueden emplear para medir la magnitud de la respuesta psicobiológica. En general, se han utilizado medidas directas o indirectas que reflejan los efectos de las hormonas en diversos sistemas. Otra forma de clasificar los índices es agrupándolos en medidas bioquímicas y electrofisiológicas.

Las medidas bioquímicas han sido usadas en diversas investigaciones para determinar las repercuciones fisiológicas de diversos estresores.

Existen suficientes datos que sugieren una respuesta diferencial del cortisol en función de la naturaleza del estresor, de forma que los estímulos psicológicos tienen mayores efectos sobre la epinefrina, mientras que los estímulos físicos los tienen sobre la norepinefrina. Brandenberg midió los niveles de catecolaminas y cortisol en estudiantes que debían realizar una tarea de memoria a corto plazo, bajo condiciones de ruido y no ruido. Se encontraron incrementos de todas las hormonasen relación a la ejecución de la tarea. En la sesión de ruido, la respuesta del cortisol aumentaba sin cambiar las de las catecolaminas.

            Además de las medidas bioquímicas se han empleado índices fisiológicos de diversas respuestas, especialmente las controladas por el sistema nervioso simpático. Las más utilizadas han sido las relativas al sistema cardiovascular y al respiratorio. Tanto la frecuencia cardiaca como el consumo cardíaco están relacionadas por la carga del trabajo y están afectadas también por el esfuerzo mental.

La presión sanguínea ha sido relacionado con el estrés experimentado con la pérdida de empleo, con la exposición crónica al ruido y con diversos estresores laborales.

Un aspecto claramente demostrado en las variables cardiovasculares es que es más importante la reactividad (cambios) que las medidas de bases (niveles) a la hora de relacionar estas variables con los estresores y de encontrar diferencias entre sujetos. Se ha comprobado que algunos sujetos responden y otros no y que la estabilidad de la respuesta es bastante estable para cada sujeto.

 

 

2.12. El clima, factor de estrés.

 

El clima es un factor de estrés al que todos estamos sometidos en mayor o menor medida. Pero las personas reaccionan ante los estímulos metereológicos de forma tan diversa como frente a otros estímulos. Algunos se sienten enfermos y nerviosos al menor cambio en la presión atmosférica, mientras que otros no soportan la humedad. La llamada sensibilidad climática no es una fantasía.

Las personas a las que les ha sido amputado algún miembro o tienen cualquier otra minusvalia física suelen presentir los cambios de tiempo atmosférico.

La predisposición a sufrir ataques, en el caso de los epilépticos, migraña y neuralgias aumentan con los cambios de tiempo. También se ha comprobado estadísticamente que afectan a los accidentes de tráfico y a los laborales.

Aunque la existencia del fenómeno de la sensibilidad meteorológica es indiscutible, la relación entre la metereología y el estado psicológico es poco conocida. Es curioso que la influencia del tiempo también se deje sentir en espacios cerrados. Hasta el momento tampoco se puede explicar por qué las molestias aparecen unas horas o incluso días antes de que se produzca un cambio de tiempo. Pero muchos animales también la facultad de presentir el tiempo que hará.

Los llamados factores del biotropos afectan al organismo y lo hacen a través del sistema neurovegetativo. En casi todas las personas sensibles al tiempo este sistema es inestable. Pero la sensibilidad climática sólo es patológica si tiene unos efectos exagerados; en condiciones normales, representa una parte de la unión del ser humano con la naturaleza. Sin embargo este dón es a menudo difícil de adecuar a nuestra vida civilizada.

 

2.13. Estrés en los viajes.

 De la misma forma que lo hace el tiempo, el movimiento en un coche, barco o avión también puede actuar como un factor de estrés. Las personas especialmente sensibles sufren de vez en cuando del "mal de viaje" (cinetosis). Existen algunas personas a las que solo por el hecho de viajar en un vehículo de suspensión muy elástica, circular por una carretera de curvas o estar sometidas a variaciones de la aceleración, se les irrita el órgano del equilibrio (aparato vestibular situado en el laberinto del oído interno). Cuando una persona se siente indispuesta en el autobús pero nunca en un coche particular, o bién no soporta los viajes en un utilitario pero sí en un coche de lujo, cabe suponer que intervienen motivos psicológicos.

La cinetosis más conocida es el mareo. Un barco que se balancea de izquierda a derecha y que eleve alternativamente la proa y la popa exige mucho a la capacidad de adaptación del ser humano. La endolinfa de los conductos semicirculares del órgano del equilibrio hace que sepamos (según el principio de la balanza hidrostática), en cada momento, en que posición se encuentra nuestro cuerpo. La irritación en caso de oleaje se produce a través de la vista o del balanceo de nuestros órganos digestivos. Nuestro centro de la visión no está acostumbrado a apreciar el horizonte ahora arriba, ahora abajo, ahora ladeado. Mientras que el órgano del equilibrio informa al cerebro de la posición correcta, el ojo aporta una información diferente. De esta discrepancia surge la sensación de mareo. A causa de la consiguiente irritación del sistema neurovegetativo el estómago puede reaccionar con vómitos.

Esto también es válido para los vuelos y el efecto de montaña rusa de las bolsas de aire en las cuales a veces los aviones descienden bruscamente. Para el pasajero del avión, las variaciones de presión también desempeñan un papel importante. En la cabina de los aviones modernos reina una presión equilibrada que corresponde a una altura de 2.000 a 2.400 m. Quien, por experiencia, sabe que no soporta el rápido ascenso de una telecabina o una diferencia de altura de 2.000 m. debería evitar los viajes en avión. Despues de una embolia o de un infarto no se debería volar durante al menos los seis primeros meses. Pero existen otras circunstancias que hacen que un viaje en avión sea arriesgado. La regla básica es sencilla: quien no esté del todo sano o se encuentre convaleciente no debería volar. Quien a pesar de ello lo desee o tenga que hacerlo debería consultar antes al médico.

En el caso de algunas enfermedades, como, por ejemplo, la tos ferina, un rápido cambio de clima puede ser beneficioso: después de un vuelo a gran altura a menudo sucede que el niño deja de toser espontáneamente, lo cual es un síntoma de curación.

            Muchas personas experimentan durante el vuelo, es especial en el momento de aterrizaje, una punzada dolorosa en el oído, en la frente, en la raíz de la nariz o de los pómulos. También se puede dar una ligera sordera. En estos casos, el problema reside en que no se puede igualar la presión entre el oído medio y la nariz a través de las trompas de Eustaquio, conductos que se encargan precisamente de esta regulación. Si la presión externa o ambiental desciende (por ejemplo, al ascender el avión), pasa aire a través de las trompas desde el oído medio hacia la cavidad nasofaríngea. Las trompas de Eustaquio actúan como una válvula, y su función de equilibrio resulta más fácil en este sentido que en el contrario. En particular, si las trompas están contraídas, como sucede con frecuencia a causa de un resfriado, una rinitis alérgica o por ciertas peculiaridades anatómicas, entonces la presión del aire en el oído medio no aumenta conla suficiente rapidez al disminuir la altura. De esta forma se establece una relación inadecuada en el oído entre la presión interior y la exterior, lo que hace que el tímpano se vea comprimido hacia dentro.De este modo en la caja timpática se pueden producir hemorragias, y al cabo de unas horas las membranas húmedas (serosas) forman unas secreciones (exudaciones) y se presenta un catarro del oído medio. Esta complicación puede ser prevanida en parte comiendo caramelos durante el vuelo, pues al tragar se abren de forma refleja las desembocaduras de las trompas de Eustaquio en la cavidad nasal.

Para que el estrés actúe hasta el nivel de producir una emfermedad deben cumplirse tres condiciones: que el individuo no pueda evitar la situación de estrés; que su acción sea importante o se mantenga durante un período de tiempo suficiente; que exista una especial sensibilidad previa o una debilidad de la capacidad de la defensa del organismo.