Nací en Madrid en el año 1959, viví siempre rodeada de mucho atención y
"buen" clima que muchos años más tarde se convirtieron en todo lo contrario,
para salir de nuevo adelante habiendo renacido a la consciencia, a la
ecología, al respeto y a la difusión de que sólo respetando nos respetamos y
que sólo el amor por nuestros compañeros de planeta nos dignifica y nos
convierte realmente en humanos, y eso me dedico ahora a difundir sólo con el
corazón y la experiencia vivencial.
Tuve siempre perros, alguno de los cuales fueron mis gran amor y devoción y
siempre fui consciente de la gran compañía que me hacían en momentos en que
me he sentido en la vida, como todos, sola, incomprendida y triste. Recuerdo
otoños de mucha nostalgia y sensación de carencia y de sentirme incompleta,
que fueron seriamente sanados por la compañía, la devoción, la ausencia de
juicios de valor, la nobleza y el amor, que me han tenido dichos animales, y
que siempre fue correspondida. Viví con ellos participando activamente de
los misterios del nacimiento, la vida y la muerte, como fenómenos que ellos
se plantean sin la necesidad de hacerse preguntas y aceptando en la
totalidad de dicha aceptación, sin rencor, sin dudas y sin enganches, dichos
fenómenos, así como ese sistema emocional tan puro y limpio que les
caracteriza. Yo misma, sin llegar a grandes conclusiones, era consciente de
lo que me enseñaban los perros y de todo el amor tan profundo que me hacían
sentir. Recuerdo incluso que cuando me mandaban a Inglaterra o a Irlanda a
aprender inglés les escribía postales con mi colonia, para que les hicieran
llegar mi recuerdo para ellos. Sus nombres fueron, Huaso, pastor alemán,
Kira pastora alemán, Topaz, cocker spaniel, Ciro y Julia también cocker
spaniel, Jara y Dumas labradores.. para todo ellos el recuerdo de que han
estado siempre en mi corazón y que sigue vivo su recuerdo así como todo lo
que me aportaron desde su primer día a mi lado hasta su último. Recuerdo
especialmente como me gustaba cortar su carne de caballo, que era como les
alimentábamos en trocitos pequeños, me acuerdo de las pastillitas que
camuflaba en la carne porque se negaba a tomarlas, recuerdo muchos momentos
de estar ocupada y no pre-ocupada gracias a su compañía, y recuerdo también
el haber hecho esfuerzos de tipo personal por su bienestar y no sólo por el
mío, lo cual siempre despierta compasión y desprendimiento de emociones
egoístas que siempre nos asaltan a todos. Más tarde cuando ya psicóloga e
investigadora compruebo y verifico que todo aquello de lo que por un lado
era consciente y por otro no, me ha servido para difundir la información de
que tener una mascota tiene un sentido que va más allá de la pura imagen,
guarda, pastoreo, caza etc, lo perros pueden ayudarnos a mejorar y a
evolucionar ¿qué más se puede pedir?
Paralelamente, mi padre tenía un barco velero e íbamos a navegar por
Formentera e Ibiza donde había muchos delfines y muchas veces nadábamos muy
cerquita de ellos, siempre sintiendo un enorme entusiasmo y felicidad. Algo
que no suponíamos luego pudiera ser un milagro, ya que en esos tiempos los
mares estaba repletos de vida y salud. Más tarde la vida  misma me puso en
situación de poder comprender, en momentos de pesar y todavía en mi
ignorancia como científica todavía no desarrollada, los beneficios psíquicos
que en mi persona y estando necesitada de ello, supusieron dos delfinas en
Colombia con quienes tuve la "·suerte" de interaccionar durante casi dos
horas. Y de ahí que nado con delfines siempre que puedo y siempre que me
hago correspondiente con ello, sintiéndome afortunada, pero dando siempre,
como me enseñaron ellos, a dar lo mejor de mí sin esperar resultados. Y los
resultados los obtengo anualmente cuando me pongo en contacto con ellos en
diferentes sitios y lugares. Hoy día exploro e investigo los resultados que
se pueden obtener y del antes y del después que produce el contacto y
comunicación con ellos tanto en personas sobrerreaccionadas como en personas
discapacitadas.
Siempre he montado a caballo, era la actividad que mis padres programaban
para mí los sábados por la mañana y recuerdo mucho a Lassi y la cantidad de
paseos por el campo, tanto al paso, como al trote como al galope corriendo
que me pegaba por el club del que éramos socios, y los sentimientos de
expansión absolutamente desprendidos de miedo, ya que a los niños le viene
dado sin mente, el poder disfrutar y expandirse con tan magnífico animal.
Luego muchos años más tarde hice el master de psicoterapia con caballos en
Estados Unidos en donde me asignaron a Margarita para interaccionar con ella
y poder demostrar por mi experiencia cómo y hasta qué punto se puede
establecer una comunicación que desde luego soy testigo que puede ir mucho
más allá que el mero montar o el mero atender sus necesidades básicas. Ella
me enseñó sobre dignidad, sobre libertad y sobre autodependencia, también
sobre silencio, armonía y quietud. Fueron momentos catárticos de mi vida que
viví cerca de tan grandiosa Maestra de la PAZ. Y ahí fue cuando día el salto
a difundir esta magnífica ciencia, de la cual es necesario extraer
conclusiones para hacer llegar a las instituciones y a la universidad para
que sea oficialmente reconocidas y por tanto promulgadas y atendidas, para
el beneficio bidireccional (también para los animales) de dicha comunicación
e interacción en psicoterapia.
También he tenido periquitos, tortugas tanto de agua como de tierra,
recuerdo especialmente a Cleopatra, una tortuga de tierra que me dediqué a
observar y a alimentar hasta que sucedió el temido fenómeno por mí de que un
buen día desapareció, aprendí de ella a ver la vida con tranquilidad y a ir
más despacio, con más atención y además me fascino su belleza y el
extraordinario fenómenos de vivir en casita propia, su propio cuerpo. Tuve
cobayas y vivimos en casa, ya con hijos el llamado de nuevo fenómeno de la
vida,. la reproducción, la crianza y educación de sus crías, así como el
servir a un ser para su salud integral y su bienestar atendiendo de nuevo
sus necesidades con responsabilidad y respeto. Trabajé años después con un
loro en consulta que aparte de ser algo ruidoso, ya que tienen carácter,
Rodolfo se llamaba aunque nunca supimos si era Rodolfa... él se comunicaba a
través de sus preferencias, a través de su mirada inteligente de sus
caprichos y las palabras que aprendía y nos traía información sobre cómo
estaba de silencioso o tenso el ambiente que nosotros mismos provocábamos.
Reflejo absoluto de nuestro "clima". Hoy día se ofrece una recompensa
sustanciosa, ayer justamente hacía un programa de radio sobre ello, por un
loro desaparecido que había desarrollado 400 vocablos y que se comunicaba
con un niño autista y hacía de puente para que él se comunicara con su
familia ¿un don? no me cabe la menor duda. Sólo hay que parar la mente, como
la tienen parada los niños autistas en su introversión para poder
desarrollar el don de comunicarse con los animales.
Y como todos tenemos un enorme y fascinante laboratorio humano, que somos
nosotros mismos, para investigarlo y conocerlo, lo que recomiendo más que
encontrarse con maravillosas teorías acerca de la psicoterapia con animales,
simplemente lo todos podemos hacer es con consciencia de lo que está pasando
experimentarlo por nosotros mismo y también ver qué dicen los demás.
Hoy día bailo al son de la belleza de la psicología felina. Perla y Pachita
me la proporcionan y aunque eso sí que requiere de la delicadeza de la
comprensión de lo que es ser independiente y relajado además de ser
dependiente y en estado perpetuo de alerta, me están enseñando y ofreciendo
en mi vida, tanto, como jamás puede sospechar. Ellas en su silenciosa
compañía, hedonismo, inteligencia emocional y artes para encontrar el lugar
más homeostático y placentero de mi casa, me proporcionan una aceptación,
silencio y disfrute en la calma, que me hace vibrar de puro silencio mental
cuando me pongo en sintonía con ellas.
¿Más historias? UY!!! pues muchísimas pero que valga mi experiencia como
persona y después como psicoterapeuta para comprobar y verificar más que
creer, porque la verdadera sabiduría viene de la experiencia.
Con todo mi amor y mi mejor intención
Isabel Salama (Psicóloga Clínica)
www.isabelsalama.com