Sobre El Viaje Hacia Dentro Por Amparo Sánchez

SOBRE EL VIAJE HACIA ADENTRO

Se ha dicho que la vida comienza a los cuarenta, que los años anteriores son sólo una preparación. Estoy bastante de acuerdo con esta idea. 
Si la niñez supone nuestro encuentro con la vida, en la adolescencia una se la reencuentra. Caen los cuentos y colores infantiles como si, en un momento dramático para el que nadie nos preparó, se nos diera a conocer un lado más crudo de la existencia, más real, se nos desposeyera de nuestras ilusiones. 
Esto nos aboca a la primera crisis de la vida, la de rebelarnos contra quienes habíamos adorado y darnos cuenta de que son simples humanos a los que, de golpe, descubrimos llenos de defectos.
Alguien definió así la adolescencia: “Cuando conocía las respuestas, me cambiaron las preguntas”. Empezar de nuevo.

Pasados los años, sobre los veintitantos, hay una tendencia a volver a casa. Nos vamos descubriendo tan imperfectos como vimos a nuestros padres, hemos topado con desafíos a los que tampoco sabemos muy bien cómo responder y eso nos lleva a comprenderlos mejor.
La llegada de los hijos marca un nuevo hito. Encarnamos una función para la que tampoco nadie nos preparó: hemos de cuidar, educar y proteger. Surgen muchas dudas sobre si lo estamos haciendo bien y.. ¡cuántas veces nos encontramos repitiendo las frases que tanto rechazamos y los comportamientos que juramos no repetir!
Es entonces cuando comprendemos más y mejor a nuestros progenitores al darnos cuenta de que hacemos las cosas lo mejor que sabemos, como ellos lo hicieron también.
Sobre los cuarenta los niños han crecido y empiezan a vivir su propio viaje. Inevitablemente llegará el momento en que serán adolescentes y se rebelarán contra nosotros cumpliendo su propia cita en el ciclo de la vida. 
Reconocemos entonces la existencia como una sucesión de etapas.
Y es ahora cuando algo en nuestro interior habla con más fuerza y nos obliga a hacer una parada. Una se descubre en el cénit de la vida, en la madurez, parece que se conoce, que ya puede deducir cómo serán los años que vienen. Pero las voces hablan de otra cosa…
¿ Cómo soy en realidad? ¿ Por qué reacciono siempre igual ante determinadas circunstancias? ¿Por qué cometo una y otra vez los mismos errores? ¿Por qué me propongo algo y no lo consigo? ¿Todos perciben la vida del mismo modo que la veo yo? ¿Y ahora qué? ¿La vida, era esto? 
Para muchas personas éste es un momento de crisis, la gran parada. Estas preguntas pugnan por ser escuchadas y, si somos capaces de no callarlas con la actividad, con la televisión o cualquier modo de escapismo, resonarán una y otra vez desde nuestro interior produciéndonos una incómoda sensación.
Es este desasosiego interior el que cuestiona lo que hacemos, el que nos hace pararnos a pensar, el que da comienzo a esa nueva vida de la que hablaba al principio. Ha llegado el momento en que opto por tomar las riendas y ser yo quien decide cómo quiero ser, cómo quiero vivir.
Es verdad que hay personas en las que estas voces internas son muy débiles y se acallan con facilidad. Esto les permite seguir adelante sin cuestionarse nada. 
No es a ellos a quienes dirijo estas palabras sino a los que sí las oyen, las escuchan y necesitan encontrar respuestas. A los que quieren conocerse, respetarse y quererse un poco más y un poco mejor.
Yo escuché muy pronto esos reclamos internos y me hicieron ponerme en marcha para buscar no sabía qué ni en qué dirección hacerlo. De eso hace ya cuarenta años y puedo decir que, como Machado, “ he andado muchos caminos, he abierto muchas veredas…” he buceado en mil libros, hecho miles de kilómetros y hablado con mil personas siempre siguiendo esos imperativos internos. 
No estoy de vuelta de nada, sigo en el camino pero ahora con más placidez, con más disfrute. Y eso es lo único que puedo ofrecer, mi experiencia, mi aprendizaje. Es lo que ahora, en el último tramo de la vida no sólo me apetece compartir sino que necesito hacerlo. Ningún ser humano debería quedarse para sí lo que aprende. Es de todos, pertenece a la humanidad.
En todos estos años de búsqueda he hallado herramientas de gran valor y una de ellas, quizás la mejor, es el Eneagrama, un buen mapa para el camino, un sistema de conocimiento de la personalidad que no se agota, que siempre ofrece un poco más si tienes la valentía de ahondar en él. 
Otra valiosa herramienta es la expresión con el cuerpo, la dramatización, que me ha ayudado a integrar lo físico con lo psíquico, algo imprescindible para adquirir seguridad en una misma, en la comunicación y en la expresión de los sentimientos.
De ahí el nombre de Eneadinámica.

Para empezar este camino sólo hace falta tener ganas de mirarnos al espejo para vernos de verdad y estar dispuestos a enfrentar nuestros dragones, eso sí, con mucha paciencia y cariño hacia nosotros mismos y con grandes dosis de buen humor, el gran analgésico del espíritu. Nada más.
Os aseguro que es una aventura apasionante, la mejor que el ser humano puede emprender: el viaje hacia sí mismo.

 

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