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EL SONIDO Y LOS
DELFINES
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Por cada invención
humana, existe un sistema equivalente en la naturaleza que supera ampliamente
al del hombre en eficacia y posibilidades. Uno de ellos es el sonar animal o
ecolocalización. En 1938 se descubrió
que los murciélagos emitían unos sonidos inaudibles muy agudos, denominados
ultrasonidos (entre 40.000 y 80.000 Hz), y recibían ecos que les daban
abundante información con respecto al entorno. Unos diez años después,
las observaciones de un científico americano, permitieron el descubrimiento
de la ecolocalización en los delfines. Al intentar capturar delfines para un
acuario, el científico observó que se podía conducir a los delfines por un
canal en dirección a una red. Sin embargo, a 30 metros de la red invisible,
los delfines cambiaban súbitamente de dirección y se alejaban. Pero se los
podía capturar si se empleaban redes con una malla más grande, o redes
embebidas en agua, donde no quedara ninguna burbuja de aire que pudiera
reflejar el sonido. Para obtener
información sobre el ambiente, los delfines emiten sonidos cuya frecuencia
oscila entre menos de 2.000 y más de 100.000 Hz. Podemos percibir los que son
audibles para nosotros como una serie de golpecitos, que pueden darse como
sonidos individuales o como una sucesión de sonidos unidos entre sí. El delfín, y otros
miembros del suborden de los odontocetos, o cetáceos con dientes, pueden
determinar no sólo la distancia y el rumbo, sino también el tamaño, la forma,
la textura y la densidad de los objetos. Además, también pueden recibir más
información que nosotros por el mero hecho de alterar el tono de uno de los
golpecitos dentro de la sucesión y, como cada golpecito que rebota es
diferente, puede hacerles llegar un mensaje diferente. De este modo, una sola
sucesión de ecos produce una compleja imagen mental de un objeto. Existen al menos cuatro
tipos de información en el eco: la dirección de la cual procede, el cambio de
frecuencia, la amplitud del sonido y el tiempo transcurrido entre la emisión
y el retorno. Mientras el delfín explore, determina la dirección que siguen
los ecos que regresan y, de este modo, la orientación del objeto que desea
examinar. Los cambios de frecuencia hablan de su tamaño y su forma. La
amplitud del sonido y el tiempo transcurrido dan indicios sobre la distancia.
Sólo recientemente hemos comenzado a comprender de qué modo se producen y emiten estos golpecitos y la forma en que el delfín percibe el eco: las emisiones de los golpecitos nacen dentro de la cabeza del delfín. Los sonidos se producen incluso mientras el animal esta bajo el agua, sin perdida de aire, lo cual sugiere que se recicla dentro de su aparato respiratorio. |
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Los costados de la
cabeza del delfín y su mandíbula inferior, que contienen una grasa aceitosa,
son las zonas que reciben el eco. La protuberancia que tiene en la frente es,
probablemente, el lugar donde nacen los golpecitos para la ecolocalización. Cuando un delfín viaja,
por lo general mueve la cabeza lentamente a un lado y al otro, hacia arriba y
hacia abajo. Este movimiento es una especie de exploración global, que le
permite al delfín ver un camino más ancho frente él. Pero si le interesa un
objetivo pequeño, como por ejemplo un pez en medio del agua oscura, los
movimientos exploratorios de la cabeza se vuelven rápidos y espasmódicos: Las
frecuencias bajas tienen largo alcance pero no son direccionales, y los
golpecitos de alta frecuencia sirven para investigaciones de corto alcance y
alta definición. A diferencia del sonido
de alta frecuencia, es probable que las vibraciones de baja frecuencia se
reciban primero en el oído interno. Para poder recibir e interpretar todos
estos ecos, el cerebro del delfín tiene un lóbulo auditivo mucho más grande
que nuestro cerebro. Desde luego, no hay forma
de saber que es lo que oye el delfín. No podemos imaginarnos cómo se oyen la
forma y la distancia de los objetos. El sistema del delfín es de una
precisión sorprendente y le proporciona al animal mucha más información que
la que el hombre obtiene con el sonar. Por ejemplo, 'Dolly', un delfín
entrenado por la marina de los Estados Unidos, es capaz de recoger tres
monedas que se echan al mismo tiempo en tres direcciones distintas; recoge la
primera cuando todavía se está hundiendo, y halla la segunda y la tercera
entre los sedimentos, al cabo de escasos segundos, con muy poca visibilidad. El lenguaje es la
comunicación de pensamientos y sentimientos. El hombre es el único ser del
reino animal capaz de comunicarse por medio de patrones específicos orales
bien definidos, así como a través de sus transcripciones escritas. La
cuestión es: ¿existen otros animales, aparte del hombre, que tengan un
lenguaje según lo que nosotros entendemos? ¿EXISTE OTRO LENGUAJE?
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Sobre la tierra no hay
ningún animal que este equipado con un cerebro comparable al del hombre. Pero
en el mar hay varios mamíferos, incluidas orcas, los cachalotes, los delfines
y las marsopas, cuyos cerebros son, al menos anatómicamente, similares al del
hombre en cuanto a su tamaño. Son las únicas criaturas de la tierra dotadas
de un sistema nervioso con la capacidad potencial para desarrollar procesos
superiores de pensamiento. Los mismos animales, casualmente, poseen la
capacidad de producir una gran variedad de sonidos. No ocurre lo mismo con el
perro (cerebro pequeño, voz limitada), los simios (cerebro pequeño, voz
limitada), el papagayo (voz, pero cerebro pequeño), y otros. Algunos delfines en
cautiverio han modificado los sonidos que producían para imitar los silbidos
del hombre, quizás intentando establecer una base para la comunicación entre
las especies. Esta capacidad de manipular los sonidos resulta estimulante,
pero no debemos olvidar que el papagayo también puede imitar los sonidos
humanos y producirlos ante alguna señal. Se han llevado a cabo
experimentos con la esperanza de demostrar que los delfines se comunican e
intercambian ideas. Se colocaron dos delfines en tanques adyacentes con un
'teléfono' consistente en un transmisor y un receptor sumergidos uno en cada
tanque. Sin el teléfono, los delfines no se podían escuchar, pero a través de
él, las vocalizaciones se transmitían de un lado al otro electrónicamente, y
podían mantener una conversación. No se podían ver. Los delfines
intercambiaban golpecitos y silbidos durante la mayor parte del tiempo en que
el teléfono estaba conectado. Cuando uno vocalizaba, el otro callaba. Esta
conducta parece indicar que los delfines conversaban, tal vez se comunicaban,
pero el significado de los silbidos sigue siendo un enigma. Cuando se
desconectaba el teléfono, los delfines dejaban producir una variedad de
silbidos y tan sólo emitían 'silbidos de identificación', que repetían una y
otra vez. Estos silbidos son señales personales, que se supone permiten que
los otros delfines reconozcan a uno en particular. Las investigaciones
recientes han hecho pensar a muchos científicos que delfines son casi tan
inteligentes como los perros, y por este motivo creen que la comunicación
entre el hombre y el delfín nunca superará la que existe entre el hombre y el
perro. Sin embargo, otros investigadores siguen creyendo que, en algún
momento, hombres y delfines serán capaces de comunicarse a un nivel más
elevado. Los nuevos experimentos
científicos pueden darnos la respuesta, pero también puede ser que el hombre
esté, en realidad, solo.
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