¿A cuántas personas podemos amar?

Gloria H.

La cultura ha sido inflexible con el tema del amor. Creó unos conceptos, los repitió y los difundió al pie de la letra y no permite ningún cuestionamiento. Así ha hablado de la fidelidad y la ha pregonado como el súmmun del amor, como el modelo que se debe seguir y quien se salga del concepto cultural, o está loco, o es enfermo, o es raro. Pero resulta que en el tema de la fidelidad, o el de la infidelidad, la realidad está desbordando la creencia. Porque no es cierto que estemos hechos para amar tan sólo a una persona, porque en el tema del amor somos insaciables.

Sin embargo, hay quienes siguen repitiendo el esquema absurdo de la fidelidad. Por lo tanto, el dolor y el sufrimiento terminan siendo, los sentimientos que más invaden las relaciones de pareja. "Nunca creí que él me pudiera hacer esto". "Jamás pensé que mi esposa fuera capaz", expresiones dolorosas, pero ingenuas, dichas desde la suficiencia de quien se cree capaz de llenar o satisfacer al otro o a la otra. Dichas desde la prepotencia de quien ama y cree que su sólo amor hace feliz al otro o a la otra.

Empecemos entonces a aclarar ideas. Humanamente nadie nos puede llenar. Nuestro vacío interior es absolutamente nuestro y allá no llega nadie, ni siquiera ‘el amor de mi vida’. Soñamos con que exista ese otro que nos satisfaga, pero nuestro deseo no deja de ser una ilusión. Nadie nos satiface o nos complementa o nos invade. Amamos a una persona, la escogemos como pareja y esperamos vivir al lado de ella. Sin embargo, eso no quiere decir que nos hayan ‘vacunado’ contra los hombres o las mujeres. Los otros y las otras nos siguen gustando. Y si esto no sucede, es decir si creo que me ‘llené’ con uno o una, no es por cualidad sino por defecto: hay más de problema, de asfixia que de respeto y autoestima. Por nuestras vidas pueden -deben- pasar muchos otros y otras a las cuales también amamos sin que por ello nos convirtamos en monstruos sociales o en depravados o en inmorales.

¿Qué es la infidelidad entonces? Por lo general unimos infidelidad con lo sexual. Infiel es quien tiene relaciones sexuales con un hombre o con una mujer diferente de su compañero o compañera ‘oficiales’. Y en este aspecto, de acuerdo con lo cultural, somos inflexibles. ¿Cuántas parejas se han destrozado por la infidelidad sexual, como si allí en este punto, estuviera el quid del amor? Hombres o mujeres que se enloquecen de celos y literalmente acaban con sus vidas y con las de sus parejas por la ‘comprobación’ de una infidelidad sexual, que puede ser esporádica o puede ser repetitiva con diferentes personas. La infidelidad sexual no deja de ser, aun cuando suene muy duro, casi que un acto fisiológico que llega y al otro día se olvida. Pero es allí donde desde la posición equivocada de ‘lléname sólo tú’. Cometemos una injusticia garrafal. Injusticia con el que pretende llenarse de ‘uno solo’ e injusticia con el que espera que él solo ‘llene’ al otro o a la otra.

El amor es un acto de libertad y de respeto y jamás puede darse desde la prohibición, las exigencias o la retención. Parece increíble, pero cuando se ama al otro o a la otra, desde la seguridad interior de no necesitarlo sino de amarlo, la forma de relación es diferente. No significa que exista el permiso para que ‘nos la hagan a diario’, es decir busquen a propósito otro u otra, pero sí se da la libertad de que cada quien maneje su propia vida y decida cómo y a quién ama. Y amamos diferente, pero amamos a muchas personas. Es la diferencia de forma de amar lo que construye la decisión de con quién vivo, quién me acompaña y quién es mi pareja. Continuaremos.

EL PAIS COLOMBIA / Opinión, Martes 28 de Agosto de 2001