21
de Marzo de 2007
Colegio
de los Padres Agustinos
Madrid
Transcripción de la conferencia de Jorge
Carvajal Posada
“Creer y crear reglas
para reencantar la vida”
Podríamos
callar, mirarnos a los ojos y sonreírnos. Podríamos encontrar en esos ojos
una humanidad profunda y entrar en ese territorio de la magia que es el
territorio de la vida. Podríamos creer que vivimos más allá de existir, a
pesar de nuestro cáncer, a pesar de nuestro dolor…
A pesar de nuestras pequeñas miserias hay tanta grandeza en la semilla
humana. Hay tanto en nosotros esperando para ser, para fructificar, para
amar… Hay tanta humanidad esperándonos en las fronteras, tanta humanidad
esperando un encuentro entre el Norte y el Sur, entre el Oriente y
Occidente…, para así encontrar ese sol del centro del ser humano.
Hay tanto en nosotros esperando revelarse, recrearse, fructificar. Somos
semilla y a partir de ese potencial infinito, de ese océano interior podemos
reencantar la vida. Podemos volvernos a crear y así divertirnos y gozar.
¿Y si de pronto pensáramos todos que el sentido de la vida es la felicidad?
¿Y si nos atreviéramos a ser felices? ¿Cómo sería eso? ¿Cuáles serían
los ingredientes de la felicidad? ¿Si pudiéramos identificarnos con el ser
que somos y no con la sombra, la apariencia o la dependencia?
¿Y si de repente volviéramos a ser lo que somos, auténticos, creadores de
nuestros propios días? ¿Si pudiéramos entrar de lleno en ese río profundo
de la vida que nos habita en cada instante, para encontrar en ese cauce
corrientes de amor?.
¿Si
pudiéramos despertar ese torrente amoroso que habita en nuestra sangre…? ¿Si
pudiéramos reencontrar la fuerza de nuestra propia identidad y así nos completáramos
los unos a los otros? ¿Si pudiéramos como Pablo Neruda decir:
“Súbete conmigo a nacer, hermano”?
¿Si pudiéramos entrar en nosotros y aceptarnos reconocernos y amarnos…?
Dejar de buscar a Dios en el exterior y saber que estaba allí en nosotros,
esperándonos en nuestro propio corazón con su infinito potencial. ¿Si el único
partido que tomáramos fuera a favor del ser humano y nuestra única religión,
la religión del amor, y nuestro único método, el método de la hermandad?
Descubriríamos que cada cosa, cada evento es un maestro con el alma como
aprendiz.
¿Si nos bajáramos de los pedestales del orgullo, de la maestría y del
materialismo de una vida repetida y nos inventáramos la vida y volviéramos a
ser humildes y regresáramos a la inocencia y nuestra inocencia no fuera una
inocencia ingenua, sino consciente? Entonces volveríamos a ser como niños,
porque el Reino de la inocencia es el Reino de los Cielos y ese Reino está en
nosotros y es un templo de relaciones…
¿Si miráramos al dolor y la enfermedad como un Maestro? ¿Si aprendiéramos la
lección y más allá de la culpa y más allá de la carga pudiéramos liberar
la levedad de ese aprendizaje y con esa levedad ascender?
Hay seres humanos que creyeron en imposibles y los realizaron. Ahí está Ghandi,
Simón Bolívar, la Madre Teresa… Ahí están con la desnudez de su
autenticidad. No tuvieron más escudo que su conciencia del amor, su corazón
abierto, soñadores de imposibles que nos revelaron que los imposibles se
realizan cuando creemos en nosotros. Cuando creemos en nosotros activamos el
potencial de un Dios que no es externo, sino que es interior, un Dios que nos
acompaña y nos da su corriente y su fuerza.
¿Es posible ser felices? Sí, es posible, a pesar del dolor, pues el dolor no
es lo contrario de la felicidad. Es posible ser felices a pesar de la muerte, la
muerte no es lo contrario de la vida. Es posible ser felices a pesar de la
tristeza, la tristeza no es lo contrario de la alegría. La felicidad es ese
sentimiento leve de compasión y de aceptación que te lleva por la vía del
ser.
La felicidad es ese sentimiento incondicional en el que tú amas porque te da la
gana, porque sí, porque llueve, porque hace sol; en cualquier caso sin ninguna
condición. La felicidad sólo puede partir de ti. No es exterior, no depende de
tu economía. La gente hoy en Europa tiene una economía dos veces superior a la
de hace treinta años, pero es dos veces más infeliz. La felicidad no depende
del conocimiento. El conocimiento sin corazón es totalmente destructivo, no
depende de ningún reconocimiento exterior. De repente adquieres un cáncer y
descubres ese estado interior desde el cuál también puedes ser feliz. La
felicidad es una construcción interior, parte de un paraíso interno. El
Paraíso no es ajeno, tú lo pintas y entras después en él. Tú lo creas y lo
recreas.
En la felicidad no hay un Dios exterior. Tú eres a imagen y semejanza de ese
Creador que habla en tu palabra, mira en tu mirada y ama con tu amor. ¿Podríamos
entonces vislumbrar nuestro camino hacia la felicidad? Sí. Ese camino es un
camino de retorno. Es un camino de conciencia. Es un camino que libera. No está
hecho de dependencias.
Nada que te ate, nada que te amarre, nada que conduzca por la vía del placer de
los sentidos, que te conduzca al poder…, conduce a la felicidad. Más poder no
da más felicidad, da más dependencia. Más placer no construye más felicidad.
Más vivir para los sentidos hace que pierdas el sentido. La felicidad es un
camino hacia el sentido, es un sendero que empieza en tu interior y termina en
tu interior, cuando descubres con la física cuántica, pero también con la
vivencia humana que el universo es interior. Tú eres el centro del universo
cuando eres conciente de ti…
La felicidad parte de la atención y la atención es el uso fundamental de la
conciencia. Cuando estás atento te centras. Cuando estás atenta eres dueña de
ti misma, de tu propio potencial. Cuando estás atenta generas un lasser con tu
propia conciencia y en esta conciencia habitas y tienes el movimiento, la vida y
el ser. Cuando estás atenta construyes un espacio interior pequeñito que te
conecta con el infinito. Cuando estás atenta construyes el instante y en ese
instante eres eterna. Cuando estás atenta te reconoces a ti misma y vuelves a
nacer de ti misma y eres el parto y el partero, eres el Creador, porque naces de
ti y regresas a tu conciencia.
La atención es el momento más importante de la conciencia, es el momento de la
creación en el que descubrimos el presente, es el tiempo de la sincronicidad,
el tiempo de la resonancia. Uno nace de su propia muerte. Uno nace al presente
por la renuncia al pasado, al deshipotecar la vida de los condicionamientos del
pasado. Tenemos la vida hipotecada con las expectativas hacia el porvenir y
entonces nos perdemos el lugar de la vida que es este instante. Este instante es
sagrado porque en este instante vive el ser. Allí no hay tener, allí no hay
placer, allí solamente bulle el ser y ese ser es lo que somos: potencial
infinito que nos habita, Dios tan inmanente como trascendente… Ese Dios
Universal se interioriza en nosotros y convierte la vida en algo mágico. Ese
Dios nos humaniza y nos redime. Ese Dios permite que el reino mineral cante y
baile y que el reino vegetal florezca y que el reino animal pueda sentir. Ese
Dios permite que el ser humano tenga las alas del pensamiento y desde las alas
del pensamiento restaure la intuición, la visión de la totalidad. Desde esa
visión de la totalidad nos unimos de nuevo en el maravilloso Camino de Regreso
al Creador.
El primer paso a la felicidad es la
autenticidad. La autenticidad es una genuina identidad, es una identidad única,
original, es la identidad que nos hace íntegros… La vida es creativa cuando
es única. La vida es arte, se goza, se inventa a cada momento. Cuando eres único
vives la magia del amor. El amor no se gasta, no es repetitivo, el amor no se
fatiga, el amor no es rutina, ni condición… Es una fuerza magnética,
atractiva que te renueva a cada instante.
Cuando te puedes renovar a cada instante eres único y entonces eres una obra de
arte del Creador. Cuando eres único o única te das cuenta de que eres
importante, porque eres irrepetible, porque no tienes competencia posibles,
porque te sales del mundo absurdo de la competitividad, porque puedes compartir,
te puedes dar y entregar sin temor a perderte y en cada dar te vas a renovar, te
vas a completar y además vas a completar al otro con tus ojos, con tu abrazo,
con tu palabra, con tu silencio, con tu compañía, con tu presencia… Así
puedes disfrutar la vida. Primera clave para la felicidad: sé como tú; no como
nadie más, único, irrepetible y original.
Da tu propia nota en la sinfonía de la creación, esa nota que es necesaria. No
hay dos seres humanos como tú. El Creador te necesita y tú eres una faceta única
del Creador. El Creador habita en la diversidad del mundo, su unidad está hecha
de diversidad. Cuando tú no pretendes ser como nadie más que como tú,
entonces descubres esa corriente hermosa del Creador dentro de ti, y entras en
el mundo maravilloso de tu tierra, de tu solidez, el mundo de tu raíz, de tu
savia… Cuando tú no pretendes ser como nadie entras en el lugar desde el que
puedes nacer. Si no tienes ese útero que te está pariendo, que es tu propia
identidad, si no te aceptas, si no te amas, si no te afirmas nada podrás
encontrar. Autoafírmate que tú eres ese potencial único en el que el Creador
está esperando revelarse.
Autoafírmate para que me completes, para que completes el universo, para que
completes como padre al hijo y como hijo a la madre y como hermano a la
humanidad. Esa es la autoafirmación.
Ello no sería posible si no te hubieras perdonado. Lo más duro en el momento
de la muerte es la culpa, no es el cáncer, no es el dolor. Lo más doloroso es
el miedo al más allá, el infierno de esa falsa creencia de que hay un Dios
castigador, el temor oculto de que Dios no te puede perdonar, de que no te va a
perdonar. Pero Dios es amor y donde hay amor no puede haber juicio. Si Él ya te
perdonó, tú también te podrías perdonar. El juicio está dentro de ti, el
infierno está dentro de ti y tú lo has construido.
Sin embargo podrías construir un primer paraíso y punto de partida. La
pregunta es: ¿cuentas contigo, te aprecias, te valoras, te reconoces? Ese es el
primer paso en el sendero de la felicidad. Es un paso hacia el interior. Encuéntrate
contigo, en tu centro, en tu corazón. Respira profundo y siente la maravilla de
la vida. El sol brilla para ti, los pájaros cantan para ti y el aire y de la
magia de la mañana soplan para ti.
El universo celebra tu presencia cuando tú
te presentas ante ti. Entonces
descubres tu rostro, que no es otro que el del amor. Recuperas tu poder y entras
en comunión.
Vives en alegría y levedad y ya no tienes el peso del cuerpo, de la culpa, del
condicionamiento… Aceptas tus luces y tus sombreas. Te aceptas como un bello
crepúsculo, una bella aurora. Descubres como descubría San Agustín sincerado
ante el Cristo: “Muy tarde te amé, muy
tarde. Estuve lejos de Ti, pero ahora me reconozco en Ti, porque Tú eres parte
de mí y estás en mi interior”…
Perdimos el paraíso externo y nos fuimos por el sendero de la víctima hasta
que por fin construimos una fe que ya no es externa, que se enraiza en el
interior y comenzamos a confiar y confiamos en nosotros.
El punto de partida es la identidad. Sé como tú, único, original y creativo.
Así vas a ser reconocido por todos, porque a todos nos vas a completar. Vas a
entrar en ese universo maravilloso de sensibilidad a la necesidad. Vas a ser auténtico,
vas a reconocer en ti lo esencial. Lo esencial es aquello que puedes dar, porque
lo que no se da se pierde.
Vas a reconocer la nota clave de un corazón que nace y muere a cada instante.
La muerte y el renacimiento del corazón es la sístole y la diástole, dura un
solo segundo. En cada segundo el corazón se da entero. Si el corazón guardara
una gota en cada segundo en una hora tendríamos insuficiencia cardiaca. Hermoso
sería que nosotros pudiéramos atender esa ley del corazón y así en cada
segundo, desde tu identidad entregar y fructificar sin medida. Ese fruto dulce
de tu vida se hizo para dar.
Cuando ya tengas tu tierra y tu paraíso, multiplica tus semillas, porque así dándote
se liberan y es dando como recibimos. Cuando nos damos descubrimos nuestra
genuina identidad, nuestra tierra, nuestro paraíso. Cuando hay un yo aparece un
tú. Entre el tú y el yo se genera un movimiento de resonancia, de comunicación
coherente, de diálogo. Surge ahí una inteligencia que representa tu capacidad
de adaptarte a la vida. No hay una inteligencia espiritual, separada de la
inteligencia molecular. Es una inteligencia dinámica y adaptativa. Tu capacidad
de adaptación a la vida.
El segundo movimiento hacia la felicidad
es la adaptabilidad. Adáptate a la vida, al cambio, a la corriente. No te
resistas pues produces calor, desgastas tu energía. No te recalientes. El mundo
del desgaste es el mundo de la entropía. Cuando no te resistes, la vida pasa a
través de ti y te refresca y te fecunda. Cuando te quedas en el territorio del
yo, te limitas al crecimiento personal, al orgullo espiritual. Cuando haces mil
cosas para crecer aunque nadie crezca, aunque la tierra sea un desierto,
realmente vas, aunque le llames espiritualidad, por el camino del despeñadero.
Necesitas del otro para mirarte , para reconocerte para observarte en ese espejo
y poder modificarte y crecer hacia un nuevo ser. Esa nueva tierra tuya ha sido
fecundada por el tú, cuando el tú, cabe en el yo entonces surge la maravilla
de un nosotros. Y entonces llega Él, pues ya lo dijo “Cuando
estéis dos e mi nombre, allí estaré Yo”. En ese nosotros encontramos el
hijo, la conciencia. En ese nosotros, en ese territorio de relación, nace la
interacción.
La clave de la felicidad es un comprender. El cuerpo es un patrón de relación.
Ese soporte relacional determina la calidad de tu vida. En ese territorio
relacional nace la confianza. En nuestros estudios hemos comprobado que allí
donde hay más confianza en los demás, en el vecino, en el de al lado, en el
gobernante, en el empresario…, allí donde hay más confianza porque hay más
transparencia y más honestidad, hay también una mayor felicidad.
Nuestra tierra es vulnerable y puede así germinar. Nosotros somos también
vulnerables y entonces nos podemos adaptar. Nuestra adaptabilidad es nuestra
mejor fortaleza. Nosotros podemos airear nuestra tierra vulnerable y en ella
construir el surco y en ella sembrar la semilla. Una tierra permeable se deja
permear por el agua, sólo una tierra vulnerable puede dejar de ser desierto.
¿De qué esta hecha nuestra vulnerabilidad? Está hecha de flexibilidad. No
tenemos que ser perfectos. Cuando somos auténticos y a la vez somos flexibles
podemos germinar. Cuando la semilla de la vida, cuando el propósito del alma
germinan entonces nos podemos realizar.
La segunda clave es por lo tanto humildad. La humildad es la clave del
aprendizaje, sólo desde la humildad podemos abrir nuestro corazón. Sólo desde
la humildad podemos sensibilizar nuestra piel, todas nuestras pieles, la piel de
nuestro campo mental, de nuestro campo emocional y abrirla a la caricia del
cosmos.
Vulnerabilidad, humildad y flexibilidad son las claves para la nueva vida, para
recuperar el poder de ser servir y de disfrutar, para convertirte en el fruto
maduro de la vida. El orgullo nos impide disfrutar, porque el orgullo nos
separa. El orgullo divide y destruye el territorio de la conciencia, que es el
territorio del nosotros.
Dos movimientos pues hasta el presente: El yo interno que nos conduce a la
autenticidad y en segundo lugar la adaptabiliad para llegarnos al tú y
construir un nosotros.
Ahí viene la tercera condición para la
felicidad, la más difícil de todas: la vida cambia y todo muere. No hay
nada constante. Todo muere salvo el cambio. No te resistas al cambio. El cambio
te introduce en una corriente de transformación y transmutación que permite al
Espíritu fecundarte.
El cambio es fuerza transmutadora. No temas el caos, pues es la matriz del
cambio. No temas el mal, ni la sombra pues son reveladores de la luz. No temas
la noche, pues sin ella no podrías reconocer los infinitos soles que la
habitan. Cuando aceptamos las transformaciones y las transmutaciones en la vida,
cuando no nos resistimos a cambiar, podemos ascender en la savia de la evolución,
florecer y dar nuestro fruto.
Cuando nos reconocemos, encontramos la crisis aseguradora del cambio. Vivir es
un proceso de cambio permanente. Cuando tenemos crisis, la vida se bifurca y no
vuelve a ser la misma. Nuestra identidad no es de fundamentos, nosotros no somos
un fundamento. Nosotros somos lo significativo: el lenguaje, el sueño y la
esperanza… Nosotros no somos este cuerpo, pero a través de él podemos
ascender.
El cuerpo es un instrumento del ser y el ser es ese proceso de cambio permanente
que nos empuja en un proceso de aprendizaje continuo… Vivir es encender un
fuego interior, es convertir el conocimiento en sabiduría que nos permite
desenvolvernos en un proceso de cambio permanente.
Este cuerpo no es lo que creemos, es una estructura que está al borde del caos.
Primero nos ramificamos. Procedemos de un solo tronco, pero un día la vida se
bifurca. ¿En qué instante tu vida no volvió a ser igual? Se trata un punto
crucial, donde te crucificas y mueres para nacer a una nueva dimensión.
En el presente podemos siempre aprender del pasado. Podemos cambiar la historia
aprendiendo las lecciones. Hay dos tipos de seres humanos: los aprendices y las
víctimas. Tú puedes optar por una u otra vía. Puedes optar por dejar de ser víctima
de tus creencias. Recuerda que ellas también pueden ser dagas o cáncer, pueden
ser fatales.
Tú terminas convertido en aquello que crees de ti. Tú creas el universo en el
que crees. Si tú crees que eres culpable te vas a castigar de mil maneras. Si tú
crees que no eres digno, te vas a enfermar también. Podrías sin embargo mirar
al pasado, con ojos de presente, de presencia y de amor, no para quedarte en el
dolor de tu pasado, sino para aprender la lección que dejaste de aprender.
Todas las lecciones aprendidas te ayudan a disfrutar de la Presencia que habita
en tu presente. Los problemas los podemos volver a vivir desde la conciencia y
no desde la culpa o el condicionamiento. Recuperamos la plenitud de la
conciencia y así liberamos el fruto de la lección. Ello cambió la historia.
La historia no son fechas, sino códigos de lectura que hemos de aprender.
El problema no es lo que nos pasó, el problema es cómo vivimos lo que nos pasó.
Si pudiéramos dejar el rol de la víctima, podríamos resolver esos aspectos
cruciales que siguen congelados en nosotros.
Si estos puntos de muerte no los vivimos desde la actitud de la víctima se
produce el renacimiento. Nosotros podemos volver a nacer . El pasado ha pasado y
ahora disfruta de ese punto de partida hacia la felicidad que constituye la paz.
La paz la descubrimos no exteriormente, sino en el fondo del ser.
La historia no es lo que pasó, sino la lectura que haces de ella. Si no dejas
pasar a las cosas, éstas se siguen reflejando en tu fisiología, en tus
relaciones, en tu vida…, turbando tu felicidad.
El caos nos devuelve la sensibilidad. La mujer es más sensible. En el embarazo
un embrión representa un vórtice caótico de desarrollo. Podrías gozar
infinitamente más de la alegría y no sentir los dolores con otra sensibilidad.
Los poetas también viven en un vórtice más caótico. Aunque no nos demos
cuenta y cuando hay una conjunción planetaria, una luna llena y manchas
solares…, todos nos volvemos un poco caóticos. Cuando no resuelvo entro de mí
ese vórtice caótico, ello va a tener una repercusión en los demás, hasta el
punto de que podemos entrar en un estado de violencia.
La sensibilidad nos puede liberar o nos puede matar. Tenemos dos maneras de
abordarla. Desde la posición de la víctima y entonces se convierte en lágrimas
de cocodrilo, en sensiblería y nos predisponemos a la manipulación. La
manipulación es el terreno de la inconsciencia. Eso no es una verdadera relación
humana, pues hay posesión, chantaje…
En el terreno de la sensiblería todos somos víctima. ¡Que se acabe ese
territorio de la sensiblería y el chantaje emocional y asumamos nuestra
responsabilidad! Cuando nos duele la vida es que nos estamos despertando. No
necesitamos tantos analgésicos. De pronto necesitamos un dolor más grande para
saber lo que éramos. De pronto alguien necesita ver la cara de la muerte para
constatar el valor de su vida , de su mujer, de su hijo… Tal vez tengamos que
vernos en la cama de nuestro hijo que tiene una leucemia, para ver qué es una
enfermedad, que no sólo tiene que ver con los glóbulos blancos, sino que tiene
también que ver con la forma con la que nos comunicamos. Que no sólo tiene que
ver con una radiación ionizante, sino con nuestra agresividad, con nuestro
desamor… No hay nada más radiactivo que las emociones contenida , retenidas y
reprimidas.
Un día nos duele la vida y la vida nos dice que también es con nosotros y nos
acerca un dolor que es un despertador. Un día vemos la proximidad de la
muerte y ella nos enseña las lecciones más hermosas de la vida.
Un dolor nos hace sensibles, nos ablanda. Todo fruto maduro es blando. El amor
deja de ser un amor duro y dominante y casi perfecto y se convierte en ternura,
entonces vuelves a nacer. La sensibilidad nos hace tiernos. Los viejecitos se
vuelven tiernos y les cuentan cuentos a los nietecitos. Inician el camino de
regreso, el camino de regreso es la ternura.
En el seno de todo caos renacemos. En el caos existe un vórtice de sensibilidad
infinita que nos permite transformarnos. El caos nos permite emerger y con el
emerger llega también la felicidad.
Crear es un parto. Si en ese potencial ordenante que hay en tu interior, tú
descubres esa semilla y aprovechas la turbulencia del caos para desarrollar un
proceso de cambio sin precedentes, entonces puedes emerger. Emerger es volver a
nacer. El estado de emergencia es un estado de alerta intenso, un estado de
genuina presencia, un estado de éxtasis. Se trata de un estado en que aún con
todas las perturbaciones te encuentras contigo mismo. Paradójicamente en el ojo
del huracán hay una infinita paz y adquieres un potencial infinito.
El problema no es lo que ocurra fuera. El problema es lo que ocurre dentro de
ti, cuando estás dentro de ti, se desarrolla todo tu potencial trasformador. Es
posible. aún con toda la turbulencia. que mantengas tu serenidad. La serenidad
es la paz profunda del ser, es la paz inconmovible del ser, que te permite
abordar los procesos de cambio sin resistirte a ello.
He ahí la tercera vía a la felicidad: no te resistas al cambio. Aprovecha la
oportunidad de cada crisis. Utiliza tu infinita sensibilidad. Aprovecha las
oportunidades que te brinda la vida para acceder a un nuevo potencial. Aprovecha
la bifurcación cuando la vida no vuelve a ser igual. Aprovecha la semillas que
la vida siembra en tu corazón, cuando la vida te duele profundamente. Aprovecha
el parto del caos para nacer a un orden superior y así recreas y reinventas tu
vida, y así descubres una nueva identidad.
La cuarta vía a la felicidad es la
responsabilidad. La responsabilidad es una sensibilidad humanizada. A un
perro, a un gato no le podemos pedir responsabilidad, pero sí a un ser humano.
Responsabilidad es una sensibilidad convertida en capacidad de responder. Tu
evolución está determinada por tu grado de responsabilidad.
¿A qué respondes? ¿Respondes por tus actos, respondes por ti? ¿Respondes al
dolor ajeno? La responsabilidad es una condición esencial del amor. El amor sin
responsabilidad es lo más peligroso que hay en este mundo. En nombre del amor
hemos cometido las mayores barbaridades.
La responsabilidad hace que el amor sea una verdadera respuesta a la felicidad.
Responder en términos humanos es reconocer la necesidad. El amor es reconocer
lo esencial del otro y volcarnos a satisfacer esa necesidad desde nuestra propia
sensibilidad. La responsabilidad nos permite comunicarnos y corresponder. El
amor nos lleva a un universo maravilloso de correspondencias.
Empiezas a liberarte cuando eres capaz de responder al hermano, al amigo, a la
esposa, al hijo; cuando eres capaz de acompañar y morir en el otro y con el
otro.
Todo verdadero amor surge de la amistad y toda genuina amistad es reciprocidad,
es una vía que va en dos direcciones. Donde hay reciprocidad hay resonancia,
donde hay correspondencia hay correctas relaciones humanas. Esa es la más
maravillosa lección que vinimos a aprender: correctas relaciones humanas. En
ello somos todos aprendices.
Vinimos a aprender a relacionarnos. No vinimos a aprender a ser ingenieros o
abogados. Esos son instrumentos para relacionarnos. El hombre es un ser
relacional y vinimos fundamentalmente a aprender relaciones humanas respetuosas,
responsables, liberadoras. No son relaciones sociales para retenernos, para
poseernos, para chantajearnos. Lo son para liberarnos, para completarnos.
Así transformamos la ecología de la Tierra, que no es una ecología externa.
Lo que le pasa a la Tierra es lo que le está sucediendo al corazón del hombre.
Si yo abro mi corazón, abro la tierra dentro de mi. Si yo amo a mi hijo, amo a
la tierra, al paisaje y la atmósfera. Y si amo con un amor puro no voy a
contaminarme. El resentimiento es el agente contaminante.
El amor liberador existe en la reciprocidad responsable. Amar es dar y recibir.
Hay más sabiduría en el saber recibir. A menudo nos negamos a recibir el
regalo de la sonrisa, de la mirada del otro, por no comprometernos, por no
quedar en deudas. Necesitamos infinitas deudas de amor como vía a la felicidad.
La gratitud es esa habilidad que revela tu propia luz.
La quinta y última vía a la felicidad
es la sencillez. Lo bello, lo bueno, lo verdadero es sencillo. Sólo lo
sencillo es integro, sólo lo que es integro nos conduce a la unidad. La
sencillez es transparencia, claridad, es humildad, honestidad. Nos permite bajar
del pedestal y entrar en la corriente de la gente.
Conquistar
el código de la sencillez en tu vida te lleva a ser feliz. No se trata de ser
el gigante de tus sueños, ni el enano de tus complejos…, sino de entrar en la
corriente de la gente y sentirte uno con todos ellos. Conquistar el código de
la sencillez en tu vida es condición para ser feliz, porque no tienes ninguna
expectativa, porque así eres feliz con todo y a pesar de todo. Esa felicidad te
hace entrar en comunión con tu humanidad. En esa comunión nos damos cuenta que
somos la voz del Creador, que a la vez somos cocreadores, llamados a recrear la
creación.
Estamos aquí para conectarnos a la gran cadena de la vida , a esa gran cadena
de inteligencia cósmica, río de conciencia. Somos mediadores entre los reinos
inferiores y superiores de la naturaleza.
Cuando somos sencillos somos como ella, la Amada y la Amada en nosotros es el
Alma. Cuando somos sencillos reflejamos el Alma, no para la vida eterna , sino
para aquí y ahora en vivo y en directo. Somos un sencillo templo de sabiduría
donde oficia el Alma. El Alma oficia el ritual del amor que nos permite entrar
en comunión. Ya no sólo comunicarnos, sino fundirnos por el centro, de corazón
a corazón y así entrar en esa corriente de la evolución que pasa a través de
nosotros para liberarse.