Cuando escucho en mi consultorio a personas muy angustiadas,
sumidas en un desespero increíble causado por problemas cotidianos, a veces me
atrevo a preguntarles si creen en Dios. Alrededor del 99% concluyen “claro, sí,
creo en Dios”. Y es allí donde desde mi posición de
psicóloga con enfoque transpersonal, les concluyo que no, que no
creo que crean en Dios. Porque cuando se llega a niveles de angustia tan
extremos, resultado de hechos “corrientes” y no de grandes traumas o
lesiones mentales profundas, cuando se llega a este grado de desesperanza, es
obvio que no se cree en Dios, o en una fuerza superior. Porque Dios no es para
rezarle “en temblores, sustos de aviones, en la hora de la misa o para casos
puntuales”. Dios existe y está en nuestra cotidianidad, constantemente, en
cada circunstancia de nuestra vida. Y lo que es más reconfortante aún: nos
habla minuto tras minuto. Sólo que... desde la mente racional los seres humanos
cortamos la comunicación con Él y esperamos que haga presencia en forma más
concreta y “clara”, desconociendo su manera particular de comunicación.
Que, repito, es a diario. Pero con Dios sucede lo mismo que con cualquier
persona: sino quiero oir, no me llega el mensaje, o la información. Si yo no
quiero escuchar, por más que Dios me hable, no me llega su mensaje. Para que me
lleguen sus palabras, debo estar “sintonizado”, la radio interior “debe
estar prendida”. De lo contrario puedo desgañitarme pidiendo “señales” y
nunca me llegarán. Por ejemplo, más de 15.000 personas asistieron a la charla
de Chopra en la Plaza de Toros. El conferencista lo que hizo fue hablar del
“lenguaje de Dios”, de su manera de comunicarse, de estar con nosotros. La
sincronicidad, la sabiduría interior, el alma como conciencia eterna, son
lenguajes de la energía universal, en definitiva de un Dios cósmico. De las
personas que asistieron, ¿cuántas creen que Dios habla? ¿Cuántas deciden
aceptar las palabras del conferencista y empezarlas a hacer cotidianas, a
creerlas metidas en su vida diaria? Dios pudo hablar a través del discurso de
Chopra, siempre y cuando que se tuviera una actitud abierta para oírlo. De lo
contrario, fue una charla “chévere” donde no pasó nada especial. La
conclusión pudo ser: “escuché a un “famoso”” y pare de contar.
¿Cuál es el lenguaje de Dios? Dios utiliza cualquier forma para comunicar su
orientación: las coincidencias, las canciones de la radio, los periódicos, los
amigos y amigas, las conferencias, los libros, los sueños, tantas maneras. Sólo
que la mente racional no cree y por lo tanto no le llega nada. “Pura paja, ese
que va a ser Dios”, concluyen muchos. Y con una mirada tan concreta, es como
si le cortaran el radar y usted se queda “en tierra”, sin tener una opción
más profunda de lo que puede suceder. O de lo que Dios le está aconsejando que
deba hacer. Porque Dios sí habla. Cuando su actitud está abierta, cuando usted
se dispone a escucharlo, el mensaje llega. Y si aprende a sintonizar ese
“canal” cada vez llegaran más y más mensajes. ¡Es sorprendente! Hay, sin
embargo, formas de “vacunarse” para no creer cualquier cosa como mensaje de
Dios, para no interpretarlo a “su” manera. Alguien podría decir que leyó
algo sobre un robo y por lo tanto “significa” que Dios le dio permiso de
robar. No es cierto. La diferencia entre “lo que yo me quiero decir” y un
posible lenguaje de Dios, radica en que jamás Dios le habla para vengarse, para
hacer daño. ¿Cómo saber cuándo es Dios y cuándo son mis propios deseos? Lo
miramos la próxima semana.
Revolturas. Gloria H.
¿Y cómo habla Dios?
Junio 14 de 2005
¿Cómo diferenciar cuando lo que leo, o lo que escucho o lo
que veo, es un mensaje verdaderamente de Dios y cuándo son mis propios deseos
proyectados los que estoy interpretando de esa realidad que se me presenta allí?
Empecemos a aclarar conceptos porque “oír a Dios” no es sólo sentarme a
recibir sus mensajes y pare de contar. Escuchar a Dios significa una revisión
de mis creencias, de lo que se aprendió inicialmente que era Dios. Porque Dios
no está “afuera de mí”, Dios o como quiera llamarlo, (energía, cosmos,
fuerza superior) no está alejado de mi cotidianidad, ni es distante, ni lo
encuentro sólo en la Iglesia o es un sacerdote o un pastor el que me lo
“presenta”. No. Dios es la sabiduría interior que todos los seres humanos
poseemos, pero que en el barullo y aturdimiento de nuestro mundo racional y
material, hemos desalojado para esperar que hable “desde afuera”. Dios está
adentro, no afuera. Así usted sea un matón, un criminal o un ladrón, Dios es
interior. Y no significa que haya Dios bueno (el de los seres buenos) o Dios
malo (el de los ladrones, por ejemplo). Su proceso interior de ser matón, por
ejemplo, significa que usted está tratando de limpiar su “densidad
interior” (eso vino a aprender a esta vida) y mientras no tenga conciencia de
que ser matón no es la forma de vida apropiada, que existen otras formas de
relación con el mundo, “su” Dios no le hablará, porque su mundo interior
está demasiado oscuro. Sin embargo, por algún lado le puede llegar la onda de
cambiar, usted hace un clic interior, y entonces es como si la luz empezara a
entrar. Mientras exista densidad, oscuridad, hay que esperar que su proceso
interior se despeje. ¿Cuándo? “El maestro sólo llega cuando el discípulo
está preparado”. No se puede hacer mucho por una persona hasta que ella misma
esté lista. ¿Y cuándo está lista? ¡Cuando su proceso interior esté listo!
No es un juego de palabras, pero es la realidad. En la medida en que haya más
“despeje interior” la sabiduría interior estará más presente. Porque todo
está conectado. Mi “densidad interior” se conecta con la conciencia, con el
mundo, con el Cosmos, con Dios, con el amor.
Como quien dice que para escuchar a Dios debo también vivir un proceso
personal. Debo limpiar mis canales interiores. Es posible que quien no sienta
que tiene esa sabiduría interior, quien no escucha a Dios, es porque aún está
muy denso, muy obstruido por formas de vida o pensamientos o creencias oscuras.
Las venganzas, los resentimientos, la negatividad, los juicios, las críticas,
son todas obstrucciones en el proceso de escuchar a Dios. La meditación, el
servicio, la humildad, la conciencia, el silencio, el sufrimiento, el dolor (¡difícil
aceptarlo!), las dificultades, son maneras de despejar los caminos interiores. Y
empiezo a escuchar a Dios, escucho mi sabiduría interior, siempre en un proceso
de amor y servicio. Jamás esta sabiduría interior está al servicio de la
venganza, o de la viveza, o de la trampa, o del abuso. Además, cuando
“dude” si es verdaderamente Dios el que me habla, existen formas de
reconocer si es su mensaje. La meditación, la visualización (cada vez más
probadas por todos los postulados de la Psicología Transpersonal) son una
manera de confirmar cuál es el camino a seguir. Como quien dice que el proceso
de escuchar a Dios es un proceso integrado donde todas las piezas del
rompecabezas encajan. No puedo pretender estar “conectado con esa sabiduría
interior” y abusar de mis empleados. No, no se puede. ¡Escuchar a Dios es una
forma de vida y qué difícil es, a veces, ser coherente!