Para mejor comprender la
naturaleza de los problemas que se plantean en ecología sigamos por unos
momentos el paseo de un naturalista.
Imaginémosle adentrarse
por un bosque. Será facil para él percibir la presencia de un número considerable
de seres vivos de diversas especies. Arboles, arbustos, hierbas, insectos,
serán inmediatamente visibles. Podrá escuchar cantos de pájaros. Si observa
atentamente el suelo descubrirá mil signos de actividad biológica: diminutos
organismos, madrigueras, restos de caparazones, excrementos, raicillas.
Siguiendo su camino, llegará a un campo cultivado. Para el profano sería
difícil tal vez darse cuenta de que en él hay algo más que la especie cultivada
por el hombre. Pero el campesino podría darnos una lista considerable de los
enemigos que acechan a su plantación: escarabajos, ratones, caracoles, pájaros,
malas hierbas.
Nuestro naturalista no tendría dificultad en descubrir otras especies, y podría
además observar que los organismos del campo cultivado no son los mismos que
había en el bosque.
Y no sólo porque los seres vivos han cambiado. Si el día es caluroso, el
paseante añorara posiblemente la sombra de los árboles. El suelo de la
plantación está removido.
Tal vez unos sacos de abono revelen la existencia de otras modificaciones.
Dejando el campo, el
camino del paseante desciende suavemente hasta un pequeño riachuelo, bordeado
de altas hierbas. Dentro del agua, bajo las piedras redondeadas del fondo, o
desplazándose con ligereza por la superficie, podrá descubrir otras muchas
especies de animales. Probablemente, verá algunas masas de algas filamentosas.
Quizás le veamos llenar de agua algunos tubos. Con la ayuda de un microscopio
podrá observar en el laboratorio muchos organismos del plancton, invisibles a
nuestros ojos.
(...)
Los ejemplos serían interminables.
Hemos delimitado las tres
unidades aprovechando la existencia de unas discontinuidades (los bordes del
riachuelo, los límites del bosque, los márgenes del campo), y sin duda estas
discontinuidades suponen barreras que limitan el número de relaciones entre las
dos zonas separadas, pero subsisten intercambios a través de estas barreras.
En este sentido es
posible afirmar que toda la biosfera es un gigantesco ecosistema.
J.Terradas - Introducción
a la Ecología