Gonzalo Gallo G.
Oasis

Agosto 24 de 2002

Un divorcio o una separación no significan que una relación haya sido un fracaso, si todo lo vivido te sirvió para aprender y mejorar.

Hay personas que por uno u otro motivo pasan por dos o tres relaciones y cada una de ellas les sirve para crecer y pulirse.

Son como esas cerámicas que vuelven al horno para tomar forma o fijar un color. Duele, pero ese dolor purifica.

No faltan, claro está, los que se repiten en relaciones enfermizas, porque no aprenden y siguen en el sopor de la inconsciencia.

Por lo mismo, examina tu pasado sin culparte y sin acusar a otros, saca tus enseñanzas y sigue con la frente en alto y el corazón en paz.

No te tortures con reproches continuos ni te abandones al sufrimiento, antes bien, quiérete y enciende luces de esperanza.

Tampoco te hagas daño cerrándote a nuevas relaciones; nadie nació destinado a rupturas permanentes.

Ya lo sabes, lo importante es aprender y avanzar. Si haces todo con verdadero amor ese divorcio o esa separación son un éxito.