ARTICULOS

1. PRÓLOGO
( Annie Chevreux )


2. POEMA DE AMOR PARA TÍ
( Juan José Albert )


3. ADIVINANZA
( Juan José Albert )


4. M
( Susi Andreu )


5. LA FOBIA
( Angela Núñez )


6. TIEMPOS DE CRISIS, TIEMPOS DE COSECHA
( Elena Revenga )


7. MI MAMA ME MIMA (Y YO LA MAMO)
( Peter Van Wijk )


8. TRAS UN INSTANTE OTRO.
( Ignacio López López )


9. CADA CUAL SABE LO SUYO
( Lourdes Martínez )


10. " LO QUE HAY ES LO QUE HAY; Y LO QUE HAY ES BUENO "... (J.J.A.)
( E. Cortés )


11. Q3K3
( Javier Arenas )







PRÓLOGO

Nunca se ha hablado tanto de terapia como ahora. La palabra está en la calle, en la televisión, en la prensa. La terapia está de moda. Gracias a esta moda, que como todas, no es más que el envoltorio puntual de una necesidad profunda, se va esfumando poco a poco el halo de secretismo y el temor a ser rechazado por raro o problemático si uno dice que va a terapia. Parece ser que aquello que vaticinaban los Polster en los años sesenta, que la terapia es demasiado beneficiosa para limitarla a los enfermos, cobra pleno vigor hoy en día. Es cierto que ahora no todos los que acuden a la consulta padecen síntomas. A veces, ni tan siquiera lo hacen porque se ven trastocados por algún acontecimiento doloroso. Cada vez llega más gente que busca algo y aunque a menudo no saben concretar que es, si intuyen que no lo van a encontrar fuera. Y menos en este mundo ávido e impaciente de logros externos, que no propicia para nada el desarrollo de la vida interior.

¿Pero como volver para dentro?. Es difícil saber uno solo como se hace eso de contactar y retirarse según las necesidades genuinas, no las impuestas por el entorno. Esa es la motivación profunda que empuja a mucha gente a emprender un proceso terapéutico. Ir a terapia es, para muchos, perderle el miedo al silencio, el silencio que nuestra época ruidosa intenta acallar como forma de negar la muerte. Aunque todos sabemos que algún día nos tocará morir, parece que el mundo actual se empeña en que nos comportemos como si fuéramos inmortales. Gran parte de la gente que decide hacer terapia vive esta falacia como denigrante. Desea taparse los oídos a la cacofonía ambiental porque de una manera u otra se ha percatado de lo robótico de su existencia, que es la manera de estar muerto en vida. Se han dado cuenta, aunque a menudo no saben como definirlo, que la estrategia de supervivencia que han desarrollado no da más de sí. Unos se han hecho adictos al control, al poder, al amor... y llega el momento en que saben de sobra como conseguirlo. La sensación interna que acompaña todo aquello es que jugar la partida va perdiendo interés: la vida se ha vuelto previsible.

Annie Chevreux

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POEMA DE AMOR PARA TÍ

Cuéntame un cuento.
¿Te cuento un cuento?
Venga, vamos a contar cuentos.

Tu me cuentas tu cuento,
yo te cuento mi cuento.

¡Nos contamos un cuento!

¿De qué va mi cuento?
De aceros o merengues,
de lagrimas, risas o llantos;
de héroes, de princesas,
de rebeldes u obedientes;
de currantes y pringados...

¿Dónde habré oído éste cuento?

Vaya cuento,
el cuento del aburrimiento...
y del sufrimiento.

¡Vaya cuento!

El cuento del encantador,
el encantador de cuentos:
demonio de los sopores,
resaca de vino muerto.

Conmuéveme las entrañas
con vinos recién abiertos,
empápame el corazón
y todos los poros del cuerpo,
que ebrio de vino y viento
quiero bailar con la vida,
en tanto que no esté muerto.

¡Venga!, no me cuentes cuentos...

Emborráchate conmigo,
bebamos la copa juntos,
que mi amor solo es amor
si lo comparto contigo.

Y si duele, pues que duela;
también dolor es vida
y son risas y son llantos
y es tu piel que me embriaga,
y tus ojos de inocencia,
y tu alma que me arropa
y me lleva a las estrellas.

¿Para qué contarnos cuentos?

Juan José Albert

ADIVINANZA:

Me cuento un cuento para no enterarme de mi cuento. ¿Cuál es el cuento que me cuento?

De una y la misma "cosa" aparentemente tan sencilla, enterarme del cuento que me cuento, se han escrito grandes y pequeñas ideas desde distintos puntos de vista, algunos incluso opuestos y excluyentes. Tener diferentes puntos de vista sobre una misma cosa, tiene buenas ventajas. Sin embargo, también tiene algunos inconvenientes, como es el que tal "cosa" es el ser humano en relación consigo mismo, con otros seres humanos y con el entorno inmediato. Otro inconveniente, derivado del hecho en sí, es que cada punto de vista pretenda tener la VERDAD DE LA VERDAD sobre el tema del cuento, tanto del que me cuento como del real, que no deja de ser un cuento.

Aún así, tal variedad de puntos de vista ha hecho posible que algunos de ellos se hayan integrado, acercándose más a un todo que es diferente de la suma de las partes. Haciendo posible tener una percepción más amplia y clara se acerca más a la posibilidad de conocer que lo que es, es más allá del color con que lo pintemos.

El tema del cuento nos interesa a todos, incluso a los que pasan de cuentos, porque es el tema de la vida de cada uno de nosotros en particular. Pero tiene, de nuevo, algunos problemas.

Cuentan que un actor se identificó tanto con un famoso personaje, de una famosa obra de un famoso autor, durante tanto tiempo, que se olvidó de su persona y se hizo a sí mismo como a su famoso personaje, y como tal aprendió a vivir. Cuentan que enloqueció, y desde su locura pudo ver la enormidad de la locura que había cometido creyendo ser su personaje. Dicen además, que luego continuo representando a su personaje y con más alma que nunca, y él, como persona, fue un actor de éxito. El problema, pues, viene a ser que nosotros somos el actor, el personaje y el autor, que nos inventamos la obra y, encima nos creemos famosos. Convertimos nuestra vida la más de las veces, ni siquiera en comedia o tragedia, sino en una mascarada ridícula, aburrida y llena de sufrimiento.

La historia que nos contamos, que intentamos creer y hacer creer, sobre nosotros mismos, cristaliza en una estructura corporal, emocional e intelectual a la que llamamos CARACTER, y que puede llegar a convertirnos en un rígido personaje que repite siempre el mismo papel, y que pierde el tiempo. Lo que es, es en el momento en que sucede, y si en ese momento está mi personaje y no yo, pierdo el tiempo ya que mi personaje no existe puesto que es una invención; yo tampoco estoy, o estoy tan ocupado en el trabajo de controlar los engranajes del personaje, en el mejor de los casos, que no dispongo de atención para nada más. No me entero.

Al final resulta que nada existe, ni el personaje porque es una invención, ni yo porque no estoy, ni lo que soy porque nadie se percibe de ello, ni el tiempo como consecuencia de una realidad que tampoco tiene posibilidad de existir. Nada. Vaya historia. Pierdo mi no-tiempo al no enterarme de lo que sucede en el momento en que es

Sin embargo, y este es nuestro autentico drama, no tenemos más remedio que inventarnos una historia para nuestra vida, como un cuento. Inventarnos un personaje que nos distraiga y anestesie un poco, ante la frustración y el dolor de algunas experiencias emocionales de nuestra vida, sobre todo de nuestra vida infantil, y poder defendernos en ellas. Este es otro inconveniente para resolver la adivinanza: tenemos miedo de soltar a nuestro personaje, porque entonces la vida nos pasaría a nosotros y tememos volver a pasar por esas experiencias dolorosas, las pasadas y las presentes; y las futuras que, vaya por donde, no existen, más bien las provocamos con nuestro miedo. El miedo es tal, que hace que ni siquiera nos planteemos que aquí y ahora podemos elaborar y tener otros recursos para enfrentarnos a esas experiencias, incluso cambiarlas.

A veces, y con suerte, la vida viene a ponernos ante situaciones que nos hacen planteamos esa inquietante pregunta de "¿por qué yo soy así?", y desear ser de otra manera, pero no podemos. Nos resulta como movernos dentro de una espiral plana; podemos estar en uno u otro punto, pero sin salirnos de ella, recorriendo siempre el mismo camino, como las hormigas.

Este es otro problema: hemos olvidado como ha ocurrido para que hayamos tenido que contarnos esta historia de ese personaje que nos creemos ser. Y si no sabemos como fue que se hizo la historia, tampoco vamos a saber como deshacerla. Desde este modo permanecemos esclavos de nuestro personaje, de nuestro querido y asfixiante CARACTER, hasta que, con suerte, "enloquecemos". En estas situaciones intentamos resignarnos dando por bueno el terrorífico destino del "yo soy así desde que nací, o desde antes". Algunos incluso lo tienen a gala. O nos revisamos.

No, no somos así desde que nacemos. Nuestro carácter no nace con nosotros, lo hacemos nosotros en la relación con el entorno desde el momento del nacimiento, pero poco a poco durante toda nuestra infancia con decisiones que tomamos, quizás por fuerza, y que olvidamos, pero de las que, querámoslo o no, somos responsables.

Tenemos la facultad de olvidar nuestros dolores emocionales, pero a costa de oscurecer nuestro verdadero ser. Nuestro CARACTER nos defiende, si, pero también nos inmoviliza y nos impide, como una armadura, tomar contacto "cuerpo a cuerpo" con nosotros mismos y con nuestro entorno. Nos impide, por tanto, conocernos para poder cuidarnos y amarnos, y conocer para poder cuidar y amar: no se puede amar lo que no se conoce. Mucho menos lo que ni siquiera existe.

Realmente, y aunque se olviden, ninguna experiencia de nuestra vida se pierde nunca, solo se pierde lo que no experimentamos. Ni el dolor ni el amor se pierden nunca. A éste "olvido" lo llamamos INCONSCIENTE, presente en la consciencia corporal, aunque no lo veamos; no por cerrar los ojos se apaga la luz. El inconsciente duerme, fuera del tiempo porque está fuera de la realidad, sueña a nuestro personaje y dirige nuestra vida. Y nosotros dormimos también en el sueño de la ignorancia creyéndonos dueños y señores de nuestro devenir, cuando ni siquiera hay devenir, sino quietud rígida, cadavérica.

Así resulta que nuestro CARACTER ES INCONSCIENTE, es el sueño de algo que realmente no existe. Vaya lío en el que estamos metidos, y en el que seguiremos metidos en tanto que sigamos durmiendo en la ignorancia.

Dicen los que saben, que la psicoterapia "viene a hacer consciente lo inconsciente", y debe ser cierto porque, en cierto modo, funciona. A mi me parece que todo lo que viene a restaurar la inocencia a través de desterrar la ignorancia, sea consciente o inconsciente, es psicoterapia, y más. Mas que curar SANA. Porque si el carácter es inconsciente, la estupidez es consciente, y estúpido es vivir mal pudiendo vivir bien. Llegar a conocer lo bueno y lo malo (salud y enfermedad) que hay en cada uno de nosotros, aunque de miedo y duela, nos da la posibilidad de CONOCER COMO FUE QUE HICIMOS NUESTRO CARACTER, deshacerlo, rehacerlo y ponerlo a nuestro servicio. Poder ser yo y ser mi personaje cuando así lo decida.

Poder ser bueno y malo. Me parece que eso es lo que quiero ser cuando sea mayor, por algo me ha gustado siempre, las que más, las películas de vaqueros. Y de piratas. ¡Ah!, mi última favorita es "Sin perdón": el "bueno" es malo, el "malo" es bueno, pero el "bueno" no puede dejar de ser malo, sin embargo, el "malo" que es bueno, puede ser malo cuando lo decide, por lealtad, por amor y por defender a..., véala usted.
¡FASCINANTE!.

Juan José Albert

M

El frenazo de un coche la sobresaltó. Levantó la cabeza y lanzó un vistazo a su alrededor mientras seguía caminando.

Intentó acordarse de como había empezado a andar ... entonces reconoció el barrio donde la habían llevado sus pasos.

Se cruzó su recuerdo.

-¡Otra vez igual!. Se le formó un nudo en el estómago de impotencia.
-¡No quiero verlo!
-¡Si quiere verme que me llame y así podré dejarle clarito como es su actitud! ¡Como me trata!. No voy a volver a humillarme. No voy a desearlo para que se complazca y se sienta vencedor.

Por unos instantes se regodeo con la fantasía de tener al hombre a su merced. Suplicándole. Se le relajó el nudo y se sintió poderosa.

A los pocos segundos sus sentimientos cambiaron de rumbo.

En medio de una tormenta de sensaciones encontradas que retorcían sus tripas y la rabia atenazando su garganta, M. transitaba el mismo camino de tantas otras veces.

Se acercaba a la casa porque no podía evitarlo, algo superior a su voluntad la arrastraba hacia ese hombre.

El amo.

-¿Quién se ha creído que es?. Si no vale nada. ¡Es un engreído y un chulo!. Un pretencioso demasiado seguro de sí mismo y demasiado seguro de mí deseo por él.

Realmente lo mejor es que me marche a casa y si quiere algo que me busque.

Sintió una punzada de angustia en el plexo solar. Una oleada oscura le nubló la vista. Tuvo que detenerse y respirar hondo varias veces antes de recuperarse.

-¡Basta! ¡Se acabó!. No quiero huir mas. Voy a plantarme frente a él cara a cara y zanjar esta relación para siempre. Hasta puede que al dejarlo sea él quien venga arrastrándose tras de mí loco de deseo.

Lo odio.

M llegó a la puerta de la casa llorando de rabia y desesperación. Se sentó en el portal y lloró con todas sus fuerzas hasta que poco a poco la casa le dio cobijo, se fue calmando y los colores, las paredes las formas familiares le transmitieron paz.

Aceptó. Cabizbaja, moqueando, con los ojos rojos y el desvalimiento de una niña llamó a la puerta.

El amo abrió la puerta desnudo. Sonrió. M ardía de deseo...

--- o ---

Las embestidas finales del acto amoroso desconcentraron a M de su fantasía.

Su marido se relajó respirando fuerte y M se aparto de él aliviada de que todo hubiera acabado.

Medio agobiada, medio asqueada se fue a la ducha. Había cumplido con su marido y por unos días tendría tranquilidad. Eso le proporcionaba un pequeño descanso.

Su cuerpo insatisfecho reclamaba no sé que... imposible

La marca del amo
Mejor olvidar.
(fragmento de un caso clínico de una anorgasmia femenina)

Susi Andreu

LA FOBIA

La fobia - miedo irracional a ciertos objetos, animales o situaciones - es uno de los síntomas con el que algunas personas acuden a consulta en demanda de tratamiento.

Desde el punto de vista del análisis del carácter, la fobia, como tantos otros síntomas, tendría su raíz última en el conflicto originado entre un impulso que busca la descarga y la prohibición del mismo, por lo que la gratificación directa se irá haciendo difícil y buscará otras vías para ello, unas saludables y otras no tanto. Al inicio estas prohibiciones vendrían de la sociedad representada por el entorno familiar del niño/a. Poco a poco durante su desarrollo evolutivo éste/a irá interiorizándolas y haciéndolas propias. Como solución a este conflicto, el "yo" tomará unas formas definidas que constituirán las reacciones caracteriales típicas de cada persona, y estas si que serán conscientes aunque su origen que - dará velado. Si todo esto acontece en la infancia, ¿Cómo es que el síntoma no está presente siempre desde ese momento y aparece mucho más tarde?. ¿Cómo es que en un momento determinado una persona hace este síntoma?.

Hablemos del carácter, estas formas de reacción, a las que me he referido son los llamados rasgos de carácter, p.e., obediente, digno, sumiso, etc. forman parte del yo y se crearon como protección ante las demandas instintivas percibidas como peligrosas y a costa de la energía proveniente del impulso reprimido. Así son modos de reacción crónicos y automáticos en lo que respecta al aparato psíquico y que tienen su manifestación corporal en forma de tensiones y/o bloqueos crónicos con el mismo propósito ya que la persona desde este punto de vista, está considerada como un todo, postulándose como principio la identidad funcional mente-cuerpo. La contención en el aparato muscular impide el libre fluir de las excitaciones vegetativas y la conciencia de los afectos correspondientes que si no se perciben mucho menos será posible expresarlos. Como vemos, parte de la energía vital que consiste en excitaciones vegetativas no puede ser descargada ni directamente ni por medio de la creatividad ya que está siendo usada para mantener la tensión a nivel corporal y a nivel psíquico los rasgos de carácter, que operaran con mayor o menor rigidez, según el principio de placer, en función de las situaciones que se presenten al sujeto.

Imaginemos que una persona se ha manejado más o menos bien inhibiendo a lo largo de su vida el componente agresivo del impulso y ha usado la energía de éste en rasgos tales corno el puritanismo, la obediencia, etc., es decir, en el mecanismo de defensa típico, que no exclusivo, conocido corno Formación Reactiva. Esta persona, ante una determinada situación, siente un intenso deseo sexual que no puede gratificar ni directa ni creativamente, por estar asociado con el temor al castigo y ante el que su mecanismo de defensa ha fallado pues no ha sido suficiente para contener la excitación vegetativa, su puritanismo no le sirve, entonces este plus de excitación la va a confrontar con la imagen que tiene de sí y será vivido como discordante, como angustia; angustia que de quedar libre sería bastante intolerable para el sujeto y ahí puede hacer la aparición la fobia. Por lo tanto, la fobia vendría a reforzar los mecanismos de defensa, que han fallado, y a inhibir y contener la energía del impulso, percibida como angustia, con lo que esta quedaría desplazada al objeto fóbico que podrá ser más fácilmente evitado.

No todas las situaciones que producen una intensidad de excitación que no tiene una salida saludable terminan en una fobia. Esta constituiría un procedimiento particular del manejo de la angustia, y de su elección y significación sólo podrá dar cuenta la persona en relación con su historia individual.

Angela Núñez

 

TIEMPOS DE CRISIS, TIEMPOS DE COSECHA

Los humanos estamos unidos por redes vinculares significativas, como cordones umbilicales múltiples por los que discurren un sin fin de experiencias, no siempre nutritivas para nuestro ser. Experiencias éstas, que por comprometidas, difíciles, dolorosas y desagradables para la propia imagen y el status construido, a veces quedan negadas, tapadas, disimuladas y ocultas en el fondo del saco. Aunque... da igual... de alguna manera por sutil que sea, estas huellas reclaman su lugar así como la basura reclama su reciclado.

La persona queda en un equilibrio tan rígido como inestable, lejos de sí misma y la mayor parte de las veces cautiva del "tener que ser más...", "tener que tener ... ", de las expectativas y deseos ajenos, de las exigencias impuestas desde fuera y aceptadas como propias, alejando al ser humano de lo que le es más cercano y evidente: su humanidad. A veces lo más sencillo y cercano nos resulta muy difícil y lo más evidente lo que más nos cuesta ver, aceptar y comprender.

De las contradicciones entre lo que siento y muestro, opino y manifiesto, necesito y no reclamo, deseo y niego, surge la angustia, como indicador de los cortocircuitos, la presión y el conflicto íntimo en que la persona se encuentra sometida.

Hay muchas personas acostumbradas a pseudovivir de este modo y que un momento de crisis les invita a preguntarse sobre el sentido de su vida, relaciones y realizaciones. Así los tiempos de crisis pueden transformarse en tiempos de cosecha, y esto depende en buena parte de la disposición y confianza que ponemos en lo que nuestro organismo completo quiere decirnos. Así, muchas personas acuden a psicoterapia preguntándose y buscando los motivos verdaderos de su malestar vital. Malestar este que puede ir presentando diferentes caras según la personalidad y el momento de vida de quien lo sufre. Ya sea en forma de disfunciones orgánicas, dolores corporales, sorprendentes crisis de angustia, de pánico, las tan frecuentes crisis depresivas en que la tristeza, el vacío y la perdida de sentido ganan terreno a la vida.

Cuando esa persona motivada por su necesidad de equilibrio organísmico se pregunta, sobre sus heridas, necesidades y deseos, comprometida consigo a cara descubierta, dispuesta para aceptar las respuestas que su propia verdad le proporciona, se va apropiando de una satisfacción verdadera, no comparable a los variopintos éxitos externos, medidos por el orden social al uso. El éxito en este caso significa la recuperación de una parte importante de sí misma: la consciencia en el ser autor a la vez que actor de la propia historia.

Elena Revenga

MI MAMA ME MIMA
(Y YO LA AMO)

Ateniéndonos al título, no podemos saber qué es lo que le pasa al papá, pero yo, que sé lo que viene a continuación, por algo soy el autor, me temo que al papá lo papa. Todo esto, para iniciar un artículo que iba a tratar de lo que podría llamarse: la evolución del concepto de la adolescencia dentro del contexto sociocultural de la sociedad del fin del milenio...

El fin de semana pasado estuve comiendo con varios amigos. Todos ya habíamos cumplido los treinta y algunos incluso los cuarenta ya no los cumplían. En la sobremesa, nos fuimos dividiendo en dos grupos, sin darnos cuenta, por un lado aquellos que tenían bien claro que eran padres, hablando, como no, de sus hijos, y por el otro, los hijos, hablando, como era de suponer, de sus padres. Unos pocos, que por lo visto todavía no tenemos claro nuestro papel dentro de los roles familiares, nos íbamos de un grupo a otro. En su momento no acabé de darle importancia al asunto, pero ahora me asombra; hombres, con pelos donde los hombres solemos tenerlos, enfrascados en su papel de hijo y con todos los conflictos con sus padres que esa condición suele conllevar.

Vivimos en una sociedad avanzada, todo va cada vez más rápido y todo, incluso el desarrollo madurativo, parece adelantarse: La angustia del octavo mes, momento horrible en el que el bebé descubre que su mamá puede alejarse de él, ya que no son una sola entidad (fenómeno descubierto y descrito por Spitz, y fundamental para el sano desarrollo del bebé) ahora ya no se da en el octavo mes de vida, sino mucho antes, entre en quinto y sexto. La edad del pavo o adolescencia, otro paso en la tan necesaria diferenciación de los padres que hace el niño, ya no pertenece a los quince-dieciséis años, sino ya a los diez u once se inicia ese "calvario". En edades en que nosotros, como mucho, jugábamos a médicos, nuestros hijos se inician en la sexualidad con un desparpajo que más de uno ya querríamos para nosotros, ¡pero no para nuestros hijos! (Angelicos..)

Por lógica, y siempre dentro de este contexto, también deberían ser adultos, autosuficientes, independientes y todo eso, antes de lo que lo fuimos nosotros (eso sí alguna vez lo fuimos).

Entonces, ¿esos "hombres" de la comida del otro día son unos retrasados? Puede, pero parecen más la ilustración de un nuevo fenómeno: El desarrollo se adelanta a su tiempo hasta atascarse y parece que los precoces adolescentes luego no son capaces de resolver el embrollo y se convierten en adolescentes perpetuos. Hace unos años, mi compañero Ignacio López me aportó el concepto de "hijos mamones" no era exactamente en este contexto, pero el término sirve.

De entrada podría parecer un chollo, al menos para los hijos: "Termino el colegio, o no, puede que también el instituto, o como se llame ahora, incluso a lo mejor la universidad, puede que consiga un trabajo, o no. Sea como sea, sigo viviendo con mis padres, ellos me mantendrán, me cuidarán, para eso son al fin y al cabo mis padres". La realidad, sin embargo, no es tan de color rosa: para empezar se están quedando atascados en una etapa que se supone un paso previo al alcanzar la edad adulta, la meta de todo ser vivo y eso no puede ser bueno. De hecho no lo es, el precio que se paga por no superar una etapa, es el de no resolver sus conflictos. Basta con imaginarnos (y a lo mejor no hace falta ni imaginarlo) el ser adolescente para el resto de nuestra vida, para darnos cuenta que es agotador y que además nos impedirá hacer bien todo aquello que hacen los adultos, tal como por ejemplo formar una nueva familia. Y todavía no hemos hablado de los padres...

Si simplificamos el concepto de desarrollo madurativo de un gran teórico del tema como Piaget, podemos considerarlo como una escalera: vamos subiendo peldaños hasta llegar arriba. Siempre según Piaget, que era muy metódico, hay que subir peldaño a peldaño, si nos saltamos alguno, la hemos fastidiado. Yo me estoy preguntando si quizás lo que está sucediendo es que nuestros hijos se van saltando peldaños hasta que eso les pasa la cuenta y ya no son capaces de seguir. Tampoco sería cuestión de volver a empezar, aunque a veces parezca que alguno lo intente una y otra vez ... También me viene a la cabeza una ley universal de la naturaleza: "Todo proceso requiere su tiempo y no se debe acelerar ni ralentizar."

Esta claro que nuestros hijos nacen acelerados y que nosotros con tanta estimulación consciente e inconsciente, lo único que hacemos, es acelerarles aun más.

Sea como sea, yo todavía no soy lo bastante vanidoso como para pretender cambiar nuestra sociedad y sus tendencias desde aquí. Por una parte me conformo con un punto de reflexión, y por otra, ver si quizás cada uno por nuestra cuenta podamos hacer algo para facilitar el paso a la siguiente etapa de estos adolescentes que están pagando un precio muy alto para poder seguir donde están.

Como padres nos podríamos preguntar hasta que punto se lo estamos poniendo demasiado cómodo seguir allí, en casa con nosotros, dependiendo y chupando del bote. Está claro, que si dan el siguiente paso, y se convierten en adultos, posiblemente nos dejarán solos, tendrán su propia familia y nos irán dejando de lado. Como profesionales que nos dedicamos a los niños podríamos plantearnos hasta que punto estamos ayudando a respetar el ritmo natural de su desarrollo.

Y como hijos podríamos intentar darnos cuenta que estamos pagando con el precio de nuestra libertad, la falsa comodidad de ser mamones.

Peter Van Wijk

TRAS UN INSTANTE OTRO

El año pasado escribí sobre "un instante". Intenté transmitir la vivencia de alguien que metido en la polaridad "o todo o nada", "o soy superman o soy insignificante", en un instante de lucidez a través de un golpe de risa, se siente simplemente humano. Voy a desarrollarlo un poco más.

Tras "un instante" viene el siguiente, lo cotidiano de nuevo. Quizá el chico que se paraba frente al escaparate coge el autobús para volver a casa. Queda el recuerdo, el regustillo de la sensación y emoción acaecidas. Las sensaciones y emociones también tienen su memoria, o mejor, también tenemos memoria emocional y sensorial.

"En un instante está la eternidad", leí en alguna parte. La sensación de alivio tras la comprobación de que el temor no se cumple puede dar paso a la satisfacción; de repente el mundo es un lugar agradable. Pero es en el golpe de risa donde está lo eterno. Es el golpe de risa como una expresión del absurdo lo que nos coloca en otro lugar, en un lugar en el que el bien y el mal, el más y el menos, etc., quedan reducidos a puros acontecimientos anecdóticos. La risa en este caso, como expresión de algo que "choca", nos coloca al fin "por encima del bien y del mal". Y es a través de la renuncia. En un sólo instante suceden simultáneamente: la aceptación de lo limitado que somos, el descanso o alivio de no pretender otra cosa y la percepción del mundo como un lugar confortable o dicho de otro modo pertenecer o ser con el mundo satisfactoriamente.

Hablo de un acto de amor, no de frustración. Es una percepción de unificación en la diferencia o de diferencia en el todo. Otra cosa es si hablamos de la renuncia en su sentido mas pesimista, sería renunciar a ser "el ombligo del mundo" desde la impotencia, desde la caída de la mentira en que estábamos subidos por la delegación de nuestro poder individual en "otro superior" ante el cual no queda más remedio que doblegarse, que resignarse. Y éste es el descanso del fatalista, del que añorando toda la vida el blanco, sintiéndose en el negro, se conforma con el gris; no percibe los colores.

En un instante nos colocamos en "otra realidad". Si no hay otra realidad que lo que percibimos, en un instante hacemos un salto cuántico, no un logro en un continuo, no es un perfeccionamiento de nada, es un desvío perpendicular en el que nos colamos por una brecha que existe en algún lugar entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad.

La aceptación de lo limitado de uno, sólo se logra desde la percepción de lo ilimitado de todo y sólo percibo algo si soy ese algo. Lo otro es resignación, es la amargura de someterse a un poder del cual podemos percibir la alegría de pertenecer a él. Lo individual forma parte de sus modos de expresión.

Los humanos somos creativos porque somos parte de lo que existe, no porque somos parte de la creación. Para esto tendría que haber un "algo o alguien" creador que nos hubiera otorgado esa cualidad. El todo se "recrea" permanentemente y también a través de nosotros.

El chico deja de ser sujeto pasivo de su polaridad neurótica para situarse, en "ese instante", como dueño de sí, en lo que llamamos el "punto cero de Indiferencia Creativa": su centro, donde él puede ser el sujeto activo de su propia vida, ser creativo.

Ignacio López López
Alicante, 4 de Julio de 1999

CADA CUAL SABE LO SUYO

Los textos autobiográficos de nuestros pacientes son muy valiosos, ya que ofrecen una perspectiva excepcional del mundo cotidiano, familiar, del autor, construyen un relato retrospectivo sumamente coherente y en cierto sentido bastante convencional. Se postula como narración de recuerdos, pretensión de verdad, referente de la objetividad, de lo realmente sucedido, la novela familiar del autobiografo.

Definimos la autobiografía, como un relato retrospectivo en prosa que una persona real hace de su propia existencia poniendo énfasis en su vida individual y en particular en la historia de su personalidad.

El autor de una autobiografía se constituye en testigo de sí mismo, y toma a los demás como testigos de lo que su presencia tiene de irreemplazable.

La sociología, la psicología profunda, el psicoanálisis han revelado la significación compleja y angustiosa que reviste el encuentro del hombre con su imagen. La imagen es un otro yo mismo, un doble de mi ser, pero más frágil y vulnerable, revestido de un carácter sagrado que lo hace a la vez fascinante y terrible. Narciso, al contemplar su rostro en el seno del manantial, queda fascinado por esta aparición, hasta el punto de morir al desdoblarse sobre si mismo.

La imagen en el espejo forma parte, a partir de ese momento de la escena de la vida, y los psicoanalistas han puesto en evidencia el papel capital de esta imagen en la consciencia progresiva que el niño va tomando de su propia personalidad. En esa imagen descubre un aspecto esencial de su identidad: separa lo exterior de su interior, se ve un otro entre los otros, se sitúa en el espacio social en el que se va a sentir capaz de reagrupar su propia realidad.

El testimonio que cada uno da de sí mismo es privilegiado: nadie mejor que yo mismo puede saber en lo que he creído o lo que he querido; únicamente, yo poseo el privilegio de encontrarme, en lo que me concierne, del otro lado del Espejo. Los otros, por muy bien intencionados que sean se equivocan siempre, describen el personaje exterior, la apariencia que ellos ven y no la persona, la cual se les escapa. La construcción del relato nos aporta el testimonio de un hombre sobre sí mismo, el debate de una existencia que dialoga con ella misma a la búsqueda de su fidelidad más intima.

En el nombre propio es donde persona y discurso se articulan antes incluso de articularse en la primera persona, como lo muestra el orden de la adquisición del lenguaje por los niños.

La adquisición del nombre propio es, sin duda alguna, una etapa tan importante en la historia del individuo como el estadio del Espejo. El primer nombre recibido y asumido, el nombre del padre, y, sobre todo, el nombre de pila que nos distingue, son sin duda los datos capitales en la historia del yo.

La autobiografía evoca el pasado para el presente y en el presente reactualiza lo que del pasado conserva sentido y valor hoy en día.

Lourdes Martínez.

"LO QUE HAY ES LO QUE HAY: Y LO QUE HAY ES BUENO"...
(J.J.A.)

Hace apenas unos minutos acabo de encontrarme con mi padre, me pregunta por mi, se interesa por mi trabajo, ¿Dónde has estado?, él sabe que he estado durante cuatro días trabajando en un curso sobre las figuras parentales, ¿Cómo ha ido?, ¿En qué consiste ese curso?; medito la respuesta breves segundos cuando me viene a la mente algo que allí se dijo. "Era un un hombre que había perdido las llaves de su casa, cosa que le intranquilizaba, pidió ayuda a sus amigos para que le ayudaran a buscarlas, después de un largo periodo de búsqueda a uno de ellos se le ocurre preguntarle si estaba seguro que era en ese sitio donde las había perdido, que va, contestó él, pero aquí hay mucha más luz". Y es que muchas más veces nos ponemos a buscar algo, precisamente allí donde no lo vamos a encontrar.

No se si mi padre entendió la respuesta, pero sonrió.

El curso sobre las figuras parentales, entre otras cosas, sirve para eso, para que nos demos cuenta donde tenemos que buscar, en que lugar tenemos que poner nuestra mirada para ver si encontramos algo, estar a partir de ese trabajo en disposición de. Y si estamos en disposición de y además sabemos donde buscar, posiblemente podamos encontrar lo que buscamos... y entonces nos puede ocurrir lo de aquel sabio que un buen día iba por las calles de su pueblo gritando de dolor, porque se le había perdido el burro, tal era su dolor que estaba dispuesto a regalárselo al que lo encontrara, pero entonces, le pregunto uno que lo seguía, ¿para qué quieres al burro si estas dispuesto a regalarlo?, no sabes tú, le contesto el sabio, la satisfacción que da encontrar algo que uno daba por perdido.

El dolor del síntoma, por ejemplo, cumple la función de evitar el reconocimiento de un deseo inaceptable, de no querer ver... tal vez por no saber donde buscar.

Podemos pensar que todo empieza cuando algo que se había tomado como parte de uno mismo, o incluso como seña de identidad, pasa, por diferentes motivos, a ocupar un lugar diferente en la vida. Aquello con lo que hasta ese momento se convivía con aparente tranquilidad o resignación ya no se tolera. Y es entonces cuando el síntoma empieza a no poderse tolerar, y surgen preguntas tales como, ¿Por qué me pasa eso a mí?, ¿Qué habré hecho yo para merecer esto?...

Y es que la neurosis hace que un sujeto sufra por lo que no tiene que sufrir, hace por ejemplo que un pequeño olvido sea el eje de una gran preocupación, que el hecho de no conseguir una mañana el periódico sirva para sentirse el ser mas desgraciado de la tierra. Entonces, se me ocurre que una definición de cura sería hacer sufrir al sujeto por aquello que realmente hace sufrir.

Que pueda encontrar un saber hacer con sus limitaciones y sobre todo que pueda saber que hay una insatisfacción que es estructural, que deja un vacío que lo acompañará toda su vida y que no podrá llenar ni con un amor, ni con una casa con jardín, ni con tres coches. "Que hay lo que hay, pero que lo que hay es bueno..."

Curarse significa saber sobre si mismo y tener muy claro que ya nunca será como antes.

Y si antes os decía que entre otras cosas, este curso, sirve para saber donde buscar, en que lugar fijar la mirada no es solo para eso, a mi personalmente me sirve para aprender, para aprender de mis pacientes, de todos los pacientes que allí acuden aprendo de sus cosas, de sus dichos, de sus cambios y sus respuestas de como se emocionan y sienten. Me viene al recuerdo un cuento que nos contó a modo de resumen Oscar: "Erase una vez un niño negro que cada día cuando iba al colegio se encontraba con un señor que vendía globos, el niño se le quedaba mirando sin atreverse a decirle nada, así iban pasando los días hasta que por fin el niño se le acercó al globero y le preguntó como era que teniendo globos de tantos colores no tenía ninguno de color negro, pues tienes razón, le contestó el globero mañana traeré un globo negro para ti. Y así lo hizo, regalándoselo al niño. Cuando este tuvo el globo en sus manos lo soltó y fue mirando como subía. Pero bueno, le dijo el globero, para eso querías un globo negro, para soltarlo; quería ver, le contesto e! niño, si los globos negros suben tan altos como los de los otros colores. Mira niño le dijo el globero, mientras se despedía de él, los globos al igual que las personas no se elevan por su color sino por lo que llevan dentro".

E.Cortes

Q3K3
"Inter faeces et urinas nascimur"

Decía el poeta que "lo bueno, si breve, dos veces bueno", y decía bien, aunque habría que apostillar que "lo malo, si breve, mejor". De cualquier forma lo diré rápido: La verdad es cutre

Es un secreto a voces que igual nos puede llevar toda la vida descubrirlo o igual nos puede llevar toda la vida no enterarnos. Es ésta una posibilidad frecuente. Yo aún diría más, es lo habitual, entre otras cosas porque a nadie le hace ilusión un secreto tan cutre. Tan cutre, tan cutre que eso no es un secreto ni es na.

Tampoco es un secreto para nadie que un motín es una cosa muy fea y que un (psico)análisis es una cosa muy larga, o dicho mejor, un proceso extenso en el tiempo e intenso en el corazón. Si le resulta breve y leve, consulte a su proveedor. Desconfíe de sucedáneos baratos. Ya se sabe que el psicoanálisis es una cosa muy cara y que no lo cubre la Seguridad Social. Para colmo Woody Allen, su principal icono mediático, ha apostatado públicamente del mismo para luego optar, mira tu por donde, por la ruta del incesto putativo.

En fin, menos mal que nos queda Portugal.

Así las cosas en este siglo que agoniza al borde de un ataque de nervios por el efecto 2000, resulta casi insólito que el psicoanálisis, cien años después, todavía resista, y no solo ello sino que además se extienda irreversible por el intersticio social, al punto de infiltrarse hasta en las páginas amarillas. Vive Dios, ¿a dónde vamos a ir a parar?.

"No se imaginan que les traemos la peste" comento Freud en llegando a los USA allá por el 09, y desde entonces vamos sobrellevando el peso de la metáfora.

Aventurarse a un análisis es precisamente eso, iniciar una aventura donde en absoluto está garantizado el happy end. El colorin colorado, con lo que ha llovido, anda un tanto desteñido, y las perdices, al paso que vamos, vete tu a saber.

Son muchos los/las analizantes que instruidos por el viejo Hitchcock, emprenden el viaje en pos de algo que temen y anhelan a un tiempo, indagar y despejar las brumas que en la memoria ocultan un presentido trauma de horror y culpa desaforado, y trágico: Relámpagos y sangre de marinero putero en Marnie la ladrona, o una amnesia pertinaz que vela una verja negra y mortífera, un grito helado en la nieve y la cara de pasmao que se le queda a Gregory Peck ya para siempre, ¿recuerdan Recuerda?.

Pero la verdad es más cutre que las películas, con licencia de Torrente, el brazo tonto de la ley, y más allá de lo que de pintoresco haya en el relato del paciente, lo que se asoma y, manifiesta en él es la tragedia cotidiana de su insatisfacción profunda que camuflada bajo el matorral sintomal redunda incansable y terca aferrada al lomismo.

"Yo ya no se que decir, ya te lo he contado todo y siempre es lo mismo", es la queja rutinaria que emerge desde el diván mil veces cada día, y es lógico, pues el camino del análisis está empedrado de quejas y rutinas. Repetición fiel y necesaria del disco rayado que sustenta nuestras vidas. A ese pegote que obliga a la aguja al giro infinito le llamamos goce.

Freud ya lo designaba como viscosidad de la libido, y desde él sabemos que está hecho de la misma substancia inefable que riega los sueños.

¿Quién no ha recibido la visita inquietante de ese sueño enigmático que tozudo y mudo vuelve y vuelve? Freud hablaba de regresión al punto de fijación. Luego lo llamó compulsión a la repetición, circuito vicioso que se hace cárcel, pesadilla o locura.

"Cuando me viene la manía tengo que lavarme las manos equis veces, siendo equis siempre múltiplo de tres. Empecé por tres veces, luego seis, después nueve, y así cada vez más,... treinta, sesenta, noventa,... y si pierdo la cuenta tengo que volver a empezar. Es horrible, pero no lo puedo evitar, y no le veo salida. ¿Hay alguna salida doctor?.

Salida, salida, mmmm.... digamos que sí, que salida hay, pero que lo que no hay es escapatoria. Porque la huida no es salida, tanto sea hacia adelante como hacia atrás. La huida funda la persecución. Es más la huida crea al perseguidor y nos hace forajidos, fora exidos. Cuanto más corres más ladran los perros, porque los perros huelen tu miedo y el miedo deja un rastro indeleble en el aire. Y no es el huir solo cuestión de piernas, da igual que te dopes o que te escondas detrás del síntoma, se te ve el plumero. ¿Y qué decir de quien como el avestruz hunde la cabeza en un hoyo para no ver, mientras de su culo hace bandera?.

No ver. No querer ver. No querer saber. De eso va el cuento.

No querer que el cuento se acabe. No querer saber que el cuento se acabó. Esa es la historia.

Es muy duro dejar de creer en los Reyes Magos.

Es más duro todavía dejar de creer en los Reyes Malos.

Nos aferramos desesperados al Hada Madrina, y nuestro anhelo le da alas y nuestro cuerpo varita. El precio es la Bruja Calixta y el Hombre del saco, estrellas invitadas de nuestros terrores nocturnos favoritos. Y es que da igual varita que escoba, sueño que pesadilla, pues ambos son el verso y el reverso del mismo engaño, las dos caras de la misma mentira. Y ya se sabe que la mentira vende. Por un tubo. Ignoro si los limones salvajes del Caribe existen tal cual. De lo que estoy seguro es de no ver ni atisbo en el gel con el que me ducho cantarín, y quien tenga alguna duda que se atreva a leer su fórmula cualitativa.

En fin, perdidos al río, cometamos el penúltimo pleonasmo: la verdad es cutre, y no está bien vista y a veces huele y a menudo duele. Esa es la cruda realidad, pero sólo la verdad limpia y disuelve el pegote de chirla que hace de nuestra vida mierda. Sin perdón.

Hay que frotar y frotarse mil veces con las palabras y limarse en su filo para dar a luz la palabra plena y desnuda. Combinación nueva de los viejos dichos que propicia un decir distinto, un sentido diferente. Progresión significante que precisa del crisol inconsciente, y donde una vez más, son los sueños los testigos fieles, si no los agentes, de esa laboriosa metamorfosis: Aquí se hace preciso hablar de la progresión onírica, tema apasionante donde los haya, pero eso ya es materia del milenio que viene.

Quedan emplazados para la ocasión. Agur.

Javier Arenas, Mamouna, Julio de 1.999